Una triste noticia para el mundo musical y militar.
Nos
enteramos hoy por la red, de parte de su nieto Francisco Soublett Riaño, la
partida de este mundo del gran amigo y camarada, ex miembro de la Banda
Instrumental de la I. División de Ejército y artista de gran fama local, y nacional, el recordado
Sargento CARLOS RIAÑO BACHO,(Q.E.P.D.),
que nos diera tantas cátedras de
amistad, compromiso y amor a su trabajo.
No hay quien no haya conocido al
mejor intérprete de trompeta del ámbito musical de la ciudad, y que sirviera tantos años como parte
fundamental de la Banda Instrumental de la I División de Ejército, donde por
sus dotes de caballerosidad y persona de
grandes cualidades humanas y serviciales se ganó el cariño de mucha gente que vio en él al soldado
de vocación y músico de excelencia, que
no solo cumplió sus tareas como militar,
sino que, además, fue un destacado músico y formador de muchos grupos de esa
música tropical en los que siempre fue un gran intérprete y mejor compañero.
En esos días de sus incipiente
enfermedad, en ese lugar en que nos
vamos encontrando todos, en la
medida que transcurren los años, como lo es el hospital, muchas veces compartimos la grata conversa de
buenos amigos.
Siempre llevaba un bolsito con sus
mejores producciones musicales, esos casetes en los que atesoraba su música y
sus interpretaciones, regalándonos muchas veces lo mejor de sus tesoros
musicales como muestras de afecto y cariño, pues era muy generoso y compartía sus alegrías con quienes le
apreciaban.
Recordamos con agrado esas tertulias
musicales, en el “tercer” tiempo de todo
evento social, después de esos simples almuerzos de amistad y camaradería de
soldados, en las que renunciando a su propio bienestar y descanso o el justo
derecho de compartir con los suyos, sacaba de su cofre de tesoros, su trompeta,
y nos deleitaba con largas y hermosas
presentaciones musicales, de una calidad extraordinaria. Había tocado con grandes músicos del país en muchas
otras ocasiones.
Nos llegaba al alma su música, su
entrega y su amistad inconfundible y fue uno de los buenos músicos militares de
la época.
Nos deleitó con su trompeta soñadora
en cada oportunidad en que pudo, y sus notas musicales que nos llegaron al
alma, no solamente en los ritmos alegres de la música tropical, cumbias, foxtrot o de esas baladas románticas que
llegaban al alma y que requerían un espíritu de
interpretación musical de gran
valor y entrega. Él imbuía en el instrumento de viento, más que su fuerza
pulmonar, ese extraño y mágico deseo de transformar en esas notas musicales lo mejor de su
entrega que se traducía en versos que
volaban a los oídos y acariciaban los recuerdos y regalaban amistad y sinceridad.
Carlitos Riaño Bacho, fue un amigo de
todos los que estuvieron a su lado, en los grupos musicales civiles, en las
tertulias de familia, en los bailes
religiosos, su familia es reconocida por su gran dedicación a las devociones “Marianas”,
y siempre estuvo allí, en su toque magistral del silencio en las exequias de
nuestros camaradas y amigos, o en sus
dianas militares o toques de silencio en las retretas.
Hay muchas páginas que decir de Don Carlos Riaño, porque fue un hombre de un servicio extraordinario. Sufrido, valiente, generoso y buena persona, y cada vez que nos pudo aconsejar en sus sanos
mensajes de la vida estuvo el optimismo y la gratitud por el don de la vida.
No han sido fáciles estos lapsos finales
de su vida.
La
última vez, lo fui a saludar a su lecho
previo a una de sus tantas intervenciones quirúrgicas, pero no me
dejaron entrar. Así que solo le envié una imagen de la Santa Virgen María, de
la cual era él un gran devoto y con ese gesto
estrechamos los lazos que siempre permanecieron
unidos a nuestros corazones de miembros de un Regimiento tan querido como lo fue y es el “Esmeralda”,
en esos años de mucho trabajo y entrega en los que resultaron ser los mejores
de nuestras vidas.
Carlitos Riaño, descansa en paz, queremos saludarte y agradecerte tu bondad, tu cariño y entrega, una amistad única, un espíritu
inigualable de servicio, un compromiso de ser un hombre de bien, y que nos deleitó con sus virtudes y
nos hizo sentir que la vida en medio de las dificultades, siempre tiene esa esperanza de optimismo
y confianza que nos regala la música,
manteniendo su seriedad pero también empleándolo en esas humoradas musicales que todos
conocíamos, en esos “mensajes” musicales
que fueron siempre su cuota de humor y optimismo en el ambiente del cuartel.
En esas mañanas de formaciones
militares, preparándonos para un desfile, nunca faltó su sentido del humor. Se
escondía en algún rincón y cuando al
atravesar el patio algún compañero al
que apodábamos el “Charro”, él hacía
sonar su trompeta con esas inigualables notas charras de ¡Ay Jalisco Jalisco
Jalisco! lo que nos hacía sonreír y
saber perfectamente que era su broma del día al
otro recordado “mexicano”, el Chico “Briones”, que también se fue en un
tiempo a esa otra dimensión desconocida.
Al enterarnos de su partida, solamente ofrecer
al Señor una sentida oración y condolencias a su familia, por el eterno
descanso de su alma, y expresarle la gratitud por todo lo que nos permitió aprender
de la vida, sus contactos artísticos con los medios nacionales, con artistas de
gran trascendencia y su humilde servicio nos hicieron partícipes de muchas actividades de orden musical y artístico en
muchos ámbitos culturales y sociales de esta ciudad.
Un abrazo al cielo mi querido
Suboficial Carlos Riaño Bacho, el artista de la bohemia, el instrumentista de excepción, pero sobre todo
el soldado amigo y servicial y leal que nos acompañó tantas horas de nuestra
vida.
Descansa en paz.
Será velado en la Parroquia
Santuario “Nuestra Señora de Lourdes” en la Avenida Miramar, en horario por
confirmar.
EPÍLOGO:
El
alma del soldado, el amor de la familia, el sentimiento de la amistad más pura, florece en los momentos en que entendemos la fragilidad
de la vida, y suponemos que en ese final
se acaban los sufrimientos, las tristezas, las necesidades de la subsistencia
que son la más dura experiencia cuando
no se tienen los recursos para enfrentar las enfermedades, y al momento
de la despedida, entonces junto con
abrirse las ventanas llorosas de los ojos, por los cuales brotan tibias y saladas lágrimas de hombres y mujeres valientes, que entienden que ya no habrá otra oportunidad de cruzar
palabras o de sentir el calor de la
mano amiga, estrechada como prueba de
amistad pura, entonces nos ponemos de rodillas
frente al Santísimo, y nos contagiamos
con la pena común que nos embarga a todos los que tenemos la oportunidad de estar allí, a los que se esforzaron y renunciaron a sus obligaciones y sintieron la obligación moral
y gran necesidad espiritual de hacerse físicamente
presentes, porque no hay otra forma más noble y sencilla de decir ¡¡Gracias!!
en ese momento del último adiós, en el que se inician las etapas del duelo, del
recuerdo, de las tristezas y de extrañar la mano, la sonrisa, la voz y la presencia de quien ha sido parte de
toda una vida.
El
alma se contagia con el amor, por eso debe ser cierto que el amor todo lo
puede y que el amor todo lo soporta.
Y
cuando se contagia el alma con el amor, descubrimos personas, familias, amigos
que estuvieron al igual que nosotros al lado del amigo que se va, cada uno en
distintas etapas, tiempos, circunstancias. No todos nos conocemos, pero es el
momento de unir toda la fuerza para
brindar el cariño a la familia, a los hijos, nietos, y comprobar que tenemos todos tantas cosas en común y mantenemos todos esa humanidad invariable que nos da el sentimiento de la camaradería, de
la amistad y del reconocimiento, y queremos todos representar que éramos leales,
que sentimos afecto, que fuimos sus
amigos, en, las duras y en las maduras, en la música, en el arte, en el cuartel,
en la formación, en el desfile, en otras exequias cuando el sonido del clarín rompió el silencio de los cementerios y Don
Carlos tocó con el alma ese último Adiós
y ese silencio que siempre toca la fibra más íntima del alma cuando nos toca
despedir a quienes amamos.
Quedamos
sorprendidos de las muestra de cariño,
no hay nadie que no haya derramado una humilde lágrima en medio de ese Santuario de Lourdes donde tantas
personas le ofrecieron a la Virgen nuestras penas y dolores.
No
hay nadie que no haya querido tocar la urna en sentido de respeto, de
cariño, hasta quizás como forma de brindar
su aplauso silencioso por la vida que nos regaló el amigo, el padre, el tío, el
abuelo.
Somos
tan vulnerables frente a la vida, y a cada cual le toca la partida en el
momento en que Dios decide por nosotros.
Lo
que no pudo estar ausente allí, fue la amistad, esa expresión de amor inmenso que se hace
presente en el alma en medio del dolor, son valiosas las personas que entregan
a la familia una palabra, una oración, un consejo, un apretón de manos, una sonrisa, y también
aquellos que unidos en sentimientos mutuos
de amor a la música, afinaron sus instrumentos,
se miraron a los rostros, compungidos de
tristezas, pero con la fortaleza propia de que ese es un último homenaje, y los silencios de la nave central de la
parroquia, se inundó de notas
estridentes, bulliciosa, gritos de vientos musicales con la presencia improvisada
e de esos amigos de la tertulia, de la noche, de la pichanga, de la tocata, de
la “Fiesta de Ayquina”, quizás de los bailes, de la cofradía, no lo sé, pero fueron esos sones de trombones, de trompetas,
de tubas los que nos gritaron a
nuestros oidos el aplauso musical
a mi apreciado Suboficial Carlitos Riaño Bacho (Q.E.P.D.), como él lo hiciera
tantas veces, como él lo sintiera tantas veces, y como el lo viviera tantas,
veces y fueron los sonidos de vientos de
la marcha “Adiós al Séptimo de Línea”, la que nos hicieron llorar, por que en lo
personal es la marcha que nos acompañó en esos largos tiempos que vivimos y escuchamos en tantas oportunidades
de la vida, la que no unió en torno a nuestra
profesión tan humilde e incomprendida de los que somos o fuimos solados de
vocación, porque allí estaba nuestro deseo de servir, de desarrollarnos, de
sentir que todo lo que podíamos entregar
en esa juventud que nos dejó tan rápidamente
y en silencio, pero que estuvo con nosotros en los momentos más álgidos del querer crecer, y por eso que al sentir los sonidos de esa marcha se nos nubló el
alma llenándonos de recuerdos
inolvidables
Otro
momento de reflexión y emoción humana, al
escuchar esa melodía de un alumno trompetista que acompañó la salida del
féretro de la nave central hacia el
exterior, o ese otro instante vivido, al oír ese “solo” de trombón, interpretado
con un sentimiento inigualable por uno de sus tantos amigos y que dedicara también
la marcha “Adiós al Séptimo de Línea” a nuestro amigo Riaño, entonces todo, pero todo se tradujo
en un deseo sincero de agradecer a Dios por la vida, agradecer al Señor por esa
manos generosas que cuidaron en la larga enfermedad a nuestro amigo y camarada,
y que fueron también la ofrenda dulce de los ángeles de la vida, que recorren los cuerpos de quienes caen
en la postración, y también vivir la experiencia de tanto amor presente y que nos obliga reiteradamente
agradecer a Dios.
Lo
del cementerio fue otra etapa, la última. En medio del calor de la tarde, en el espacio donde Carlitos Riaño descansará en paz hasta la
eternidad junto a su madre, nuevamente
los ángeles custodios rompieron sus
silencios e inundaron el campo santo con
esas marchas militares que fueron el néctar de vida de músico militar de
Carlitos Riaño. Sonó la marcha “Los Nibelungos” como tanta veces él interpretó
en los desfiles tradicionales, y luego vinieron
los agradecimientos, las palabras de un “niño de ayer”. Un niño que en representación del Ejército, hoy
ostentando su máximo grado como Suboficial Mayor, despidió al amigo. El SOM Bravo
que pertenece a la generación de niños que se formaron en la Banda y que
recibiera también las virtudes de Don Carlos en la etapa cuando recién comenzaban,
le di0 un gran valor al momento de la despedida, pues marcó su presencia toda una trayectoria, como signo de la vida. Los que llegaron cuando él
estaba y los que lo despiden cuando el amigo se va, toda una muestra real del
vivir y del ser soldados.
El toque de silencio del cabo Guerra, lleno de sentimiento, de amor por todos, nos dejó con esa sensación de paz profunda, al saber que más allá de las tristezas, más allá de los
dolores más allá de nuestras debilidades, siempre está la paz y la fe nos convierte en seres que entendemos que ya tendremos otra oportunidad de seguir
tocando en el cielo….
Finalmente
lo inesperado. La alegría, como en los mejores carnavales de la vida, como en
los mejores años de la juventud, cuando Carlitos Riaño soplaba con entereza su instrumento en las gélidas
y altas cordilleras en su fiestas “Marianas” al interior de la región y la gente de los pueblos bailaba al ritmo de
los vientos de esas cofradías de músicos que
existen desde siempre en nuestra
ciudad y que concurren tradicionalmente
a todas las fiestas que nos ofrece la oportunidad
de vivir lo divino con esa música que es
toda festivalera y alegre….Y entonces en el adiós, en el final, los amigos improvisando
tocaron
ese final de fiesta de fiesta de todo carnaval y los surgieron los pañuelos blancos al aire para
despedirnos del amigo y decirle con los vientos musicales de la tarde, que no lo
podremos olvidar, es la historia de un hombre de bien y es la historia que
otros seguirá por que así es el ambiente de los músicos de bandas, los
promesantes, los comprometidos con la fe, pero que también necesitan renovar o comprar
sus instrumentos y reunir esas siempre escasas solvencias económicas para cumplir las
promesas y llevar el arte musical a la cordillera, al interior, a la ciudad y a tantos lugares donde entregan, entregan y entregan y van marcando presencia en esto que tanto nos une
como es la fe, la música y la oración, y
también las alegrías, en esas otras
facetas de todos los músicos que nos regalan vida, en sus notas que parecieran
que se esfuman en el aire, pero que van quedando grabadas en el corazón.
Este
fue el epílogo de lo que vivimos ayer miércoles 26 de febrero de 2025. Esta fue
el final doloroso pero también optimista para ese preciado don que es la familia,
la que unida en torno a la urna, sus manos asidas y tomadas con el cariño de
hermanos de la sangre, del dolor, de la
necesidad o de la opulencia, estuvieron allí presentes, orando, despidiendo,
llorando, cantando y agradeciendo a Dios
por la vida de este buen hombre, buen amigo, buen padre, buen tío abuelo o
bisabuelo, pero que seguirá cada día interpretando
junto a esos ángeles serafines con sus mejore
melodías musicales, en ese carnaval eterno que se vive en la alegría del cielo,
cuando uno de los que formarán la orquesta celestial eterna, llega a servir al único, al más grande, al
mejor, a nuestro Señor que sonríe y nos bendice desde esa otra dimensión
desconocida.
Un
abrazo final y un sentida oración por el eterno descanso de tu alma….



