¡Setenta años!
Cumplió setenta años. ¡Se pasó la vida en un segundo! Esa
noche, como tantas, paseaba por los parajes nocturnos de sus sueños ansioso, por callejones oscuros. Algunas
luces mortecinas escapaban de enrejados ventanales imágenes de fantasmas que
transformaban su ansiedad en alegrías.
¡¡Eduardooooo! Sintió de pronto el grito de su padre, acompañado
de ese silbido armoniosos que era clave del llamado urgente para el lavado
diario de los pies, en la artesa de madera.
Corrió. ¡Un silbido es una orden estricta!
Ya parado en la
palangana de agua tibia, al lado del fogón a carbón de la cocina, comenzaba la
ceremonia de las manos ásperas, del jabón suave
con el calcetín viejo y esas manos de minero, chofer y carpintero, sacaban
con fuerza el “piñel” acumulado en las
pichangas futboleras y correrías del día.
¡¡El Domingo hay
que ir
a Misa!
¡Hay que conocer
el Evangelio!
¡La vida será
siempre un caminar hacia el cielo!
¡Hay que ser hombres y mujeres de bien!
¡Nunca envidiar!
¡Nunca odiar!
¡Luchar limpiamente por la vida!
¡Disfrutar del éxito de los otros aunque se renuncie a
sus propios sueños!
¡Amar a los amigos, aunque haya en ellos feroces
enemigos!
¡Vivir felices en austera pobreza y compartir con los
demás la poca riqueza!
Y volvía nuevamente el silencio de su padre afanado en las
caricias del calcetín degastado y empapado en agua tibia, en la fase del enjuague arrimado en la vieja artesa,
para ser llevado en brazos, una vez secos los pies y el cuerpo, a dormir plácidamente acostado entre sábanas
tibias de sacos harineros.
¡Cumplió setenta años y se siente como un niño!
¡Cada noche viaja involuntariamente a la pampa amada
donde se quedaron tejiendo los luceros sus sueños!
¡Ansía dormirse cada noche para rescatar de su frágil
memoria, esas historias pampinas casi olvidadas que le regalan vida en los difíciles amaneceres!
¿Soñar el ayer y la infancia será querer volver a nacer
en ese agreste terruño de la pampa en
que hoy se sustenta su ya larga y
cansada vida?
Todo se va, nada vuelve, nos llevamos solamente los
tesoros acumulados en los baúles de los recuerdos y en esas páginas pampinas
que cada cual escribió con la pluma del tiempo en el mejor personaje de sus
propias y particulares vidas.
Y entonces nos encontraremos, tarde o temprano en el mañana incierto, jugando a los
volantines celestiales añorando nuevamente nacer, vivir y morir en esos desiertos inolvidables de la
pampa.
Serán otros tiempos y otros cuentos….
No hay comentarios:
Publicar un comentario