miércoles, 3 de septiembre de 2025

UN SENTIDO ADIÓS A ARTURO GUERRA

 


La última cueca hermano, antes de acompañarte al campo santo donde se quedan aletargados y perennes los sueños y las esperanzas en medio de esa soledad eterna, que nunca quisiéramos experimentar, pero que sabemos que se torna dulce ese paso desconocido y forzado, cuando en medio de tanta soledad , suben al cielo las voces acompañadas con los tradicionales acordes de las guitarras festivaleras de la siempre contagiosa alegría, haciendo girar los pañuelos que saludan con aire de sufridas ansiedades al cielo, como una oración cantada de amigos únicos, hermanados por la historia inmortal de nuestras tradiciones y que encuentran cada día una respuesta a la incesante búsqueda de lo que llamamos felicidad, como si ella fuera esquiva para el común de los mortales, pero que nosotros la sentimos viva, y chispeante en nuestros propios latidos, porque en eso, la cueca nos ha regalado tanta felicidad y nos ha hermanado en nuestra sacra historia y tradiciones, porque con la cueca, cantamos, bailamos, soñamos, reímos o lloramos, enjugando las penas con ese vino tibio y oloroso de la amistad pura, como ofrenda generosa en esas noches de canto y tertulia, buscando siempre sacar de nosotros ese misterioso ser que se despierta pletórico de emoción con ese gran sentimiento de ser hombres buenos y hacer vida el consejo del Evangelio de amarnos como prójimo, para alcanzar alguna vez el cielo, y allí seguir la cueca larga , con las voz de las cantoras, las de aquí y las de allá, que sonrientes entonan sus notas graciosas y golpean acompasadas sus palmas, para decirnos que siempre estaremos vivos, aunque tengamos que marcharnos a otras fondas celestiales “a componerla”, porque nunca dejará de permanecer en nosotros ese amor que descubrimos en esos años primeros de nuestra amada juventud y que nos han acompañado desde siempre, porque la cueca es también construir y soñar con un mundo mejor.
Hoy te despedimos, con lealtad, con sonrisas, con recuerdos de amistad y quizás una que otra lágrima porque nos costará acostumbrarnos a tu ausencia, pero sentimos tu presencia volando en el cielo celeste, oyendo nuestras voces que no quieren apagarse para no sentir que ya definitivamente no nos veremos más en esas tardes de tertulia y de amistad, pues el tiempo que traíamos impreso en el libro de la vida, lo recibimos justamente el día que tuvimos que nacer, siendo nuestra humana existencia un inicio con un nunca deseado final.
Ahora hacemos lo que más nos gusta y para ti, y para nosotros cantamos mientras estira la cuncuna el otro “peladito” el Robledo:
“Del cora, del corazón de la Loica….” Y se funden en el barro de Pomaire nuestras lágrimas para moldear lo mejor de nuestra humanidad para seguir formándonos como leales amigos, y recorrer el “Chile una Postal” que nos da tanta satisfacción y emociones compartidas, porque la magia de la cueca nos hace estar en “Los Lagos de Chile” o en “Valdivia” cantando junto al “gallo” del kikiriki, o nos da nostalgias y ponemos ojos de enamorados cuando vemos en los ojos de nuestras compañeras a nuestra amada “Consentida” y nos enredamos en el ¡¡ SALUD DE COMPADRES!! con la lengua dulce y embriagada de la “Chicha de Curacaví” que nos hace sonreír, o nuestra poca fe a veces olvidada, que se despierta en medio de nuestras tristezas y preocupaciones cuando sentimos el repicar de las campanas que nos llama para anunciarnos que en la Iglesia del Carmelo, “ella” ya tiene ella otro dueño, y entonces para apagar la pena agitamos el vino oloroso y olvidamos esos dolores pasajeros y con nuevo brío otro ¡Salud Compadre! una otra vez, alzando nuestras copas hasta “Verte Cristo Mío”, en un rito de amigos que nos hace gritar ¡VIVA CHILE! con sus hermosos paisajes del “Chile una postal” y entibiar la sangre con sus “Copihues Rojos”, y entre salud y salud, permitir que los Queridos amigos”, nos lleven de juerga alguna noche a bañarnos como el Diablo, que veces le roban la ropa…..
Y así es la “cueca larga” que viviremos ahora sin tu presencia, aunque sabemos que estarás disfrutando del vino amigo y de lo que siempre amaste: tu Chile y su folklore, y en medio de las soledad del hombre, vivir agradecido también por que como buen “cuequero”, tuviste tiempo también para vivir con tus amadas familias, siempre contento con la ilusión del amor.
El sol brilla siempre, aún sobre la tormenta despiadada de la muerte, y es en ese sol que entibiamos nuestras lágrimas para decirte querido amigo Arturo, que damos gracias al Supremo, por haberte conocido, y haber caminado siempre llenos de ilusiones y proyectos, los que no deben nunca terminar pues tu espíritu sereno y de alma de líder, nos guían por siempre.
Un ¡Salud Final! con pandemia y con problemas, y deseosos de acompañarte en el recuerdo, mientras seguimos preparando las otras cuecas…..
Tus amigos y amigas del “COFUA HISTÓRICOS”
Amanecer del 25 de Julio de 2021…..03:00 hrs.

Fotografía gentileza de Ricardo Vera) 

BLAS ERNESTO....

 

                                                     (Imagen de la red solo de referencia)

BLAS ERNESTO

No me olvido de este nombre, el de BLAS, porque en los tiempos de la “Peña de la U”, había un apreciado amigo, Jefe de la Imprenta, de una voluntad de oro,  de un espíritu alegre como nadie, que reía y bromeaba todo el día,  contándonos sus amenas anécdotas y que nos hacían la vida agradable en nuestros tiempos de trabajo voluntario en La Peña.

            Don Blas, siempre nos acogía con cariño, en ese espacio sagrado para su trabajo junto a  sus ayudantes o trabajadores de la misma imprenta.

            Marca Don Blas para mis recuerdos y vida, un personaje simpático, empático, alegre y honesto. Sencillo, trabajador como nadie y sobre todo colaborador extremo en cualquier detalle que pudiera servir a quienes participábamos en las actividades del Conjunto Folklórico de la Universidad de Chile. (COFUCHA)

            Pero…hay otro Blas, con un agregado, casi como apellido de Ernesto: BLAS ERNESTO, otro personaje netamente artístico que tenía sus encantos y que poseía un lenguaje convincente y de mucha claridad. Se expresaba muy bien, tenía esa impostación de voz, como si fuera un experto comediante y transmitía con su palabra todo el arte y experiencias acumuladas en su vida de artista de las tablas  santiaguinas  y  debo reconocer que nos deleitaba con sus historias de campo.

             Veíamos en él, al esforzado campesino, trabajador de nuestras tierras sureñas y en sus creaciones  poéticas, siempre tenía un consejo propio de nuestro hombre de la tierra, que conoce los secretos y detalles de la bondades de la naturaleza.

            Hablar, por ejemplo en uno de sus versos,  de  “La Receta”, era impregnarse de tradiciones  que solo conocían los habitantes  de los pueblos campesinos de la zona central y sur de nuestro país. Nos decía en su elocuencia y lo recuerdo claramente que:  

“No vaya al hospital, si tiene una herida , deje que se la “lamba” (de lamer)  un perro y Santo Remedio. Si tiene indigestión,  tampoco vaya al hospital…”Mezcle un poco de mierda de chancho con azúcar quemá,  échele agüita caliente y se la toma y ¡Listo!...Se le pasará por arte de magia la diarrea“…

                Y en medio de las risas y de la novedad de sus poemas, disfrutábamos de sus creaciones y esa gran cercanía con las personas del público. Vestía siempre un pesado “Poncho”  campesino. De pelo más bien largo y  con varios kilos a su favor, no se inmutaba por nada. Se paraba en el escenario, acompañado de algún guitarrista voluntario de “La Peña”, y se lanzaba con sus hermosas poesías costumbristas que nos hacían vibrar de risas y alegrías.

                Blas Ernesto era un hombre que llegó en esa temporada de Peñas  una tarde a la calle Maipú, y ofreció sus servicios,  a cambio de algunos pocos pesos para su mantención, y poco a poco, fue entrelazándose amistosamente entre nosotros, aparte de la gran admiración que provocaba su sencillez, su carita seria pero bondadosa y  más que  nada por que era el representante genuino de nuestro hombre de campo al que tanto apreciábamos, y que él lo irradiaba  con ese magnetismo propio de las personas que emiten  señales que  indican el poseer ese “algo especial” y que finalmente  los hacen ser triunfadores en sus intentos  de dominar al público con su arte y sus  desafíos por la vida.

             Declamar y recitar poemas de campo, de vida y costumbres de esos desconocidos rincones y lugares alejados de las montañas de nuestra amada Patria, lo hacían un ser de excepción. Era todo un bagaje destinado al éxito y complacencia por sus virtudes que eran todo lo que representaba su personal figura.

                    Admirable Don BLAS ERNESTO…

             Y en esa magia, como era hombre mayor, no había mucho intercambio de palabras con los más jóvenes del conjunto, sin embargo a veces me saludaba amablemente en sus actuaciones, pues  yo acompañaba a  Villafaña, que tenía a cargo la amplificación,  grabación y luces en un  rinconcito, parecido a una caseta sobre el escenario y  de la cual en pequeños agujeros,  oteábamos al interior de la Peña para saber   los detalles y exigencias de los artistas.

             Y muchas veces Blas Ernesto decía: “Y un saludo al querido amigo "Carolo", que se encuentra calladito allá arriba,  apoyando las luces y la amplificación, por lo que  en esa historia de vanidades humanas te hacía sentir anónimo pero importante sin ser visto.

            Una tarde de esas en que yo llegaba de mis faenas de Mantos Blancos, donde estaba haciendo práctica de estudiantes, en largas jornadas de trabajo. trataba de dejar mis temas de inicio de  jornada del día siguiente preparado y listo,(lonchero, ropa, documentos) y volaba a  ese encantador lugar que se llamaba la Peña, donde  siempre había algo que hacer y en qué colaborar.      No digo yo que haya sido un músico o bailarín experto. En realidad los “team” de guitarristas, acordeonistas,  intérpretes de  vientos  nortinos y percusión, abundaban en ese lugar, para todos los gustos. Yo disfrutaba más con la escoba que con el canto, pero estábamos allí haciendo nuestro aporte humano y generoso por el puro placer de ser útil, aunque mi corazón latía por la "Carola, esa rubia de la Peña" como le cantara Don Oscar Olivares.

            Blas Ernesto llegó esa tarde un poco más temprano, dispuesto a  participar en esas tertulias de fin de semana, y con su cuaderno lleno de poemas de campos, elegía  sus repertorios y miraba serenamente desde un rincón  de la entrada  hacia el salón principal de la Peña y  en su mente mágica  interpretaba  el sentir de la gente y  ya tenía sus ideas claras.

            Siempre sacaba aplausos y  tenía una virtud, no tomaba alcohol, solo recitaba y no tenía ningún instrumento, solo su gruesa presencia y su poncho campesino y su privilegiada memoria y capacidad de improvisación.

            -Hola Carolito-  me dijo  en esa tarde casi noche, esperando la llegada de las personas que disfrutaban de esas tertulias.

            -Tengo que pedirte un favor- me dijo, como si fuéramos amigos de toda una vida

            Blas Ernesto era el típico “Santiaguino” entrador y arrasaba con su personalidad. Siempre teníamos la aprensión de sentir que en las regiones, éramos incautos y torpes y entonces me la dijo en directo sin tapujos:

            -Tengo que viajar urgente a Santiago, porque tengo mi señora enferma….Así que  como vuelvo en 15 días más,  necesito me compres un pasaje de ida y vuelta  en avión, para ir y volver a la brevedad a Santiago

            -El dinero de los pasajes te lo traigo en mi regreso y  no te preocupes. “TODO ESTARÁ BIEN.”

            Comprenderán ustedes la situación de preocupación con mis pocos haberes de estudiante en práctica  recién ingresado a la minería de Mantos Blancos, para pensar cómo le hago…

            Pero como siempre  debemos ser generosos con el prójimo, y por principios cristianos y de  ayudar a quien necesite, “pisé el palito”, y al lunes  siguiente  un préstamo que en ese tiempo abundaba en facilidades,  me permitió reunir los recursos y tenderle la mano al  apreciado BLAS ERNESTO…..

            No era poco, un pasaje  (o mejor dicho "dos")  a Santiago en esa época, era  bastante honeroso y viajar en avión era todo un lujo.

            Pero la paz del corazón, cuando haces el bien, descansa en la satisfacción más plena y  se siente flotar el alma en ese espacio  celestial que te señala el que estás en buen camino, y el hacer el bien sin mirar a quien, marca ese impacto de darlo todo sin tener nada.

            Las Peñas continuaron los fines de semana. Siempre con la rutina y el entusiasmo juvenil de esos jóvenes intérpretes y bailarines que montaban hasta tres cuadros folklóricos por noche:     Campesinos, Chiloé y Huasos y entre medio algunos invitados especiales como lo eran los conjuntos de interpretación nortina con quenas, charangos y zampoñas que  se paseaban entre la Peña, el Tambo Atacameño y las actividades artísticas folklóricas de  grupos sociales, entidades deportivas y  universidades.

            Viví los mejores años, abnegados y  hermosos en ese grupo humano del COFUCHA. Amigos  afectuosos y afectivos, y más que integrante fui amigo, colaborador y siempre estuve dispuesto a  desempeñarme  en los trabajos más sacrificados que no eran  especialmente los artísticos, a los cuales me acoplaba con algunas falencias y dificultades por no  tener dominio  como los más avezados que eran los fuertes del grupo. 

            Blas Ernesto me sonaba a veces en mis preocupaciones.

            No fue fácil pagar mes a mes las cuotas de ese banco como lo era el "Morgan Finanzas",  que en la calle Matta, me quitaba  (por avispado) todo los meses  una hojita, de mi deuda, y  hoja por hoja se iba disminuyendo lentamente la abultada chequera de pago,  y que con el pasar del tiempo,  fue mermando en grosor, hasta alcanzar  la última letra y dar con el cartón vacío de ese instrumento de cobranzas que me tuvo complicado por varios meses por no decir  más de un año.

            Sin duda que Blas Ernesto nunca volvió. El viajecito de placer y el otro pasaje que seguro fue para su esposa,  fueron el mejor regalo de Antofagasta  para sus aspiraciones.

            No me gusta hablar mal de la gente, era un artista extraordinario, bueno en lo que hacía, convincente, sacaba aplausos y risas, y ya alguien me había contado en reserva tras bambalinas, que tuviéramos cuidado.

            Me fui a Santiago como postulante aceptado a la Escuela de Suboficiales del Ejercito.

            Un fin de semana, de esos que pocas veces teníamos la oportunidad de disfrutar, instalado en ese cuarto de la casa de calle Baquedano 740, donde me alojaba los fines de semana, una querida “Madrina” de la familia, que me cobijaba  y me permitía  tener un espacio personal, llevar mi ropa para el lavado y aplanchar  mis tenidas de soldado y   descansar como todo mortal, me encontré nostálgico. Sin duda que mi mente volaba cada día donde la amada Carolita, mi  “polola” por entonces y amor eterno,  y entonces con ese sentimiento de extrañarla,  caminé por la larga calle San Pablo hacia la Plaza de Armas,  y me encontré  por allí cerca de Teatinos, un letrero que decía: “Hoy Peña Folklórica”.

            Así que entré a ese lugar un tanto vacío a esperar que se tejía. Para nada se comparaba a nuestra inmensa Peña, allí era solo un saloncito, con algunas  sillitas individuales y pequeñas mesas, medio oscuro. Se pagaba una  entrada económica, pero el recurso de ganancia estaba en el consumo.

            Para mi suerte y agrado,  vi en directo en esa oportunidad al entonces conocido intérprete de los Moros,  Jorge Yáñez, que  recitaba versos costumbristas como ese de “Con brotes de mi siembra"….(¡Quién se lo iba a  imaginar!!.) y  nos regalaba todo su arte, por esas pocas monedas, y que sin duda recibía el merecido aplauso por sus poemas…

            Algún conjunto menor, nunca tan bueno como los “nuestros”, animó con un par de canciones  la tertulia de Santiago, permitiéndome un rato de paz, consuelo  y alegría.

            Y entonces vino el anuncio de la “Estrella de la Noche”.

            Con ustedes..   "BLAS ERNESTO……..” "EL CAMPESINO"....

            Y  vinieron mis inquietudes, mis preocupaciones, (¿Le cobro o no le cobro? ¿Se acordará del Carolo y “su” deuda en la Peña de la U? ¿Qué “chiva” me dirá?)

            Nuevamente después de más de un  año, oí su  entretenida declamación de “La Receta”,  con el conocido brebaje de la “Mierda de Chancho” con agua y azúcar para aliviar la diarrea….

            ¡SI!, los pocos parroquianos presentes, lo aplaudieron como a todos.

             Al terminar, se sentó junto a una dama, compartieron algún tecito o algo parecido,  me levanté  decidido,  me dirigí a su lugar con la única intención de saludarlo, sin pensar en los otros aditivos agregados de mi mayor interés que eran “la deuda”, y en el segundo  que antecede a la llegada y el  educado ¡¡Buenas Noches!! , Blas Ernesto dio vuelta la cara, se levantó y se dirigió por un pasillo al fondo, de la vivienda que servía de "Peña", después de haber visto de reojo mi mirada y sorprenderse de mi ingrata presencia.

            Esperé. 

            Pronto se levantó la dama y  esperé y esperé.           

            Y como en todo cuento de hadas, mágicamente desapareció de la escena entre el humo del tabaco y los aires románticos del “Cóndor pasa”, que interpretaba un joven en el escenario principal del pequeño salón.

            No apareció jamás en la vida el famoso Blas Ernesto que seguro me reconoció con su rabillo del ojo y como buen campesino chileno, se hizo el webón y escapó para nunca más volver.

            Pero recitaba lindo y  seguro habría otros  Carolos poco avispados en Chile que le tenderían la mano y que todavía le buscan con ansias y frenesí para recordarle su agradable paso por las costas de nuestro Antofagasta.

             Salud con agua Don Blas Ernesto. (Cuando se acuerde….)

 


martes, 2 de septiembre de 2025

REFLEXIONES DE LA VIDA EN EL COFUCHA...

 

Nina Rauld….”Asi es amigos, al llegar Septiembre, florece también las ganas de vivir, salir, bailar, cantar y lo mejor es que desempolvamos los recuerdos y los vivimos en familia, que no se pierda la costumbre de la tradición oral, aprovechemos que aún tenemos la audiencia de hijos y nietos que vibran con nuestras historias y no les molesta escucharlas mil veces, y reírse cuando escuchan anécdotas y chascarros que vivimos en la juventud, así es que a vivir este hermoso tiempo tan lleno de tradiciones, y para algunos, con harta pega, mostrando lo bueno y lindo  que es nuestro folklore”…

                                            (La “Nina” con sus palabras despertó mis musas….).

(“Nadie  AMA LO QUE NO CONOCE”…)

              Si usted “estuvo” allí, en ese matrimonio a la “chilena”, con  esa “cachurreta” floreada y pintoresca, con motor Ford del año de la “Pera” con la Tere y el Néstor; si estuvo en ese segundo matrimonio del Norman con  su esposa Gilda,  o compartió el arduo trabajo  con  ese otro “viejo flaco”, más grande y maceteado que era constructor, con la misión  de construir en el patio de la imprenta de Maipú, la famosa “Peña” de la “U”, y se sumó a las cuadrillas de otros cabros estudiantes para “tirar”  pala y esparcir en el terreno  gris de tierra la “conchuela” blanca que le daba otro ambiente de agrado al lugar o bien  cooperaba martillando con clavos de 4 x 4 con el Nano (el de la “Nina”), o el Ricardo Vera, para ir armando las mesas  con ruedas de “Carretes de Alambre” de “Madeco”, conseguidas por el Toño Monroy o  cooperando en la bodega de  trajes con el Arturo Guerra y en el intertanto, trabajando aperrado haciendo “mérito”, para ser aceptado como nuevo integrante con ojotas y de “gañán”,  sirviendo mesas,  haciendo aseo, barriendo las colillas y las servilletas y  demostrando con su actitud el mayor de los valores que nos inculcaron relacionados con la “humildad” y todo ello por solamente cariño y compromiso para ser parte del COFUCHA, y en medio de tantos esfuerzos recibir el reconocimiento final y el día menos pensado  ser “autorizado” para pasar a formar parte del elenco estable y participar  vestido de “Huaso”, como un “Premio” final, al deseo de estar allí.

              Si usted vendió “Vino Navegado”, empanadas, números de Rifas,  corrió a poner sillas, a ordenar manteles, a lavar cientos y cientos de vasos,  arreglar las tenidas, recoger botas viejas  ya usadas  para “apilcharse” su pinta, y tener que ir urgente a cambiarles “media suela y taco”, con el gentil auspicio de sus padres que  dejaban de comprar  pan, por darle la “pinta” y gusto al joven. Si usted sufrió en el baile una zancadilla con las espuelas  o le clavó la rodaja de la misma a una dama graciosa y risueña que era su hermosa compañera, si  se amaneció  pintando paredes con cal, pegando flores, inventando adornos, arreglando “La Peña” y   con el mejor traje esperar al Rector Rubén Bustos,  junto al "Peladito" Vivanco, para la Inauguración oficial; Si usted compartió las giras de estudio y cruzó la cordillera por el  "Paso de Jama"  en un camino al infierno, llegando apunado a “SAN ANTONIO DE LOS COBRES”, y tuvo que adaptarse al clima, bajar las maletas para el control de los gendarmes, y estar con la boca callado respetando el territorio ajeno y con  ello demostrar educación  sin morir en el intento; Si llegó después de tantas horas a ese mundo florido del verdor de Salta y paseó por sus calles y visitó los monumentos conociendo algo de la historia del “Gaucho” Güemes y se llenó de ilusiones, comprando cosas baratas para traer a Chile y en cualquier esquina comerse un bistec del porte de un plato acompañado de vino diluido con agua,   y compartió con los hermanos del “ATENEO CULTURAL EL TRIBUNO”; Si  pasó una larga noche cantando en  el "BOLICHE BALDERRAMA",  a “Orillitas del canal”, o participó en esos asados comunitarios con que nos agasajaban los hermanos  argentinos para demostrarnos su cariño, y  si en  la “vuelta de mano”,  tuvo que hacer turnos en lo que era el Balneario Municipal,  donde  se alojaban las delegaciones  de los artistas trasandinos, para llevarlos a distintos puntos de la ciudad, y quedarse también como parte del sacrificio sin comer todo el día por agradar como buenos anfitriones a nuestras visitas, o si después en otras ocasiones,  en los meses de septiembre se amaneció en las Ramadas, después de pintar, clavar, poner  serpentinas,   globos y banderas y  hasta echarle una mano de gato a los barriles de madera del gran bar y pintar  “RAMADA COFUCHA” en  los carteles, o tener que quedarse con el grupo de los siempre “MÁS SACRIFICADOS” durmiendo en el suelo, muertos de frio, para cuidar los bienes del conjunto, y  también andar "cargado" al hambre por que  se trabajaba para el conjunto y para las “Giras” como nos recordaba por allí el Pancho Gaete; Si usted estuvo en las visitas protocolares de las autoridades del aeropuerto, en los esquinazos de la Intendencia, si estuvo cantando en todo los lugares “habidos y por haber” de Antofagasta, donde el COFUCHA era famoso y  lo recibían con las puertas abiertas; Si  usted no sufrió, no lloró, no cantó alguna vez por “llegar atrasado” al ensayo; si  a usted su madre  le cascaba porque había pasado toda la semana  en puros temas de cuecas en septiembre y desaparecía los primeros días y volvía solo  a lavar “la” camisa y al menos cambiarse las calcetas y los interiores, y después de pedir “algo para la micro” arrancaba otra vez  al sector del estadio, para seguir la sacrificada y aparente “jarana folklórica” de toda la semana y  entonces su cuerpo no se cansaba, nada dolía, había resistencia acumulada para permanecer de pie frente al cañón toda  la jornada y se llenaba de esa satisfacción y paz que daba el   inmenso “sacrificio feliz”, porque estábamos allí para cantar y encantar, para danzar y servir , para barrer y correr, y tenías que seguir haciendo  “mérito” y continuar lavando vasos, limpiando mesas, arrastrando “curaditos” por la puertas,  haciendo aseo en esos baños que eran letrinas  de hoyo profundas y  arrojando “cal” para los olores; Si usted estuvo  también ayudando en la cocina, en los fondos gigantes preparando el vino tinto con canela, con naranja, con  clavo de olor, y se mandó un “vasito” tibio para ver el dulzor del azúcar, y después  siguió en ese servicio incansable e inagotable  por el cual todos trabajábamos con ese ingrediente poderoso de lo que mueve el mundo, el  amor, con alma y compromiso, con entusiasmo y alegría, sin envidias ni protagonismos personales,  por más que hubieran unos “mejores que otros” en   el dominio de las artes musicales que son de capacidades individuales pero que puestas al servicio colectivo rinden frutos,  y no habían tantas estrellas deslumbrantes que  opacaran a las menos brillantes, nos unía sólo el deseo de cantar, otros bailar,  servir, vibrar, y entender que éramos jóvenes llenos de vida y entusiasmo y en ese caminar estaban también nuestros padres, nuestros hermanos y se sentía la presencia del compromiso   de las familias, que llegaban en masa, que pagaban sagradamente sus entradas y que reservaban una gran mesa y que vibraban por sus hijos, casi “artistas”; Si usted vivió todo eso,  los versos campesinos del “Corderito” Figueroa,  las poesías y vivencias de Don Oscar Olivares,  “El Rotito de la Rinconada”, los grupos anexos que se formaban para animar las veladas y tertulias, los invitados del puerto  “Los Pirquineros”, o la “Pacarisca” y sus danzas de niños, los grupos propios en el que cantaban la Isabel Villalobos y otros destacados;  Si usted  conoció y apreció el trabajo y la dedicación de los Rauld, los Vera, los Kike, los  Néstor, los Peralta, los Reyes,  los Manolos, los Villafaña (que se escondía arriba para darle volumen a  los micrófonos y trabajaba calladito para los efectos de las luces, sin  pago de ninguna especie), si se conmovía con el canto del  Tito Abarca y su bombo,  o si seguía vibrando de emociones  con la danza de la Carmen Naveas en “La Pincoya”, o  participó también con el mismo entusiasmo en el “Teatro de la Peña” con Mario y Teresa Vernal, los eternos Maestros artistas,  o  caminó por la larga calle Prat con espuelas u ojotas para correr a la presentación por que lo dejó plantado el bus, y/o andar a medianoche asustado para alcanzar la última micro para tratar de llegar a  la alejada e inhóspita “Coviefi”, pues la “Liebre” llegaba a la U. del Norte y había que hacer caminatas de infantería, temerosos  o  poner la mejor “cara” para que alguien se apiadara o lo llevara un poquito “más allá”, o andar con  las monedas justas y hasta pedir “prestado pa la micro” para completar el valor del pasaje, sin plata, pero con prisa, sin medios, ni siquiera para “avisar: “¡¡Ya voy en camino!!”…. Y  con todos los problemas del mundo seguir, seguir y seguir, y correr, correr y correr,  y además de ello trabajar, trabajar y trabajar o estudiar, estudiar y estudiar, dormir poco, vivir agitados, nerviosos, pero contentos.

 Si usted vivió todo eso, y nunca recibió ningún reconocimiento,  porque la gracia de todo esto era solo el amor, la alegría y la satisfacción de servir como recompensa, sin ponerse unos sobre los otros, ni tanto tribunal de disciplina ni tantas amenazas o castigos,  porque era todo a conciencia, todo con alegría y todo con amor,  sin dejar de ser transparentes en las cuentas, en los balances  y en esa “hierbas” que  son un “mal necesario”, para entender que  la historia tenía que continuar; Si usted vivió eso que yo viví, o a lo mejor mucho más de lo que me tocó a mí,   y que en lo general nos toca como experiencia de vida a todos de igual forma, entonces usted ¡¡ SÍ !! que es COFUA HISTÓRICOS, usted sí que tiene en la sangre el "AMOR AL ARTE"  como sello de su entrega, entonces usted sí que debe por deber moral y paz interior defender  lo que tanto ha costado construir, entonces también debemos ser generosos, amistosos, acogedores, serviciales en este tiempo, poco  o mucho que nos queda, aun hay oportunidades  para darnos  el espacio para el abrazo,  sobre todo el “abrazo” de Septiembre, que es  maravilloso,  que une, que NO rompe, NO destruye, todo lo contrario, es la primavera de los frutos y las flores que  se acerca agitada  en los días del más hermoso mes del año,  es la hora del brindis de la amistad, del recuerdo para los que ya nos acercamos al final de la estación del tren de la vida, porque solo hubo tiempo para aprender y querernos en paz y alegría y los conflictos, inevitables por cierto, se trataban con cariño, con respeto y nadie quedaba odiando al otro, todo lo contrario, nos uníamos en la amistad, en el desafío común que nos convocaba la vida y en eso fuimos, somos y seremos siempre, buenas personas, personas de bien, buenos amigos  pues con nuestras debilidades y fortalezas humanas, imperfectas por cierto, nos amaremos hasta el fin de nuestro días, y en ese amor común,  seguimos practicando con ese sentimiento sano todo lo que hacemos, vivimos y soñamos y los que estamos en receso, con respeto y cariño observamos,  y en este recuento, los que ya partieron, la Carmencita, la Isabel, el Arturo, el Corderito Figueroa, el Cabezón Aguirre, el Manolo y otros que desconozco, y los que luchan hoy por su salud y siguen  allí, enhiestos, orgullosos, serviciales, entusiastas, sintiendo que los compases de sus latidos del corazón cantan acompasados  como en los mejores tiempos,  las más románticas, las más hermosas tonadas y canciones que conocimos en toda nuestra vida de libertad y sueños  y sin dudar,  aplaudimos ese bello pasado con el tañer de nuestras agitadas emociones y palmas para evocar a la dama, la bella la única: La cueca, la más hermosa danza  que nos unirá, nos guste o no, hasta el fin de nuestras vidas…

              Si usted vibró con algo de esto, entonces: ¡¡Usted es COFUA!!”

              Si no siente NADA….Se equivocó de camino…

              (Aun así, “Aquí el sol brilla para todos”…)











 

UNA TAZA DE TÉ...

Carlos Garcia Banda s d r o S n e p t o 4 f u 0 b r 2 2 6 l 5   g 8 5 0 7 7   2 l 2   o a e i e e d 2 6 r f 5 t 4 3 2 g d 8 e 6 f 2 1   g 6 ...