Mi querido amigo, camarada y, superior jerárquico. (Así es como nos tratamos en nuestra humilde "Vida Militar"). Hace días que contemplo tu foto en mis archivos, y no sé cómo expresarte la gratitud por esos tiempos "profesionales" muy intensos y llenos de desafíos, no exentos de temores, pero también con sueños e ilusiones, pero sobretodo de esperanzas, con una "agenda" (como dicen tanto hoy) de trabajo permanente e interminable, que no nos permitía, muchas veces, darnos al justo descanso o al compartir con la familia, por cuanto siempre, (PERO SIEMPRE) hay cosas que se nos han acumulado en esos silenciosos y abultados cajones de escritorio, como si fuera solamente importante vivir sólo el "hoy", cantando muchas veces esa canción , "casi militar": "La noche es larga no quiero que estés triste", porque tras de esa ironía del tango hermoso los "jefes" nos decían, justo en la hora del "buenas noches" o el "hasta mañana", que no importaba amanecerse, por que el trabajo infatigable debía estar mágicamente listo para la firma "a primera hora" de la próxima mañana, lo que nos obligaba a dejar las horas del sueño postergadas para una nueva vuelta del sol por la comba del cielo, y sonrientes y sin olvidar que nuestro trabajo es vocación del alma, continuar escuchando el tic tac de los relojes, en esas largas horas de trabajo, que compartimos tan cercanamente de oficina a oficina. No sé porqué Dios te eligió a ti para su corte celestial. Era mi obligación y tú debías quedarte esa mañana en el cuartel. Ya sabes. Mi inesperada operación de urgencia, de esa hernia que me hizo tanto sufrir y que impedía y limitaba mi voluntad de servicio, lo que me obligó a quedarme anclado en cama y posteriormente en esa necesaria rehabilitación. Era mi tarea, pero tú quisiste estar allí, siempre valiente, responsable y sirviendo "donde las papa queman", sin temor, al contrario, con esa alegría, y con ese espíritu tan de héroe y soldado, que te hacía siempre estar dispuesto a servir en cualquier situación y circunstancia, lo que sin duda es como nuestra moral mística, adquirida en los años del sagrado cumplimiento del deber. La gente que no conoce ese valor espiritual de la carrera de las armas, y que es como la religiosidad militar por excelencia, no sabe de nuestra mutua generosidad, de la lealtad sincera, del afecto, del compromiso, del valor del amor expresado siempre en nuestro diario actuar sobre todo con nuestros soldados que son nuestro prójimo , encontrando en las circunstancias de la vida , cientos de camaradas, heridos u olvidados, que siempre requieren de ese "buen Samaritano" que nos habla Jesús en su Evangelio, y que nos obliga en muchas circunstancias, entregarnos el todo por el todo en la causa de Chile, que es el norte de la brújula, y que nos lleva al azimut 6.400, cual es el estar dispuesto a dejar la familia y todo lo que amamos, en cualquier momento y circunstancia, por que jurar en vano, sabemos que es pecado, y en el juramento de "Hasta Rendir la Vida si fuese Necesario". no hay nunca dudas. Lo de aquella mañana, fue doloroso, no quiero entrar el detalle de la tragedia, porque hubo muchas, pero muchas situaciones que debimos enfrentar, pero más que eso, la larga procesión del sufrimiento de la vida, esa procesión que queda eterna en nuestra almas y en nuestros corazones, porque nos acompaña y no nos dejará hasta el final, en ese encuentro que ya el Supremo tiene programado, y que afectará a la familia, los hijos, los nietos, y que en tu caso fue impactante y doloroso, sobretodo cuando se inicia esa marcha obligada, en forma tan abrupta e impensadamente a esa otra dimensión, no tan desconocida para quienes hemos bordeado esos senderos, sintiendo tantas vece el hielo de la muerte. Sigo contemplando tu recuerdo, en una imagen que es sólo eso, pero que evoca lo que fuiste, un orgulloso soldado del Ejército de Chile, donde hiciste vida tu propia vocación y donde siempre estuviste "FURIOSO" de energía, de fuerza, de cariño y dispuesto a todo, incluso a esa marcha que no esperábamos vivir. Por respeto a quienes se fueron contigo, el CB1 Jara, los que quedaron gravemente heridos y que nos hicieron mejores cristianos, implorando a Dios por sus vidas, no quiero seguir ese relato, porque se me nubla el alma, y porque mereces ese eterno descanso, pero no puedo dejar de estrecharte, a nombre de tus camaradas, de tus amigos y en mi caso de tu subalterno, porque sembraste en nuestras vidas, esa semilla de amar lo que somos o lo que fuimos, de servir sin descanso, de estar en todo poco tiempo disponible acompañando a la familia, así nos significara largas noches sin dormir por ese interminable rollo que cada cual debe escribir, y siendo ejemplo para los que hoy marchan con tanta esperanza por esos mismos caminos del desierto, y tras cada cual también hay familias, hijos y sueños. Otro día seguiré recordando tu historia, o nuestra historia. No sé si injustamente sigo acá, porque eras tú o yo el elegido, y siendo yo el que ve cada día el sol, es así que cada día con sus primeros rayos, te recuerdo a la distancia, mi querido amigo, superior y camarada, que seguro estarás organizando alguna actividad junto a muchos que se fueron a ese lugar reservado allá en el cielo.
sábado, 23 de agosto de 2025
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