martes, 5 de agosto de 2025

BANCO DE FOTOS PLANTACIÓN DE ÁRBOLES "CONAF" EN EL SANTUARIO



Estas fotos, son para que las puedan rescatar y difundir.....Los detalles quedarán registrados en una nota aparte, pero por lo pronto las fotos las pueden rescatar  para sus archivos personales o difusión...Son un regalo de una hermosa actividad compartida....Esta actividad se efectuó hoy martes 5 de Agosto de 2025, y contó con las valiosas coordinaciones de las damas de CONAF, que hicieron todos los contactos necesarios y  pusieron todo su trabajo  y voluntad para mantener estrechos lazos con quienes trabajaron en esta inolvidable actividad...








































































































































































































































































































































domingo, 27 de julio de 2025

DULCE DE MIEL

 


Los domingos en la mañana en María Elena, en la década del 60, después de la “sagrada” Misa, actividad obligatoria para las exigencias de nuestros padres en la niñez,  nos íbamos  con el alma limpia y la Palabra  Santa  en el pensamiento y la razón, a  una de la actividades más llamativas de esas mañana deportivas.

 Cercano al “Salón de Baile”, al costado del mismo,  se extendía hacia la pampa el  diamante de béisbol,  donde disfrutábamos de los mejores partidos que se realizaban en esas mañanas de intensos campeonatos entre los clubes locales  y también en otras ocasiones con equipos de otras oficinas salitreras o del vecino puerto de Tocopilla, con grandes y célebres jugadores, y que hacían de esta fiesta, una  masiva entretención de fin de semana para toda la esforzadas y sacrificadas familia de la pampa.

Mi padre jugaba por los “Piratas”. De allí que con mi hermana fuimos alguna vez  pequeños “Piratas” escoltas del estandarte deportivo que se exhibía en esos grandes desfiles que daban por iniciada la  temporada de las “grandes” ligas  del béisbol pampino.

 Nos recordamos solo de algunos equipos, los "Piratas" por razones obvias, buenos antagonistas de los “Cardenales”,  donde destacaban grandes jugadores como Lattus, de alta y corpulenta figura, que corría entre las bases para hacer carreras que favorecieran sus equipos o el Sr. Jorge Vera,  que en la semana nos prestaba los implementos para hacer el mismo juegos pero a nivel niños, en el sector de nuestro barrio de Luis Acevedo, o el Sr. Vergara, un caballero que compartía también funciones similares  en su trabajo a las de mi padre.

 Disfrutábamos en el "Diamante" de los elevados y largos Home ron de muchos buenos jugadores y las destrezas de los "Jardineros" que corrían tras la bola que en el fondo azul del cielo recorría altanera esos espacios pampinos, siendo en muchas ocasiones “atrapada” con gran destreza por los diestros jugadores.

 Mascarillas o caretas protectoras, guantes, bates  e implementos  como el del Catcher, y  que los equipos se prodigaban con elementos muchas veces importados desde el extranjero con un alto costo e inversión,  también conseguidos a mejor precio por las misma Asociación Social y Deportiva de María Elena, y  administrados, pagados en cuotas  y transportados, al final de cada encuentro, a las casas de los que hacían de “entrenadores”, “jugadores”  y “utileros”, involucrando a sus esposas que sagradamente los  lunes,  a primera hora, para aprovechar el sol de la mañana,   tendían de puro cariño y voluntad  las recién remojadas y lavadas a mano con escobillas en las artesas, o hervidas en tarros de manteca para blanquearlas, esas medias blancas y rojas o blancas y negras que se estilaban  en los cordeles de los callejones preparando de inmediato las vestimentas para el próximo encuentro del próximo fin de semana. Esa era una ardua tarea ejercida con tanto amor por nuestras madres,  que acompañaban en todas circunstancias a sus esposos para disfrutar juntos  el amor al deporte y no solo en esta disciplina del béisbol, sino que en todos los deportes, principalmente aquel  "pasión de multitudes": el fútbol. 

 Más allá de lo deportivo, de entender un poco lo que significaban un out, una “bola” o un “strike”, un "catcher" o un "pitcher", o las carreras que se marcaban en un tablero público, con llamativos letreros colgantes con números confeccionados de hojalata,  en un sector atrás del "Home" o sitio o "cajón" de los  bateadores del juego, nosotros los niños pampinos, disfrutábamos del  juego tras una gran malla metálica protectora, evitando cualquier riesgo de  accidente fortuito, de los cuales  ya habían experiencias de pelotas caídas hacia el público, que no dominaban mucho el tema de atrapar pelotas en el aire y más de alguna cabeza sufrió un golpe complicado. De allí los temas de protección y seguridad sobre todo para los niños.

 No sé por qué me acordé hoy domingo de esos juegos. Será que llegó   a mi memoria ese  domingo especial, un poco más temprano que lo habitual,  donde se disputaba un importante partido del cual no tengo idea de resultados ni quienes ganaron o perdieron. Este recuerdo, es por otro aditivo, o agregado paralelo al juego y al entretenimiento.

En la esquina de la corrida de las casas, frente al diamante, vivía una familia de apellido Colina.

El joven Colina, gustaba de la música y era o fue en su tiempo un eximio baterista de los grandes grupos locales musicales.

 Me acuerdo como si fuera hoy, y no quisiera ser exagerado, pero en esa hora en que el sol está en pleno cenit, clavando desde la comba central del cielo directo a nuestras cabezas, nos acercamos a pedir “agua de la manguera” para refrescar nuestras secas gargantas a la casa de los Colina. Era en ese tiempo normal pedir: ¡¡Oiga me da agua!! y  beberla desde la misma goma de la gruesa manguera. No tengo memoria que hayamos tenido alguna molestia estomacal, ni que nos haya hecho mal el beber esa agua fresca y potable que fluía por esos serpentines oscuros de la manguera de goma, esperando un poco que el primer “chorro” limpiara alguna impureza del interior y se eliminara un poco ese aroma y gusto a goma, para nada agradable, hasta que de pronto, el agua se tornaba cristalina, fresca,  agradable, y el bendito líquido  refrescaba nuestros pequeños cuerpos cansados de tanto mirar el deporte, y  terminaban las pistones pequeños  sobre nuestras cabezas en un chorro potente que se desplazaba por la nuca, las orejas y que pasaba por el cuello, mucha veces alcanzando por la espalda algunos oscuros ductos humanos pero que no hacían mal a nadie, pues el sol, en un par de minutos, secaba toda huella, y manteníamos el cuerpo  fresco de los calores.

 Esa mañana, después de la “fiesta” del agua, en la que una hilera de niños nos habíamos refrescado con la manguera, disfrutamos de la generosidad del vecino, todos más repuestos, más frescos y llenos de energía para seguir la mañana o tarde de juego.

 Estábamos aun con el agua chorreando entre los pelos tiesos de la tierra y el calor, cuando el joven Colina llegó con un plato con unos dulces o queques de miel, hechos por su madre,  que  yo al menos desconocía. (Mi madre era buena para hacer dulces y queques pero el dulce mejor era el manjar), pero ese “dulce de miel”, fue el mejor dulce de mi vida de niño, al lado de la cancha  del diamante de béisbol de María Elena.

 Un gran trozo, por no decir el “más grande” del plato, tomé con mis manos y nos sentamos en el suelo asfaltado y caliente de la calle, fresco el cuerpo por  la magia del agua, y comenzamos a saborear ese dulce de miel que nunca más pude disfrutar como ese domingo deportivo en esa esquina de esa casa donde una sonrisa y unas manos de pampina generosa extendida a su hijo,  nos repartieran como “regalo” anticipado de la navidad cercana a los niños pampinos, amigos de todos los días, de ese tan especial dulce de miel que hoy recuerdo con tanta nostalgia y que de verdad nunca más  comí en mi vida.

 Les cuento esto por que hace algunos instantes,  tratando de utilizar la miel, mezclada con limón y jengibre,  para otros fines de salud, me quedó en  el paladar ese dulzor de la miel de abejas, y  mi mente corrió por los aires de la ciudad al desierto y llegó  a ese punto que les cuento, y  de verdad que volví a sentir, después de más de sesenta y tantos años, ese sabor exquisito de ese trozo de dulce de miel, que hiciera la mamá del joven de apellido Colina en esa esquina deportiva cercana al diamante de béisbol de María Elena, y que recuerdo  como lo mejor de ese día, sin importarme mucho hoy, el resultado de la competencia, ni recordarme del número de carreras anotadas, pues fue más provechoso habernos sentado en el asfalto caliente, entre los remolinos  y las corrientes del aire  pampino, a disfrutar ese pan o “dulce de miel” inolvidable.

     Alguna tarde antes de partir, me gustaría saber y conocer, (si es que ya no puedo comer por temas de azúcares), al menos la receta….

     Gracias a esa generosa Mamita, madre de todos, y como todas las mamitas que vivieron la heroica vida de mujeres de la pampa.

     Hoy es domingo. Rezaré por mi madre, por la tuya y la de todos, en la Misa a la que no puedo dejar de asistir cada domingo.

     Después de todo, y si no asisto,  siento que me llegan los tirones de oreja que eran los mejores consejos correctivos que me daba mi padre.

   ¡¡Buen Domingo!! Con sabor a dulce de miel.





martes, 22 de julio de 2025

La Maestra de la dulce sonrisa

                                               GUACOLDA GATICA VILLARROEL (Q.E.P.D.)


Las noticias que golpean lo días de la vida que nos quedan, son siempre sorprendentes, en especial cuando ellas nos afectan los recuerdos, las memorias y el alma, y pareciera que la historia de nuestras vidas recién comienza y florecen los primeros recuerdos de la infancia, en esas calles benditas y soleadas de la pampa salitrera, donde se forjó el carácter y la voluntad  y donde aprendimos a  amarnos como niños y jóvenes en esas soleadas tardes de juegos o de estudios, y en esas caminatas diarias hacia la plaza o la escuela, donde  nunca dejamos de sentir esa felicidad que muchos buscamos en tantas cosas suntuarias, pero que estaba presente en todas nuestras alegres tardes de zapatos rotos y entierrados con calcetines ajados, de sencillez y de santas pobrezas, pero llenas de la fortuna y valor que nos daba el diario aprendizaje y nuestros mejores tardes de diversión y juegos.

            Nuestra calle, Luis Acevedo. Cercana a la estación, nuestros querido vecinos, los Aracena, los Pastén, los (y las) Inostroza, los Vera,  los Urbina, los Ledezma y los Silva por el otro lado. Por Latorre los Valencias, en diagonal  los Molina, los Rojas, casi al frente los Castillo, los Molina o los Vargas, los Miño, los Maldonado más arriba y frente a frente dos icónicas familias: las conocidas y bellas alemanas Siempsen y nuestro amado Maestro Caupolicán Gatica que después de sus labores terminaba el día con sus notas de  violines que  recorrían sus notas agradables desde los ventanales de su casa a nuestros oídos que se deleitaban con la bella música.

            Y en ese hogar, “dulce hogar”, las hermanas Gatica y mi amigo de juegos y de sueños Leonardo.

            Tantas historias de trabajo, de esfuerzos, de sacrificios de grandes resultados académicos de las siempre bien educadas “Hermanas Gatica”, todas de una cultura y educación extraordinarias, heredadas de sus  buenos padres que enseñaron en ellas valores, trabajo y  vidas que debían ser las de servir y las de hacer  lo mejor para ellas, sin escatimar esfuerzos ni menos sacrificio.  Eran ellas distinguidas, educadas, buenas amigas, buenas personas y con eso que a veces creemos que se ha perdido: Educadas.

            La Miriam, Margarita, un poco mayor, la “Chechita”  y la Carmencita que eran jovencitas y  se espigaban ya como grandes maestras, pero estaba también entre ellas, la bella morenita, la de sonrisa linda, la de voz dulce, que siendo ya una aprendiz de Maestra a la cual le llamaba la vocación a servir en la educación, joven y excepcional, y en esa búsqueda y consolidación de su futuro, nos regalaba todo lo que ella podía hacer alguna vez  en las aulas, darnos conocimientos, mesura, ternura, en especial con quienes fuimos sus amigos menores del barrio, pero más que amigos, quizás sus soñados primeros alumnos.

            Ella se educó y fue una dilecta Maestra de Excelencia,  que conoció el sacrificio, la renuncia, la vida dura en sus primeros años, la mujer que nunca dejó de mostrar que en los dolores, en las tristezas y en las situaciones propias del necesario crecimiento, estaba siempre  presente su vocación de educadora, enseñaba con solo su presencia y nos mostraba con su ser lo que era amar, por que lo hacía con todo su corazón y en esa personalidad tan de ella, que irradiaba por todo el éter solamente paz. Había que hablar con ella, estar cerca de ella, conversar con ella, para sentir en su voz esa paz, ese conocimiento y ese  sentimiento que se expresa con las acciones, con los gestos, con el cariño con  la caricia que  nos prodigaba llena de afecto a nuestros pulcros y sanos rostros, y  esas eran las herramientas con las  que aprendíamos y admirábamos  en ella, por que era bella,  entera, de alma noble, de sonrisa única, de generosidad extrema.

            La “Connie”, la Guacolda, la heroína que nos recordaba su nombre a la valiente guerrera de Arauco, sin duda una reina que nos  dio siempre  un buen consejo y un  ejemplo de  honorabilidad y decencia, de paz y de todos esos valores que  se van dejando en el camino y que van quedando como estelas luminosas en el interior  de las personas, contagiándonos con lo mejor de su propio ser.

            Ella fue  la Maestra de mis hermanas menores, la que motivó a mis otras hermanas a seguir la carrera de la docencia, fue ella siempre ejemplo de educadora en todo su vida, la queríamos y admirábamos, y alguna  tarde de fin de semana, tuvimos el gusto de visitarla en  sus primeros años de casada en Antofagasta, donde conservaba toda esa lozanía, belleza y bondad que  regalaba con su sola presencia en la acogida y el cariño de mujer nacida entre el caliche y el desierto, entre el cielo y el mar, y que cantaba y nos educaba y nos formaba para servir  en la vida con emociones y con alegrías,  habiendo ella sido un gran ejemplo con su propia vida, y no  haberse doblegado jamás a los destinos que la vida le puso de obstáculos pero que ella, pudo siempre, con valentía, convicción y certeza, y con la clara misión de educadora de la vida, vencer.

            En estos tiempos en que hablamos de redes, de grupos,  tuvimos alguna tarde una amena charla y recordamos sus años de pequeña en la pampa.      Nunca dejó de sentir ese gran orgullo y nostalgias de ser mujer del sacrificio  criada en esos lares que todos nosotros los pampinos conocemos, y que nos hacen ser grandes personas, pues allí fuimos eso, grandes  personas, dispuestas a darnos sin importar  temas de sociedad, ni  de recursos y ni siquiera de otros odiosos valores que no fueran solo el  vivir para entregar, para dar y para ser felices, sintiendo esas raíces que   recorrían la aridez de la pampa para nutrirse de  verdor,  y reflejado en el servir  y en el trabajar, en el amar y para suerte de nosotros,  de sentirnos que era, su forma de expresar sus ansias permanentes de abrazar su gran carrera  de educar.

            ¡Maestra dulce, de excelencia!, Mesurada,  de sencillo actuar pero que era el líder natural  que soñábamos imitar.

            Hoy nos dejas querida Connie, amada GUACOLDA GATICA VILLARROEL,(Q.E.P.D.) que no solo cumplió un rol espectacular como educadora,  pues también tuvo hijos, se casó, fue abuela, pero que nunca dejó de ser lo que era:  pampina de nacimiento y de vida austera y  llena de bondad para quienes tuvieron la alegría de vivir con ella y de compartir su tremenda e imborrable  alegría de vivir.

            Tenemos de recuerdo gratos sus sonrisas, sus palabras, su DULZURA como herramienta fundamental de su hermosa personalidad.   

             Creo que  eso era lo que la hacia MÁGICA, esa paciencia y sonrisa, , esa serenidad en medio de la tormenta que nos permitía aumentar la fe en la vida, y las esperanzas de siempre creer en un mejor mañana.

            Así son las personas que pasan por nuestras vidas y que nos dejan siempre lo mejor de ellas,  porque  han venido a amar,  a servir, a educar y en eso han dejado todo su ser, su vocación y su incansable servicio, y que no podemos  en la simpleza del egoísmo natural de nuestra miseria humana,   olvidar.

            Gracias querida Maestra, querida amiga, la "dulce" Connie, la vecina pequeña pero grande para nosotros, por que cruzaba la calle Acevedo con su finura y su delicadeza y nos hablaba de la vida, de las historias y  en cada palabra había un ángel dulce que nos llegaba el alma,  y nos dibujaba en nuestras mentes los más bellos cuentos que ella nos salía contar.

            Hoy sus restos fueron cremados en Concepción,  nos cuenta su hermano y mi gran amigo Leonardo.

            Sin duda que las tristezas son  el néctar amargo de las despedidas y que debemos en cualquier momento de la vida beber, por lo que significa no ver más a las personas que amamos, pero adentro del corazón de cada cual, hay sonrisas de gratitud, por que ella nos contagió de eso, de optimismo en la desgracias, de fuerza en la debilidad, de convicción en las situaciones de la vida, por que era una gran guerrera,  con el escudo  de las armas del amor,  de la inolvidable sonrisa y de esa dulzura que la hace una reina que acompañará los días que nos puedan  quedar de vida, y  que serán  para nosotros los que la conocimos, un  permanente homenaje a su  recuerdo y hermosa memoria, que nunca podremos olvidar.

            Un abrazo al cielo estimada Connie, hasta que el Señor de la Vida nos reúna en ese cielo  “pampino” de todos y para todos…..

            Antofagasta, 22 de Julio 2025.





      DESCANSE EN PAZ DULCE MAESTRA

           

viernes, 6 de junio de 2025

Tarde en el Teatro....


 Nunca dejaremos de amar a esa dulce niña de nombre MARISOL, que cantaba en los balcones de la mansión de sus abuelos en la pelicula aquella con su claros acentos españoles del OLEEEE o que cabalgaba en ese carro con caballos cantando "ARRE, ARRE, CABALLITO, ARRE POR LA CARRETERA....."... y nosotros, niños embobados, hipnotizados, enterrados en las butacas de madera de la galería, observábamos el desarrollo de la película sin siquiera respirar, con esas miradas casi santas de pureza y soñábamos en esa maravillosa edad de la inocencia ser un poco como los amigos de ella, con su entorno, sus aventuras, sus cantos, sus bailes y la amábamos intensamente con ese amor sano profundo, silencioso y oculto por que sabíamos que era un imposible, y aun asi compartíamos sus alegrías, sus tristezas y sus dolores en la película que a ratos nos obigaba a derramar alguna lágrima, y nos enredábamos en el azul de su mirada y en su rostro hermoso dibujábamos historias inexplicables despertando en nosotros esas primeras inquietudes o sensaciones interiores que no entendíamos pero que nos hacian soñar y cabalgar también con ella en nuestras imaginaciones y luego saliamos de la tarde del "Teatro" a correr por las calles polvorientas con las escobas añejas y empolvadas de la casa arreando nuestros humildes caballos de madera o nos subíamos a la vieja artesa abandonada cerca del tarro de la basura, y que mágicamente se transformaba en ese velero en que Marisol, representada por mi hermana Ana Maria, , navegaba disfrazada de pirata por sus rios y cantábamos desafinadamente sus canciones, para dormirnos muy tarde felices al sentir sus cabellos rubios y su inolvidable y tierna mirada cubriéndonos de hermosos recuerdos de esa inolvidable tarde y ya esperábamos con impaciencia alguna otra producción para volver a soñarla y sentirla tan cercana en medio de esa gigante pantalla en que se quedaban también nuestras tardes de esperanzas y alegrías. ¡¡Qué edad más maravillosa nos regaló la pampa salitrera!!

martes, 20 de mayo de 2025

UN GRAN AMIGO, QUE QUEDARÁ EN LOS RECUERDOS DEL ALMA...

 

La  máquina se detiene y su motor principal deja de funcionar, y ya no tiene vuelta ni remedio. Es la vida que se acaba así, en un segundo, en  el más breve de los instantes, en esa hora que jamás queremos “vivir”, pero que es un  alto para la agitada vida que nos ha tocado vivir, y  el inicio del camino a la paz más profunda que tiene la existencia humana, ese descanso que llamamos la eternidad, y que ya no podremos superar, pues se nos acaban las sonrisas,  las preocupaciones, las tristezas y todos los proyectos de vida y aquello que nos consumía el día, sencillamente se acaba y  en un segundo, casi sin darnos ni cuenta, ya no podremos seguir en este camino, porque el día y la hora, solo Dios lo sabe, y nos sorprende en el momento menos pensado.

            Hablamos con nostalgias y tristezas contenidas  en la partida de los amigos. Recordamos a los que se fueron antes, los que se preparan en medio de sus  enfermedades y nos parece que nunca nos iremos, sobre todo cuando amamos la vida y no queremos nunca enfrentar esos momentos, aun cuando aquello nos signifique reunirnos con nuestros seres amados,  en ese cielo prometido para los creyentes en que veremos el rostro de Dios, y estamos inquietos, pues nunca estamos preparados para esa partida que no nos gusta pero que es irremediable, y  cuánto tristeza produce el tener que irnos, y   dejar este paraíso llamado vida, que a pesar  de ser muchas veces ese “valle de lágrimas” que imploramos en La Salve a María en nuestras humildes oraciones, nos ha regalado  amigos excepcionales, familia, nietos y tanto sabor a la existencia,  que no terminamos jamás de  gustar de ese encanto por el día a día, sean malos  o buenos y que nos  permiten la búsqueda incesante de los recursos del trabajo para la supervivencia, matizada con el compartir con quienes han resultado ser los amigos de toda la vida.

            Y así  enfrentamos hoy la partida de uno de los nuestros,  el que estaba siempre dispuesto y  presto a cooperar, de gran generosidad y  con  una predisposición y alegría permanente, que lo hacen ser el amigo inolvidable de tantos y que está  en este minuto  metido en nuestras almas y conciencia, pues así de  drástica  es la vida, y nos cuesta tanto entenderla  y no logramos doblegarnos al destino porque no queremos dejar eso que tanto amamos el universo de personas que nos  quieren y nos aman, nos respetan y  esos son aquellos con quienes hemos caminado a través de la vida de estudiantes, de trabajadores y con quienes hemos fomentado  el compañerismo y la amistad por  ese  casi medio siglo de tiempo  y que nos hacen ser eternamente amigos e inmortales.

            Hace algunos días, despedíamos a Arturo Basadre, el amigo , compañero y estudiante de nuestros días de juventud,  un hombre catalogado por todos como un líder natural y servicial,  con una hermosa familia con la cual logró descubrir la mayor felicidad, junto a sus nietos, esposa e hijas.

            AllÍ estuvimos compartiendo la Santa Misa de exequias  y  rezamos con la fe propia de quienes vivimos esperanzados en una vida eterna  después de este paso por la vida, para que  sea recibido en los brazos alados de los ángeles que le llevan a la presencia del Señor.

            Y en este lunes 19 de Mayor, siendo las 18 hrs.   se produce  ese fulminante malestar que detiene el compás del corazón, y  sin más ni menos, el alma comienza a trascender y a iniciar el camino  al inicio de esta nueva y desconocida etapa, que no entendemos pero que es parte de nuestra  vida.

             No nacemos libres de esa fecha final de la  partida, la traemos impregnada en nuestro ser, y  ese día y esa hora, no la conocemos, solo  los que creemos en Dos sabemos que ese día y esa hora está inscrita  en el libro personal de cada vida,

            Nos  sentimos tristes, después de haber reído en nuestro último encuentro como ex alumnos en esa inolvidable velada “estudiantil”, con gritos y  recuerdos.  

            Estas partidas inesperadas son tristes en esencia, y afloran a la mente todas esas cosas que juntos compartimos: la sonrisa, la broma, la alegría, el brindis con el que se sellan los buenos momentos de la amistad fiel y pura que nos hermana en  todo lo que hacemos, el recuerdo de la labor  profesional, ejercida con tanto interés y entusiasmo,  el espíritu de servicio en los momentos en que alguno necesitó  algún  consejo o servicio propio de su profesión,  y estuvo allí presente sin condición. La sinceridad de sus palabras, y la siempre eterna  sonrisa que nos deja  para el buen recuerdo de todos los días que nos puedan quedar, antes de un nuevo reencuentro en esos espacios siderales y cósmicos que llamamos cielo.

            Así te recordamos Jorge Escobar, el “Yuyo”,  que nos alegraba esas mañanas de estudiantes con tus bromas y tu  espigada  figura y tus cuadernos con que  anotabas todo lo que  que fuera de interés en  esas inolvidables clases. Supimos de tu humor, de tu espíritu amistoso y eso  no  quedará en esos involuntarios olvidos.

            Rezamos con fe por este paso los que somos creyentes, y los que no lo son  te abrazan también en  esta hora en que nunca pensamos que fuera tan inmediata, aunque sabíamos de tus  debilidades de salud,  pero que jamás impidieron ser una gran persona, trabajador, alegre, y lleno de  proyectos para  hacer de tu profesión y vida un constante servicio a los demás, sea inicialmente en tus labores de maestro educador, o trabajador incansable de los proyectos propios de tu profesión.

            Que  sea el abrazo sincero, o el brindis cariñoso que  compartimos  en tantas ocasiones, el mejor homenaje para tu hora de partida. Estaremos allí, Dios mediante acompañándote, pero también para agradecerte por todo lo que significó para nosotros tu paso por esta  vida, que cada día que trascurre se aproxima irremediablemente el ciclo final de cada cual y esperamos alguna tarde reunirnos en ese lugar que creemos y soñamos para estrecharnos nuevamente que nos unirá para esa eterna vida que nos espera. Descansa en paz amigo.

            Tus amigos y compañeros de ayer , hoy y siempre.













JORNADA DE PLANTACIÓN EN EL SANTUARIO

  Gracias al Proyecto Comunitario  de CONAF  II región, liderado por su director regional Don Cristian Salas Papasideris, con la participaci...