jueves, 6 de noviembre de 2025

Fotos de Mario Cerda

 Unas fotos con historia



              Los hechos  que las personas viven en sus diferentes tiempos o etapas, marcan esa huella imborrable que permanece en ese rincón  de los recuerdos. Lamentablemente todos tenemos hermosas y significativas historias que contar, pero muchas veces no tenemos la oportunidad de  explayarnos en detalles  pues necesitamos esa hora que llamamos de la “Tertulia” miliar, o de la   reunión  de la amistad, para sentarnos y recordar los tiempos vividos de cada cual y que nos hace muy bien compartir  y recordar.

              Los grupos que se frecuentan son los que hacen, o no, que tengamos esas oportunidades. A veces las historias quedan en el calor de un trago limpio y generoso del buen vino  moreno y refrescante y que  trae los dulces o amargos recuerdos y pareciera que la magia del brebaje que pasa por la garganta,  nos abriera el baúl de lo olvidos   y afloran entonces esas historias que nos causan emociones y que nunca podremos dejar de olvidar, y cada cual nos llevaremos a nuestras propios lugares del descanso eterno esos tiempos inolvidables.

              Por eso que es bueno a veces, hacer un alto y detenerse, para dejar constancia de las situaciones que hemos vivido.

              En  este caso específico quiero recordar al amigo, entonces “mi” Sargento Mario Cerda, que tuve el honor de  conocer en su   gran profesión y desempeño en la guarnición  de Antofagasta, trabajando incansable primero como un gran instructor en la alta cordillera de Calama, y luego como  conductor de comando, trabajando y desempeñándose eficientemente con muchas personas que pasaron por el cuartel de los “Vencedores del Desierto”, y que lo hicieron merecedor a la confianza por su trabajo honesto y servicial,  no exento de sacrificios que tocan a la familia en las larga ausencias o en esas comisiones interminables pues las exigencias son normas que muchas veces exigen renuncia personal y constante sacrificio.

              Pero este tema es largo de explicar, y lo entienden los que abrazaron la carrera militar como un acto de vocación y llamado interior de servir  con lo mejor de sus propias capacidades.

              Sin embargo de esos años  juveniles, tengo guardadas unas fotos del amigo Mario, que  prometo devolverlas en el más breve tiempo,  después de haberlas conservado por más de diez años, (quizás más) y no haberme dignando ni siquiera a  detenerme para recordar esos momentos que vivió  junto a  esa destacada e inolvidable “Patrulla militar de Saludo”  que cruzó  el desierto de Atacama, desde Calama a Antofagasta, en esos lejanos años de 1989, en que  vibrábamos  todos con nuestras celebraciones de la Gloriosa Infantería, y era ese el especial motivo por el cual  esa inolvidable patrulla, recorrió por espacio de cuatros largos días caminando, la distancia desde Calama a Antofagasta, en una marcha  de gran valor profesional pero más que eso, de   cariñoso saludo a sus camaradas Infantes del “Esmeralda”, y que marcaron  la vida personal de cada uno de los que integraron ese grupo de valientes infantes de la Patria, que  aprovecharon ese tiempo  de reflexión, de cansancio  y de  sacrificio, honrando también a los soldados del ayer, esos que también caminaron con menos medios y recursos, por estos parajes  del norte de Chile, para conquistar con su bota de infantería los terrenos que  costaron muchas vidas y que la historia ingrata por cierto, y a veces manejada con  intenciones de olvido, nos tratan dejar de recordar sin darnos el  justo espacio para rememorar también esos tremendos esfuerzos que marcaron nuestra historia  de entrega a la Patria, con  el corazón ancho, y el alma llena de emociones  y  compromisos de entrega hasta de la propia vida en el intento.

              De modo que ese 7 de Junio de 1989, después de haber partido impetuosos y llenos de  energías y   entusiasmo juvenil,  arribaron los “Patrulleros” del Calama, a la ceremonia programada por ese año en el Regimiento de Infantería  Motorizado N° 7 “Esmeralda”, entregando oficialmente al mando de ese entonces, el saludo cordial de sus hermanos de Armas de Calama, y  envolviendo en ese abrazo amistoso  a todos los integrantes del Regimiento que formado, recibió en  silencio, (porque los militares  son así, sobrios, y  reciben en silencio y solo con la fanfarria militar de sus bandas, los grandes acontecimientos  y homenajes  y con esa diana de los músicos en el patio de honor, reconocer  el gran sacrificio  que efectuaron esos  infantes de ayer,  que nos dejaron una grata huella en su tiempo y que a cada uno de los participantes les marcó de por vida esa hazaña que  no todo el tiempo se realiza y que  fue en ese año, el corolario más importante de nuestra celebración.

              De modo que en estas líneas,  agradecemos  a esos viejos soldados del ayer ese intento, ese saludo, ese despliegue y esa marcha incansable por el desierto, con sus equipos y armas al hombro, pernoctando bajo las estrellas para vencer el cansancio y el frío,  con todo lo que significa una “Marcha de combate”, que se diferencia de las marchas de campamento  que podrían considerarse casi de turismo, pues en ellas va también midiéndose el hombre a cada paso sus propias capacidades, fortalezas y debilidades y venciéndose a si mismo para sortear tantos obstáculos que ofrece el inhóspito desierto  y el desplazamiento por los senderos trazados  o venciendo el polvo de la “chusca” donde se entierran esas botas que  de pronto te provocan alguna  sorpresiva caída con equipo al suelo.

              En alguna otra oportunidad de mi vida de soldado, fuimos testigos  en una segunda oportunidad, un saludo similar que también hiciera una patrulla de montaña, más moderna, con mejores equipos y mejores capacidades logísticas y que nos ofrecieran también un saludo  generoso de infantes  al entonces recientemente creado Regimiento Reforzado N° 20 “La Concepción” de corta vida institucional.

              Pero esta crónica del recuerdo  es para los hermanos del ”Calama”,  del conocido ex Regimiento de Infantería Motorizado y Reforzado de Montaña N° 15 “Calama”, y que fueron los que dieron el inicio a esta generosa tradición, que alguna vez en conjunto con el “Esmeralda” y el “Calama”, participaron en conjunto en una larga marcha de saludo  desde sus propias guarniciones, a la ciudad de Arica, enfrentando largos senderos  por la cordillera los “calameños” y por la costa los “antofagastinos”  esfuerzo que se coronó  exitosamente con la llegada triunfal a esa otra inolvidable ceremonia del 7 d Junio de ese año,   efectuada en el Morro de Arica.

              Hay muchos recuerdos como este que causan emoción al  traerlos a la memoria.

              Quiero entonces, rendir un sincero homenaje a nuestro amigo Mario Cerda,  que alguna vez me facilitó las fotos que comparto y que se las devolveré por cualquier  medio con esta larga nota, en la que le expresamos la gratitud  personal y a quienes hicieron posible es tremendo episodio militar en tiempos de paz, que muchas veces por nuestros egoísmos, ó porque no le damos la verdadera importancia que merecen, quedan solamente en el recuerdo y después pasan al olvido natural de la vida.

              Como no queremos que   se Olvide este tema,  compartimos las fotos que  son el mejor testimonio de ese tiempo Pasado.

 

Foto N° 1

“Patrulla del Regimiento de Infantería Motorizado Reforzado de Montaña N° 15 “Calama”, saliendo desde su Unidad a un saludo desde Calama a Antofagasta, del 4 al 7 de Junio del año 1989.

 

Foto 2

En algún lugar del desierto,   con las comodidades mínimas,  en la primera noche de ardua marcha,  recuperando energías con un Rancho sencillo y simple para continuar la marcha.

 

Foto 3

Patrulla del Regimiento de Infantería Motorizado Reforzado  de Montaña N° 15 “Calama”

“Saludo en el Dia de la Infantería chilena, a sus pares del Regimiento “Esmeralda”, en una marcha que duró largos y arduos cuatro días. Desde Calama al litoral de Antofagasta.

 



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