Unas fotos con historia
Los hechos que las personas viven en sus diferentes tiempos o etapas, marcan esa huella imborrable que permanece en ese rincón de los recuerdos. Lamentablemente todos tenemos hermosas y significativas historias que contar, pero muchas veces no tenemos la oportunidad de explayarnos en detalles pues necesitamos esa hora que llamamos de la “Tertulia” miliar, o de la reunión de la amistad, para sentarnos y recordar los tiempos vividos de cada cual y que nos hace muy bien compartir y recordar.
Los grupos que se frecuentan son
los que hacen, o no, que tengamos esas oportunidades. A veces las historias
quedan en el calor de un trago limpio y generoso del buen vino moreno y refrescante y que trae los dulces o amargos recuerdos y pareciera
que la magia del brebaje que pasa por la garganta, nos abriera el baúl de lo olvidos y
afloran entonces esas historias que nos causan emociones y que nunca podremos dejar
de olvidar, y cada cual nos llevaremos a nuestras propios lugares del descanso
eterno esos tiempos inolvidables.
Por eso que es bueno a veces,
hacer un alto y detenerse, para dejar constancia de las situaciones que hemos
vivido.
En
este caso específico quiero recordar al amigo, entonces “mi” Sargento
Mario Cerda, que tuve el honor de
conocer en su gran profesión y
desempeño en la guarnición de
Antofagasta, trabajando incansable primero como un gran instructor en la alta
cordillera de Calama, y luego como conductor
de comando, trabajando y desempeñándose eficientemente con muchas personas que
pasaron por el cuartel de los “Vencedores del Desierto”, y que lo hicieron
merecedor a la confianza por su trabajo honesto y servicial, no exento de sacrificios que tocan a la
familia en las larga ausencias o en esas comisiones interminables pues las exigencias
son normas que muchas veces exigen renuncia personal y constante sacrificio.
Pero este tema es largo de
explicar, y lo entienden los que abrazaron la carrera militar como un acto de
vocación y llamado interior de servir
con lo mejor de sus propias capacidades.
Sin embargo de esos años juveniles, tengo guardadas unas fotos del
amigo Mario, que prometo devolverlas en
el más breve tiempo, después de haberlas
conservado por más de diez años, (quizás más) y no haberme dignando ni siquiera
a detenerme para recordar esos momentos
que vivió junto a esa destacada e inolvidable “Patrulla militar
de Saludo” que cruzó el desierto de Atacama, desde Calama a Antofagasta,
en esos lejanos años de 1989, en que
vibrábamos todos con nuestras
celebraciones de la Gloriosa Infantería, y era ese el especial motivo por el
cual esa inolvidable patrulla, recorrió
por espacio de cuatros largos días caminando, la distancia desde Calama a
Antofagasta, en una marcha de gran valor
profesional pero más que eso, de cariñoso
saludo a sus camaradas Infantes del “Esmeralda”, y que marcaron la vida personal de cada uno de los que
integraron ese grupo de valientes infantes de la Patria, que aprovecharon ese tiempo de reflexión, de cansancio y de
sacrificio, honrando también a los soldados del ayer, esos que también caminaron
con menos medios y recursos, por estos parajes
del norte de Chile, para conquistar con su bota de infantería los terrenos
que costaron muchas vidas y que la historia
ingrata por cierto, y a veces manejada con
intenciones de olvido, nos tratan dejar de recordar sin darnos el justo espacio para rememorar también esos
tremendos esfuerzos que marcaron nuestra historia de entrega a la Patria, con el corazón ancho, y el alma llena de
emociones y compromisos de entrega hasta de la propia
vida en el intento.
De modo que ese 7 de Junio de
1989, después de haber partido impetuosos y llenos de energías y
entusiasmo juvenil, arribaron los
“Patrulleros” del Calama, a la ceremonia programada por ese año en el
Regimiento de Infantería Motorizado N° 7
“Esmeralda”, entregando oficialmente al mando de ese entonces, el saludo
cordial de sus hermanos de Armas de Calama, y
envolviendo en ese abrazo amistoso a todos los integrantes del Regimiento que
formado, recibió en silencio, (porque
los militares son así, sobrios, y reciben en silencio y solo con la fanfarria militar
de sus bandas, los grandes acontecimientos y homenajes y con esa diana de los músicos en el patio de
honor, reconocer el gran sacrificio que efectuaron esos infantes de ayer, que nos dejaron una grata huella en su tiempo
y que a cada uno de los participantes les marcó de por vida esa hazaña que no todo el tiempo se realiza y que fue en ese año, el corolario más importante
de nuestra celebración.
De modo que en estas líneas, agradecemos
a esos viejos soldados del ayer ese intento, ese saludo, ese despliegue y
esa marcha incansable por el desierto, con sus equipos y armas al hombro, pernoctando
bajo las estrellas para vencer el cansancio y el frío, con todo lo que significa una “Marcha de
combate”, que se diferencia de las marchas de campamento que podrían considerarse casi de turismo,
pues en ellas va también midiéndose el hombre a cada paso sus propias
capacidades, fortalezas y debilidades y venciéndose a si mismo para sortear
tantos obstáculos que ofrece el inhóspito desierto y el desplazamiento por los senderos
trazados o venciendo el polvo de la “chusca”
donde se entierran esas botas que de pronto
te provocan alguna sorpresiva caída con
equipo al suelo.
En alguna otra oportunidad de mi
vida de soldado, fuimos testigos en una
segunda oportunidad, un saludo similar que también hiciera una patrulla de montaña,
más moderna, con mejores equipos y mejores capacidades logísticas y que nos ofrecieran
también un saludo generoso de infantes al entonces recientemente creado Regimiento
Reforzado N° 20 “La Concepción” de corta vida institucional.
Pero esta crónica del recuerdo es para los hermanos del ”Calama”, del conocido ex Regimiento de Infantería
Motorizado y Reforzado de Montaña N° 15 “Calama”, y que fueron los que dieron
el inicio a esta generosa tradición, que alguna vez en conjunto con el “Esmeralda”
y el “Calama”, participaron en conjunto en una larga marcha de saludo desde sus propias guarniciones, a la ciudad
de Arica, enfrentando largos senderos
por la cordillera los “calameños” y por la costa los “antofagastinos” esfuerzo que se coronó exitosamente con la llegada triunfal a esa
otra inolvidable ceremonia del 7 d Junio de ese año, efectuada en el Morro de Arica.
Hay muchos recuerdos como este que
causan emoción al traerlos a la memoria.
Quiero entonces, rendir un sincero
homenaje a nuestro amigo Mario Cerda,
que alguna vez me facilitó las fotos que comparto y que se las devolveré
por cualquier medio con esta larga nota,
en la que le expresamos la gratitud
personal y a quienes hicieron posible es tremendo episodio militar en
tiempos de paz, que muchas veces por nuestros egoísmos, ó porque no le damos la
verdadera importancia que merecen, quedan solamente en el recuerdo y después pasan
al olvido natural de la vida.
Como no queremos que se Olvide este tema, compartimos las fotos que son el mejor testimonio de ese tiempo Pasado.
Foto N° 1
“Patrulla del Regimiento
de Infantería Motorizado Reforzado de Montaña N° 15 “Calama”, saliendo desde su
Unidad a un saludo desde Calama a Antofagasta, del 4 al 7 de Junio del año 1989.
Foto 2
En algún lugar
del desierto, con las comodidades mínimas, en la primera noche de ardua marcha, recuperando energías con un Rancho sencillo y
simple para continuar la marcha.
Foto 3
Patrulla del
Regimiento de Infantería Motorizado Reforzado
de Montaña N° 15 “Calama”
“Saludo en el
Dia de la Infantería chilena, a sus pares del Regimiento “Esmeralda”, en una
marcha que duró largos y arduos cuatro días. Desde Calama al litoral de
Antofagasta.



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