miércoles, 20 de mayo de 2026

Recuerdos...

 


Mis recuerdos de niñez a esta edad, aparecen de pronto como las “polillas” del otoño que se escapan desde las añosas vigas de madera de nuestra casa y traen en sus aleteos algunas memorias que  causan sin duda una inquietud  acompañada de alguna leve y nostálgica sonrisa.

              Será porque ya estamos caminando en los senderos finales del tiempo que se acaba y  que nos acercan a la invariable meta final del destino terrenal, jugando los “descuentos”.

              No queda mucho tiempo, por eso es bueno detenerse y escribir hoy, parte de estos momentos que llegan de pronto sin buscarlos o que se despiertan con alguna motivación concreta como una simple foto que aparece por allí en las abundantes notas y recuerdos que difunden las redes.

              La “Corporación de Vivencias Pampinas”,  tiene esa magia de ir  compartiendo  historias simples y fotos valiosas de archivos del ayer de nuestra pampa salitrera y muchos que “hojean”  virtualmente las revistas Pampa en su invalorable colección digital, nos traen recuerdos de un tiempo que alguna tarde desaparecerá con nuestros pasos y que sin duda  se pretenden perpetuar para el conocimiento y memoria de las generaciones del mañana.

              Esas ediciones de revistas pampinas estás disponibles para todos quienes deseen indagar sobre  momentos de la historia pampina en  su sitio web  www.pampinos.org

              Están allí disponibles, después de una ardua investigación, búsqueda y  solicitudes de préstamos para poder digitalizar página a página sus contenidos, para ser puestas a disposición de cualquier persona  que desee indagar en la historia escrita por los hombres y mujeres pampinas, en los aspectos sociales, culturales, deportivos, religiosos y en la marcha  eficaz y eficiente de la industria que otrora nos regalara vida y  recursos para las generaciones pasadas y desarrollo del país.       

             

              Alguna tarde de juegos en mi barrio, conocí  de vista a un soldado  de gran estatura, que  se trasladaba desde las agencias de buses que  funcionaban en las casas de la calle Latorre  hacia la plaza, y éste viajero del día, vestido con sus mejores galas de soldado, de blusa blanca pulcra y almidonada, de gran porte y estatura,  “marchaba” con paso seguro, casi desfilando,   en busca de la vecina que vivía frente a nuestra casa de Luis Acevedo, en esa casa misteriosa, en la que se vivía muy secretamente tantas personas a las que conocíamos a pesar de no salir mucho a  compartir alguna tardes de tertulia o conversa con los vecinos del barrio.

              Allí el apuesto soldado, golpeaba la puerta y entonces la bella joven de ese hogar, salía sonriente y  se entrababan en charlas amenas  de largo aliento, diría que hasta un par de horas sin   acelerar el agradable momento, sin  disfrutar quizás de un abrazo o beso por la elegancia y respeto que inspiraba el soldado, pero   con encuentros llenos de sonrisas,  alegría  e historias de novios que iban  sembrando en sus juveniles corazones  las ilusiones propias del incipiente amor de juventud.

               Eran tres y hasta cuatro horas de estar allí.  Muchas veces  bajo el alero de la entrada de la vivienda, que por cierto eran pequeñas y sencillas y quizás  la familia Siempsen, ocupaba todos los espacios disponibles para tan  numerosa juventud que allí vivía.

              No recuerdo para nada el dueño de casa, solo las hijas, todas hermosas, con esas figuras esbeltas y delicadas   de mucha finura y con ese abolengo alemán  que  se dibujaba por todas partes, con sus cabellos rubios y sus miradas  de ojos bellos en medio de la tez blanca que siempre marcaban sus albas sonrisas, lo que las hacía ser personas únicas,  que marcaban a su estilo una familia muy especial, reservada y silenciosa, pero no por ello  poco comunicativas.

               Y allí entonces el entonces Cabo López, (con los años aprendí que su nombre era Rolando),  pasaba  tardes completas  para tener que volver  a su viaje de retorno, después de su sacrificada “Salida de Franco”, a la agencia de  micros que viajaban a Antofagasta y  después de su misión cumplida,  seguir el viaje de un par de horas seguramente tedioso y largo, pero masticando esas sensaciones propias que da el haber compartido con la grata compañía en la alegría de haber vivido un par de horas de expresiones de sano amor y conversa. Valía  la pena todos los esfuerzos.

 

              Cuando decidí hacer de mi vida un servicio a la patria a través del Ejército y conocer después de largos años de preparación y entrenamiento,  fui destinado al regimiento de Infantería N° 7 “Esmeralda”, donde conocí a un  “viejo” Suboficial Mayor, ya en época de retiro, pero destacado todo el tiempo como un  eximio atleta de la ciudad, ganador de muchas competencias de atletismo el cual visitaba periódicamente la Unidad, en especial en los días de celebración de efemérides militares , de las cuales nunca dejó de estar presente,  en especial aquellas  de vísperas del 7 de Junio, donde  en una vigilia previa de compartir en amistad, con cantos y camaradería, esperábamos el amanecer, para celebrar  los héroes de la gesta del Asalto y toma del Morro de Arica y luego, al retirarnos  pasada la medianoche, estar dispuestos a dormir muy poco pues al amanecer del 7 de Junio, nuestra presencia era vital y fundamental para despertar y saludar con  salvas y  sincero afecto en las distintas Compañías, a nuestros aguerridos soldados que  quizás nunca les hablaron de la historia  pero que fueron descubriendo a través de estos actos desde el amanecer hasta el mediodía, los momentos álgidos del combate de Arica y  las consecuencias  que hicieron vencer ese bastión inexpugnable valientemente defendido, pero también valientemente  tomado en 55 minutos,  con lo cual Chile escribió la historia del triunfo de este acto  inmortal, pero que también  recuerdan nuestros hermanos peruanos con unción y respeto, la vida de sus soldados, celebrando ellos su “Día de la bandera”. Hoy solo recordamos   estos parajes de la historia consumada y  respetando ambos los destinos de  esos desencuentros.

              Para no dispararnos al tema de la cruenta guerra,   compartí entonces muchas ocasiones con ese soldado,  a la sazón  Suboficial Mayor en Retiro y cuya fotografía   teníamos en la Galería de los Suboficiales Mayores en retiro del Regimiento. El SOM o don Rolando López Alamos, aunque su rostro me parecía conocido,  no lograba encajarlo bien en el rompecabezas de mis recuerdos.

              Una tarde  en las que tuve que llevarle un invitación a su domicilio particular,  por allí por los callejones y recovecos de la población “Corvallis”,  encontré  entonces  a su esposa, la que me recibió muy amablemente para recibir la invitación y pronto él mismo, después de dejar sus trotes y gimnasias diarias  que realizaba sagradamente en su hogar cada día,  recordé entonces al apuesto soldado y la bella dama a quienes vi en mi infancia lejana  en esas largas tardes de  sonrisas y pololeo cercanos, frente a mi propia casa,  y descubriendo el asombroso parecido de ella  con su Matriarca,  la  madre de los Siempsen que conocí en l oficina María Elena.

              Así que  después de aquello, nuestros lazos de amistad se fortalecieron y siempre hubo alguna otra oportunidad para recordar  esas vivencias personales, aunque nunca le dije que  yo divisaba por la ventana al  soldado vestido con sus mejores galas ,  haciendo trabajos tácticos de acercamiento a su amada novia,  y con quienes nos unieron lazos de una hermosa amistad, sin ser muy asiduos a visitarnos, pero que son y fueron  para mis recuerdos bellas personas,  las cuales por supuesto, ya descansan en paz.

              A través de esa notas publicadas en  la Corporación de Vivencias Pampinas, encontré esta  foto que recuerda su matrimonio en Maria Elena. No tengo certezas del año, pero allí encontré a ese soldado y su amada novia  a quienes recuerdo hoy con cariño y  quise compartir esta historia sencilla con ustedes,  por si alguna vez divisan algún nieto o familiar y le compartan este “cuento corto” de un  miércoles 20 de Mayo de 2026,  en que estamos en la previa espiritual para recordar a nuestros héroes navales del Combate Naval de Iquique.

              Buenas noches.

Página de la Revista "Pampa" Publicada por la Corporación de Vivencias Pampinas.












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