Tinteros del olvido
Nunca será fácil, si nos proponemos entre todos, que
las plumas de las musas de nuestras vidas pampinas, se sequen en los tinteros
del olvido.
Cada día debemos rescatar las memorias del recuerdo.
Entre los soles y el polvo del caliche, de tantas
oficinas salitreras, nacieron mil historias. Los protagonistas “enganchados”
llegaron, jugaron, se criaron, soñaron, sufrieron, cantaron, lloraron, fueron
generosos, se empaparon del sudor del trabajo, se “empamparon” de polvos de estrellas,
ofreciendo en todos los actos realizados la esencia de sus almas. Se
encontraron, esforzaron, estudiaron y trabajaron, se enamoraron y se
impregnaron del verdor agreste de los pimientos de la plaza en esas tardes de
suspiros y celajes que nos regalaron sus coloridos paisajes.
Allí, en esa pampa salitrera, bendecida por el “Supremo”,
desfilaron, aplaudieron, fueron al “mitin” político, recitaron, fueron “marinos”,
gimnastas del “Cuadro Blanco”, profesores con bolsones llenos de vocación y
espíritu de servicio, bomberos
esforzados, autoridades, jefes, capataces, empleados y obreros, músicos selectos
de bandas, scouts de pañolines amarillos
y acompasados tambores, en las
graderías de la plaza fueron público de
zapatos nuevos y brillantes, con olor a suela nueva de pulpería al “crédito”.
Alguna tarde oyeron
el canto de los gorriones sedientos, y contemplaron los mejores cuadros del
crepúsculo y de soslayo cruzaron sus miradas con las morenas de ojos bellos.
Se sometieron a la exigencia horaria del “Pito” que
anunciaba el inicio y/o término de la
faena y se embarcaron en las “Javas” con
el lonchero con olor a “pan con
chancho” y hojas de té envueltas en papel de diario con el azúcar para la dura
y diaria subsistencia. Los más pequeños tomaron
sus bolsones con libros y tareas para la jornada de la Escuela.
Se fotografiaron
con amigos en el “odeón” musical de la plaza o en la faena y encontraron el amor en el
fulgor de las miradas. Fueron pampinos diligentes, dirigentes, políticos o
religiosos, deportivos, pastores de la congregación, católicos de la Parroquia,
militantes del “partido”, masones, demócratas o comunistas ateos.
Fueron todos integrantes de las heroicas familias de
todos los tiempos y rincones: Los Montivero, Souza, Gatica. Los Castillo, Vera, Inostroza, Ossandón,
Bueno, Maldonado, Molina, Bolta,
Ledezma, Ovalle, Ramos, Poblete, Flores. Los Domínguez, Nef, Salinas, Pizarro, Pasten, Álvarez, Espinoza, Pinto, Garcia,
Guerra. Los Salinas, Córdova, Tapia,
Silva, Andrews, Simúnovic, Escobedo, Metcalf. Los Liendro, Roco, Reed, Zambrano Marino. Los Salgado, los Godoy, Ríos,
Aracena o Urrutia. Los Gómez, “las” y los Morales, los Honores, los Alarcón,
los Contreras, los Valencias, los Vilches, el “chino” del galpón, o el “Pulpo”
del abarrotes, karamanos de los zapatos o Hidalgo de la Mercería, el sastre o
el dueño de la heladería de la “chancha” musical, el peluquero del sindicato,
Ávila, fotógrafo Morales, el conductor Urbina
del Galgo azul, los “Solari” o los Carrasco o los Araya, los Leguía o los Soria
de la librería, las Picolic del correo, o la Corina de la Peluquería, el sastre
del pasaje Orella o los Silva del Rancho “Chuqui”, los Ovalle, el carpintero
Flores, los practicantes Mercado, Soria u Olivares, los Vera deportistas, los
Naranjos dirigentes, los Guerra, Aramayo y los González en el radio teatro, el
abuelo Azócar en la esquina del violín de la tarde, el “Abuelito Manuel” por el
lado de los Montecinos, el “Pita Valencia, el “Chano” o el Mena, el “Curro” y
los Maureira, los Paniagua y los y las Díaz, los Torrico, los Santander y el
Miss Chile, los Torrejón, los Hennings, las lindas Avendaño, los Poblete, los
Camus, Pizarro, Pastenes, los del Valle, los Tapia y los Ramos, los Guardia,
los Dubó y los miles, pero miles de rostros que se pasean por los laberintos
del recuerdo de la mente cada interminable y agotadora noche.
Cuando vayas al cementerio de la pampa, cualquiera de
esos territorios sagrados, en esos lares
de silencios, vientos y sombras, donde abundan las risas y recuerdos entre
flores de metal y lápidas pintadas, te encontrarás con tus raíces, nuestras
raíces, con tu ayer que no se olvida y con un mañana que desea fundirse en esas
costras salitrales para permanecer para siempre impregnados de sus eternidades,
escribiendo en el polvo las caricias de la pampa para que no quede ésta nunca,
aunque cierre la última salitrera en el
tiempo, en los injustos tinteros del olvido.

































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