Hoy es un día especial para quienes conformamos este selecto grupo de amigos, ex alumnos todos, del recordado 8vo Año “A” de la Escuela Consolidada “América” de María Elena, y que vivieran juntos esa experiencia de la vida de estudiantes pampinos en esas inolvidables aulas, disfrutando de esos paisajes tan propios de nuestra tierra inerte, pero acogedora; calurosa tal vez, pero llena de esos crepúsculos frescos de las tardes con olor a polvo húmedo sobre los pimientos de la plaza y con esos coloridos y encantadores atardeceres que se pintaban mágicamente y distintos cada día, hacia el lejano horizonte y que nos deleitaban como pinturas llenas de magia y colores nuestra vida de estudiantes que quedaron marcadas en nuestras pupilas con esos colores arrebolados y amarillentos de esas eternas nubes lejanas que nos regalaban sueños y esperanzas.
Y digo día especial porque en la
sana alegría de ser hoy jóvenes adultos del ayer, (como me decía un amigo del
“siglo pasado”), recordamos el cumpleaños de uno de los iconos pampinos, “amigo
de todos” y de toda la vida, y que por su amistad, sencillez y humildad, hemos tenido la dicha de sentirnos acompañados
estos hermosos y eternos años, recordando
de él, su amistad, su natural liderazgo y
esa figura de amigo que no destiñe y que
ya con algunas canas plateadas sobre su sien, no deja de ser el
muchacho en quien nos vimos reflejados
como un ejemplo del ayer, y a quien le
dedicamos estas líneas que quizás pueda leer su familia, en especial su hija,
que se alza recién a la vida y que
quizás no ha tenido el tiempo de conocer ese pasado de su padre, pues la barrera generacional es distinta y que ella conoció en esta etapa como la figura
paternal de su agrado y compañía, pero
que quizás desconozca ese pasado de
amistad que nos unen desde hace tantos años a esta generación que ya se encuentra en el ocaso del otoño de la
vida, y que es necesario rescatar con espíritu de conocimiento y humildad, pues
todos nosotros hemos sido protagonistas importantes de épocas distintas,
pero que en medio de las tecnologías y épocas diferentes
no hay diferencia en el deseo de sentir
en cada tiempo vivido ese sueño de
alcanzar las estrellas, en los ideales personales, en las tareas del día a día
y en ese a veces tan esquivo y lejano
futuro muchas veces incierto que no
sabemos o no sabíamos cómo enfrentar.
De modo que extendiéndome un poco más de lo previsto, junto
con saludar a nombre de todos nosotros a nuestro compañero de curso Cristian
Rojas Ossandón, que hoy 4 de Marzo cumple un nuevo año de vida, queremos
decirle a él que nuestra amistad
invariable al paso de los años, permanece llena de gratos recuerdos, de
muchas anécdotas y de gran reconocimiento a sus virtudes de hombre de bien, y
que nos permiten hoy estrecharle en un
afectuoso saludo y abrazo, y decirle a
quienes son la herencia de su propia vida, que
tienen un padre y esposo ejemplar, que en nuestros tiempos de estudiante
fue un guerrero de mucha fuerza, que vivió esos años de juventud en esa cultura
pampina que solo conocemos los que allí estuvimos, y que fue el amigo de la “pichanga” de fútbol de su
barrio, el escritor y eximio creador de esas notas que ornamentaron esas composiciones amenas con
su cultura y entusiasmo en esos diarios
murales de la época, o que nos deleitó
con sus cantos y música en el acto
escolar de los días lunes de la Escuela,
cuando mirábamos en él al modelo de
joven, y que nos “hacía soñar” con los
versos de esa inolvidable canción que él tan bien entonaba: “Era un muchacho
, que como yo, quería ser Beatle o Rolling Stone,” sintiéndose protagonista
de ese joven rockero norteamericano, que debía
ir a combatir al Vietnam y que solo tenia sueños de paz y esa canción nos llegaba al alma, y nos identificaba plenamente, sin conocer en
mayor detalle su significado u origen, pero que disfrutábamos por su calidad de
interpretación y que marcaron nuestra lejana época de estudiantes.
Personas como él son la esencia de
nuestros tiempos de estudiantes. Siempre
lo he dicho que fue como nuestro líder juvenil, en el sano entendido que
queríamos parecernos un poco a él, porque sentíamos que era libre y que contaba con el aprecio y cariño de sus
amistades, y que sin proponérselo, irradiaba ese espíritu amistoso compartido
en todos los escenarios de esa vida de estudiantes que nos tocó vivir en
nuestra amada pampa salitrera y que perduran hoy como ayer, en nuestros mejores
recuerdos para toda la vida.
Un hombre bueno, de principios
nobles, de espíritu altruista y de sentimiento leal y generoso. No sería justo
no decir que también esforzado y sacrificado, y
que su vida fue también un camino
lleno de alegrías, pero también en algunas circunstancias difícil, pero
que lo llevaron siempre con ese
optimismo tan natural y espontáneo,
a vencer con todas sus
capacidades y sentido de superación cada
etapa, y que fueron para nosotros
siempre, un gran ejemplo a seguir.
Sabemos de su grandeza y humildad, con
una mirada siempre más allá de las circunstancias, de férrea fidelidad y
entereza y con esa altura moral que lo hacen un ser de excepción y que en el tiempo de hoy permanecen en él sus valores que son y serán
su mejor herencia de la vida.
En eso estamos unidos todos, con ese
mismo valor que enfrentamos, algunos con mejores condiciones y oportunidades,
otros con mayores éxitos o dificultades, pero ninguno con debilidad o con temor frente a la vida, todo
lo contrario, superando nuestras propias
debilidades, con lo cual fue posible salir adelante y en eso nuestro amigo Cristian, nos regaló ese optimismo y esa fortaleza que
hoy queremos retribuirle justamente en este inicio de Marzo, en el que veremos seguramente sus anhelos concentrados
en el inicio de las tareas propias de educador, que es también la fuente de inspiración para muchos jóvenes que conocieron de sus virtudes
de maestro educador.
Así que de esta manera, simple, pero con este largo saludo y homenaje, queremos
desearle al amigo pampino, al hermano de la tierra y del polvo del molino, a quien
lleva también en sus torrentes sanguíneos interiores esa fuerza característica del heroico pampino de ayer y siempre, que sea éste un hermoso día junto a su esposa
y en especial a su bella hija, la que sabemos, le ha dado y le seguirá dando muchas
satisfacciones, las cuales son y serán también su herencia, orgullo y satisfacción y con quien seguramente celebrará hoy, este
nueva vuelta del sol, que lo encuentra en un estado de madurez y con las
mejores energías y fuerzas para seguir luchando como ayer, siendo el ejemplo de
su familia y para alegría nuestra sus amigos, el invariable amigo de ayer, hoy y siempre.
Que sea un lindo día, venturoso y
lleno de alegrías y satisfacciones.
Con cariño.
Tus
compañeros de curso




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