GUACOLDA GATICA VILLARROEL (Q.E.P.D.)
Las noticias que
golpean lo días de la vida que nos quedan, son siempre sorprendentes, en especial
cuando ellas nos afectan los recuerdos, las memorias y el alma, y pareciera que
la historia de nuestras vidas recién comienza y florecen los primeros recuerdos
de la infancia, en esas calles benditas y soleadas de la pampa salitrera, donde
se forjó el carácter y la voluntad y
donde aprendimos a amarnos como niños y
jóvenes en esas soleadas tardes de juegos o de estudios, y en esas caminatas
diarias hacia la plaza o la escuela, donde
nunca dejamos de sentir esa felicidad que muchos buscamos en tantas
cosas suntuarias, pero que estaba presente en todas nuestras alegres tardes de
zapatos rotos y entierrados con calcetines ajados, de sencillez y de santas
pobrezas, pero llenas de la fortuna y valor que nos daba el diario aprendizaje y
nuestros mejores tardes de diversión y juegos.
Nuestra calle, Luis Acevedo. Cercana
a la estación, nuestros querido vecinos, los Aracena, los Pastén, los (y las) Inostroza,
los Vera, los Urbina, los Ledezma y los Silva
por el otro lado. Por Latorre los Valencias, en diagonal los Molina, los Rojas, casi al frente los
Castillo, los Molina o los Vargas, los Miño, los Maldonado más arriba y frente a
frente dos icónicas familias: las conocidas y bellas alemanas Siempsen y nuestro
amado Maestro Caupolicán Gatica que después de sus labores terminaba el día con
sus notas de violines que recorrían sus notas agradables desde los ventanales de su casa a
nuestros oídos que se deleitaban con la bella música.
Y en ese hogar, “dulce hogar”, las
hermanas Gatica y mi amigo de juegos y de sueños Leonardo.
Tantas historias de trabajo, de
esfuerzos, de sacrificios de grandes resultados académicos de las siempre bien
educadas “Hermanas Gatica”, todas de una cultura y educación extraordinarias,
heredadas de sus buenos padres que
enseñaron en ellas valores, trabajo y
vidas que debían ser las de servir y las de hacer lo mejor para ellas, sin escatimar esfuerzos
ni menos sacrificio. Eran ellas distinguidas,
educadas, buenas amigas, buenas personas y con eso que a veces creemos que se
ha perdido: Educadas.
La Miriam, Margarita, un poco mayor,
la “Chechita” y la Carmencita que eran
jovencitas y se espigaban ya como grandes
maestras, pero estaba también entre ellas, la bella morenita, la de sonrisa
linda, la de voz dulce, que siendo ya una aprendiz de Maestra a la cual le
llamaba la vocación a servir en la educación, joven y excepcional, y en esa búsqueda
y consolidación de su futuro, nos regalaba todo lo que ella podía hacer alguna
vez en las aulas, darnos conocimientos,
mesura, ternura, en especial con quienes fuimos sus amigos menores del barrio,
pero más que amigos, quizás sus soñados primeros alumnos.
Ella se educó y fue una dilecta Maestra
de Excelencia, que conoció el
sacrificio, la renuncia, la vida dura en sus primeros años, la mujer que nunca
dejó de mostrar que en los dolores, en las tristezas y en las situaciones
propias del necesario crecimiento, estaba siempre presente su vocación de educadora, enseñaba
con solo su presencia y nos mostraba con su ser lo que era amar, por que lo hacía
con todo su corazón y en esa personalidad tan de ella, que irradiaba por todo
el éter solamente paz. Había que hablar con ella, estar cerca de ella,
conversar con ella, para sentir en su voz esa paz, ese conocimiento y ese sentimiento que se expresa con las acciones,
con los gestos, con el cariño con la
caricia que nos prodigaba llena de
afecto a nuestros pulcros y sanos rostros, y
esas eran las herramientas con las que aprendíamos y admirábamos en ella, por que era bella, entera, de alma noble, de sonrisa única, de
generosidad extrema.
La “Connie”, la Guacolda, la heroína
que nos recordaba su nombre a la valiente guerrera de Arauco, sin duda una
reina que nos dio siempre un buen consejo y un ejemplo de
honorabilidad y decencia, de paz y de todos esos valores que se van dejando en el camino y que van quedando
como estelas luminosas en el interior de
las personas, contagiándonos con lo mejor de su propio ser.
Ella fue la Maestra de mis hermanas menores, la que
motivó a mis otras hermanas a seguir la carrera de la docencia, fue ella siempre
ejemplo de educadora en todo su vida, la queríamos y admirábamos, y alguna tarde de fin de semana, tuvimos el gusto de
visitarla en sus primeros años de casada
en Antofagasta, donde conservaba toda esa lozanía, belleza y bondad que regalaba con su sola presencia en la acogida
y el cariño de mujer nacida entre el caliche y el desierto, entre el cielo y el
mar, y que cantaba y nos educaba y nos formaba para servir en la vida con emociones y con alegrías, habiendo ella sido un gran ejemplo con su
propia vida, y no haberse doblegado jamás
a los destinos que la vida le puso de obstáculos pero que ella, pudo siempre,
con valentía, convicción y certeza, y con la clara misión de educadora de la
vida, vencer.
En estos tiempos en que hablamos de
redes, de grupos, tuvimos alguna tarde
una amena charla y recordamos sus años de pequeña en la pampa. Nunca dejó de sentir ese gran orgullo y nostalgias
de ser mujer del sacrificio criada en
esos lares que todos nosotros los pampinos conocemos, y que nos hacen ser
grandes personas, pues allí fuimos eso, grandes personas, dispuestas a darnos sin importar temas de sociedad, ni de recursos y ni siquiera de otros odiosos
valores que no fueran solo el vivir para
entregar, para dar y para ser felices, sintiendo esas raíces que recorrían
la aridez de la pampa para nutrirse de
verdor, y reflejado en el servir y en el trabajar, en el amar y para suerte de
nosotros, de sentirnos que era, su forma
de expresar sus ansias permanentes de abrazar su gran carrera de educar.
¡Maestra dulce, de excelencia!, Mesurada, de sencillo actuar pero que era el líder natural que soñábamos imitar.
Hoy nos dejas querida Connie, amada GUACOLDA
GATICA VILLARROEL,(Q.E.P.D.) que no solo cumplió un rol espectacular como
educadora, pues también tuvo hijos, se
casó, fue abuela, pero que nunca dejó de ser lo que era: pampina de nacimiento y de vida austera y llena de bondad para quienes tuvieron la alegría
de vivir con ella y de compartir su tremenda e imborrable alegría de vivir.
Tenemos de recuerdo gratos sus sonrisas,
sus palabras, su DULZURA como herramienta fundamental de su hermosa personalidad.
Creo que
eso era lo que la hacia MÁGICA, esa paciencia y sonrisa, , esa serenidad
en medio de la tormenta que nos permitía aumentar la fe en la vida, y las
esperanzas de siempre creer en un mejor mañana.
Así son las personas que pasan por
nuestras vidas y que nos dejan siempre lo mejor de ellas, porque
han venido a amar, a servir, a
educar y en eso han dejado todo su ser, su vocación y su incansable servicio, y
que no podemos en la simpleza del egoísmo
natural de nuestra miseria humana, olvidar.
Gracias querida Maestra, querida
amiga, la "dulce" Connie, la vecina pequeña pero grande para nosotros, por que
cruzaba la calle Acevedo con su finura y su delicadeza y nos hablaba de la
vida, de las historias y en cada palabra
había un ángel dulce que nos llegaba el alma,
y nos dibujaba en nuestras mentes los más bellos cuentos que ella nos salía
contar.
Hoy sus restos fueron cremados en
Concepción, nos cuenta su hermano y mi
gran amigo Leonardo.
Sin duda que las tristezas son el néctar amargo de las despedidas y que
debemos en cualquier momento de la vida beber, por lo que significa no ver más
a las personas que amamos, pero adentro del corazón de cada cual, hay sonrisas
de gratitud, por que ella nos contagió de eso, de optimismo en la desgracias,
de fuerza en la debilidad, de convicción en las situaciones de la vida, por que
era una gran guerrera, con el
escudo de las armas del amor, de la inolvidable sonrisa y de esa dulzura
que la hace una reina que acompañará los días que nos puedan quedar de vida, y que serán
para nosotros los que la conocimos, un
permanente homenaje a su recuerdo
y hermosa memoria, que nunca podremos olvidar.
Un abrazo al cielo estimada Connie,
hasta que el Señor de la Vida nos reúna en ese cielo “pampino” de todos y para todos…..
Antofagasta, 22 de Julio 2025.
DESCANSE EN PAZ DULCE MAESTRA




Que hermoso homenaje a mi querida tia Coni, les agradezco mucho estas maravillosas palabras de honra a ella, que en paz descanse mi quería y amada tia Conita siempre la recordaré fue una maravillosa mujer.
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