La magia
del té
Sabemos los pampinos, por experiencia y vida, los beneficios que nos otorga esa deliciosa bebida de excelencia, tomada casi siempre en la hora de los ingleses (“Five o clock”) en esas inolvidables tardes de agobiador sol pampino, y con esas hojitas que al ser humedecidas con el agua hirviendo nos iban regalando ese tinte cargado a sabor de la India, y que muchos preferían “colar” para no tragarse esos tallitos u hojitas blandas, pero que otros preferíamos dejar permanecer danzantes y móviles en el fondo de la taza o el tacho de fierro enlozado, y esquivar en cada sorbo su camino hacia la boca, para sacarles el jugo de sabor máximo a la noble bebida que tomaron por siglos las generaciones antiguas de otras culturas, pero que nos deleitaron en el más maravilloso momento de esas tardes de tertulia familiar de nuestra vidas.
Una tacita de té , pero “de tetera”, con
una pizca de canela o una aromática hierba “Luisa”, o el
otro mágico “cedrón”, hacen que se haga
“agua la boca”, de solo pensar en esos sabores que deleitarán la lengua y el
paladar, y que irán entibiando las vías interiores del cuerpo, dándonos ese encanto que los pampinos tuvimos el gusto de vivir,
conocer y disfrutar. Por allí en alguna página de recuerdos escribí algo sobre el “Té pampino”, lo dejaré
al final por si desean recordar esas reuniones familiares de la tarde, pero que
hoy, en el grato encuentro de los inolvidables amigos de siempre, nos han
permitido sacar a relucir desde los recónditos recuerdos, la caja de madera terciada de 1 mt x 1 mt, forrada al
interior con papel plateado (aluminio),
en el que se importaba directo
desde la India (TE CEYLAN), ese delicioso té, que era almacenado en bolsitas blancas de papel de 1/4, 1 /2 y
hasta de 1 kilo y que se vendían en un
sector en el rincón de la pulpería de María Elena, en un espacio con olor a hierbas y a alimento para pollos y
aves de corral y que atendía el Sr. Jiménez, un joven trabajador
muy servicial, de rostro “seriote”, pero efectivamente amable, y que después de
pesar en las balanzas, cuando la compra era a “granel”, lo envolvía con destreza de maestro y dando
vueltas, sin perder un gramo, formando
un bolsón o cambucho de dos orejas resistentes que obligadamente depositábamos en las bolsas de
las compras. Había también sobres de papel que, una vez completado el peso,
acorde al tamaño, se sellaban con un
papel engomado de una máquina ingeniosa que al girar una palanquita se
humedecía el lado de la “goma” con una esponja con agua, con lo cual se sellaban
los envoltorios, asegurando firmemente las granos o las hojas en esos
inolvidables cambuchos, que no
contaminaban.
Al igual que en los millones de años
del té, como la bebida de todos los tiempos y culturas, aun este brebaje nos
regala esa magia que permite ir
sorbiendo su tinta con el agrio
sabor pero invitándonos a conversar, a contar, a rememorar, a vivir lo de ayer
y a entregarnos en esa actividad de la que nadie habla como es
el “hoy” por los tantos tiempos ocupados en otros menesteres y que casi se han
olvidado interponiéndose en nuestras más importantes acciones, como los es el
CONVERSAR…..
Hace tan bien conversar de la vida,
de los sueños, del pasado y el futuro, o lo que de él nos queda.
Conversar de los sufrimientos
superados que nos hicieron personas justas y equilibradas pero que en la suma
de los aspectos dolorosos siempre fueron más
los momentos agradables y los
logros que nos brindó el esfuerzo
de cada cual por la vida fueron nuestro mejor dulce de la existencia.
Conversar, “PERDER EL TIEMPO”, es
batir las “carretillas” en los mecanismos de las mandíbulas de la boca, para
que en ese ejercicio de abrir y cerrar, de respirar y exhalar, y como tarea
"extra" y simultánea de masticar y tragar, vayan aflorando, conectados con la mente
intacta la cual jamás envejece, esas
vivencias personales o de conjunto que tuvimos la dicha de vivir, de palpar, de soñar, y de
hacerlas realidad en nuestras tan pequeñas y casi
imperceptibles vidas, que fueron y que
por más que le buscamos grandeza, son sólo eso: nuestra simple vida, y que siendo parte de nosotros, como un
sello personal, solo entendemos nosotros en el “cada cual”, y eso ha sido
lo mejor que nos ha regalado la
creación, la naturaleza o el Dios que nos permitiera estos “titantos” años de
recorrer tantos senderos distintos, pero
que no se pueden olvidar, y que nos conectan con ese inicio, con la raíz y los
comienzos de nuestras propias experiencias.
Historias de
amores inolvidables que nos hicieron suspirar en las tardes de escuela, encuentros amistosos y fraternos en los
hogares de nuestros padres, oyendo desde el viejo pick up las melodías de la moda, y produciendo esa hermosa sensación de amar en el silencio a
nuestros amores imposibles y que fueron las más
bellas ilusiones; encontrarnos en el
escenario de la cancha de los deportes de las preferencias personales y marcar el único gol del triunfo de la tarde
jugando a escondidas de nuestros padres , y que nos delatara el locutor de la
radio con los resultados deportivos y los autores de los goles, sentir
esas tremendos desafíos de los
aprendizajes en los inicios del conocimiento de la música, instrumentos, notas
que se escribían en las pautas y pentagramas,
recordar a nuestras madres y padres que lo dieron todo por
nosotros, vivir el encuentro individual
de nuestras vidas con nuestras propias familias. Recordar a la dulce Maestra
“Rosita” que nos regaló su juventud, su amor y compromiso en nuestra educación
y muchos haber seguido sus inolvidables pasos,
sentirnos que a pesar de nuestras condiciones del desgaste de la vida
nos sentimos tal cual como ayer, llenos de vida y optimismo que son los regalos de la magia del té, en las
vivencias de estos encuentros de pampinos amantes de nuestra raíces, de
nuestras vidas y de los caminos
recorridos.
Nunca podremos entender por qué la vida pasa tan
rápidamente, quisiéramos tener miles de años para vivir, miles de horas
para disfrutar, bailar, cantar, llorar o
trabajar, miles de minutos para estar con nuestros padres, con nuestros hijos
con nuestras mascotas, con nuestros hermanos, tantas cosas que tenemos que
hacer, tanto “campo que sembrar”, tanto libro que leer, tanto pero tanto de
todo, que no alcanza el tiempo, porque la vida es solamente un suspiro en la
inmensidad y hoy nos quedan esas
sonrisas, entre dientes ausentes que
muestran lo mejor del alma, lo mejor del interior de lo que somos, pues
así es como nos hemos ido consumiendo en la naturaleza de nuestra existencia
pero sin jamás dejar de florecer.
Esa magia del té de amigos, en la mesa de la amistad, en el
camino de los sueños, son los que te regalan
esperanzas.
Ya no hablamos mucho del
mañana, todo el mañana quedó en el ayer de los recuerdos, lo que nos queda
por cumplir quizás aun no sea nuestra mejor realidad pero ya eso está en las
decisiones que el destino y la vida nos quieran
ofrecer en esta senda final.
Hoy es el día para ser felices.
Qué bien hace para el alma
estrecharnos en el cariño sincero, en el afecto, en sentirnos amigos de toda
una vida, desde siempre, amigos del hoy y lo que nos queda de mañana.
¡¡Y todo con una simple y aromática
taza de té!! Bien cargado, con tinta fuerte y amarga, con sabor a canela o en
la mente el recuerdo imborrable del sabor a “cedrón” y la hierba “Luisa” en
esas tardes de paseo por el Rio Loa, cuando en medio de los tábanos
furiosos, nuestros padres nos daban ese
tacho de té y esa simple tostada, llenos de inocencia, sin trancas, sin
envidias, sin “competencia”, pues éramos niños dulces e inocentes, y hoy con
más de “setenta y siempre” a las
espaldas, seguimos siendo los mismos,
con nuestras propia vidas con nuestros propios deseos, con los proyectos personales que nos van regalando días de esperanzas en medio de la sencillez y
humildad de ese té bebido en la tertulia
de la amistad, la invariable e imborrable amistad, que nos permite
expresar nuestra gratitud a Dios, a la
Vida, y a nuestros anhelos de ser siempre mejores.
Gracias amigos, que el tiempo que nos queda sea para estrecharnos
en cada oportunidad para volver a beber ese té
amistoso que nos une hasta la
partida individual que cada cual debe enfrentar con los equipajes del amor y la
gratitud y la amistad de nuestra propias vidas.
La magia del té es la esencia de
lo que somos, fuimos y de lo que hoy con tanto amor vivimos. Que
nunca nos abandone esa magia del té.
https://hojarascadelavida.blogspot.com/2022/02/una-taza-de-te.html



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