miércoles, 19 de noviembre de 2025

INMERECIDO HONOR DE TAN DILECTO MAESTRO

 




Se me ha honrado con la entrega de un  más que interesante libro, sino una gran  crónica histórica del “Cuerpo de Bomberos de Antofagasta”, con lujo de detalles, con fotografías, con documentos que son de una importancia extraordinaria para quienes aman la historia de la ciudad, para quienes se sienten  ciudadanos de Antofagasta, los de antes del 14 de Febrero o los de después del 14 de Febrero, los que dicen que este puerto es nuestro o de otros que aseveran que fue de Bolivia; para a los que hoy hablan en cada rincón de las redes de la “ANTOFAGASTINIDAD”,  palabra que ni siquiera es reconocida por la Academia Chilena de la Lengua, pero que personas como Margarita Canihuante, apoyada por la actual administración Alcaldicia, han iniciado una cruzada para dar vida a este vocablo tan nuestro, tan de la ciudad, tan de Antofagasta  y que tuvo sus orígenes en las ideas de Don Andrés Sabella, que nos regaló tanta educación y cultura, y que siguió viva como expresión, en ese entusiasmo del distinguido “Ancla de Oro” Don Juan Antonio Marrodán que  marcaron esa época y que hoy a través  de las páginas sociales administradas or uno de sus  hijos, como loo es “Antofagasta de Ayer hoy y siempre”, se difunde, se proyecta, se organiza y crea y  va creciendo como un rayito pequeño de luz que algún día  iluminará  el futuro brillante de esas ideas que nos regalan “ sentido de pertenencia”,  responsabilidad y cariño a lo “nuestro” a lo que es de todos nosotros, los que peramnecemos, los que llegan y se van, los que buscan y encuentran y los que hacen de esta ciudad una esperanza para us propias vidas.  Y en tal sentido, rescatamos de esa “Anotofagastinidad”, la figura de muchos  hombres y mujeres , que en el siglo pasados lo hicieron todo,  con  las mayores dificultades de los sistemas de la época, pero también a los que hoy sueñan,  crean, rescatan y escriben, proyectan e investigan, y en eso  me ha dado y honrado con su presente el libro  de la “Historia del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta” su propio autor, el distinguido maestro profesor, servidor anónimo y  ciudadano generoso Don Ricardo  Rabanal Bustos,  quien  me ha reglado un ejemplar de su obra,  con una inmerecida dedicatoria que  de una u otra forma toca la sensibilidad del alma,  por su valioso contenido y alta consideración, pero que además nos enseña con su gesto que hombres grandes en lo humano e intelectual como él,  sirven con tanta vocación y desinterés personal, a la causa bomberil, a la causa e la Educación, a la causa del amor a ese concepto nuevo que envuelve todo los que somos y tenemos, esa “Antofagastinidad”, y que en esta obra nos está dejando como herencia, ese gran volumen, una inmensa publicación, no por su tamaño sino por su contenido, y que es  de mucha importancia para todos los ciudadanos, para los investigadores, para los profesores  y personas que aman las historias “nuestras”,  y que ojalá todos puedan tener acceso a su lectura, para apreciar el gran valor  del trabajo realizado. Em élse refleja la vida  la vida de una noble Institución como lo es el “Cuerpo de Bomberos de Antofagasta” y que al decior de su propio autor es:   “Una institución fundada por ciudadanos  del mundo, exploradores, aventureros, cateadores, mineros, obreros, industriales, comerciantes e inversionistas”,  o sea ciudadanos de todas las  condiciones, unidos solo por el servicio a los demás, por la nobleza de entregar y por la valentía de colaborar  la existencia de estas nobles Instituciones que se mantienen en el tiempo y que son  esa necesaria inyección de amor y fuerza para seguir amando la ciudad reconociendo en los bomberos, en sus bomberos ese lazo indisoluble de servicio ciudadano.

            La maestría del gran resumen histórico del Cuerpo de Bomberos, reunido en esta interesante recopilación,  es de una fineza  exclusiva y propia de su autor, el cual en medio de su tarea de Maestro, de Profesor incansable y de bombero por excelencia, ha dedicado grandes horas para la investigación, la recopilación,  el ordenamiento de ideas y  eventos que han marcado este tiempo grandioso de los Bomberos de la ciudad, y que hoy nos regala, no solo a mi como una consideración especial y muestra de una generosidad inmerecida, sino más bien porque en esta obra queda plasmada para la historia futura  de nuestro Antofagasta toda una época, “Ciento cincuentas años”, un siglo y medio de tareas, de labores, de  enfrentar las  emergencias, alegrías, y vida  que nos han unido en distintas generaciones y que hoy mis ojos han tenido la dicha de recrear, de conocer, por que  recopilar  todos esos años de historia, obedece a mentes titánicas, valientes, de guerreros  de la pluma convencidos que la única forma de batallar contra la ignorancia, contra el desconocimiento, contra la incultura o indiferencia, es el conocimiento, que se  entrega  a raudales en estas páginas que podrían, - humildemente en mi condición autodidacta -  de llamar heroicas, llenas de símbolos y de gestos que no solo reconocen a los bomberos como  seres extraordinarios, de una voluntad impecable y de un espíritu de lucha  propio de héroes, sumando a esa vocación su  absoluto desapego a lo material, lo cual  nos hace ver que aun en este mundo hay personas que lo dan todo sin  tener  nada y que merecen, ms que un reconocimiento ciudadano, más que el aplauso generoso,  el  sentir que ellos son esa reserva moral propia de ciudadanos que  viven en una ciudad pujante, no exenta de dificultades o emergencias permanentes,  llena de historias en las cuales los bomberos siempre han estado allí presentes, con pocos recursos,  pero con esa voluntad que vence todas las ausencias  y dan mérito creciente a esa labor que sin  ser profesional o remunerada, reúne a personas de todas las condiciones para darle vida a un cuerpo inextinguible en  el servicio, y en eso el Maestro Rabanal, que  cumple funciones  y sirve orgullosamente a “su” Cuerpo de Bomberos,  se permite con su pluma   y comprobada sabiduría regalarnos historias,  hechos,  vida y sueños de tantos hombres que pasaron por esa Institución y a la cual  le debemos más que un reconocimiento, un homenaje permanente por que nos hacen sentir que contamos con ellos para nuestras propias emergencias y subsistencias.

            Gracias querido Maestro  Ricardo Rabanal, me ha emocionado con su libro, lo recomiendo, ojalá lo puedan adquirir,  indagar en detalle  y mantener ejemplares  en las bibliotecas, en los espacios públicos; ojala pudiéramos contar con algunas ediciones para que nuestro  pueblo amado de l Antofagasta se nutra de todo ese conocimiento que ha permitido a la mente audaz delo autor,  recopilar, empleándose con toda su entrega  y tiempo, para  rescatar lo que muchas veces queda en los tinteros y que implacablemente cubre el polvo del olvido. Esto nos hace sentir que la ciudad está viva, que todos los esfuerzos no se hacen por el día a día sin objetivos, y que son la herencia para los más jóvenes que serán el futuro del mañana eso nos llena de orgullo querido Maestro porque se ha dado el tiempo (ese a veces tan escaso tiempo  tan necesario para concretar las obras), y expresar en ese sentimiento de hombre, el amor a la ciudad y a su  destacado Cuerpo de Bomberos

            Agradezco, sus consideraciones a este humilde servidor, ignorante, nunca letrado como usted, que ha tenido la gentileza de reproducir en su inmensa obra, como un pequeño detalle, los duros momentos, muy resumidos por lo demás , de los inconvenientes y vivencias que vivimos en distintos escenarios de la vida, con motivo del Aluvión del 19 de Junio del 91, y que alguna vez resumí con muy pocos detalles, en medio de otras grandes emergencias de la misma, pero que usted ha considerado en su gran libro,  que es un valioso aporte y que ya ocupa un lugar de honor en mi pequeña biblioteca  y en el cual me he encontrado ávidamente recorriendo sus páginas descubriendo tanto conocimiento yar nutriendo mi poco saber gracias a su vasto conocimiento y su inmensa y reconocida capacidad.

            Ayer me acerqué  con cierto nerviosismo a su lugar de trabajo. Usted y tuvo la gentileza de acercarse a mi propio domicilio para entregarme este volumen único, pero en vista de mi ausencia,  tuve el honor de concurrir al mejor lugar que puede tener un hombre para desarrollar su trabajo, la Escuela de “las Rocas”, donde se percibe que el conocimiento,  la profesión excelsa de ser Maestro y el deseo de servir a los más pequeños, le dan esa maestría y ese necesario sello que lo distingue como el ser el  gran profesor, dedicado, y delicado por excelencia y que en  esa tremenda responsabilidad docente, se da el trabajo se investigar, de  entregar y de continuar escribiendo tantas historias que es bueno ir cada vez reconociendo que son y serán su  legado futuro para esta Antofagasta,  que son parte de esa marcada arista de la Antofagastinidad, que no solo reúne  selectos varones e investigadores como usted, sino que ciudadanos de gran espíritu de servicio, autores, escritores,  investigadores, periodistas y ciudadanos que han pasado haciendo el bien y entre los cuales usted ya  ocupa un lugar que merece un mayor reconocimiento, y no para la  vanidad humana que a veces toca a nuestra puertas, sino para la satisfacción personal y sano orgullo de haber servido hoy, en vida, en trabajo, en esfuerzo y en ese entusiasta deseo de legarnos parte de esta historia que sin duda, en el fondo de su alma, son su gran aporte para ese futuro del mañana, cuando ya no estemos presentes en estos amados arenales del norte, pero que quedarán plasmados en estas páginas con su nombre, con su esfuerzo personal, y con todos aquellos que pudieron hacer posible su publicación,  pero que no lo distinguen a usted como persona, pues en eso  tiene también la virtud de la humildad,  sino a  una Institución de todos, como lo es este “Cuerpo  de Bomberos de Antofagasta” y que usted con inteligencia, sabiduría, valor y sacrificio ( y quizás con esas barreras humanas de soberbia tan natural de nuestra humanidad, que a veces impiden el avance),  ha sabido plasmar en sus páginas y que constituyen el mejor regalo para Antofagasta. Gracias dilecto Maestro por su consideración para con este humilde e ignorante servidor.

            Un abrazo fraterno.

 

 

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