Soldado de Chile
La formación
militar es disciplina, obediencia,
seriedad y respeto en todas las instituciones en especial en nuestra formación
de soldados del Ejército de Chile, instruidos en el Glorioso Regimiento de Infantería N° 7 "Esmeralda",
o en tantas Unidades hermanas de distintas armas y servicios.
Sin embargo, no dejamos de ser niños en el
fondo del corazón, alegres, compadres,
amistosos, solidarios, sencillos y humildes en extremo, de gran sentido del
humor camaradas en toda la esencia y el sentido de la palabra.
Cuando hay
momentos de alegría, se manifiesta la alegría; cuando hay tristezas, miramos al
interior y las lloramos en silencio, y cuando hay que ponerse las pilas por la
“pega”, allí estamos, sin fusil, pala y picota en mano, cavando las trincheras
en las posiciones de combate del duro entrenamiento.
Ser soldado es toda una aventura, lo entienden
sólo los que allí estuvieron, el resto y que a veces groseramente se permite
derramar odio con sus tristes e ignorantes opiniones, nada saben de la lealtad,
del compañerismo, de compartir el único pan duro que te quedó en el morral en medio del desierto, con tu escuadra o tus
camaradas de la posición; Cuando llega el alimento, comemos últimos para que
alcance para todos, cuando no hay,
esperamos confiados en la Divina
Providencia que de pronto llega a
medianoche en esas sacrificadas Escuadras de Servicio, con soldados vestidos de abrigo y las fondos
ardientes para calmar la sed y el hambre;
la cantimplora de la bebida
sagrada del agua en la escasez se comparte;
cuando el dolor y la pena te afectan
rezamos juntos, cuando sientes soledad, está latente y presente la
compañía de quienes están siempre a tu
lado, en la guardia, en la instrucción, en la soledad de la Comisión de Campaña,
en el desierto, cuidando las aguadas, el polvorín, las instalaciones, mirando el paso brillante de las estrellas en
la inmensidad de la larga y fría noche, donde llegan a entibiar tus recuerdos y
te sonríen tu familia amada, tus padres,
tus hermanos menores, la novia que
quedó con lágrimas esperando tu regreso
o el hijo silencioso que nació respetándole su vida y que te espera con sus
manos ágiles y ansiosas de tus caricias
y sus juegos: los que dejaste en la
ciudad, en las aulas donde se entrelazaban tareas con tus profesores y las
largas horas del estudios, sin dejar de olvidar esos amores furtivos; en el
campo junto a las herramientas que usabas con tanto entusiasmo y que te daban
el pan amasado de cada día, en la vida tuya, solamente tuya y que abruptamente
cambia y te adaptas, porque eres ciudadano valiente, cambias por que la Patria te lo exige, cambias por las
circunstancias y por esas verdades desconocidas que ahora comprendes, cambias por
que tener amigos siempre será mejor que tener dinero, cambias pues compartes lo poco o nada que tienes con
caridad, con generosidad con amistad y con confianza, cambias por que sientes
que te guían, que te forman, que te cuidan, pero no dejas de ser niño, alegre,
sentimental, llorón quizás en las soledad
y quietud de tus sábanas, pero a la hora de
dar la cara y servir a Chile, allí estás, con lo mejor de ti, para
honrar la patria, los recuerdos, los héroes
de ayer que lo dieron todo y lo más preciado sus vidas; allí estás bajo el inclemente sol, bajo el frío
de la cordillera, festejando la bandera de la estrella solitaria que te cubrirá
la urna cuando partas de este mundo, y en esa estrella que representa tu
familia, tus logros, tus sueños y esperanzas, tus fracasos, el duro trote, el inquieto despertar, la marcha de combate por los distintos
páramos con tus pies pequeños en las
anchas botas que no fueron de tu medida y que te producen ampollas y se inflan
con el agua de la piel como lágrimas que arden en el caminar, o con esos calzados antiguos en que los
clavos afloran al interior, y te pinchan
hasta sangrar tus frágiles dedos, que se
esfuerzan para ser duros en la larga
jornada de la marcha, llevando en tus hombros la carga necesaria para la
subsistencia y en tus manos el sagrado pero frío acero, confiado a tu custodia
y que te fuera entregado por tus padres para la defensa de Chile; El ardiente tacho de café, que quema tus frágiles y curtidos labios
pegándose en el metal del aluminio o esa
sopa misteriosa en la tarde de calor, o la bebida tibia que revive las
energías en la mitad de la mañana, con esa leche acaramelada y balsámica del
tan necesario y esperado “Pan de 10” que se te lleva a donde te encuentres
trabajando y estas allí, único,
sobreviviente de la vida, heredero de la
historia, gran “soldado de Chile”, forjando tu corazón, moldeando tu carácter,
sirviendo con pasión, con ilusión y con amor a tu clara convicción de que ser
chileno, ser soldado y patriota, es lo mejor que te pudo pasar en la vida, y hoy, en el banco
de trabajo con serruchos o martillos, en la plaza, en el taller, en el humilde oficio de panadero, de
pintor, de ciclista o deportista, o de
emprendedor e ingeniero, de comerciante, de profesor, de chofer, de cantor de
micros, o lo que la vida te haya regalado para la subsistencia
de quienes amas, mantienes esa esencia, ese amor de soldado forjado y
fundido en el sacrificio, en la
renuncia, moldeado en la necesidad de vivir y triunfar, y que nunca dejará de
ser parte de esa mochila que llevas cargada de gran compromiso, con el Chile
que tú amas para toda tu vida, con tus
insignias, con tu boina negra de Comando y
tu lema “La Patria o la Tumba”; o
la verde de montaña con sus escarapelas de bronce, con el casco del guerrero que surca sus bombas por los cielos en el tronar de sus
cañones, en la voz que transmite la victoria, o el que marcha con tambores y trompetas por las invariables y duras
quebradas, o el que vence
a pulso las desoladas alturas
para alcanzar la cima de las montañas,
con ese tricolor que llevas grabado en tu corazón, en tu alma, y que se
irá definitivamente contigo, en el día
último de tu corta vida, porque se es soldado una vez y para siempre, porque se
ama la Patria hasta la eternidad, y
porque la honradez de ser un guerrero
que la patria lo reserva para sus
glorias, nos hace seres inmortales,
invencibles y amantes de la historia y
servidores humildes para siempre de la
Patria. En síntesis un honor, el más
grande de la vida, es, ha sido y será siempre,
ser soldado de Chile.
COMENTARIOS A LA NOTA PUBICADA EN EL FACEBOOK REGIMIENTO "ESMERALDA" "SÉPTIMO DE LÍNEA". el 14 de Julio de 2026.





























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