Les comparto un humilde "cuento pampino" del CHESTER, que concurria seguido a cortar la leña al Rancho Chuqui, y nos alegraba con su risa y su sana alegria. Lo recordamos con cariño y respeto...........
El “Chester”:
Cojeaba rítmicamente, arrastrando su pie derecho, dando un vaivén jocoso a su paso, cuando avanzaba con su engrasado carretón de mano. ¡Fue un excelente futbolista del Coquimbo en su tiempo! Llegaba todas las mañanas sonriente, sin molestarle la ausencia total de sus piezas dentales. Con una “barreta” de fierro al ritmo de su cojera, picaba los añosos durmientes, esa leña aromática que daba calor a los fogones y sabor de “campo” a las comidas del Rancho “Chuqui”, donde la Sra. Raquel, era la reina.
Hay rostros que dibujan sufrimiento y penas; el Chester tenía profundas marcas y sinuosas huellas; sus ojos negros brillaban con esperanzas. Pampino adoptivo y alma de hombre honrado que luchaba día a día con sus adicciones alcohólicas.
Nunca nos faltó el respeto ni expresó palabra grosera su boca. ¡Éramos muy niños! Su voz ronca nos hablaba con pura risa y salpicaban nuestros rostros esas gotas de salivas y sabiduría con sus palabras: Siempre un chiste o un buen consejo.
Por las tardes se marchaba con su carretón de mano al sector de la pulpería ¡Se había ganado el día! Estaba satisfecho. Retornaba cojeando y feliz, y en un bolso de papel oculto, un botellón de tinto “bigoteado”, que compartía generoso con sus amigos como el dulce o amargo néctar del día con que se tragaban y tomaban la vida, los sacrificados “Cancheros”.
Muchos de ellos se durmieron en paz ¡No despertaron! Los venció ese triste juego.








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