miércoles, 5 de febrero de 2025

El "Pichunga" Ovalle...

 


El “Pichunga” Ovalle

            En mis años de juventud, tuve un amigo pampino. Yo estudiaba con su hermana, Rosita Ovalle, (que ha marchado al cielo) y recuerdo con cariño a sus hermanas Margarita, René, Verónica..

             Le tocó al amigo Félix Ovalle, cumplir su "Servicio Militar" en la dura cordillera de Calama.  (En ese tiempo había que tener 21 años).

             Fue todo un acontecimiento para los jóvenes del barrio. Era incluso tradicional hacerles una despedida a los futuros “Pelaos”, parecida a las despedidas de  “soltero”, pues vendrían tiempos de austeridad, mucha “sed” y sacrificio  y había que llevarse “todo” puesto para la época de las falencias o las “vacas flacas”.

            Por allí estuvo formándose como soldado en los sectores de la precordillera, cambiando su apacible vida de pampino futbolista, deportista por excelencia y scout, por esa vida sacrificada que conocen lo que la hemos vivido, sin desmerecer que la vida en sí, en todo campo, es una constante de esfuerzo personal, sacrificios y renuncias. (Los pampinos sabemos mucho de eso, podemos dar cátedra al respecto.)

            Ya no le fue desconocido el tema de la vida de soldado en la cordillera. Dormir en alguna trinchera, amanecer congelado con la nieve cubriéndole los pies y pese a lo difícil del tiempo, disfrutando de  Conchi, de las caminatas con mochila por los desolados salares. Entierrados hasta  las orejas,  y en la memoria fotográfica  grabando todos esos paisajes que jamás se olvidan.

            Cuando volvió con "permiso", después de su primera y esforzada campaña de más de un mes, nos deleitaba y brindaba momentos de risas y alegrías junto a mi madre, que oía con gran atención sus entretenidas historias de soldados.

            No era común en nuestro lenguaje  oír, ni menos conocer eso de “Regar el patio con una cuchara” toda la noche,  o pasar horas de pie con el “Equipo completo, incluido el colchón al hombro, (“Plantón” le llamaban) en medio de algún patio, o pedir a los soldados de la Compañía que tenían “carné de chofer”, para que tomaran una carretilla y una pala  para el acarreo de tierra en las faenas de los arreglos de jardines del cuartel. Los que  tenían alguna “yayita” debían hacer esfuerzos físicos para pagar las “deudas”, como  el ”Relojito”, el “Trípode Araucano”, los consabidos “Tiburones”, y los casi siempre llamados de atención colectiva con los ¡¡¡“Media vuelta carrera mar…”!!! o  los “Aporreos” y el ingrato “Don de Mando” que manejaba en forma excepcional algún instructor, y que era un palo de dos por dos, con cuatro lados marcados con “sorpresas”,  llamado también jocosamente la “Pirinola” (Toma uno, toma dos, toma tres o toma cuatro “palos” en la “erre”). Si había alguna falta, se lanzaba la “pirinola” al aire y al caer ésta marcaba la  preferencia ligada a la suerte, como un juego de dados. Y te ganabas esos suaves golpecitos en los glúteos para no olvidarse para la próxima. No había posibilidad de ganarle a la “Pirinola”. Siempre se perdía con ella.

            Soy un agradecido de haberlo conocido y entender ese sano humor militar que después viví también en mi sagrada vocación de soldado de Chile. Gran parte de sus bromas me animaron también a cumplir con mis obligaciones militares.

             Nos encontramos no hace mucho en el centro de la ciudad de Antofagasta,  no hubo  tiempo para más, siempre  nos encontramos en trámites personales o  búsquedas de medicamentos, pero no dejamos de demostrarnos la amistad pampina  que “dura para toda la vida” con un sencillo y apretado  abrazo con olor a tierra y sudor de sol pampino que se ha quedado impregnado en nuestros cuerpos y en la mente.

            Buen amigo el "Pichunga" Ovalle.

            Tampoco hubo tiempo para la “Pirinola” más moderna, esa que se disfruta después de las reuniones de encuentros de pampinos en el centro de la ciudad, en algún refugio como “La Cabaña”, por decir un nombre y que algunos más osados lo consideran como el preciso espacio y lugar para el “tercer tiempo”:  -Te “tomay” una, dos, tres o cuatro cervezas y al “hilo”, para recordar con magia de espumas ácidas que calman la sed y que refrescan en la memoria esos viejos e inolvidables  tiempos que viven  y se reviven en nuestros gratos recuerdos.

            El padre del “Pichunga” Don Neftalí,  un gran trabajador. Experto en su oficio, íntegro y sencillo, sabía mucho en su trabajo y por allí “alguien” (de los que siempre hay), le quiso “aserruchar” o mejor dicho despachar a otras funciones que no eran sus habituales,  siendo observado en un control de calidad por el propio  gerente que reclamó su ausencia y de inmediato ordenó su reintegro y presencia en esa área en que él se manejaba como experto.

            Don Neftalí y la Sra. Coca, matrimonio esforzado y cariñoso con todos los niños de ayer del barrio,  nos entregaba siempre un buen consejo, y nos llenaban las botellas de agua para calmar la sed en las  acaloradas y disputadas “pichangas” con los de la corrida de más abajo.

            Nadie desconoce que dentro de los Ovalle, estaba también el recordado Félix,  que  era como el más absoluto representante del siempre necesario “Médico del Pueblo”,  se sabía todos los secretos de la medicina, era estudioso y caballero  y  silenciosamente ayudaba a quienes le pedían algún consejo. Siempre impecable, de  tenida blanca por su trabajo o de impecable traje con corbata en sus actividades oficiales.   Fue un gran dirigente y deportista del Cuadro Blanco.

            La familia Ovalle, fue y sigue siendo esa familia icono pampina, que nunca olvidó sus raíces y que hicieron tanto bien, por todos quienes tuvimos la suerte de conocerles y vivir tan cercanos de nuestra “corrida”, y conocer a las bellas de la descendencia. (Rosita, Denny,  Jacqueline y su madre la recordada Sra. Minerva). Todos los Ovalle una gran familia de la pampa, de María Elena…

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            (¡Qué vida la de hoy!)

            (Andamos todos “apurados”, buscando aceleradamente un “no sé qué”, con las pastillas de la hora en el bolsillo y la botellita de agua,  para que no se nos pase el horario y se nos suban los azúcares…..

            ¡Vivimos tan apurados!

            ¡¡Nos vemos “Pichunga”!!.

            ¿“La pirinola”? Pa la otra, si se puede…….¡Salud! por si las moscas.





 

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