sábado, 1 de noviembre de 2025

LA FAMILIA GUARDIA, ICONOS PAMPINOS

 

UNA FAMILIA INOLVIDABLE 


Conjunto ORO BLANCO ("Golden White") de Coya Sur.
Fotografía de Fernando Castillo González. 
En ella sale como baterista su amado hermano Armando Castillo (Q.E.P.D.)
y el primero es el  "Lencho" Guardia  con su trompeta.
Gran recuerdo de estos inolvidables músicos pampinos.
El 6to. guitarra es Carlos Diaz, el cantante es Washington Miranda y el otro de la guitarra
 es Julio Bruno. (Créditos Fernando Castillo)


El entonces joven trompetista "Lencho" Guardia

            El duelo, es el dolor que ocasiona la obligada ausencia de nuestros amigos, hijos, tíos, padres,  hermanos y todos aquellos parientes y personas que nos han permitido vivir una vida  sencilla pero llena del amor, la comprensión y la amistad y el sentido de pertenencia  que nos unen en los mismos valores  heredados de nuestros padres y familias  en todo el trayecto de la vida, las cuales nunca podremos dejar de recordar por la importancia que tuvieron en nuestras propias vivencias, en nuestra formación, en esa guía educacional permanente que se requiere para crecer por los caminos del bien, pero también en esas dolorosas horas de la enfermedad que nos ataca,  en que solamente  nosotros,  como familias, pudimos doblegarnos a la voluntad de Dios y del destino y tener que asumir los cuidados, el delicado proceso de hacer la vida posible, en medio de todos los imposibles que ofrece la  escasez de recursos y las atenciones que debemos dar a nuestros familiares, más aún si ellos están impedidos de movilidad por alguna enfermedad invalidante que nos obliga a estar postrados.

              Todo esto no sería posible vivirlo, si no tuviéramos como herramienta de servicio el amor para con  quienes se estrechan lazos de profundo compromiso humano y solidaridad como lo es la siempre  necesaria, vapuleada, reconocida o criticada familia, y   debemos siempre sentir que nuestra tarea, más allá del inmenso sacrificio, ha sido y fue un servicio  a quienes  sirvieron de ejemplo en nuestras vidas como verdaderos guías en todo orden de cosas.

              Nos ha pasado con nuestras madres, padres, muchas veces hermanos,  quienes su única esperanza de tener un mejor pasar,  han contado con nuestro esfuerzo y compromiso. Hemos sido nosotros,  cada cual en su realidad, quienes hemos asumido estas situaciones especiales de cuidados, que si bien es cierto requieren sacrificio personal y sacrificio,  es una obligada renuncia a nuestro buen pasar,  es la forma de agradecer con hechos y acciones concretas a la vida  por esas personas  que  caminaron a nuestro lado en las dificultades, alegrías, emociones y tristezas y que nos supieron llevar siempre por el camino del bien.

              Hace pocos días , en esas acciones de “Servir” con nuestros humildes cantos,  veníamos de la catedral con Elizabeth Guardia, y quiso ella  mostrarme la casa donde vivía su primo, el querido y recordado “Lencho” que no veo hace más de cincuenta años, invitándome, conforme a tiempo,  a pasar a saludarlo.

              Por la hora, por que en verdad  tenia otras tareas y otras obligaciones de día sábado pendientes,  me comprometí a visitarlo en otra oportunidad y  hace tiempo que habíamos planeado llevarle un poco de alegrías y compartir con él y sus hermanos, la dulzura de un par de caramelos para  sentarnos en la mesa de la amistad y recordar esos años de la pampa salitrera en que conocimos a nuestro amigo músico Florencio, (“Lencho”), lleno de vitalidad, energía y fuerza, y que se quedó en nuestras mentes y recuerdos como ese ser entusiasta, sencillo, muy alegre, un destacado músico y que por estas circunstancias propias de cada cual, nos dejamos de ver, como ocurre en la mayoría de los casos, con nuestros amigos o conocidos de la niñez y que marcaron huellas profundas en la mente y corazón.

              Me he permitido hoy, en el dolor y conocimiento informado por su prima  Elizabeth, mi amiga y hermana del canto litúrgico,  compartir estos sentimientos por su abrupta partida hacia el  Reino y con la pena de no haber sacrificado ese tiempo que nos creemos tan nuestro, para haberlo estrechado  antes de su  sorpresiva partida, de verdad esperábamos con ansias esa otra oportunidad

              Y hoy,  hemos quedado todos muy   impactados, no porque la muerte sea una tragedia sino por que dejamos de hacer lo que había que hacer en su momento, como brindarle nuestro afecto oportunamente con una visita, y  que por “dejarlo para otro día”, ya no hubo tiempo, hora ni posibilidad. Cobra entonces una entera vigencia el Evangelio: “Nadie sabe el día ni la hora, hay que estar preparados y con las lámparas encendidas”,  siempre.

              Por lo tanto estas líneas quieren también  recordar un  poco con breves hechos, la historia resumida, por que amerita una prolongada lectura de muchas historias juntas, de esta querida familia de la pampa “Los Guardia”, que son  parte del escenario que nos vio nacer, jugar, compartir, crecer y vivir los mejores años de la vida y la niñez.

              Precisamente la familia Guardia -  Silva,  numerosa y conocida en la pampa salitrera, tiene sus orígenes y profundas  raíces, las que se iniciaron y  extendieron por todo el norte y la pampa salitrera con muchas ramas familiares,  formando frondosos árboles que crecieron siempre ligados en sus distintos afanes de la vida, a la persona de Don Florencio Guardia y su distinguida esposa la Sra. Ema Silva, que dieron  vida a varios hijos:  Alicia, Florencio, Alfredo, Violeta y Sergio.

              Todos conocemos el tremendo aporte a la cultura musical del Maestro Guardia, que en medio de sus actividades laborales, fundó la Banda Instrumental “América” y contribuyó con sus enseñanzas, a formar   a muchos músicos de fama local y nacional que integraron muchas bandas instrumentales y sinfónicas,  dejando muy en alto  la pedagogía propia del Maestro y que hicieron de su vida  no solo dedicada a una actividad laboral específica, sino que la mayoría,   complementaron distintos grupos musicales, bandas y orquestas, que formaron también parte del  Cuadro Blanco, como así mismo muchas conjuntos musicales, dedicados a amenizar los bailes tradicionales de la pampa o a la interpretación de hermosos repertorios musicales  de música de todos los tiempos y  muchas en boga de la época,  en las  conocidas “Retretas Musicales” de los odeones pampinos, ubicados en los centros de las Plaza de las localidades, y donde cada domingo,  deleitaban a esa población ansiosa y deseosa de  oír  y compartir esa instancias musicales ensayadas en  duras  jornadas semanales.

              Estos afinados repertorios, podían ser ejecutados en retretas “Matutinas”  a mediodía en algunos domingos o feriados  con ocasión de alguna efeméride nacional, o ser parte de las tradicionales retretas dominicales nocturnas, que  en el crepúsculo pampino de la tarde, refrescaban los oídos y el alma en esas mágicas tardes con esos colores y celajes propios de esos cielos de la pampa,  disfrutando en esos añosos bancos la música que se interpretaba con maestría, sencillez y gran entusiasmo por los músicos de “Don Florencio”; y que invitaban a los primeros  suspiros del amor primaveral o veraniego en esas vueltas interminables tras la paloma de los sueños o en esos jardines idílicos bajo el calor de los pimientos y algarrobos.  

              Eran nuestra mejor entretención después de oír la “Carrera de éxitos” de las canciones de moda por los altoparlantes que transmitía la Radio “Coya”, silenciados obligadamente  en esas retretas para disfrutar la música en directo de estos esforzados músicos, que no dejaban  de  tocar y animaban incansablemente las largas interpretaciones musicales, vistiendo  siempre sobrios y elegantes con sus albas camisas blancas almidonadas,  muchos de corbata y  tenidas oscuras de “Gala” para esas dignas presentaciones.

              Esos músicos pampinos, formados por el Maestro Guardia,  fueron toda una gran  generación de una amplia cultura musical y dieron muchos frutos de su juventud y energías en la educación musical a muchas generaciones de instrumentistas.

              En mis años de niñez,  vivíamos muy cerca del Maestro Guardia. Desde la calle Luis Acevedo, caminábamos un par de cuadras por 21 de Mayo y al llegar a la esquina de “Claudio Arrau”,  donde  terminaba el Pasaje “Orella”, se  encontraba, justamente frente a la casa que habitaba el Maestro con su familia,  la “Sala de Ensayos”, con puerta directamente a la calle y desde allí o sus ventanales,   oíamos y mirábamos los ensayos de los músicos que después de cumplir sus trabajos de faena en la empresa,  entregaban su mejor tiempo de descanso en el aprendizaje y perfeccionamiento de la música y sus instrumentos. Llamaba la atención los jóvenes que se aglomeraban para aprender y  recordamos al Maestro con admiración y respeto por su gran función educativa. .

              Algunas veces, aplicando un poco el rigor de su propia disciplina, recibida en sus años de conscripto en el Regimiento “Carampangue” en Iquique, su cuna musical y de formación estricta,  al sentirse interrumpido por nuestras inquietas presencias, casi desordenadas por mirar  el origen de los sonidos de las marchas militares e himnos que se escapaban con  agradable armonía por los aires vecinales pampinos,  tomaba en ademán de poner orden, su gruesa “batuta” de Director,  casi tan gruesa como un afilado palo de escoba, y de una pura mirada, nos echaba a “palos” para  no interrumpir ni distraer sus sagrados momentos de enseñanza. Era repetitivo, en esos momentos en que había desafinación o falta de compás y le daba vuelta a las veces que fuera necesario los compases y los músicos obedecían sagradamente sus instrucciones. Sin duda que para nosotros, solamente hacia el ademán, pero no concretaba esas amenazas “aéreas”, pues volvía rápidamente a dar sus tres golpes a su atril de Director, para reiniciar la pieza musical del ensayo.

              La sala era sencilla, se llenaba de atriles musicales y sillas de madera, desde su lugar de dirección, golpeaba la batuta y repetía y repetía incansable los compases. Recuerdo  como si fuera ayer la ubicación  exacta de esa sala de ensayos. Los recuerdos son tan nítidos que hasta el olor húmedo a las maderas del piso blanquecino y polvoriento logro sentir en mis narices.

              Sus pisos de tabla blanqueadas por el polvo, con ese olor característico a la tierra de la pampa, era necesario humedecerla  con agua para no contaminar el aire y los pulmones, y varias veces vi las descargas líquidas de salivas que salían desde los instrumentos y  se sumaban a las manchas húmedas del piso,  y lográbamos apreciar  el tremendo valor  de los intérpretes de  instrumentos de vientos, que se esforzaban por hacer vibrar sus lenguas e infundir el aire para concretar afinadamente los sonidos necesarios que la canción o marcha exigían.

              Esa familia Guardia era, y aun lo son en sus extensas raíces de familia, todos virtuosos de la música, como el origen de quien sembrara esos talentos en el desierto, en su calidad de Músico , Maestro y “Patriarca”: El Gran Maestro Florencio Guardia.

             No tengo claridad absoluta del frondoso árbol genealógico de la familia. Conocí a Don Sergio Guardia quien se casó con la Sra.  Elsa Sarmiento. De esa unión, nacieron distinguidas damas pampinas:  Doris Magdalena, Elizabeth, Sergio Guardia (El “Meme”) (Q.E.P.D.), “El Jhony” (Q.E.P.D.), (“Jhony” o Juanito Guardia, aparte de su servicio laboral en la pampa,  trabajó mucho tiempo voluntariamente, en  las actividades de formación  y servicio en la Parroquia San Rafael Arcángel de María Elena), Richard Marcelo y Manuel. No recuerdo otro integrante de esa hermosa familia.

              Sé de otra rama de los Guardia que floreció por el lado de otro hijo del Maestro: Don Alfredo Guardia , casado con la Sra. Ana y cuyos hijos fueron también muy conocidos en María Elena: Ana,  Freddy,  Emma, “Lencho”, Vanessa, Alfredo y Rosa.

              De estos  “hijos ilustres” de los Guardia,  está Florencio Guardia, llamado igual que su abuelo,  a quien todos llamamos como el “Lencho” Guardia.

              “Lencho” era un eximio intérprete de trompeta. Conformaba una muy buena orquesta en esos tiempos con el  querido y recordado Johnny Fuentes, el Chivares  Peralta y otros músicos de renombre, todos nacidos en María Elena,  los cuales animaban  muchas fiestas pampinas, en las que se contaba con su juvenil entusiasmo por  brindar esparcimiento y alegría.

              “Antes de enfermase, el Lencho animó varias fiestas en Antofagasta en algún local de  calle Huamachuco con Nicolás Tirado  con sus grupos musicales”, me cuenta su prima Elizabeth Guardia.

              Me recordaba otra de las hermanas, Doris Magdalena, en un post  publicado en “Generaciones Pampinas” que: (“Lencho”)… “también fue un importante miembro de la famosa Orquesta de entonces  “SONORA ORO BLANCO” (Los “Golden White”), formada  y consolidada en la querida Oficina Coya Sur”. 

              No tuve la oportunidad de conocer la “herencia” de familia  propia del “Lencho”, pero para nadie es desconocido la capacidad musical  e interpretativa de uno de sus hijos mayores,  muy conocido en el ámbito artístico local de la ciudad de Antofagasta, en especial en los conjuntos de raíces andina, como lo es Don Alejandro Guardia, que además es un eximio intérprete en Saxofón.

              En publicación de el “Diario de Antofagasta”, de 23 de Enero de 2023, se destaca lo siguiente:

            “Con nota 6.8 de parte del jurado, el grupo de Antofagasta, Ankaly, se convirtió en el ganador del Festival del Huaso de Olmué, con su canción “El carnaval de los abuelos”.

            El grupo antofagastino Ankaly, se coronó ganador del “Festival del Huaso de Olmué” en la versión de 2023, recibiendo como premio el guitarpín de oro.”


(Foto publicada por el "Diario de Antofagasta")

              Quizás, en otra oportunidad tendré que seguir indagando con el árbol genealógico de los Guardia, pues son muchos y no retengo en mi ya frágil memoria, a todos sus integrantes.

              Tenemos la imagen del “Lencho” interpretando en la trompeta las notas musicales en todos los eventos que pudieran desarrollarse en la pampa.

              Quienes le conocieron lo recuerdan como un buen amigo, cariñoso, excelente músico, alegre, divertido y de gran sabiduría.

              Visitamos su hogar, para acompañar a la familia donde permaneció los últimos años, acompañado de sus hermanos que le prodigaron tanto amor y atenciones, y que se juntaron para despedir al hermano y al querido Tío “Lencho”. Estuvimos conversando gratamente y  en cada rostro de esa gran familia Guardia, estaban los reflejos de lo que ellos son desde siempre, generosos, sencillos, alegres, tremendas buenas personas, y uno puede percibir en el aire en medio del dolor, y la desazón la tristeza de una partida que también provoca la alegría de la reunión  obligada de la familia en tales circunstancias.

              Sentimos en esa visita la genuina “alma de pampino” que se nos ha  regalado durante nuestra existencia y que nos han provocado tantas satisfacciones y felicidad en nuestras vidas.

              Abrazar y saludar al recordado Fredy Guardia, con quien algunas tardes disfrutábamos de esas tradicionales “pichangas” de fútbol en la pampa,  ha sido todo un gran regalo. Conocer a sus nietas, su esposa y todos  los “Guardia” que parece que custodian con celo y  orgullo a sus numerosas familias que tanto han significado para la historia pampina.

              Siguen al igual que ayer,  con su invariable alma de  pampinos, que tienen la esencia de ser personas acogedoras, reunidas en medio de la partida de uno de ellos, y aun así  tomar ese tecito con aroma a  Rio Loa, por la hierba Luisa  ó el cedrón,  y esos aromas de amor y  amistad que une, que  envuelve, que se saborea en el cariño sincero y en esas  sensaciones que prometen seguir viviendo como  ayer, “aclanados”, unidos, fortalecidos, serviciales, atentos y generosos.

              Hoy  1° de Noviembre de 2025, será la despedida final de los restos de Florencio Guardia, el “Lencho”, hijo del ilustre abuelo pampino, Don Florencio Guardia.

              Elevamos una oración al cielo por el eterno descanso de su alma  y sabemos que se reunirá con sus pares de ayer, para llegar en este inicio de mes, “Día de todos los Santos”, quienes le esperan con fanfarrias, bombos, platillos y trompetas,  para expresarle la alegría de su retorno al Padre, y seguir con la jarana y la alegría tan característica de las personas sencillas, que lo dan todo para prodigar cariño, amor y felicidad, y  que viven para servir cada día.

              Descanse en paz hermano de la pampa, hijo del salitre y recordado artista de nuestra bella infancia y juventud.







(Transcribo saludo compartido y publicado en la red por Guadalupe Guardia Ramos en el día de esta infausta noticia):

🎶 Hasta siempre, querido Tío Florencio “Lencho” Guardia 🎶

Hoy el cielo recibe a un tremendo músico, y nosotros despedimos a un gran hijo ,  hermano , amigo y padre .

Tu trompeta tu voz y tu alegría marcaron tantas memorias lindas en la pampa…

Quedarán para siempre en el corazón de quienes tuvimos la suerte de conocerte.

Gracias por cada melodía, por cada risa y por el amor con que viviste tu música.

El “Lencho” no se apaga, porque su ritmo sigue sonando en nuestras almas.

Vuela alto, tío querido… el cielo hoy suena mejor con vos y tú trompeta que tanto amabas 🎵💫💔

 

(Fotografías facilitadas por nuestra respetada amiga y hermana en la fe y el canto litúrgico, Sra. Elizabeth Guardia a quien agradecemos todos los datos proporcionados en este homenaje al querido "Lencho" Guardia.)




El recordado Maestro Don Florencio Guardia
Un Ilustre pampino.


 Sra. Ema Silva, esposa de Dn. Florencio Guardia


Don Sergio Guardia Silva, junto a su padre el Maestro Florencio Guardia 

y la Sra. Elsa Sarmiento esposa de Don Sergio.

El niño pequeño es "Lencho" Guardia.



Don Alfredo Guardia y su esposa la Sra. Ana

La pequeña es Vanessa.



























 

 


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