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Fotografías de Teresita Rojas, que me recordó e ilustró de una agradable visita de la Maestra Señora Nora Molina de Chulack a María Elena donde compartió un gran encuentro con sus ex alumnos(as).
Estimada Maestra:
Reciba mis
respetos, admiración y cariño, usted fue nuestro mejor modelo de Maestra, y la
recordamos siempre como claro modelo
educativo. Todas mis hermanas son y fueron profesoras, (conforme al
"modelo"), excepto una, la
Susana, que al igual que mamá, tenían un carácter difícil y de poca empatía y
una tema de aprendizaje que le costaba más que a nosotros, por esas naturalezas
propias de la vida.
Algunas
tardes mi madre en esas tertulias del té de las cinco en punto, como se
acostumbraba en la pampa, la
recordaba a usted, sin resentimiento, al
contrario, con respeto y humildad, pero debo reconocer que nuestra madre tenía
un carácter muy fuerte y explosivo, estaba charlando amenamente, llena de
dulzura y tierna sonrisa contando sus anécdotas de vida, y
lueguito cambiaba y sin darnos ni cuenta, nos estaba
"cascando" con la "chancla" si no obedecíamos sus
duras y "claras" órdenes.
(Para ir a
la matinée con mi hermana mayor, debíamos cumplir el “pacto”. Lavar los platos y servicios del almuerzo (cubiertos),
subidos en una banca para alcanzar el
depósito del lavaplatos, secar, barrer, trapear el comedor y limpiar la
mesa, y de esa forma, la única existente,
nos
daba los setenta pesos del valor de la entrada para cada uno, aunque mi
hermana se sentaba en “sillón” en la platea, pagando el extra con algunas
monedas ahorradas, y yo siempre en esa línea que dividía el teatro de la mitad hacia
abajo en los asientos de madera de la económica
galería. )
Nos
recordaba mi madre en sus recuerdos, en que alguna tarde de su juventud cuando trataba de lidiar con tareas escolares con lo "porroncita" para el estudio de una de mis hermanas, a quien apodábamos por su carácter revoltoso e inquieto muy perfectamente
identificada entre los niños el barrio como la "Terremoto".
Los esfuerzos
maternales realizados por ella, debían doblegarse con clara muestras de
agotamiento y trataba de ayudarle como podía
a cumplir sus tareas escolares, cosa que jamás hizo con nosotros los más
mayores, y en ese intento, a veces tarde en la noche le pegaba con goma "Caimán" y pincel o a veces en nuestras
pobrezas con engrudo de harina, los
"monitos" en el cuaderno para cumplir el requerimiento de las tareas
por parte de la exigente, pero
noble Maestra la Sra. Nora de Chulack, y
que al igual que las otras maestras, eran de una vocación increíble,
generosidad extrema, pero sus
lineamientos y exigencias disciplinarias eran "palabra sagrada" y
nadie podría no hacer caso o incumplir las tareas de la escuela.
(Además, y como me comentaba una amiga pampina Teresita Rojas
a propósito de este recuerdo, los profesores eran como nuestros segundos
padres, y ante el castigo correctivo solo recibían apoyo y nunca críticas por sus acciones
de disciplina y control que a la larga nos regalaban reglas y normas de corrección
para la vida. )
En una de
esas tantas "ayudas solidarias de mamá", hechas con corazón y sana preocupación y
hasta urgencia por la hora de la noche,
y por cierto de irreprochable conducta cuando defiendes con uñas a tus
hijos, le ayudó "más" de la cuenta a mi hermana, y
en esas revisiones de la eximia Maestra, tan correcta, tan pulcra, tan
imparcial, puso serenamente en una cálida nota al margen del cuaderno, la siguiente nota:
"Un UNO (1) para la alumna Susana, y un UNO (1) para su
mamá", lo que encendió TROYA en ese
hogar "dulce hogar", donde la matriarca mandaba y decidía por todos.
(Por la
memorias que tenemos, sabemos como información extra, que al día siguiente fue
a habar directamente con el Director, y como éste no le miraba a la cara
mientras ella expresaba su reclamo, rompió
el cuaderno con la nota de la profesora
en esa agitada oficina, arrojando furiosa las hojas a ese escritorio lleno de libros y documentos
escolares.)
Producto de esa desagradable, pero
quizás justa "nota" de la
Maestra ejemplar, sacó ese demonio
oculto y poco inteligente, y hasta de soberbia extrema oculto en el alegre
corazón de mamá, y en ese instante de arrojar
las hojas del cuaderno en la oficina, "sacó" abruptamente a mi hermana de
la Escuela, y como era "Parada en
la Hilacha", la matriculó en la Oficina Vergara, y con ello se echó encima
doble preocupación y múltiples tareas extras: levantarse más temprano, llevar a
la "niñita" al paradero de las micros en la plaza y a veces rogar a nuestra vecina
amada la profesora Estelvina Inostroza, para que se llevara a nuestra pequeña
y castigada "terremoto" a
estudiar a otra localidad, con la
consiguiente sobrecarga de obligaciones, pero con ese sentimiento que nunca es
bueno el del "orgullo
extremo", y sin dar su brazo a torcer prefirió el sacrificio que el
diálogo.
Era así mi madre, pero había allí
dos mentes fuertes, la suya de Maestra equilibrada y justa, que tenía que lidiar
y evaluar con sentido de justicia y equidad,
y la otra, de mi madre, que nada
le habría costado en ese instante acatar y cumplir, y quedarse con el
"Uno" bien puesto en el cuaderno y la conciencia, o bien ir a
dar personalmente una
"explicación", con la cual se habrían "limado" las
asperezas del quehacer docente y estudiantil como parte de esa vida de
enseñanza y aprendizaje respectivamente.
Hoy nos da risa ese recuerdo, mi
hermana nunca fue buena estudiante, pero fue una excelente Madre y Abuela; tenía
los mismos "genes" de mi madre
la “Doña Yunia", que nunca aprendió, por su sufrida pobreza de infancia y su natural poco tino, cuando había que
decir las cosas no le temblaba la lengua, y actuaba como se le viniera a
la cabeza el instante.
Nosotros
no quisimos parecernos a ella, y tratamos aun en estos años de vida, en
controlar nuestras emociones, ser más
humildes y aceptar aun cuando no nos guste, las condiciones pedagógicas y
exigencias de todo tiempo.
Mi sacrificada y esforzada hermana Susana, nunca supo por
qué se tuvo que ir a estudiar a J.F.
Vergara asumiendo triples exigencias: levantarse más temprano para no perder la
locomoción, dedicarle más tiempo a ella que
a nosotros por las exigencias que en todas partes eran similares, y preparar bolsones, tareas, y cuadernos y seguir "pegando” monos con engrudo o
goma de pegar "Caimán, que se demoraba una eternidad en secar.
Eso hoy, es solamente una increíble
anécdota familiar, pero mi madre era BANDA por no decir “MANDA” y golpeaba fuerte el
sonoro bombo o la batuta de su agitada orquesta, pero nosotros éramos más GARCIA, así que dentro de esas incongruencias humanas, respetábamos a nuestra profesora Sra. Nora
Molina, a quien nunca olvidaremos, por
lo mucho que entregó, por el valor que le dio a la educación, la justa
exigencia y su notoria transparencia que
sirvió de modelo para nuestras propias formas de vida y que no dejamos de recordar.
Hoy, en
este recuerdo de una sana anécdota, de las miles que debió vivir, le comparto este video con el “Himno” de
nuestra amada Escuela. Por allí sale su amado y
distinguido esposo Son Pedo Chulack y al verlo, nos parece sentir su
vozarrón grave y elocuente, su claridad en la expresión y dicción, su porte y
estatura acorde a un Maestro “Líder”, y
en esos recuerdos también usted, querida Profesora, que al igual que nuestra maestras pampinas,
vivirán por siempre en nuestros corazones.
Un
fraterno abrazo estimada y recordada profesora y las excusas desde esa otra
dimensión de nuestra amada madre, que está en una mejor vida, producto de su
amor y entrega a su hogar pero lidiando aún en esa eternidad con su gran debilidad:
Su carácter.
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