Esta simple historia, guardada en los recuerdos de nuestros tiempos de estudiantes “Carrunchos”, se desarrolló en lo que todos conocimos como la “Planta Piloto”, muy hacia el linde norte de los terrenos de lo que era la Universidad Técnica del Estado.
Esa “Planta”, era una muestra práctica y didáctica de los
procesos mineros de producción y fue de
gran aporte para la educación y enseñanza de muchas generaciones de “Mineros”,
en el ex Grado de Técnicos Profesionales y posteriormente en la misma Universidad
Técnica del Estado, que entregó a la industria mucha mano de obra calificada
y de gran servicio para el progreso de
las salitreras y la industria minera en general.
Muchos buenos maestros, profesionales en el arte de
educar, hombres prácticos que no aprendieron su “oficio” de minero en las aulas
elegantes, sino que en el terreno con olor a tierra y barro y en
el polvo mismo de la minería, es decir
“donde las papas queman”, y que formaron ese selecto grupo de
profesores que entregaron sus conocimientos y vocación al
servicio de la educación con gran beneficio para esos jóvenes de ayer, que
hicieron carreras de exitoso servicio en
la industria salitrera y en la minería del cobre. Algunos tuvieron la
oportunidad de emigrar, buscando mejores horizontes a otros a países, y en todos fueron desarrollando sus capacidades y entregando
sus conocimientos adquiridos en el
desarrollo de esa industria que fue es y será siempre una gran oportunidad para la zona norte de Chile.
Para los profesores, fueron tiempos importantes de
aprendizaje y sus enseñanzas fueron
siempre resultado de un estudiado sistema de laboratorio que formaban en base
al principio de experiencia y conocimiento actualizado de los procesos
industriales, logrando excelentes profesionales para la industria. Fue una gran
visión la educación técnica de ayer, y nunca debió desaparecer.
Para cumplir los programas educativos propios de la fase
de técnicos y posteriormente ingeniería, era necesario como base fundamental, pasar por talleres de formación como Ajustaje,
Carpintería, Fundición, Soldadura, etc, con materias comunes para las
especialidades de Electricidad, Mecánica
y Minas.
Se tejieron allí grandes historias humanas, de amistad,
de afectos, de encuentros y hasta de noviazgos, entre tantos jóvenes con
ilusiones de un mejor futuro, pero también una especial historia que me tocó
vivir en mis inicios como estudiante del querido Grado Técnico Profesional, en
los tiempos de don Osvaldo Garcia Garramuño, y/o el recordado matemático y dirigente deportivo y eximio
entrenador de fútbol y alguna vez Coordinador
del Grado de Técnicos, Dn. Luis
Rojo Molina.
En esa “Planta Piloto” de la minería se crio entre los
baldes, fierros y torretas de experimentación minera, un quiltro conocido por esas generaciones como “PILOTO”,
en honor a su lugar de nacimiento, el cual se distinguió por su humildad
perruna, y por acompañar diariamente a muchos estudiantes de distintas
generaciones con su agitada cola de perro alegre, sin jamás tener la opción de recibir algún
título por sus competencias
profesionales en la minería, pero si recibir el Diploma de la Amistad y el Amor
de los alumnos, que retroalimentaban su sencillez con el cariño, el afecto, las caricias y hasta los restos de
comida de los mismos maestros que lo alimentaban y que compartían ese
espíritu de esa entonces “Divino Tesoro” de la juventud, generosa y solidaria,
y que seguramente en tantas correrías
estudiantiles y caminatas por esos
talleres, sonrieron de tantas locuras de “Piloto” por los talleres.
Nosotros fuimos de la generación que vio a Piloto ya en
sus últimos años de vida. Los más antiguos, saben quizás otras mejores
historias, pero a mí me sorprendía
cuando caminaba, ya viejo y cansado, por los patios de la U.T.E., y hasta entraba por la puerta principal, para
echarse a descansar, entre las frescas baldosas
de los escalones, para recibirnos
cada mañana con su mirada ya casi perdida y cansada causándonos alguna
compasión a esos jóvenes que llegábamos alegres y llenos de ilusión a educarnos
en esas aulas, que tantas historias
guardan entre sus paredes y escaleras de “caracol”.
Los ambientes de celebración en este tiempo eran de mucha
alegría y sano desarrollo, con elección de reinas de belleza y con festivales
de música, y encuentros en esas reuniones de jóvenes en las fiestas del casino
o en el Salón de Actos. Se desarrollaban en un ambiente que respetaba por sobre
todas las cosas la libertad individual, y cada cual podía pensar como quisiera,
todos se esforzaban por cumplir su principal desafío de estudios que los
llevarían a una mejor calidad de vida, pero no estábamos exentos de las
alegrías masivas como las olimpiadas deportivas, en La Serena, en Antofagasta o
en los contactos directos con la Escuela de Artes y Oficios de Santiago o de
las ciudades donde la U.T.E. tenía sus sedes.
Las bromas, eran también una interesante acción de
muestras de amistad y alegría estudiantil, casi como una ceremonia de “Inicio”
a jóvenes que alcanzaban su “madurez”. Se organizaban equipos, sin intención de
menospreciar ni denostar, sino con el único afán de celebrar y recibir a esos nuevos “Carrunchitos”, y entonces a los “eléctricos”, los pelaban al
“cero”, a los mineros les depilaban una ceja,
a otros quizás algunas bromas de mal gusto, pero nunca con mal instinto
ni menos con deseos de ofender su dignidad e integridad.
Por allí me acuerdo de un amigo, alumno oriundo de
Tocopilla de apellido Reyes, que al intentar cortarle el pelo en esas bromas de
inicio de año, le clavaron inocentemente una tijera que casi lo desangró en su
tenaz oposición y su rechazo absoluto de estar “pelado”, o de que le cortaran
su ceja. Lamentablemente, fue un accidente que sirvió en años posteriores para
regular ese tipo de bromas y ya con el tiempo, se respetaban las libertades
individuales.
Un corte a lo “Mohicano”, no era malo. Un “pelado al
cero”, te daba “distinción”, y cierta “jerarquía” con una boina negra que
lucías con gran orgullo, pues te señalaba notablemente como “iniciado”, en las
lides de los “Carrunchos”, y hasta te paseabas a mediodía por la calle Prat
para lucirte entre tus amigos y conocidos. Sin duda había algo de vanidad,
sanamente humana, y tan necesaria para sentirse importante en esa época en que no
somos nada y no tenemos nada, pero nos creemos dueño de todo.
Esas tradiciones heredadas de la Escuela de Minas y
seguidas por nosotros los “Carrunchos” las siguió, posteriormente, la Universidad
Técnica del Estado, la que nunca pudo despegarse de sus orígenes y nacimiento,
a pesar de que muchos negarían su
nacimiento desde la más profunda raíz de nuestro pueblo.
En esos tiempos para juntar votos para las candidaturas
de las Reinas, grupos de jóvenes se organizaban para sacar de los colegios las
preciadas placas de bronce que lucían en sus portadas de entrada, o llegar a
medianoche con un vehículo “raptado” a la “rastra”, y al día siguiente
presentarse los dueños a “pagar” rescate para fomentar el fondo de las candidaturas,
pero sin malas intenciones, y siempre con la alegría de que celebrar era la
única meta final del sistema. Nunca hubo daño ni malas intenciones. Eran
tiempos distintos, hacer daño no estaba en la mente juvenil de ese entonces.
Una noche de esas previas al 24 de Abril, una camioneta
se aculató en el monumento del “León” de la plaza, sierra en mano para cortar
las huinchas que afirmaban la hermosa escultura, y esa noche la “fiera” de
bronce, con sus sonrientes colmillos, llegó a “dormir” ( o a “custodiar”) la
puerta de entrada de la U. T. E. con toda su grandeza y gallardía, haciendo
gala de su valor como patrimonio de los antofagastinos, y que tomado del punto
de vista de las tradicionales “bromas mechonas”, pasó casi inadvertida y las autoridades aceptaron su
devolución posterior, sin grandes aspavientos ni censuras, con excepción de
algunos artículos menores difundidos por la prensa.
De modo que aquí viene el corolario final de la historia
del viejo “Piloto”.
Esa mañana, acostumbrados a ver a “Piloto” en la entrada,
echado y casi moribundo a sus años, nos
sorprendió su ausencia y en su lugar, encontramos al mismísimo y rugiente “León
de la Plaza de Armas” de Antofagasta, con toda su majestuosidad, de su porte elegante, “bronceado” y
bello como escultura, con un letrero de cartón pendiente de su cuello que decía:
“PILOTO….
DESPUÉS DE TOMAR KH3”…
..lo que en ese
entonces, era como destacar las propiedades de transformación energéticas de
ese “mágico” medicamento, y que hoy pudiera ser algo así como la “pastillita
azul”, tan de moda.
Tantas historias.
Se juntaban los fondos, se entregaban las reliquias de los
colegios afectados con las disculpas
correspondientes, y la fiesta mechona
“Carruncha” alcanzaba su máximo cenit en la tradicional fogata con altos
niveles de alegría y sana celebración, compartiendo al mismo tiempo los paseos
al sector del “Huáscar”, con la tradicional “Búsqueda del tesoro” y
los “Porotos con Rienda” y empanadas, y así se nos fue esa época en que nos vimos envueltos en esas
inolvidables alegrías de la vida que hoy recordamos con cariño y nostalgias y que nos obligan a gritar del corazón y la inmensidad del alma,
nuestro recuerdo a nuestra querida Escuela de Minas, a nuestro querido Grado
Técnico Profesional y a su crecimiento posterior
que lo consolidó como la naciente U.T.E., y que guarda en sus historias todo un
desarrollo de inolvidable crecimiento.
¡Oh Escuela de
Minas!, dejad que cantemos, tu vida pasada, tu vida presente, y tu
porvenir, y tu porvenir…”(Himno de la
Escuela de Minas….)
FOTOGRAFÌAS VARIAS










































































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