viernes, 7 de agosto de 2026

CAPITÁN MAURO ARAYA AGUILERA

 


RECUERDOS DE UN GRAN SOLDADO: CAPITÁN MAURO ARAYA AGUILERA

              La vida se va demasiado rápido. Cada vez que leo algún comentario, o que alguna persona rememora su tiempo en el “Esmeralda” a través de los posteos de notas  que tengo el agrado de compartir en nuestras redes,  mis canas de soldado  viejo, o de viejo soldado, se tiñen de negro y se llenan de juventud, pues pareciera que  retrocedo  cincuenta años, así como de la nada,  a esa época de juventud maravillosa, en que todos somos dueños del mundo y de la vida,  que queremos ser “únicos”, pues a esa edad,  tenemos la fuerza suficiente para “creernos el cuento” de que somos capaces de  taladrar el túnel más profundo de la tierra (con pala y picota) y aparecer sonrientes y descansados en el otro extremo del  mundo, y esa idea nos hace vencer tantos obstáculos, de carácter, temores  propios de la inmadurez y  tanta situaciones que debimos enfrentar en  muchas tareas, y  en ese sentido, se vienen a la memoria las grandes personas o personajes que influyeron en nuestra personalidad y nos acompañaron, nos educaron y formaron, e hicieron de nosotros, jóvenes de ayer, personas de bien y que aprendimos con ellos a impartir justicia, a ser ecuánimes,  transparentes y mantener siempre  ese entusiasmo por servir, sin  tener ningún reparo de que lo que cumplíamos, estaba en medio de las tareas   propias de soldados que juraron solemnemente a su bandera y que estuvieron dispuestos  a darlo todo por Chile y su historia si recibir nada a cambio, como es el principio de la honestidad del “santo” servicio.

              Hoy quisiera recordar a ese líder natural que nos recibió en esa larga jornada de acuartelamiento,  después de haber estado todo un día parados bajo el sol inclemente  del desierto  pampino, en esa inolvidable cancha de fútbol de “Esmeralda”, donde fuimos sometidos a exámenes,  entrevistas, y a organizarnos en las distintas Unidades de esa “Promoción 74”, antes de iniciar el cumplimiento de nuestro servicio militar, y en  esa tarde ya casi noche, recibir el saludo oficial de quien seria nuestro Capitán Comandante de la Compañía de Plana Mayor, el recordado e inolvidable (y casi “paternal”),  MAURO ARAYA AGUILERA, a quien aprendimos desde el primer minuto a respetar, a mantener la prudente distancia del mando, pero a imbuirnos de su espíritu, de su consejo y de sus palabras en cada mañana, tarde, o cada noche de  retreta, o en cada misión  compartida en esos duros años de tanto trabajo y sacrificio,  que solamente la historia registra y que en los tiempos modernos nada importan, pues es así es la vida del soldado: Jurar, combatir, caer y quedar cubierto por el polvo del olvido, y muchas veces sus cuerpo diseminados en territorio adversario como un número más, otro que cayó cumpliendo su sagrado deber. Los cementerios militares del mundo están llenos de “Soldados desconocidos”, héroes anónimos que sucumbieron a distintos enfrentamientos cumpliendo  su compromiso con su bandera y convencidos de  otorgar con su vida  y sacrificio un laurel de victoria a la patria, e injustamente olvidados por su propio pueblo, y especial aquellos  que se encargan de recordar el pasado, malos o buenos historiadores, que muchas veces no saben lo que es ser soldados y que nunc se formaron en un cuartel, como partes de una escuadra, sección, Compañía o simplemente una instancia en que aprendieran  el empleo de armamento, el celo con las municiones, las destrezas delicadas de su transporte y el respeto que debemos tener por esos instrumentos de guerra tan necesarios para la paz.

              Entonces, al partir y quedar sus cuerpo abandonados y  dejados en el recuerdo,  es el propio destino que sabemos que puede ocurrir y aún así elegimos servir a Chile hasta “rendir la vida si fuese necesario”, sumando a ese sentimiento llamado de vocación, la indiferencia, el injusto olvido y la terrible indiferencia de quienes tienen la obligación moral  de escribir la verdad de las historias.

              Este ilustre capitán que hoy toma mis fibras intimas de soldado de ayer, y quizás del cual no haya otra crónica  de la vida que se escriba para su reconocimiento en vida, los que les conocimos y que posteriormente siguieron otros rumbos en sus propios desafíos de sus carreras, o eligieron sus propios destinos,  siento que es justo y necesario, antes de partir de esta vida no quisiera callarme estas vivencias, y expresar sinceramente que  el dilecto Capitán, merece estas  humildes palabras de las cuales en ningún caso me siento merecedor a ellas pues no soy cronista ni estudioso,  pero nunca es tarde, a través de las mismas,  expresarle  el agradecimiento por su trabajo, por su familia, por sus hijos, por la relación profesional de un  gran líder con sus oficiales y  participar en la formación e instrucción y en la diaria preocupación por quienes servimos en ese  inolvidable tiempo, que no solo se iniciaba en los amaneceres al toque del clarín de la diana militar,   sino que se prolongaban más allá de las retreta del fin del día, y que nos sorprendían a medianoche aun trabajando por que para el Capitán Araya, la instrucción y la preparación,  eran su prioridad única, no había mucho tiempo para la familia, no había mucho descanso  o mucho tiempo libre,  sin embargo había serenidad, capacidad de apreciación y la voluntad perenne de poner el “pecho a las balas” para cumplir su sagrado deber y dedicar su poco tiempo a nosotros, sus soldados. (Nunca apreciamos que el Capitán ordena, Manda y Fiscaliza, pero  a él  como a todos en las distintas líneas de mando, también lo mandan,  le ordenan y lo fiscalizan. A mayor grado, mayor responsabilidad. Así funciona el mando militar.

              En estas líneas de recuerdo, lo recordamos como un hombre integral, Comandante de excelencia. No  recuerdo haberlo visto “sonreír” pues era de naturaleza inexpresivo, pero tenía esa mirada de hombre noble y afloraba a través de ese fulgor de su mirada como un farol que enciende la sinceridad. Eso traspasaba todo su sentir y  éste era siempre  relacionado con la satisfacción de estar sirviendo, preocupado de sus hombres,  orientando a esos jóvenes subtenientes “recién llegados” y que por ser tan nuevos y sin experiencia, se creían dueños del mundo y las verdades, pero que el Capitán educaba con paciencia, con cariño, convencido de que a través de sus palabras  formaría hombres de mejor calidad humana, como lo era él en el interior de su alma.

              Estuvo varios años en el “Esmeralda”. En Antofagasta nació su hija Maria Luisa, y la familia se esforzó en criar, con  todas las dificultades laborales de ese tiempo, junto a su bella y amada esposa la Sra. Rose Mary Schelenze de origen alemán nacida en Chile,  terminando su paso en la ciudad como Comandante del II Batallón, Cada vez que lo divisamos en las pocas oportunidades en que pudo  dejar su oficina  de trabajo para cumplir alguna tarea personal o familiar, permanecía con su invariable personalidad: siempre sereno, con su mirada  altiva y transparente y con el orgullo sano de vestir su uniforme de soldado y su boina negra de paracaidista que orgullosamente lucia en cada formación desde ese año 1972, en que fue distinguido con ese gran honor de pertenecer  las FF.EE., permaneciendo siempre humilde, jamás  violento con nadie y con su sabiduría e inteligencia supo granjearse el afecto y cariño de sus soldados e instructores, de sus jóvenes oficiales y de sus subalternos y los que tuvieron la alegría de compartir con él esos lazos de la amistad que crece en todas las instancias de la carrera militar en esas largas e inevitables permanencias en las guarniciones, donde  a veces se está tan solo, y  solamente la familia es la que se suma a ese sacrificio del cual no quedan rastros.

              En este reencuentro con sus raíces en estas redes que a veces son de gran utilidad,  y gracias a la generosidad de su hijo Mauro Araya Jr.,  nos hemos enterado a través de sus propias palabras que:   “Después de servir en el Glorioso  “Esmeralda”, fue destinado a otra gran Unidad como lo fue el Glorioso Regimiento de Infantería N° 2 “Maipo“ con Guarnición en Valparaíso”,  ocupando el alto cargo de “Segundo Comandante”,  debiendo también  asumir posteriormente, esas tareas delicadas que  requerían la experiencia de un  Oficial conocedor de la tropa, siendo  designado como  Comandante de Batallón, en las misiones propias que enfrentaron nuestros soldados “Veteranos del 78”, que ocuparon la larga geografía del país y cuyo centro de gravedad, para el caso del ya Comandante Araya,  se dio en la Patagonia, sentando su base de operaciones en Porvenir.

              Después del conflicto con la hermana República Argentina, y gracias a la mediación del Papa Juan Pablo II, que evitó a todas luces el enfrentamiento inevitable entre dos pueblos hermanos, y resuelto esto con el Tratado de Paz y Amistad, el Capitán  Araya, “fue trasladado a la Escuela de Paracaidistas y FF.EE. en Peldehue”, siempre ligado a la formación y educación de sus subalternos.

              En esa estadía,  la familia  aumentó y llegó al mundo el pequeño Mauro,  otorgando  más tiempo a su educación y crianza , y después de varios años de servicio, destinado  al Comando de Apoyo Administrativo cumpliendo tareas  importantes de administración como “Jefe de Viviendas Fiscales”, lo que le otorgó una gran oportunidad de independizarse en su  Retiro por tiempo cumplido, y emplear todos sus conocimientos  y capacidades en tareas que asumió  con mucho profesionalismo y que le dieron una nueva oportunidad en la Administración y Control  de edificios, compartiendo más tiempo con su familia y sus tres hijos: María Luisa, antofagastina de nacimiento y sus dos hijos varones: Mauro y  Francisco.

              Lamentablemente, el año 2022, un duro golpe sufrió la familia con la partida de  su esposa, dedicando todos estos años a compartir y educar a sus hijos y recibiendo con la alegría natural de un hombre que lo dio  todo por su país,  gozando merecidamente en esta hermosa edad de hoy, con sus hijos  y amado nieto, Santiago.

               Nadie escribe el recuerdo del detalle olvidado, nadie rescata el sacrificio del trabajo del militar, nadie dice que en sus mejores tiempos de juventud  tuvo la esposa que criar sola y (como pudo) a sus hijos. Nadie se da a la tarea de preguntar el cómo pudieron hacer “familia”, cómo dedicaron o distribuyeron sus tiempos con sus hijos, tiempos de trabajo en sus casas y en las tareas d cotidianas del hogar, cuando al amanecer de cada día encabezaba su unidad desde temprana hora junto  sus  leales Oficiales y Suboficiales e Instructores que vivían las mismas preocupaciones y cuando en el anochecer, aun permanecían incólumes todos, cumpliendo las tareas y exigencias de sus puestos de mando.

              Es así entonces que muchos soldados lo recuerdan con cariño, entre ellos este humilde soldado que allí comprendió la grandeza de servir, el honor de ser soldado y que  eligió después de algunos años por sus trabajo y estudios, abrazar esa carrera militar como suboficial,  y que hoy después de mas de  50 años recuerdo con cariño  y entre esos recuerdos a mis suboficiales e instructores que nos permitieron ser  mejores personas y por supuesto al líder indiscutido, ese que aprendimos querer sin  compartir mucho la amistad, por que el mando se ejerce en soledad y el que manda, lo hace casi siempre en una soledad tan especial, pero que nos regala tranquilidad por ser un mando justo, ecuánime y servicial, entender siempre cualquier situación que nos pueda afectar en nuestras frágiles e inmaduras mentes de soldados reclutas que recién comienzan a alzarse en esa desconocida vida militar.

              Hoy, al saber de mi apreciado Capitán  que sigue con su ímpetu de soldado a pesar de ser octogenario y tomar contacto con su hijo, mi alma se emociona y qué buenos que aún permanezca con  vida entre nosotros para decirle en un sentido y sincero homenaje, que él fue parte importante de nuestras vidas, que  aun tenemos en  la mente y el corazón sus sabios consejos, su seriedad, su conducción,  pero también sus picardías de hombre serio pero  nunca falto de un especial y único sentido del humor  y que por esas cualidades recibimos como proyección de sí mismo,  todo  su ser interior para seguir sus pasos  que nos hicieron al fin de cuentas hombres justos y comprometidos con nuestra vocación y con cuyo ejemplo logramos alcanzar también  las altas satisfacciones que nos da el deber cumplido.

              Gracias mi Capitán Mauro Araya Aguilera,   reciba el cariño no solo personal sino de cientos de almas de jóvenes de ayer  que confiaron en su mando y que recibieron siempre su consejo oportuno y su sentido de justicia en las dificultades propias del mandar, que sigue siendo hoy un “arte” de caballeros educados y  en él se blanden  siempre las herramientas y las espadas de la mejor justicia, la única lealtad existente y el reconocimiento a su labor que nos guio sabiamente con su sabiduría, en esos  tiempos que permanecen en el corazón de sus subalternos que nunca le olvidan.

              Alguna tarde habrá un ¡salud! por usted y su linda familia. Lo recordamos y como  alguien me decía que la mejor muestra de confianza con un superior, sea del grado que sea,  es y será siempre:

              ¡¡CON ESTE CAPITÁN O COMANDANTE!!,  ¡¡VOY A LA GUERRA !!



Cumpleaños N° 83  de mi Capítán. A su izquierda su nieto Santiago y en seguida   su hijo Francisco, también ex Comandante en retiro. A la derecha la hija antofagastina María Luisa y  Mauro Araya Jr.

(Fuente: Mauro Araya Jr.)


viernes, 31 de julio de 2026

Hoy habrá una “Pichanga” en el cielo….

 


Hoy habrá una “Pichanga” en el cielo….

              Una de “esas” noticias de las que no nos gusta enterarnos y que marcan de inmediato un obligado alto en la actividades y que despiertan en los baúles de los más bellos recuerdos y las memorias del alma,   esos momentos de una vida llena de juventud, fuerza, sueños y esperanzas y que irremediablemente se quedan en esas imágenes de los mejores tiempos vividos  en nuestra amada pampa salitrera, y que finalmente nos entregan esa triste verdad  que   analizamos  en estas circunstancias  y que  nos hacen reflexionar lo frágil de nuestras vidas y el tan corto tiempo que somos parte de este camino de inevitable final.

               Ha partido en el anochecer del 30 de Julio de 2026,  un recordado hermano pampino,  muy querido, deportista por excelencia, “futbolero”, amistoso y de mucho carisma,  el recordado amigo pampino,  CARLOS FIGUEROA TAPIA (Q.E.P.D.), noticia que ha tenido la delicadeza de entregarme generosamente su hermano y querido amigo de infancia Jorge, quien me indica además  que sus restos serán velados en la funeraria “Cristo Ayuda”, ubicada en  la calle Orella 902 de Antofagasta.

               Carlos Figueroa,  era el hermano mayor de ese grupo tan especial de los “hermanos” Figueroa, aquellos que nos deleitaban en esas inolvidables tardes de “Circo” de nuestra infancia lejana,  en  el sector  de 21 de Mayo, específicamente en el número 259, “justamente al lado de don Félix Ovalle”, como me recuerda Jorge, donde jugábamos las “pichangas” del barrio, y por las “cocinas”, se  instalaban unas largas cortinas colgantes a modo de “Carpa” y   estos “Hermanos Figueroa” ejecutaban con destrezas increíbles, maniobras atléticas en un improvisado trapecio que armaban con gruesos cordeles para asegurar su integridad y  en medio de los anuncios  de algún “Sr. Corales”, pasábamos tardes divinas e inolvidables  disfrutando de sus capacidades artísticas, con claros y calculados riesgos, pero además con un ingenio extraordinario para sus  disfraces y vestimentas. Jorge menor que Carlos,  era el ágil atleta del trapecio, Patricio (el “Patito”)  a veces se disfrazaba de payaso y  Carlos, el mayor, más serio, pero igual participaba en esas inolvidables tardes de  juegos que  ejecutaban con ejemplar maestría “Los Figueroa”, con un aditivo  que nunca olvidamos; el apoyo incondicional y entusiasmo de su madre que ya criaba a su pequeña Anita María.

               En alguna otra oportunidad, cambiaron  su domicilio a la calle Luis Acevedo, (mi “calle” feliz), en el 89 A, al lado de Don Juan Contreras, el de las “radios” del Mercado y el Jefe Scout de la camioneta verde por excelencia,  donde nos deleitaban con esos shows musicales  estilo “007”, con sus inolvidables imitaciones “fonomímicas” en las cuales estaban siempre presente el ingenio y el arte con pintorescas guitarras e instrumentos de cartón  y  con esas voluminosas “pelucas” de lana que les  confeccionaba pacientemente su mamá, trayendo en esas tardes la música del rock  que giraba en el Pick-Up de ese tiempo,  con esa grabaciones en el “Long Play” de los inolvidables y nacientes “The Beatles”. Eran tardes mágicas, alegres,  llenas de colorido, música y  desarrollo artístico y hoy  pienso como  entrábamos tantos cabros chicos del barrio a vivir esas grandes veladas artísticas en la casa de los Figueroa.

               Esa veta de artistas las  asimiló  Jorge, mi amigo  de infancia, gran vocalista e intérprete de muchos grupos  o bandas, locales.

                Carlos era el mayor, compañero de curso de  la Escuela Consolidada de mi hermana Anita.

               En ese tiempo a los “Hermanos Mayores”, les debíamos respeto, distancia y “obediencia” absoluta; así que no estaba en nuestros cálculos  ser muy condescendientes o muy amigos. Se respetaban en distancia, y sus palabras de “hermanos mayores” avalados por la educación de nuestros padres,  eran “sagradas”, solamente había que obedecerlas.

               (Tengo en la memoria  viva, esas “pichangas” de fútbol de barrio. Carlitos con su tenida deportiva y sus medias rojas con franjas blancas, sus botines de “pulpería” y esos magníficos goles que  reventaban las ventanas (y hasta las pelotas), en esos  arcos improvisados en los cuales los balones  golpeaban estrepitosamente las rejas metálicas protectoras con algunas trizaduras o quebrazón de  vidrios interiores.)

               Eran, los Figueroa,  esos hermanos alegres, deportistas, artistas, “aclanados” y amistosos,  hijos de un gran  trabajador y ejemplar “voluntario” del Cuerpo de Bomberos de María Elena. Un servidor público de gran bondad y sentido del deber Don Jorge Mario Figueroa. No podemos dejar que tras ese  varón, sencillo de expresión, alto, observador y diligente, que a veces escondía su mirada tras sus gruesas gafas protectoras para el sol, se escondía también un modesto y sobrio poeta y escritor. Composiciones como el poema a la “Primera Compañía de Bomberos “Pablo Kruger”, el himno del CEXAEMA (Centro de ex alumnos de la Escuela de Minas de Antofagasta), y un escrito bien extenso que tituló: “LO QUE LA PAMPA ME DIJO” y varios escritos más,  me comenta mi amigo Jorge, fueron de su exclusiva creación, refrendando  que esta hermosa familia de la pampa, era  todos en sus distintos estilos, artistas en potencia.

              A propósito, la mamá del “Clan” de “Los Figueroa” , la Sra. Ana Luisa Tapia, llevaba también en sus torrentes sanguíneos, una  veta artística ligado al canto. Por familia grandes intérpretes musicales. Nadie  que vivió en la pampa, podría olvidar el tremendo aporte de esa familia por parte de mamá, que con humilde sobriedad nunca hizo aspavientos de su hermana Gladys Briones, la artista nacional, “profesora de grandes  de la canción como Lucho Gatica, Guinette Acevedo, Carmen Maureira y cientos de artistas”,  que seguimos admirando en el tiempo por sus voces maravillosas.

               Nos decía Don Patricio Aliste en sus recuerdos en la red: “ Gladys Briones,una chiquilla con una técnica realmente fuera de toda serie, de otro mundo. Número infaltable en las radios y escenarios de todo nuestro largo y angosto país, reconocida de igual manera internacionalmente.”

              “En el festival de Viña del Mar, representó la canción "Cuando Quieras" de Ricardo Jara Lorca, otros recordarán "El delantal de la China", por ahí el famoso Ay Ay Ay de Osmán Pérez Freire,  entre tantas otras maravillosas canciones”. (Don Patricio Aliste)

              En síntesis una familia muy hermosa y sacrificada pero que nos prodigaban tardes de grandes alegrías en nuestra inolvidable niñez.

              La “Matriarca” del Clan,  una dama y mujer ejemplar, que  crio, como tantas madres pampinas,   con esfuerzo y con claros propósitos  a sus hijos, (Carlos,  Jorge, el  “Patito” y la pequeña hermana  Anita María,  recién nacida  en mis tiempos,)  hermosa familia con quienes compartimos esas tardes inolvidables que hoy recuerdo con nostalgias y que me permiten expresar una gratitud inmensa a todos ellos y que nos marcó la niñez y que hoy, con mucha tristeza, nos obliga con agrado a detener nuestros afanes y a sumamos al pesar tan íntimo y personal para recordar al “hermano mayor”, Carlos Figueroa, que ha cruzada esa dimensión desconocida y que enciende en todos nosotros los pampinos de ayer, estas memorias y recuerdos de la vida.

              Quedan muchas páginas para recordar y siempre los espacios son pequeños para tantas historias que contar.

              Ya tendremos tiempo, al calor de un brindis de amistad y un ¡Salud!  al cielo, por Carlitos Figueroa a quien el Señor ha llamado hoy a su presencia y al respetuoso recuerdo de esa familia hermosa, que nos regalara su integridad, su trabajo, su alegría, honestidad y los mejores recuerdos de nuestra bella infancia en la pampa salitrera.

              Que Carlitos Figueroa,  descanse en Paz y brille para él la luz perpetua.

              Con respeto e inolvidable cariño…












 

Patricio Aliste está con Antonio Zabaleta y

Hoy deseo escribir algo para jamás olvidar, sí no olvidar. Muchas veces hablamos y escribimos de grandes intérpretes de la música de nuestro país, pero muchas veces en conversaciones olvidamos un nombre valiosísimo y es "Gladys Briones" sí "Gladys Briones" una chiquilla con una técnica realmente fuera de toda serie, de otro mundo.

Número infaltable en las radios y escenarios de todo nuestro largo y angosto país, reconocida de igual manera internacionalmente.

En el festival de viña represento la canción "Cuando Quieras" de Ricardo Jara Lorca, otros recordarán "El delantal de la China" por ahí el famoso "Ay Ay Ay de Osmán Pérez Freire" en mi caso el famoso "Ave María" entre tantas otras maravillosas canciones.

Ella "Gladys Briones" profesora de Lucho Gatica, Ginette Acevedo, Carmen Maureira y cientos de artistas que usted admira sigue con su maravillosa voz deleitándonos. Mi pregunta es ¿Cuándo será el día de un tremendo reconocimiento a tan ilustre intérprete? Por favor sus respuestas, mil gracias para Gladys Briones, profesora e intérprete, que Dios te bendiga siempre.



martes, 14 de julio de 2026

Soldado de Chile

Soldado de Chile

            La formación militar es disciplina,  obediencia, seriedad y respeto en todas las instituciones en especial en nuestra formación de soldados del Ejército de Chile, instruidos en el Glorioso  Regimiento de Infantería N° 7 "Esmeralda", o en tantas Unidades hermanas de distintas armas y servicios.

             Sin embargo, no dejamos de ser niños en el fondo del corazón,  alegres, compadres, amistosos, solidarios, sencillos y humildes en extremo, de gran sentido del humor camaradas en toda la esencia y el sentido de la palabra.

            Cuando hay momentos de alegría, se manifiesta la alegría; cuando hay tristezas, miramos al interior y las lloramos en silencio, y cuando hay que ponerse las pilas por la “pega”, allí estamos, sin fusil, pala y picota en mano, cavando las trincheras en las posiciones de combate del duro entrenamiento.

             Ser soldado es toda una aventura, lo entienden sólo los que allí estuvieron, el resto y que a veces groseramente se permite derramar odio con sus tristes e ignorantes opiniones, nada saben de la lealtad, del compañerismo, de compartir el único pan duro que te quedó en el morral  en medio del desierto, con tu escuadra o tus camaradas de la posición; Cuando llega el alimento, comemos últimos para que alcance para todos,  cuando no hay, esperamos confiados en la  Divina Providencia que de pronto llega  a medianoche en esas sacrificadas Escuadras de Servicio,  con soldados vestidos de abrigo y las fondos ardientes para calmar la sed y el hambre;  la cantimplora de la  bebida sagrada del agua en la escasez se comparte;  cuando el dolor y la pena te afectan  rezamos juntos, cuando sientes soledad, está latente y presente la compañía de quienes  están siempre a tu lado, en la guardia, en la instrucción, en la soledad de la Comisión de Campaña, en el desierto, cuidando las aguadas, el polvorín, las instalaciones,  mirando el paso brillante de las estrellas en la inmensidad de la larga y fría noche, donde llegan a entibiar tus recuerdos y te sonríen  tu familia amada, tus padres, tus hermanos menores, la  novia que quedó  con lágrimas esperando tu regreso o el hijo silencioso que nació respetándole su vida y que te espera con sus manos ágiles  y ansiosas de tus caricias y sus juegos:   los que dejaste en la ciudad, en las aulas donde se entrelazaban tareas con tus profesores y las largas horas del estudios, sin dejar de olvidar esos amores furtivos; en el campo junto a las herramientas que usabas con tanto entusiasmo y que te daban el pan amasado de cada día, en la vida tuya, solamente tuya y que abruptamente cambia y te adaptas, porque eres ciudadano valiente, cambias por que  la Patria te lo exige, cambias por las circunstancias y por esas verdades desconocidas que ahora comprendes, cambias por que tener amigos siempre será mejor que tener dinero, cambias pues  compartes lo poco o nada que tienes con caridad, con generosidad con amistad y con confianza, cambias por que sientes que te guían, que te forman, que te cuidan, pero no dejas de ser niño, alegre, sentimental, llorón  quizás en las soledad y quietud de tus sábanas, pero a la hora de  dar la cara y servir a Chile, allí estás, con lo mejor de ti, para honrar la patria, los recuerdos,  los héroes de ayer que lo dieron todo y lo más preciado sus vidas;  allí estás bajo el inclemente sol, bajo el frío de la cordillera, festejando la bandera de la estrella solitaria que te cubrirá la urna cuando partas de este mundo, y en esa estrella que representa tu familia, tus logros, tus sueños y esperanzas, tus fracasos, el duro trote,  el inquieto despertar,  la marcha de combate por los distintos páramos  con tus pies pequeños en las anchas botas que no fueron de tu medida y que te producen ampollas y se inflan con el agua de la piel como lágrimas que arden en el caminar,  o con esos calzados antiguos en que los clavos   afloran al interior, y te pinchan hasta sangrar tus  frágiles dedos, que se esfuerzan para ser duros  en la larga jornada de la marcha, llevando en tus hombros la carga necesaria para la subsistencia y en tus manos el sagrado pero frío acero, confiado a tu custodia y que te fuera entregado por tus padres para la defensa de Chile;  El ardiente tacho de café,  que quema tus frágiles y curtidos labios pegándose en el metal del aluminio o esa  sopa misteriosa en la tarde de calor, o la bebida tibia que revive las energías en la mitad de la mañana, con esa leche acaramelada y balsámica del tan necesario y esperado “Pan de 10” que se te lleva a donde te encuentres trabajando  y estas allí, único, sobreviviente de la vida,  heredero de la historia, gran “soldado de Chile”, forjando tu corazón, moldeando tu carácter, sirviendo con pasión, con ilusión y con amor a tu clara convicción de que ser chileno, ser soldado y patriota, es lo mejor que  te pudo pasar en la vida, y hoy, en el banco de trabajo con serruchos o martillos, en la plaza, en el  taller, en el humilde oficio de panadero, de pintor,  de ciclista o deportista, o de emprendedor e ingeniero, de comerciante, de profesor, de chofer, de cantor de micros, o  lo que  la vida te haya regalado para la subsistencia de quienes amas, mantienes esa esencia, ese amor de soldado forjado y fundido  en el sacrificio, en la renuncia, moldeado en la necesidad de vivir y triunfar, y que nunca dejará de ser parte de esa mochila que llevas cargada de gran compromiso, con el Chile que tú amas para toda tu vida,  con tus insignias, con tu boina negra de Comando y  tu lema “La Patria o la Tumba”;  o la verde de montaña con sus escarapelas de bronce,  con el casco del guerrero que surca sus  bombas por los cielos en el tronar de sus cañones, en la voz que transmite la victoria, o el que marcha  con tambores y  trompetas por las invariables y duras quebradas,  o el que  vence  a pulso  las desoladas alturas para alcanzar la cima de las montañas,  con ese tricolor que llevas grabado en tu corazón, en tu alma, y que se irá definitivamente contigo,  en el día último de tu corta vida, porque se es soldado una vez y para siempre, porque se ama  la Patria hasta la eternidad, y porque  la honradez de ser un guerrero que la patria  lo reserva para sus glorias, nos hace  seres inmortales, invencibles  y amantes de la historia y servidores  humildes para siempre de la Patria.  En síntesis un honor, el más grande de la vida, es, ha sido y será siempre,  ser soldado de Chile.

 









































COMENTARIOS A LA NOTA PUBICADA EN EL FACEBOOK REGIMIENTO "ESMERALDA" "SÉPTIMO DE LÍNEA". el 14 de Julio de 2026.

Que sentida reflexión, comparto plenamente ése sentimiento de amor a la patria forjado en el rigor y la camaradería. Una experiencia para toda la vida.


 Wilfredo Ocaranza

 
Mi Querido y estimado Camarada @Carlos García Banda, me encantan sus Escrituras y Reflexiónes, y en especial ésta que estoy leyendo, usted, nos refleja fielmente cómo es el verdadero Soldado, ése que se forja con Temple de Acero, pero Inoxidable. PIENSO y CREO QUE: Nuestra Generación, 77/78/79, tiene algo que ninguna Generación tendra. ( ojalá ) Nunca. desde los Soldados de la Guerra del Pacífico, fuimos formados como Buenos Soldados, con excelentes profesionales, pero llegado el momento, nuestras vidas cambiaron, y fuimos preparados y alistados, en forma y tiempo Real, para la Guerra!!!!!! Seremos los Únicos que hasta el momento, estuvimos prestos y a sólo HORAS DE LA DECISION DE COMBATIR CONTRA LA ARGENTINA. LUCHANDO POR EL CANAL DEL BEAGLE, POR LAS TRES ISLAS, PIXTON LENOX Y NUEVA; como buenos soldados y por la excelente instrucción que tuvimos ( Dos Ejercicios Divisionarios) en el Gran Sector del Cordón O'Higgins, Dirigidos por mi General de División Adrián Ortiz Gutman, nos llevo a qué, subieramos con un Batallón, recién ingresado y con Clases que no llevaban ni dos meses llegados al R.I.M. 7 ESMERALDA, salimos con Rumbo desconocido a la Frontera de Chile a resguardar nuestra Patria, a la que le habíamos jurado Rendir nuestra Vida si fuese Necesario. Nos dieron a cada soldado, otro soldado para instruirlo en Tiempo Récord y Real, con todo nuestro conocimiento, ya adquirido y a su vez también enseñarle a los Clases de mi COMPAÑÍA DE MORTEROS 81 MILÍMETROS. Como era todo el sistema, Los recuerdo a Todos con mucho afecto y cariño, SOTO, AEDO PAINIAN CARRILLO CONCHA Y RAMÍREZ, hasta el día de hoy mantengo muy buenas relaciones con ellos, estuvimos 9 meses, esperando el Día D. Y el PLAZO FATAL, si mi mente,no me falla, era el 22 de Diciembre de 1978.Por todo la narrado y expuesto, y en cuánto a lo sucedido, nosotros tuvimos ése Privilegio de Ser una de las Únicas y Mejores GENERACIONES, y de la cuál, NUNCA, SE NOS HA AGRADECIDO, NI RECONOCIDO, POR NINGÚN GOBIERNO, NI POR NINGÚN COMANDANTE EN JEFE DEL EJÉRCITO DE CHILE. NUESTRA ODISEA. HACE YA 49 AÑOS. Y ME GUSTARÍA QUE A TRAVÉS SUYO, NOS OTORGUE UNAS LÍNEAS, COMO LAS QUE YO LE ESTOY NARRANDO, SALUDOS CORDIALES PARA TODOS USTEDES CAMARADAS UN SOLDADO ORGULLOSO DE HABER SERVIDO A MI REGIMIENTO,EL GLORIOSO REGIMIENTO SÉPTIMO DE LÍNEA N°7 ESMERALDA.

CAPITÁN MAURO ARAYA AGUILERA

  RECUERDOS DE UN GRAN SOLDADO: CAPITÁN MAURO ARAYA AGUILERA               La vida se va demasiado rápido. Cada vez que leo algún comentario...