sábado, 7 de marzo de 2026

TINTEROS DEL OLVIDO...


 Tinteros del olvido

              Nunca será fácil, si nos proponemos entre todos, que las plumas de las musas de nuestras vidas pampinas, se sequen en los tinteros del olvido.

              Cada día debemos rescatar las memorias del recuerdo.

              Entre los soles y el polvo del caliche, de tantas oficinas salitreras,  nacieron  mil historias. Los protagonistas “enganchados” llegaron, jugaron, se criaron, soñaron, sufrieron, cantaron, lloraron, fueron generosos, se empaparon del sudor del trabajo, se “empamparon” de polvos de estrellas, ofreciendo en todos los actos realizados la esencia de sus almas. Se encontraron, esforzaron, estudiaron y trabajaron, se enamoraron y se impregnaron del verdor agreste de los pimientos de la plaza en esas tardes de suspiros y celajes que nos regalaron sus coloridos paisajes.

              Allí, en esa pampa salitrera, bendecida por el “Supremo”, desfilaron, aplaudieron, fueron al “mitin” político, recitaron, fueron “marinos”, gimnastas del “Cuadro Blanco”, profesores con bolsones llenos de vocación y espíritu de servicio,  bomberos esforzados, autoridades, jefes, capataces, empleados y obreros, músicos selectos de bandas, scouts de pañolines amarillos  y acompasados tambores,  en las graderías de  la plaza fueron público de zapatos nuevos y brillantes, con olor a suela nueva de pulpería al “crédito”.

               Alguna tarde oyeron el canto de los gorriones sedientos, y contemplaron los mejores cuadros del crepúsculo y de soslayo cruzaron sus miradas con las morenas de ojos  bellos.

              Se sometieron a la exigencia horaria del “Pito” que anunciaba el inicio y/o término  de la faena y se embarcaron en las “Javas” con  el lonchero con olor a “pan  con chancho” y hojas de té envueltas en papel de diario con el azúcar para la dura y diaria subsistencia. Los más pequeños tomaron  sus bolsones con libros y tareas para la jornada de la Escuela.

               Se fotografiaron con amigos en el “odeón” musical de la plaza  o en la faena y encontraron el amor en el fulgor de las miradas. Fueron pampinos diligentes, dirigentes, políticos o religiosos, deportivos, pastores de la congregación, católicos de la Parroquia, militantes del “partido”, masones, demócratas o comunistas ateos.

              Fueron todos integrantes de las heroicas familias de todos los tiempos y rincones: Los Montivero, Souza,  Gatica. Los Castillo, Vera, Inostroza, Ossandón, Bueno,  Maldonado, Molina, Bolta, Ledezma, Ovalle, Ramos, Poblete, Flores. Los Domínguez, Nef, Salinas, Pizarro,  Pasten, Álvarez, Espinoza, Pinto, Garcia, Guerra. Los Salinas, Córdova,  Tapia, Silva, Andrews, Simúnovic, Escobedo, Metcalf. Los Liendro, Roco, Reed,  Zambrano Marino. Los Salgado, los Godoy, Ríos, Aracena o Urrutia. Los Gómez, “las” y los Morales, los Honores, los Alarcón, los Contreras, los Valencias, los Vilches, el “chino” del galpón, o el “Pulpo” del abarrotes, karamanos de los zapatos o Hidalgo de la Mercería, el sastre o el dueño de la heladería de la “chancha” musical, el peluquero del sindicato, Ávila,  fotógrafo Morales, el conductor Urbina del Galgo azul, los “Solari” o los Carrasco o los Araya, los Leguía o los Soria de la librería, las Picolic del correo, o la Corina de la Peluquería, el sastre del pasaje Orella o los Silva del Rancho “Chuqui”, los Ovalle, el carpintero Flores, los practicantes Mercado, Soria u Olivares, los Vera deportistas, los Naranjos dirigentes, los Guerra, Aramayo y los González en el radio teatro, el abuelo Azócar en la esquina del violín de la tarde, el “Abuelito Manuel” por el lado de los Montecinos, el “Pita Valencia, el “Chano” o el Mena, el “Curro” y los Maureira, los Paniagua y los y las Díaz, los Torrico, los Santander y el Miss Chile, los Torrejón, los Hennings, las lindas Avendaño, los Poblete, los Camus, Pizarro, Pastenes, los del Valle, los Tapia y los Ramos, los Guardia, los Dubó y los miles, pero miles de rostros que se pasean por los laberintos del recuerdo de la mente cada interminable y agotadora noche.      

              Cuando vayas al cementerio de la pampa, cualquiera de esos territorios sagrados,  en esos lares de silencios, vientos y sombras, donde abundan las risas y recuerdos entre flores de metal y lápidas pintadas, te encontrarás con tus raíces, nuestras raíces, con tu ayer que no se olvida y con un mañana que desea fundirse en esas costras salitrales para permanecer para siempre impregnados de sus eternidades, escribiendo en el polvo las caricias de la pampa para que no quede ésta nunca, aunque cierre la última salitrera en  el tiempo, en los injustos tinteros del olvido.

              Cuando vayas sonríe,  reza y respeta sus moradas, fueron los héroes de todas las historias aún no contadas…


































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