El duelo, es el dolor que ocasiona la obligada ausencia de nuestros amigos, hijos, tíos, padres, hermanos y todos aquellos parientes y personas que nos han permitido vivir una vida sencilla pero llena del amor, la comprensión y la amistad y el sentido de pertenencia que nos unen en los mismos valores heredados de nuestros padres y familias en todo el trayecto de la vida, las cuales nunca podremos dejar de recordar por la importancia que tuvieron en nuestras propias vivencias, en nuestra formación, en esa guía educacional permanente que se requiere para crecer por los caminos del bien, pero también en esas dolorosas horas de la enfermedad que nos ataca, en que solamente nosotros, como familias, pudimos doblegarnos a la voluntad de Dios y del destino y tener que asumir los cuidados, el delicado proceso de hacer la vida posible, en medio de todos los imposibles que ofrece la escasez de recursos y las atenciones que debemos dar a nuestros familiares, más aún si ellos están impedidos de movilidad por alguna enfermedad invalidante que nos obliga a estar postrados.
Todo esto no sería posible
vivirlo, si no tuviéramos como herramienta de servicio el amor para con quienes se estrechan lazos de profundo
compromiso humano y solidaridad como lo es la siempre necesaria, vapuleada, reconocida o criticada
familia, y debemos siempre sentir que
nuestra tarea, más allá del inmenso sacrificio, ha sido y fue un servicio a quienes
sirvieron de ejemplo en nuestras vidas como verdaderos guías en todo orden
de cosas.
Nos ha pasado con nuestras madres,
padres, muchas veces hermanos, quienes
su única esperanza de tener un mejor pasar,
han contado con nuestro esfuerzo y compromiso. Hemos sido nosotros, cada cual en su realidad, quienes hemos
asumido estas situaciones especiales de cuidados, que si bien es cierto
requieren sacrificio personal y sacrificio, es una obligada renuncia a nuestro buen pasar,
es la forma de agradecer con hechos y
acciones concretas a la vida por esas personas que caminaron
a nuestro lado en las dificultades, alegrías, emociones y tristezas y que nos
supieron llevar siempre por el camino del bien.
Hace pocos días , en esas acciones
de “Servir” con nuestros humildes cantos,
veníamos de la catedral con Elizabeth Guardia, y quiso ella mostrarme la casa donde vivía su primo, el
querido y recordado “Lencho” que no veo hace más de cincuenta años, invitándome,
conforme a tiempo, a pasar a saludarlo.
Por la hora, por que en
verdad tenia otras tareas y otras obligaciones
de día sábado pendientes, me comprometí
a visitarlo en otra oportunidad y hace
tiempo que habíamos planeado llevarle un poco de alegrías y compartir con él y
sus hermanos, la dulzura de un par de caramelos para sentarnos en la mesa de la amistad y recordar
esos años de la pampa salitrera en que conocimos a nuestro amigo músico
Florencio, (“Lencho”), lleno de vitalidad, energía y fuerza, y que se quedó en
nuestras mentes y recuerdos como ese ser entusiasta, sencillo, muy alegre, un
destacado músico y que por estas circunstancias propias de cada cual, nos
dejamos de ver, como ocurre en la mayoría de los casos, con nuestros amigos o
conocidos de la niñez y que marcaron huellas profundas en la mente y corazón.
Me he permitido hoy, en el dolor y
conocimiento informado por su prima
Elizabeth, mi amiga y hermana del canto litúrgico, compartir estos sentimientos por su abrupta
partida hacia el Reino y con la pena de
no haber sacrificado ese tiempo que nos creemos tan nuestro, para haberlo
estrechado antes de su sorpresiva partida, de verdad esperábamos con
ansias esa otra oportunidad
Y hoy, hemos quedado todos muy impactados, no porque la muerte sea una
tragedia sino por que dejamos de hacer lo que había que hacer en su momento,
como brindarle nuestro afecto oportunamente con una visita, y que por “dejarlo para otro día”, ya no hubo
tiempo, hora ni posibilidad. Cobra entonces una entera vigencia el Evangelio: “Nadie
sabe el día ni la hora, hay que estar preparados y con las lámparas
encendidas”, siempre.
Por lo tanto estas líneas quieren
también recordar un poco con breves hechos, la historia resumida,
por que amerita una prolongada lectura de muchas historias juntas, de esta
querida familia de la pampa “Los Guardia”, que son parte del escenario que nos vio nacer, jugar,
compartir, crecer y vivir los mejores años de la vida y la niñez.
Precisamente la
familia Guardia - Silva, numerosa y conocida en la pampa salitrera, tiene
sus orígenes y profundas raíces, las que
se iniciaron y extendieron por todo el
norte y la pampa salitrera con muchas ramas familiares, formando frondosos árboles que crecieron
siempre ligados en sus distintos afanes de la vida, a la persona de Don
Florencio Guardia y su distinguida esposa la Sra. Ema Silva, que dieron vida a varios hijos: Alicia, Florencio, Alfredo, Violeta y Sergio.
Todos conocemos el tremendo aporte
a la cultura musical del Maestro Guardia, que en medio de sus actividades
laborales, fundó la Banda Instrumental “América” y contribuyó con sus
enseñanzas, a formar a muchos músicos
de fama local y nacional que integraron muchas bandas instrumentales y
sinfónicas, dejando muy en alto la pedagogía propia del Maestro y que
hicieron de su vida no solo dedicada a
una actividad laboral específica, sino que la mayoría, complementaron distintos grupos musicales,
bandas y orquestas, que formaron también parte del Cuadro Blanco, como así mismo muchas conjuntos
musicales, dedicados a amenizar los bailes tradicionales de la pampa o a la
interpretación de hermosos repertorios musicales de música de todos los tiempos y muchas en boga de la época, en las conocidas “Retretas Musicales” de los odeones pampinos,
ubicados en los centros de las Plaza de las localidades, y donde cada
domingo, deleitaban a esa población
ansiosa y deseosa de oír y compartir esa instancias musicales
ensayadas en duras jornadas semanales.
Estos afinados repertorios, podían
ser ejecutados en retretas “Matutinas” a
mediodía en algunos domingos o feriados con
ocasión de alguna efeméride nacional, o ser parte de las tradicionales retretas
dominicales nocturnas, que en el
crepúsculo pampino de la tarde, refrescaban los oídos y el alma en esas mágicas
tardes con esos colores y celajes propios de esos cielos de la pampa, disfrutando en esos añosos bancos la música
que se interpretaba con maestría, sencillez y gran entusiasmo por los músicos
de “Don Florencio”; y que invitaban a los primeros suspiros del amor primaveral o veraniego en
esas vueltas interminables tras la paloma de los sueños o en esos jardines
idílicos bajo el calor de los pimientos y algarrobos.
Eran nuestra mejor entretención
después de oír la “Carrera de éxitos” de las canciones de moda por los
altoparlantes que transmitía la Radio “Coya”, silenciados obligadamente en esas retretas para disfrutar la música en
directo de estos esforzados músicos, que no dejaban de
tocar y animaban incansablemente las largas interpretaciones musicales,
vistiendo siempre sobrios y elegantes
con sus albas camisas blancas almidonadas,
muchos de corbata y tenidas
oscuras de “Gala” para esas dignas presentaciones.
Esos músicos pampinos, formados
por el Maestro Guardia, fueron toda una
gran generación de una amplia cultura
musical y dieron muchos frutos de su juventud y energías en la educación
musical a muchas generaciones de instrumentistas.
En mis años de niñez, vivíamos muy cerca del Maestro Guardia. Desde
la calle Luis Acevedo, caminábamos un par de cuadras por 21 de Mayo y al llegar
a la esquina de “Claudio Arrau”, donde
terminaba el Pasaje “Orella”, se
encontraba, justamente frente a la casa que habitaba el Maestro con su
familia, la “Sala de Ensayos”, con puerta
directamente a la calle y desde allí o sus ventanales, oíamos y mirábamos los ensayos de los músicos
que después de cumplir sus trabajos de faena en la empresa, entregaban su mejor tiempo de descanso en el
aprendizaje y perfeccionamiento de la música y sus instrumentos. Llamaba la
atención los jóvenes que se aglomeraban para aprender y recordamos al Maestro con admiración y
respeto por su gran función educativa. .
Algunas veces, aplicando un poco
el rigor de su propia disciplina, recibida en sus años de conscripto en el
Regimiento “Carampangue” en Iquique, su cuna musical y de formación
estricta, al sentirse interrumpido por
nuestras inquietas presencias, casi desordenadas por mirar el origen de los sonidos de las marchas
militares e himnos que se escapaban con
agradable armonía por los aires vecinales pampinos, tomaba en ademán de poner orden, su gruesa
“batuta” de Director, casi tan gruesa
como un afilado palo de escoba, y de una pura mirada, nos echaba a “palos” para no interrumpir ni distraer sus sagrados
momentos de enseñanza. Era repetitivo, en esos momentos en que había
desafinación o falta de compás y le daba vuelta a las veces que fuera necesario
los compases y los músicos obedecían sagradamente sus instrucciones. Sin duda
que para nosotros, solamente hacia el ademán, pero no concretaba esas amenazas
“aéreas”, pues volvía rápidamente a dar sus tres golpes a su atril de Director,
para reiniciar la pieza musical del ensayo.
La sala era sencilla, se llenaba
de atriles musicales y sillas de madera, desde su lugar de dirección, golpeaba
la batuta y repetía y repetía incansable los compases. Recuerdo como si fuera ayer la ubicación exacta de esa sala de ensayos. Los recuerdos
son tan nítidos que hasta el olor húmedo a las maderas del piso blanquecino y
polvoriento logro sentir en mis narices.
Sus pisos de tabla blanqueadas por
el polvo, con ese olor característico a la tierra de la pampa, era necesario humedecerla con agua para no contaminar el aire y los
pulmones, y varias veces vi las descargas líquidas de salivas que salían desde
los instrumentos y se sumaban a las
manchas húmedas del piso, y lográbamos
apreciar el tremendo valor de los intérpretes de instrumentos de vientos, que se esforzaban
por hacer vibrar sus lenguas e infundir el aire para concretar afinadamente los
sonidos necesarios que la canción o marcha exigían.
Esa familia Guardia era, y aun lo
son en sus extensas raíces de familia, todos virtuosos de la música, como el
origen de quien sembrara esos talentos en el desierto, en su calidad de Músico
, Maestro y “Patriarca”: El Gran Maestro Florencio Guardia.
No tengo claridad absoluta del frondoso árbol genealógico de la familia. Conocí a Don Sergio Guardia quien se casó con la Sra. Elsa Sarmiento. De esa unión, nacieron distinguidas damas pampinas: Doris Magdalena, Elizabeth, Sergio Guardia (El “Meme”) (Q.E.P.D.), “El Jhony” (Q.E.P.D.), (“Jhony” o Juanito Guardia, aparte de su servicio laboral en la pampa, trabajó mucho tiempo voluntariamente, en las actividades de formación y servicio en la Parroquia San Rafael Arcángel de María Elena), Richard Marcelo y Manuel. No recuerdo otro integrante de esa hermosa familia.
Sé de otra rama de los Guardia que
floreció por el lado de otro hijo del Maestro: Don Alfredo Guardia , casado con
la Sra. Ana y cuyos hijos fueron también muy conocidos en María Elena: Ana, Freddy, Emma, “Lencho”, Vanessa, Alfredo y
Rosa.
De estos “hijos ilustres” de los Guardia, está Florencio Guardia, llamado igual que su abuelo,
a quien todos llamamos como el “Lencho”
Guardia.
“Lencho” era un eximio intérprete
de trompeta. Conformaba una muy buena orquesta en esos tiempos con el querido y recordado Johnny Fuentes, el Chivares
Peralta y otros músicos de renombre,
todos nacidos en María Elena, los cuales
animaban muchas fiestas pampinas, en las
que se contaba con su juvenil entusiasmo por
brindar esparcimiento y alegría.
“Antes de enfermase, el Lencho
animó varias fiestas en Antofagasta en algún local de calle Huamachuco con Nicolás Tirado con sus grupos musicales”, me cuenta su prima Elizabeth
Guardia.
Me recordaba otra de las hermanas,
Doris Magdalena, en un post publicado en
“Generaciones Pampinas” que: (“Lencho”)… “también fue un importante miembro de
la famosa Orquesta de entonces “SONORA ORO
BLANCO” (Los “Golden White”), formada y
consolidada en la querida Oficina Coya Sur”.
No tuve la oportunidad de conocer
la “herencia” de familia propia del “Lencho”,
pero para nadie es desconocido la capacidad musical e interpretativa de uno de sus hijos
mayores, muy conocido en el ámbito artístico
local de la ciudad de Antofagasta, en especial en los conjuntos de raíces andina,
como lo es Don Alejandro Guardia, que además es un eximio intérprete en Saxofón.
En publicación de el “Diario de Antofagasta”,
de 23 de Enero de 2023, se destaca lo siguiente:
“Con nota 6.8 de parte del jurado,
el grupo de Antofagasta, Ankaly, se convirtió en el ganador del Festival del
Huaso de Olmué, con su canción “El carnaval de los abuelos”.
El grupo antofagastino Ankaly, se
coronó ganador del “Festival del Huaso de Olmué” en la versión de 2023,
recibiendo como premio el guitarpín de oro.”
Quizás, en otra oportunidad tendré
que seguir indagando con el árbol genealógico de los Guardia, pues son muchos y
no retengo en mi ya frágil memoria, a todos sus integrantes.
Tenemos la imagen del “Lencho”
interpretando en la trompeta las notas musicales en todos los eventos que
pudieran desarrollarse en la pampa.
Quienes le conocieron lo recuerdan
como un buen amigo, cariñoso, excelente músico, alegre, divertido y de gran
sabiduría.
Visitamos su hogar, para acompañar
a la familia donde permaneció los últimos años, acompañado de sus hermanos que
le prodigaron tanto amor y atenciones, y que se juntaron para despedir al
hermano y al querido Tío “Lencho”. Estuvimos conversando gratamente y en cada rostro de esa gran familia Guardia,
estaban los reflejos de lo que ellos son desde siempre, generosos, sencillos,
alegres, tremendas buenas personas, y uno puede percibir en el aire en medio
del dolor, y la desazón la tristeza de una partida que también provoca la
alegría de la reunión obligada de la familia
en tales circunstancias.
Sentimos en esa visita la genuina “alma
de pampino” que se nos ha regalado durante
nuestra existencia y que nos han provocado tantas satisfacciones y felicidad en
nuestras vidas.
Abrazar y saludar al recordado Fredy
Guardia, con quien algunas tardes disfrutábamos de esas tradicionales “pichangas”
de fútbol en la pampa, ha sido todo un
gran regalo. Conocer a sus nietas, su esposa y todos los “Guardia” que parece que custodian con
celo y orgullo a sus numerosas familias
que tanto han significado para la historia pampina.
Siguen al igual que ayer, con su invariable alma de pampinos, que tienen la esencia de ser personas
acogedoras, reunidas en medio de la partida de uno de ellos, y aun así tomar ese tecito con aroma a Rio Loa, por la hierba Luisa ó el cedrón, y esos aromas de amor y amistad que une, que envuelve, que se saborea en el cariño sincero
y en esas sensaciones que prometen seguir
viviendo como ayer, “aclanados”, unidos,
fortalecidos, serviciales, atentos y generosos.
Hoy 1° de Noviembre de 2025, será la despedida
final de los restos de Florencio Guardia, el “Lencho”, hijo del ilustre abuelo
pampino, Don Florencio Guardia.
Elevamos una oración al cielo por
el eterno descanso de su alma y sabemos
que se reunirá con sus pares de ayer, para llegar en este inicio de mes, “Día
de todos los Santos”, quienes le esperan con fanfarrias, bombos, platillos
y trompetas, para expresarle la alegría
de su retorno al Padre, y seguir con la jarana y la alegría tan característica
de las personas sencillas, que lo dan todo para prodigar cariño, amor y felicidad,
y que viven para servir cada día.
Descanse en paz hermano de la
pampa, hijo del salitre y recordado artista de nuestra bella infancia y
juventud.
(Transcribo saludo compartido y publicado en la red por Guadalupe Guardia Ramos en el día de esta infausta noticia):
🎶 Hasta siempre,
querido Tío Florencio “Lencho” Guardia 🎶
Hoy el cielo recibe a un tremendo músico, y nosotros despedimos a un gran
hijo , hermano , amigo y padre .
Tu trompeta tu voz y tu alegría marcaron tantas memorias lindas en la
pampa…
Quedarán para siempre en el corazón de quienes tuvimos la suerte de
conocerte.
Gracias por cada melodía, por cada risa y por el amor con que viviste tu
música.
El “Lencho” no se apaga, porque su ritmo sigue sonando en nuestras almas.
Vuela alto, tío querido… el cielo hoy suena mejor con vos y tú trompeta que
tanto amabas 🎵💫💔
(Fotografías facilitadas por nuestra respetada amiga y hermana en la fe y el canto litúrgico, Sra. Elizabeth Guardia a quien agradecemos todos los datos proporcionados en este homenaje al querido "Lencho" Guardia.)
Don Sergio Guardia Silva, junto a su padre el Maestro Florencio Guardia
y la Sra. Elsa Sarmiento esposa de Don Sergio.
El niño pequeño es "Lencho" Guardia.
Don Alfredo Guardia y su esposa la Sra. Ana
La pequeña es Vanessa.

















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