sábado, 24 de abril de 2021

"PILOTO"

 


           Esta simple historia, guardada en los recuerdos de nuestros tiempos de estudiantes “Carrunchos”, se desarrolló en lo que todos conocimos como la “Planta Piloto”, muy hacia el linde  norte de los terrenos de lo que era la Universidad Técnica del Estado.

            Esa “Planta”, era una muestra práctica y didáctica de los procesos mineros de producción y  fue de gran aporte para la educación y enseñanza de muchas generaciones de “Mineros”, en el ex Grado de Técnicos Profesionales y posteriormente en la misma Universidad Técnica del Estado, que entregó a la industria mucha mano de obra calificada y  de gran servicio para el progreso de las salitreras y la industria minera en general.

            Muchos buenos maestros, profesionales en el arte de educar, hombres prácticos que no aprendieron su “oficio” de minero en las aulas elegantes, sino que en el terreno con olor a tierra y barro  y  en el polvo mismo de la minería, es decir  “donde las papas queman”, y que formaron ese selecto grupo de profesores  que  entregaron sus conocimientos y vocación al servicio de la educación con gran beneficio para esos jóvenes de ayer, que hicieron carreras  de exitoso servicio en la industria salitrera y en la minería del cobre. Algunos tuvieron la oportunidad de emigrar, buscando mejores horizontes a otros a países, y en todos  fueron desarrollando sus capacidades y entregando sus conocimientos adquiridos  en el desarrollo de esa industria que fue es y será siempre una gran oportunidad  para la zona norte de Chile.

            Para los profesores, fueron tiempos importantes de aprendizaje y  sus enseñanzas fueron siempre resultado de un estudiado sistema de laboratorio que formaban en base al principio de experiencia y conocimiento actualizado de los procesos industriales, logrando excelentes profesionales para la industria. Fue una gran visión la educación técnica de ayer, y nunca debió desaparecer.

            Para cumplir los programas educativos propios de la fase de  técnicos y posteriormente ingeniería,  era necesario como base fundamental,  pasar por talleres de formación como Ajustaje, Carpintería, Fundición, Soldadura, etc, con materias comunes para las especialidades de Electricidad,  Mecánica y Minas.

            Se tejieron allí grandes historias humanas, de amistad, de afectos, de encuentros y hasta de noviazgos, entre tantos jóvenes con ilusiones de un mejor futuro, pero también una especial historia que me tocó vivir en mis inicios como estudiante del querido Grado Técnico Profesional, en los tiempos de don Osvaldo Garcia Garramuño, y/o el recordado  matemático y dirigente deportivo y eximio entrenador de fútbol y alguna vez Coordinador  del Grado de Técnicos, Dn.  Luis Rojo Molina.

            En esa “Planta Piloto” de la minería se crio entre  los  baldes, fierros y torretas de experimentación minera, un quiltro  conocido por esas generaciones como “PILOTO”, en honor a su lugar de nacimiento, el cual se distinguió por su humildad perruna, y por acompañar diariamente a muchos estudiantes de distintas generaciones con su agitada cola de perro alegre,  sin jamás tener la opción de recibir algún título por sus  competencias profesionales en la minería, pero si recibir el Diploma de la Amistad y el Amor de los alumnos, que retroalimentaban su  sencillez  con el cariño, el afecto,  las caricias y hasta los restos de comida  de los mismos maestros  que lo alimentaban y que compartían ese espíritu de esa entonces “Divino Tesoro” de la juventud, generosa y solidaria, y que seguramente  en tantas correrías estudiantiles y  caminatas por esos talleres, sonrieron de tantas locuras de “Piloto” por los talleres.

            Nosotros fuimos de la generación que vio a Piloto ya en sus últimos años de vida. Los más antiguos, saben quizás otras mejores historias, pero  a mí me sorprendía cuando caminaba, ya viejo y cansado, por los patios de la U.T.E., y  hasta entraba por la puerta principal, para echarse a descansar, entre las frescas baldosas  de los escalones, para recibirnos  cada mañana con su mirada ya casi perdida y cansada causándonos alguna compasión a esos jóvenes que llegábamos alegres y llenos de ilusión a educarnos en esas aulas,  que tantas historias guardan entre sus paredes y escaleras de “caracol”.

            Los ambientes de celebración en este tiempo eran de mucha alegría y sano desarrollo, con elección de reinas de belleza y con festivales de música, y encuentros en esas reuniones de jóvenes en las fiestas del casino o en el Salón de Actos. Se desarrollaban en un ambiente que respetaba por sobre todas las cosas la libertad individual, y cada cual podía pensar como quisiera, todos se esforzaban por cumplir su principal desafío de estudios que los llevarían a una mejor calidad de vida, pero no estábamos exentos de las alegrías masivas como las olimpiadas deportivas, en La Serena, en Antofagasta o en los contactos directos con la Escuela de Artes y Oficios de Santiago o de las ciudades donde la U.T.E. tenía sus sedes.

            Las bromas, eran también una interesante acción de muestras de amistad y alegría estudiantil, casi como una ceremonia de “Inicio” a jóvenes que alcanzaban su “madurez”. Se organizaban equipos, sin intención de menospreciar ni denostar, sino con el único afán de celebrar  y recibir a esos nuevos “Carrunchitos”,  y entonces a los “eléctricos”, los pelaban al “cero”, a los mineros les depilaban una ceja,  a otros quizás algunas bromas de mal gusto, pero nunca con mal instinto ni menos con  deseos de ofender su  dignidad e integridad.

            Por allí me acuerdo de un amigo, alumno oriundo de Tocopilla de apellido Reyes, que al intentar cortarle el pelo en esas bromas de inicio de año, le clavaron inocentemente una tijera que casi lo desangró en su tenaz oposición y su rechazo absoluto de estar “pelado”, o de que le cortaran su ceja. Lamentablemente, fue un accidente que sirvió en años posteriores para regular ese tipo de bromas y ya con el tiempo, se respetaban las libertades individuales.

            Un corte a lo “Mohicano”, no era malo. Un “pelado al cero”, te daba “distinción”, y cierta “jerarquía” con una boina negra que lucías con gran orgullo, pues te señalaba notablemente como “iniciado”, en las lides de los “Carrunchos”, y hasta te paseabas a mediodía por la calle Prat para lucirte entre tus amigos y conocidos. Sin duda había algo de vanidad, sanamente humana, y tan necesaria para sentirse importante en esa época en que no somos nada y no tenemos nada, pero nos creemos dueño de todo.

            Esas tradiciones heredadas de la Escuela de Minas y seguidas por nosotros los “Carrunchos”  las siguió, posteriormente, la Universidad Técnica del Estado, la que nunca pudo despegarse de sus orígenes y nacimiento, a pesar de que muchos negarían su  nacimiento desde la más profunda raíz de nuestro pueblo.

 

            En esos tiempos para juntar votos para las candidaturas de las Reinas, grupos de jóvenes se organizaban para sacar de los colegios las preciadas placas de bronce que lucían en sus portadas de entrada, o llegar a medianoche con un vehículo “raptado” a la “rastra”, y al día siguiente presentarse los dueños a “pagar” rescate para fomentar el fondo de las candidaturas, pero sin malas intenciones, y siempre con la alegría de que celebrar era la única meta final del sistema. Nunca hubo daño ni malas intenciones. Eran tiempos distintos, hacer daño no estaba en la mente juvenil de ese entonces.

 

            Una noche de esas previas al 24 de Abril, una camioneta se aculató en el monumento del “León” de la plaza, sierra en mano para cortar las huinchas que afirmaban la hermosa escultura, y esa noche la “fiera” de bronce, con sus sonrientes colmillos, llegó a “dormir” ( o a “custodiar”) la puerta de entrada de la U. T. E. con toda su grandeza y gallardía, haciendo gala de su valor como patrimonio de los antofagastinos, y que tomado del punto de vista de las tradicionales “bromas mechonas”, pasó casi  inadvertida y las autoridades aceptaron su devolución posterior, sin grandes aspavientos ni censuras, con excepción de algunos artículos menores difundidos por la prensa.

            De modo que aquí viene el corolario final de la historia del viejo “Piloto”.

            Esa mañana, acostumbrados a ver a “Piloto” en la entrada, echado y  casi moribundo a sus años, nos sorprendió su ausencia y en su lugar, encontramos al mismísimo y rugiente “León de la Plaza de Armas” de Antofagasta, con toda su  majestuosidad, de su porte elegante,  “bronceado” y  bello como escultura, con un letrero de cartón  pendiente de su cuello que decía:

“PILOTO…. DESPUÉS DE TOMAR KH3”…

..lo que en ese entonces, era como destacar las propiedades de transformación energéticas de ese “mágico” medicamento, y que hoy pudiera ser algo así como la “pastillita azul”, tan de moda.

            Tantas historias.

            Se juntaban los fondos, se entregaban las reliquias de los colegios afectados con  las disculpas correspondientes,  y la fiesta mechona “Carruncha” alcanzaba su máximo cenit en la tradicional fogata con altos niveles de alegría y sana celebración, compartiendo al mismo tiempo los paseos al sector  del “Huáscar”,  con la tradicional “Búsqueda del tesoro” y los “Porotos con Rienda” y empanadas, y así se nos fue esa época  en que nos vimos envueltos en esas inolvidables alegrías de la vida que hoy recordamos con cariño y  nostalgias y que nos obligan a  gritar del corazón y la inmensidad del alma, nuestro recuerdo a nuestra querida Escuela de Minas, a nuestro querido Grado Técnico Profesional y a su  crecimiento posterior que lo consolidó como la  naciente U.T.E.,  y que guarda en sus historias todo un desarrollo de inolvidable crecimiento.

¡Oh Escuela de Minas!, dejad que cantemos, tu vida pasada, tu vida presente, y tu porvenir,  y tu porvenir…”(Himno de la Escuela de Minas….)

  

                               FOTOGRAFÌAS VARIAS















































































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