sábado, 15 de febrero de 2025

Cumpleaños número setenta....

 


¡Setenta años!

            Cumplió setenta años. ¡Se pasó la vida en un segundo! Esa noche, como tantas, paseaba por los parajes nocturnos de sus sueños  ansioso, por callejones oscuros. Algunas luces mortecinas escapaban de enrejados ventanales imágenes de fantasmas que transformaban su ansiedad en alegrías.

            ¡¡Eduardooooo! Sintió de pronto el grito de su padre, acompañado de ese silbido armoniosos que era clave del llamado urgente para el lavado diario de los pies, en la artesa de madera.

            Corrió. ¡Un silbido es una orden estricta!

             Ya parado en la palangana de agua tibia, al lado del fogón a carbón de la cocina, comenzaba la ceremonia de las manos ásperas, del jabón suave  con el calcetín viejo y esas  manos de minero, chofer y carpintero, sacaban con fuerza  el “piñel” acumulado en las pichangas futboleras y correrías del día.

            ¡¡El Domingo  hay que  ir  a Misa!

             ¡Hay que  conocer  el Evangelio!

             ¡La vida será siempre un caminar hacia el cielo!

            ¡Hay que ser hombres y mujeres de bien!

            ¡Nunca envidiar!

            ¡Nunca odiar!

            ¡Luchar limpiamente por la vida!

            ¡Disfrutar del éxito de los otros aunque se renuncie a sus propios sueños!

            ¡Amar a los amigos, aunque haya en ellos feroces enemigos!

            ¡Vivir felices en austera pobreza y compartir con los demás la poca riqueza!

            Y volvía nuevamente el silencio de su padre afanado en las caricias del calcetín degastado y empapado en agua tibia,  en la fase del enjuague arrimado en la vieja artesa, para ser llevado en brazos, una vez secos los pies y el cuerpo,  a dormir plácidamente acostado entre sábanas tibias de sacos harineros.

            ¡Cumplió setenta años y se siente como un niño!

            ¡Cada noche viaja involuntariamente a la pampa amada donde se quedaron tejiendo los luceros sus sueños!

            ¡Ansía dormirse cada noche para rescatar de su frágil memoria, esas historias pampinas casi olvidadas que le regalan vida en los  difíciles amaneceres!

            ¿Soñar el ayer y la infancia será querer volver a nacer en  ese agreste terruño de la pampa en que hoy  se sustenta su ya larga y cansada vida?

            Todo se va, nada vuelve, nos llevamos solamente los tesoros acumulados en los baúles de los recuerdos y en esas páginas pampinas que cada cual escribió con la pluma del tiempo en el mejor personaje de sus propias y particulares vidas.

            Y entonces nos encontraremos, tarde o temprano  en el mañana incierto, jugando a los volantines celestiales añorando nuevamente nacer, vivir  y morir en esos desiertos inolvidables de la pampa.

            Serán otros tiempos y otros cuentos….

             

 

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