domingo, 26 de diciembre de 2021

Un gran líder y comandante, marcha por las arenas celestiales… …..

 


                Las personas que, por esas circunstancias del destino “pasan” por nuestras vidas y se entrecruzan en los  senderos en los cuales nos encontramos en distintas etapas de nuestro crecimiento, van dejando huellas que se tornan  imborrables con el paso de los años, y son los pequeños detalles con que las recordamos y con los cuales valoramos  su grandeza personal  , guardando siempre sus pequeños  gestos propios de su personalidad,  encanto,  humanidad y  su compromiso con el trabajo que hemos ejercido en conjunto, en especial cuando hemos estado empeñados en tareas  y desafíos que parecieran ser tan simples, pero que requieren más que el conocimiento o la capacidad de decisión, un gran sentido de vocación e inconmensurable  amor a una justa causa, que  parece ser la gran y única razón para justificar nuestras breve existencia por este corto paseo de aprendizaje  llamado vida y de la cual nos quedamos cuando menos lo pensamos, de pronto detenidos en cualquier estación del tiempo, sin saber jamás cual “será el día y la hora”.

               

                Hoy nos comunican con esa sorpresiva nota que hiela el alma,  la partida de uno de los grandes, uno de los nuestros, uno que estuvo en las duras y en las maduras, en las grandes tareas educativas tan propias de la formación militar por excelencia, el comandante,  el profesor, el  guía, el amigo el orientador, el que da el ejemplo,  y asume sobre sus hombros todo el peso de las responsabilidades que se deben enfrentar en cada uno de los casi siempre difíciles desafíos de la profesión noble de las armas y en las cuales  se aplican en forma natural todas las  bondades del arte de mandar.

                Don Roberto  Ziegele Kerber, el  soldado que  pasó por esta vida haciendo el bien, y  que coronó su carrera al servicio del Ejército como General de la República, con sencillez, humildad, profesionalismo, gran capacidad  y convicción, y que por sus condiciones de líder natural  fue escalando cada una de las gradas de las  difíciles etapas que son siempre  distintas acordes a la época, circunstancias  y desafíos propios del “ser militar”,  con riesgos permanentes y renuncias muchas veces a la familia por el cumplimiento del deber,   podemos decir, los que tuvimos la suerte de compartir con él, que era un hombre de gran sentido del humor,  alegre  y cordial y  desde su puesto de comandante siempre tener la visión de servir  con gran profesionalismo y capacidad.

 

                Fue fundamental su entereza y profesionalismo en los tiempos de la  consolidación de lo que fue el Regimiento  Reforzado Nº 20 “La Concepción”, que fusionó inicialmente las Unidades de la I División de Ejército y ya en la etapa madura de su corta existencia, dar paso a la creación de una Unidad moderna, como lo fue  la 3ra. Brigada Acorazada “La Concepción”, donde el  entonces coronel Ziegele desplegó muchas de sus capacidades, para cumplir cabalmente la idea del Alto Mando, y con su servicio entregar  una nueva Unidad,  dando paso a la definitiva  modernización institucional siendo el último Comandante del Regimiento Reforzado Nº 20 La Concepción” por lo cual no fue fácil  enfrentar los tan necesarios cambios, las necesidades del personal, la construcción de  alojamientos y reconstrucción de dependencias para servir a una Unidad única,  la que además requería  impregnarla de una mística y espíritu de cuerpo común para todos quienes la conformaron, empleando acciones de mejoras de infraestructura administrativa y  dando mucha importancia al tema de educación de los soldados conscriptos que junto con cumplir su servicio militar, recibían  herramientas de educción escolar y laboral en todo momento.

                               En lo personal, un gran impacto sufrido en nuestras vidas, cuando  la columna que se trasladaba a los ejercicios militares programados para el tiempo de maniobras, sufrió un accidente con resultado de muerte de su Ayudante circunstancial el SOM. Guillermo Farías Vilches  y el CB2 Pedro Jara Morales, quedando él en ese entonces, en muy delicadas condiciones,  al igual que su cabo conductor. Esperamos en aquella oportunidad acongojados y suplicantes por los fallecidos y por la vida de ambos sobrevivientes, en los pasillos del  Hospital Militar de Antofagasta su llegada en ambulancia, y lo vimos entrar en camilla con una urgente diligencia del personal de salud del recinto asistencial  ingresándolo al Pabellón de operaciones con su mirada de serenidad y tranquilidad,  dándonos en medio de su dolor, una confiada y afectuosa sonrisa, saliendo de esa crisis de salud con muchas horas de larga y  dolorosa recuperación, sin dejar de mantener sus preocupaciones en los temas del mando de la Unidad, llevando cada día de su recuperación la documentación más inmediata  a su propio lecho de enfermo, sin dejar jamás de sonreír y  mantenerse incólume frente a tanto dolor en medio de su lenta recuperación y conservando esa especial característica del hombre: su sentido del humor.

                 Fueron las más difíciles etapas que tuvo que enfrentar, pero allí estaba también serena y fiel, preocupada pero llena de fe y confianza  su querida  esposa Milenka,  que se llevó todo el peso emocional  con  parte de sus hijos pequeños, y muy  valiente, casi  una heroína silenciosa, tener que cumplir el rol social de mantener los lazos de las comunicaciones y entregar  voces de esperanza y gratitud a todo ese gran mundo de voluntades que querían saber de su estado  de salud.

                 Dicen que los  comandantes en su mandos no tienen armas, pues sirven a todos por igual, pero  el corazón del coronel Ziegele estaba puesto allí, en sus amados tanques, aunque en una salida a terreno, en sus primeros años de mando,  recibió el bautismo de fuego  de los discípulos de  Santa Bárbara, disparando una potente pieza de Artillería, y como corolario de su bautismo, obedeciendo a la “tradición” del arma,  arrastrarse a punta y codo con  alma de niño alegre  entre los trípodes aun empolvados y  ardientes de la pieza, y bebiendo esa “chupilca” de vino generoso en la vainilla aún tibia del proyectil artillero.

                 Son tantos recuerdos, de quien tuvo la suerte de trabajar muy directamente con este honesto hombre de armas,  leal y fiel a sus principios,  obediente y disciplinado,  lo que le permitió años posteriores, después de su gran y ardua labor, alcanzar  las presillas  de pecho espalda, como le decimos en la jerga militar, de un  sencillo pero  gran general de la república, al que no le encandilaba ninguna luz de vanidad o soberbia, sino todo lo contrario,  mientras más alto el rango, mayor su voluntad y deseo de servir con humildad, calidad y calidez.

                 Su casa,  su hogar, el lugar de su intimidad familiar, donde  está  el espacio de la familia y de los hijos, se abrió siempre de par en par sus puertas para acoger con cariño y  serenidad, a sus  subalternos de todos los rangos.

                 En esas  etapas de un  fin de año, en algún momento, antes de tener que cumplir los plazos de su tiempo de mando, junto a su esposa,  reunió a su personal, a los que estábamos siempre  allí en el silencio y apoyo del servicio, y con su dulce y sonriente Milenka nos ofreció una mañana  navideña de regalos, tan simples como su alma, pero llenos de un sincero sentimiento de gratitud, porque los hombres buenos, no se envanecen, sino que se hacen más grandes cuando agradecen y   para todos “servir” es el mejor factor de unión de un común principios de amor a Chile, su patria, sus sagrados símbolos y su sacra historia.

                 No  quisiera extenderme en mayores detalles. Sé que  podría escribir muchas carillas más con estos recuerdos: Su apoyo a los operativos de ayuda solidaria al Hogar “Don Orione”, al traslado de viviendas en los campamentos de la periferia sur de la ciudad, las Exposiciones militares con visitas de público masivo a la Unidad, participación de los organismos culturales en los concursos  el “Ejército de todos los Chilenos”, su apertura a todas las organizaciones civiles y reservistas del Regimiento y siempre  encabezando las columnas con su equipo y mochila para cumplir como uno más las “habilidades guerreras”.

                 No hace muchos días o semanas atrás, buscando en mis archivos militares de recuerdo,  logré reunir algunas de sus fotos, y tuve el gusto de compartirlas directamente con él por las vías  de la red digital, sin duda que como un  recuerdo, con su familia, con sus  hijos, sus momentos más significativos, recibiendo su mensaje de gratitud por evocar esos momentos tan importantes de su vida.

                 No esperaba recibir esta noticia infausta, recién me entero de algunas dolencias  o debilidades en su salud, las cuales, en las breves conversas y mensajes no tuve la oportunidad de vislumbrar.

                 Hoy he leído conceptuosos saludos a su esposa en las redes sociales, con motivo de su partida, brindándole el apoyo, la amistad sincera y el reconocimiento a este ilustre comandante, en especial de quienes fueron oficiales y suboficiales  subalternos, que lidiaron con él en las grandes tareas y responsabilidades,  haciendo de este dolor tan personal y familiar, una causa común de unión de sentimientos, en el cual todos unidos como en nuestros mejores años, queremos también brindar este homenaje de paz, de gratitud, de reconocimiento a un gran hombre, el coronel o General Roberto Ziegele Kerber ( Q.E.P.D.), que  se quedará  rondando por nuestras mentes y corazones por un indeterminado tiempo, porque las personas que nos han marcado en la vida por su sencillez, su trato cordial y ecuánime,  sin duda que se quedan vivas entre nosotros hasta el final de nuestros propios tiempos.

                     Descanse en paz mi Coronel.

 

                                                  Antofagasta 26 de Diciembre de 2021

 SOM. Carlos Garcia Banda.













































Resultado de la difusiòn de esta nota y  saludos de condolencias a la familia de mi General:

(Publicación en mi muro personal…)

Marcelo Navarrete Díaz

Muy lamentable noticia, él desfiló al mando del batallón esmeralda,en la parada militar,del parque O 'higgins,del año 2009.

Anita Olivares

Sin duda, ya está comandando a los mejores en el cielo.

Marcelo Navarrete Díaz

Y aprovecho de saludar a su persona, deseándole un muy feliz cumpleaños,que lo pase muy bien junto a los suyos, un gran abrazo,y que este nuevo año sea muy bueno en todo sentido de la palabra, muchas felicidades mi SOM.

Magali Concha Milla

Muy bellas palabras Carlos ......y que lamentable noticia...

Alejandro Palma Soto

Muy hermoso reconocimiento a un gran Comandante, que descanse en paz.

Guillermo Del Castillo

Estimado Carlos, gracias por ese hermoso, detallado, claro y preciso relato de lo que fuera en vida el querido y recordado Roberto. Guardo de él mis mejores recuerdos, cuyos detalles están muy bien escritos por tu fina pluma. Vaya para Mimí e hijos nuestras más sentidas condolencias, con la seguridad que el Señor se ha llevado a uno de los grandes hombres.

Jorge Aguirre Sanchez

Una pena, se nos fue un gran hombre y un excelente líder, descance en paz

Valfryde Sandro

Hoy ya forma parte de las tripulaciones blindadas en el cielo descanse en paz mi estimado Dragón

Katherine Jeannette Olguin Igor

Horrible noticia mi SOM. El día de ayer supe de esto y hasta ahora no lo creo, solo decir que fue un hombre grande que dejo marcas en el corazón de muchos que trabajamos con él, que Dios lo reciba en su Santo Reino!!!

 Rodrigo Alejandro López Soto

Gran despedida para un gran Soldado.

Guido Alejandro Rodriguez Tapia

Mis condolencias

Tomas Gortazar de Reyna

Q.E.P.D

Manuel Leonidas Acuña Lara

Carlos Garcia Banda , me adhiero a tus palabras, creo que todo lo que has dicho es la pura y santa verdad, solo decir la inmensa pena que nos invadió el día del accidente en Portezuelo, alegría saber de su recuperación y ahora la nefasta noticia de su partida Dios lo guarde en su santo reino mi Gral., solo se nos adelantó, descanse en paz.…

Pablo Muller Barberia

Mi estimado SOM muchas gracias por el hermoso recuerdo de una gran persona

Claudio Aedo Villar

Un Gran Soldado, y amigo QEPD

Maritza Georgina Aguilera Barraza

Que hermoso RECONOCIMIENTO AMIGO BELLO A ESTA GRAN PERSONA QUE FUE TU AMIGO...Y TUVE EL GUSTO DE CONOCER...!!! UNA GRAN PERSONA AMIGO ESTIMADO !!! MIS CONDOLENCIAS A SU ESPOSA Y FAMILIA Y A TI ....AMIGUITO BELLO POR TODO LO QUE LE QUERIAS Y APRECIABAS. UN MENTOR EN TU VIDA MILITAR AMIGO...!!! ABRAZOS A LA DISTANCIA ESTIMADO Carlos Garcia Banda.

Iturra Flores Daniel Braulio

Gran jefe, excelente persona que el señor lo tenga en su Santo Reino mi General. Se junto con mi SOM Farías.

Mis condolencias para la familia y Fuerza 💪....!!!

Marcelo Hernan Rauld Henriquez

Grandes palabras, para un grande, Descansa en paz mi recordado amigo y General.

Fidel Alvarez

Que descanse en la paz del Señor.

Juan Mendez Fuentealba

Emocionantes y merecidas palabras para una gran persona y militar, mis condolencias para su familia.

Benjamin Alberto Fernandez del Rio

DEP

 

Jorge Burmeister Tapia

Que gran hombre y amigo

María Soledad Mella Ramírez

Que emotivas y hermosas palabras, sin duda muy merecidas.

Q.E.P.D.


Reenviado por mi General Enrique Slater a sus grupos de Twiter:

(Se adjunta la nota)

Remito el homenaje del SOM. Carlos García Banda, al GDB. Roberto Siegele Kerber.                     Un ejemplo de reconocimiento y lealtad, de un gran SOM., a un gran general.


 

 


LA VIDA...SIMPLEMENTE

 

La vida….simplemente…

                Por esas cosas propias de la edad, y porque los años no pasan en vano, a todos nos suele ocurrir sentir que se van acumulando como fango pegajoso o sarro que se adhiere  en los escondrijos de la mente,  los más diversos recuerdos e historias personales , que permanecen silenciosas y pareciera que nadie pudiera haberlas vivido como nosotros, por cuanto son de nuestro acervo personal y  constituyen nuestro gran bagaje de lo que podemos conservar tan nuestro y  que tienen o no un especial significado  para nuestras propia existencia, como para la gratitud de esa etapa adquirida con los años y que después de vivirlas la llamamos experiencia.

                Cuando queremos recordar, basta un aroma, una canción, una palabra o cualquier elemento externo que gatille ese rápido encendido de “mecha corta” a la memoria, para que en pocos segundos estemos rebobinando el disco duro y sintiendo nuevamente esas emociones que creíamos dormidas y llenarnos de esos sentimientos que causaron en un momento u otro alguna emoción personal, profesional,  del servicio, o familiar.

                Nuestros recuerdos militares sobretodo, están inmersos en distintos escenarios, y todos  tenemos una memoria personal o colectiva que nos permiten sentirnos que estuvimos juntos compartiendo tal o cual emoción; Así entonces recordamos las campañas, la Compañía, la formación, la guardia, los amigos y sus personalidades tan distintas  y tantas cosas  que  otros también vivieron y que nos hacen sentirnos unidos en las grandes alegrías y también en las personales tristezas, en especial en estas fechas  en que alguna vez debimos pasar una navidad o una fiesta de fin de año, apostados en un punto  cualquiera de la guardia o de la noche en la frontera y  sentir en la bulla y la algarabía lejana  el sentimiento de encontrarse tan solos y  sabiendo que  tras nuestro sacrificio  se cumplía entonces con un sagrado deber, y eso pasa más que nada con los soldados de nuestro tiempo,  que dejaron muchas horas de juventud y sueños en esas interminables horas del servicio,  que afectó también a todos los escalones del mando en alguna u otra oportunidad.

                Entre esos recuerdos,  tuve hoy la alegría de contactarme con un soldado  conscripto:  Manuel Antonio Rivera, (alias el “Duarte” chico), por haber trabajado en ese entonces con el extinto SOF Adolfo Duarte Cerda,(Q.E.P.D.), recordando a  un  sencillo hombre de armas, un soldado conscripto de mi tiempo,  que cumplió su Servicio Militar en el Regimiento y del cual me referiré, con mucho agrado y emocionado también por su forma y experiencia de vida,  en estas próximas líneas.

                Aparte de los recuerdos que nos unen desde esos tiempos, y yo  de no  haber trabajado directamente con él, salió a la conversa con Manuel Rivera,  el tal “TORO POZO”, que tal vez muchos de ustedes recuerden con mejor memoria.

                Para mí, sin duda, fue una historia  sencilla y simple. Pero que como amante  de las cosas de nuestro Regimiento (y así como ustedes también tienen gratos momentos de sus propios  recuerdos), se me vino entonces a la memoria ese apellido: “TORO POZO”, y como mi mente aún mantiene esos óxidos del olvido, (el bien conocido “OXIPIC”, lenguaje empleado por los “Armeros” cuando nos revistaban las armas), y por pura curiosidad,  decidí entonces   llamar a Ovalle  y enlazar los detalles de este  tema con el Sr.  RUBÉN TORO POZO, para recordar sus tiempos de soldado.

                Me encontré entonces con un agradable ex soldado,  respetable  ciudadano y ejemplar reservista,  padre de cuatro hijos,  y un hombre dedicado entre otras cosas, a cultivar la disciplina deportiva del ciclismo, y en ese breve conversar, y presentarme  como corresponde a un caballero que inicia una conversa,  vino ese mágico “click” que les contaba al inicio de esta nota, afectando directamente al “disco duro”, y entonces,  se me llenó la cabeza de recuerdos y ¡Claro! ¡¡Rubén Toro Pozo!!,  el soldado que me ayudó a pintar unas letras en el frontis de la entrada del cuartel con los versos del himno  “ADIÓS AL SÉPTIMO DE LÍNEA”; el que estuvo cumpliendo su Servicio Militar  en los tiempos de mando del  coronel Jorge Romero Campos y que en ese entonces, el joven conscripto Rubén Toro, era un joven adolescente, servicial y entusiasta, humilde y de corazón grande y bueno. Alguna vez, lo recordamos en nuestra charla amena, en un fin de semana, me ayudó con un foco de iluminación en mano, y  con tenida “de corbata”,  a filmar un matrimonio de un familiar del entonces Teniente Ly, el odontólogo de la Unidad,  trabajando entusiastas en conseguir las mejores imágenes  de ese evento personal y familiar, al cual concurrimos como todas nuestras actividades extras de fin de semana cuando había disponibilidad, en forma “voluntaria”, habiendo tenido también la oportunidad en ese entonces de ser “considerados”, después del trabajo, aunque haya sido en el rincón de la cocina,  con  esa deliciosa cena, paseándose por nuestras narices los mejore  aromas y ricos manjares de los expertos de cocina  “china” preparados para la ocasión con tanta dedicación y siendo agasajados  también por ese evento del cual solo teníamos la misión de guardar las imágenes de una sencilla filmación en esas cámaras de Video 8, populares en ese entonces, y cumplir de la mejor forma nuestro cometido.

¡¡Tantas cosas que afloran en las conversas!! Y nos permiten reírnos  en esa corta y grata conversa telefónica, suficientemente contundente para que afloraran frescos nuestros recuerdos, que salieron luminosos y empapados de sonrisas de los oscuros rincones del pasado.

                Este “Toro Pozo”, ustedes “Esmeraldinos” de ese tiempo,  lo deben recordar muy bien, pues era un hombre de una especial personalidad, silenciosa, amable  y  servicial, pequeño pero grande de corazón y voluntad,  y que alguna vez reemplazó a Juanito Solís, en su trabajo de  peluquero “oficial” de la Unidad.

                A propósito de ello,  “Toro Pozo”, se inició en el  tan necesario  oficio de peluquero “militar”, primeramente con los soldados de su Compañía de Plana Mayor,  luego fue dándose a conocer por su  sencillez y óptimo servicio, haciendo ya, por la confianza que entregaba con su trabajo, algunos  reemplazos exclusivos para el personal  de Planta , y ganándose el aprecio, afecto y cariño de sus amigos, camaradas, superiores, e instructores, sirviendo definitivamente, aparte de sus funciones como miembro de su Compañía,  como peluquero del personal del Regimiento, en ese rincón característico, ubicado  “atrás” de la Guardia de nuestro recordado Cuartel, efectuando el corte de tantas cabellos, y participando silenciosamente,  para no abandonar su serio trabajo,  de las  amenas  conversas y  meticulosas “desvelladas” que se efectúan en esa peluquería militar, acumulando en cada jornada de día de trabajo, (y a veces en las grandes actividades de formaciones, donde el corte militar es obligatorio y producto de duras sanciones,) permaneciendo de pie junto a sus máquinas que ya “arden” hasta más de 24 hrs. para dar abasto a la demanda, y reuniendo esos esponjosos cojines de cabellos rasurados, arrastrados con  esas maniobras de  palas y escobas, que llenaron muchas veces el basurero militar de la peluquería,  que en las labores de higiene del final del día, se incineraban con los papeles viejos en un fogón circunstancial en  la cantera.

                Y entonces seguimos recordando en nuestra charla telefónica, con Toro Pozo y me decía también como yo, emocionado: - “Mi” cabo Garcia. ¡Claro que me acuerdo de usted!   Y también para él, salieron a flote sus más frescos recuerdos, y  entonces descubrí que  ese humilde,  servicial, esforzado, querido, respetado, y  soldado “ejemplar”, que llegó con 8vo básico de escolaridad al Regimiento, como parte de ese contingente tan siempre bienvenido  y considerado como de gran eficiencia, como lo ha sido por muchos años el contingente de Ovalle,  y sin desmerecer el de otras ciudades a quienes hemos tenido el gusto de conocer, incluyendo en ellos al contingente de Antofagasta, de Puerto Montt, de Lautaro, de las pampas salitreras, de Tocopilla y Calama y otros,  (siempre serviciales, buenos para el trabajo y comprometidos con el deber), que me refrescó la  memoria, y a quién nunca pensé ver o contactar, me reiteraba su gratitud al Ejército y  me decía: - “Yo, al igual que muchos soldados que pasan por el Ejército, soy un muy agradecido ciudadano  de mi “Servicio Militar”, y sobretodo de mi Regimiento “Esmeralda”, pues allí aprendí este oficio de peluquero que me permitió formar una familia, criar a  cuatro hijos, tener mi casa, mi auto,  educar a mis hijos, entre ellos mi niña mayor  que es toda una ingeniero  que trabaja en faenas mineras  en Calama, y  gracias eso tener desde hace muchos años mi “propia” peluquería en este Ovalle tan hermoso, tan acogedor, tan  de buena vida, y a la cual  bauticé como “PELUQUERIA ESMERALDA” sintiendo con ese gesto el  agradecimiento por mi Unidad, mis instructores y muchas situaciones favorables para mí, y que viví en mi querido e inolvidable Regimiento “Esmeralda”.

                Entre tantas cosas que conversamos me decía: - “Yo actualmente vivo aquí en Ovalle,  muy cerca del recordado  militar, al que llamaban cariñosamente  el “GATO” CÁCERES. No se imagina usted, cuántas veces lo he tenido que gustosamente ayudar y trasladarlo a urgencias médicas al hospital, y siempre mantengo  contacto con la hija y con mi Suboficial,  que en más de alguna oportunidad, estando  como conscripto, me llevó a su casa en  el block 10 de la Población Militar allá en Antofagasta”.

                “Aún mantengo mi deseo de hacer ejercicios y estoy en un club de ciclismo aquí en Ovalle y pertenezco a la reserva del Regimiento Nº 21 “Arica” de La Serena y en esa Unidad he participado en muchos ejercicios  como reservista y he sido hasta premiado también por mi desempeño.”

                Hubiéramos  querido tener más tiempo para conversar en esta oportunidad. Por esta vez,  conversamos  bastante rato,  pero sus  entrenamientos de ciclista le obligaron a cortar la comunicación y seguramente al final del día, seguir con su trabajo de peluquero, en “su peluquería” llamada “Esmeralda”, donde si alguna vez usted mi querido lector desea pasar y cortarse el pelo, allí estará como en sus mejores años, servicial y atento el ex soldado  RAÚL TORO SOTO, trabajando, educando y viviendo con sanas nostalgias con el recuerdo de su inolvidable Regimiento “Esmeralda”, que palpita en los compases marciales con que inicia cada día, al ritmo acompasado de su corazón.

                Sin duda, es fue y será siempre un gran soldado y ciudadano este desconocido Raúl Soto Pozo, de buena cepa, de vino generoso, de “campo” y  que en su optimismo y alegría, aun  en esa aciaga ocasión que estuvo  a “punto” de morir en un lamentable accidente deportivo , del cual pudo repuntar y nuevamente crecer con ese ímpetu de hombre lleno de fortalezas y con esos aires propios de un hombre de bien, forjado en el Glorioso Regimiento “Esmeralda”,  habiendo sido siempre, como muchos otros  soldados que hemos tenido el honor de conocer,  un “guerrero” auténtico de la vida,  acrecentando en su conducta siempre el amor a su familia, sus hijos, sin jamás olvidar sus  orígenes de soldado humilde, porque en eso, todos los que hemos vestido el uniforme de soldado lo sabemos, que nunca nuestra acción o trabajo ha estado ligado a pretender riquezas u homenajes o al legítimo deseo de aumentar alguna condición material para “tranquilidad” de la vida,  todo lo  contrario, solamente servir con un sentido de amor espiritual comprometido con el amor a Chile, y que en esta tarde de conversa amena, nos refrescó el alma, así como muchas veces sentimos esos aires frescos del ambiente de ese bello Ovalle.

                Quizás en este homenaje, pudiera involucrar a tantos soldados desconocidos que han hecho de su vida personal  una  ejemplar entrega a sus trabajos, a sus familias, a sus propios intereses, sin olvidar jamás las enseñanzas recibidas, y no esas propias de nuestra función como lo es el entrenamiento  para esa supuesta e implacable guerra  que a veces pareciera cernirse sobre las historia de las naciones, sino más bien, a esa lucha que requiere de soldados entrenados para la propia vida y quizás por eso nos enorgullecemos de conocer y dar a conocer estas historias ocultas, como la de  Toro Pozo que hablan de la grandeza de las buenas personas.

                Es así la vida simplemente,  y  como llega, se nos va.

                Eso lo escribí ayer, 24 de diciembre, y se lo envié al amigo Toro, y hoy día de Navidad, recibo un mensaje en estas redes modernas, tan simple, tan elocuente:

                "Feliz navidad amigo Carlos y a toda su familia igualmente emocionado aún por sus bonitas palabras muchas gracias por tan bonito gesto y espero volver algún día a nuestro glorioso Regimiento "Esmeralda".

                Le adjunto algunas fotos  para el recuerdo,  (y para el saludo a todos los "Esmeraldinos" de todos los tiempos, que han escrito sus propias historias.)

SOM. Carlos Garcia Banda















jueves, 25 de noviembre de 2021

SRA. HAYDÉE VILLALOBOS DE ROJAS

 


Nunca serán suficientes las palabras para sentirnos humildemente honrados de haber conocido a esta dama angelical, tan ejemplar, dulce en todas sus formas de ser, con un sentimiento de amor y cordialidad de extraordinaria calidez hacia los demás; irradiaba esa luz silenciosa que captan los sentidos  cuando estamos con buenas personas y  que nos impactan por su  belleza espiritual, sencillez y en el caso de ella, ejemplo de mujer, esposa,  madre y abuela llena de juventud. Nos regaló siempre su sonrisa abierta y su corazón lleno de nobleza y sueños, 

¡Qué privilegio para nosotros el haberla conocido!

¡Qué hermoso haber compartido  la oración, su entrega, su mística, y  el Espíritu de Dios,  que habitaba y habita por siempre en ella.

Hay personas que marcan huellas en la vida y la Sra. Haydé Villalobos  lo fue para sus amistades más directas o indirectas, para su  familia,  para sus vecinos o para sus   hermanos en la fe, y para  tantos  que tuvimos el honor de conocerla, y alguna tarde captar de ella su sonrisa eterna y su voluntad de servir.

 Hablar con ella, era recibir su caricia y bondad espiritual en cada una de sus palabras; su consejo oportuno,  su permanente cordialidad.

Para los que fuimos soldados,  (y lo somos hasta el último día de nuestras vidas),  su partida nos ha tocado el alma, pues se fue la compañera amada de un también querido amigo y camarada, Remigio, mi “Suboficial Mayor”,  con quien también compartimos grandes e inolvidables jornadas de trabajo en nuestro Glorioso e histórico Regimiento  “Esmeralda” donde, además del trabajo  arduo e incansable de todo soldado,  su figura representaba también un signo de admiración  para los más jóvenes por sus  grandes capacidades deportivas. Siempre tras un gran hombre, está esa silenciosa y gran mujer, que moldea  el balance y equilibrios del hogar, asumiendo muchas veces la paternidad obligada en las ausencias del esposo,  pero conectada permanentemente  al  ser amado, que  “justo este fin de semana que era de paseo con sus hijos”, tuvo que cumplir un turno largo y tedioso de una Guardia.  Allí estaba también Haydé, en la grandeza y humildad del varón del deporte de nuestro regimiento.

 En nuestros corazones también hay congojas y mucha tristeza,  más que nada porque no volveremos  a tener el privilegio de oír su voz tan dulce y reposada. Ella  irradiaba paz. Jamás en su mirada un enojo o expresión de molestia, todo lo contrario, siempre generosa y llena de ese amor de Dios que la hacen todo un ángel que pasó haciendo el bien por esta tierra.

La extrañamos, la sentimos cerca, sabemos que en nuestras creencias estará viviendo un hermoso “Quinto Día” de su Cursillo de Cristiandad, en los aposentos y celestiales,  en espera de todos nosotros que alguna  vez debemos marchar como ley implacable de la vida. 

Pero no  estemos tristes, porque ella querría que estuviéramos alegres, y su Santa alegría, es para nosotros también esperanzas y si bien su ausencia está en los largos silencios, sentimos su presencia entre nosotros, porque ella amaba la vida, amaba su familia, amaba  sus hijos a  sus nietos y amaba al prójimo, reflejado en cualquiera que tuviera la oportunidad de acercarse a conversar con ella, y en esas tantas horas que como “Dama de Gris”,  visitó a tantos desconocidos  conscriptos, internos por salud o dolencias,  en la enfermería militar de nuestro regimiento. Ella demostraba con su trabajo y actitud, que amaba profundamente a Dios.

Estuvimos en su Misa de despedida en esa Parroquia de “Nuestra Señora de Fátima”, enclavada en el cerro rocoso de “La Favorecedora”, donde ella también fue  una parroquiana fiel y leal  al servicio de la Iglesia junto a su esposo. Eran matrimonio ejemplar.

Oramos por ella y con ella y para ella, y las expresiones de la comunidad en sentidas palabras expresadas por  personas que se animaron a abrir su corazón y despedirla, fueron el testimonio  real, sincero y cariñoso  y la muestra de todo lo que significó su presencia para todos los que la conocieron, siendo parte de cada una de las  tantas vidas que se conectaron con ella.

 Sentimos la tristeza natural,  pero también  vimos  cómo, aún en el dolor, su familia permaneció como ella siempre lo quiso: férreamente unida, con fuerza, con entereza y con esa confianza que solamente una fe inquebrantable nos puede regalar. 

Le dije un adiós silencioso, como todos los que pudieron asistir, y también llevando el mensaje de los que se vieron impedidos en esa inolvidable  y  soleada mañana,  en que todos queríamos abrazar, decir algo, sonreír o llorar, y en esa celebración de amor y despedida, estuvimos jubilosos cantando  en medio de ese Arco Iris de la esperanza, entonando los versos del canto “De Colores” que nos hablan  de esos “campos vestidos de rosas y flores en la  primavera”, sintiendo el aroma y quietud de los jardines celestiales, y  produciendo esa magia de su presencia en los corazones  de todos los presentes.

Hoy que hay tanta violencia desmedida,  tanto desamor, tanta descalificación, necesitamos de mujeres como ella, pues nos dan el ejemplo de la serenidad, el espíritu de servicio  a los demás y la actitud de servir en todas nuestras acciones,  conservando siempre  los valores  del Evangelio  en nuestras vidas, renunciando a caer en las odiosidades que dividen a los hombres,  porque ella es, era y será siempre todo amor, y puede seguir  con su reconocida bondad, orientando nuestras vidas con lo que nos dejó como gran muestra de verdadero amor; “SU MAGNÍFICO EJEMPLO”.

Así es entonces que,  independiente de esa etapa familiar personal y  propia de su ausencia, del sentimiento de dolor de que no estará más con quienes ella amaba y amaban, debemos estar y sentir esa paz que nos regaló con su actitud.

A nuestra  estimada Alejandra, a sus hermanos, a sus hijos, esposos y esposas, a esa “prole” de nietos que  llevaron orgullosos y con sentimiento y respeto,  el peso de sus sagrados restos en el camino a su lugar de descanso terrenal, a nuestro querido  amigo y superior jerárquico Remigio, jefe militar ejemplar, muy amado y querido por sus virtudes humanas, siempre al lado de los que más sufren  y en eso,  ambos, son y será siempre un ejemplo.

Ella está descansando en paz, al lado de nuestro amado Señor y  debemos recordarla siempre, aprendiendo a vivir sin  ella pero a sabiendas de su inconmensurable amor  y toda esa fe que nos legó como  mujer consagrada a la familia y a Dios.......


















miércoles, 20 de octubre de 2021

Dn. Caupolicàn Gatica…. Un gran Maestro

 Don Caupolicán no fue mi profesor, fue el padre de mi amigo Leonardo, y como nosotros éramos pequeños, compañeros de juegos y  estudios, junto a los amigos del barrio, teníamos esas  intensas jornadas de  conversa y de compartir, en los pocos momentos que  Leonardo podía salir, pues su padre era muy responsable en su educación y muy exigente en los tiempos, que  sin duda debía cumplir.

Teníamos tardes muy entretenidas, me gustaba oír a mi amigo de entonces (y de hoy), cantar afinadamente los himnos de Jonás (Gómez), de Brücher, frente a las inmensas pancartas  que  se instalaban en el techo de su casa, pues don Caupolicán era un maestro, profesor de excelencia, pero jamás ocultaba sus ideas Radicales, y tenía ese convencimiento de que era la forma de hacer de la política y sus ideas,  un mejor mundo para todos. Yo no entendía mucho de eso, pero el himno  era hermoso, casi marcial: “Brücher” o “Mauras” me suenan cantado en la boca y sonsonete del “Nano” Gatica, que  se emocionaba entonando esos "himnos" que seguramente le enseñaba su padre y como parte de esas memorables “Campañas” que emprendían los candidatos a Regidores o quizás qué puestos en la pampa.

Una vez le acompañamos a esa plaza cercana, la del pueblo, la de la Oficina Salitrera María Elena.

Siempre los profesores  reclamaban los temas de justicia social  reunidos en un mitin, o en una masiva  protesta social o en algunos casos se juntaban para oír a sus candidatos  que se explayaban en discursos  en el odeón central de la plaza donde tradicionalmente los domingos había retreta con músicos pampinos, reclamando sus derechos y en esa tarea de exigencia de “derechos”,  nunca dejar de cumplir sus “deberes”. Yo acompañaba a mi amigo con su padre a meternos entre medio de los “grandes”, para sentir entre el tumulto de profesores, esos saltos  marciales de “el que no salta es….”..no sé si dirían “momios” o  “lo que fuera”, no me acuerdo, pero era el ritmo  del salto y el golpeteo de sus zapatos de maestros con suelas duras, y con olor a sacrificio  lo que me impactaba, y en medio de mi cerebro, valorar  esa convicción de esos adultos que  gritaban y marchaban haciendo  eco de sus justas peticiones,  que para mí eran solo un juego, que disfrutaba acompañando al Maestro, con  Nano, mi mejor amigo de la infancia.

Una tarde de esas de juegos, mi madre  vio  a Leonardo   que mordía y remordía, y trituraba con su dentadura alba y fuerte, una hoja de “Guillete”, de esas que usaban nuestros padres para afeitarse, no sé en qué minuto mi amigo se le ocurrió morder esa hoja que usábamos, tan fina y efectiva para cualquier corte de algún papel o trabajo manual, sin que  se dañara ni siquiera  una papilla gustativa de su lengua, pues la trituró de tal forma, que mi madre, servicial y preocupada, limpió y extrajo prolijamente de la su boca, una a una,  esas minúsculas partículas metálicas que  se escondían  temerosas y amenazantes entre medio de los dientes y las fuertes y potentes muelas, lo cual constituyó el “tema”  de conversa del día, y toda una anécdota.

Una tarde  conversando en  la  esquina de "su" casa,  junto al amigo y compañero de curso  Enrique  Valencia, avecindado en la calle Prat,  sobrino de las hermanas Fredes que trabajaban en la  central de teléfonos,  (eran  muy pocos los que tenían teléfonos y en casa de Enrique Valencia, nos facilitaban el casi único fono cercano, con excepción el del Pasaje “Orella”, que siempre nos autorizaban y en el que oíamos, la operadora que nos decía: -“¿¿¿¿Númerooo???),   y mientras hablábamos de las tareas del curso y los  temas propios de estudiantes, al parecer “llovió” un minúsculo riachuelo de orina amarillo de un gato que se explayó con sus presas al aire arrojando ese fétido orín  mezclado al  polvo propio de los tejados, canalizándose por una de las vías de la calamina de zinc y cayendo directamente en la cabeza de nuestro amigo que sorprendido, sentía el  tibio  líquido, correr por su cabeza, y quizás hasta sintiendo una gratificante  sensación de frescura en medio de la tarde calurosa, y que al darse cuenta, tuvo que correr  a su domicilio y  por supuesto refregarse el cabello con shampú “Sinalca” para sacar el mal olor, pero grabando también en nuestras mentes  ese momento jocoso, y de muchas risas, del  “meado” del gato que mojó al querido "Guatón"  Valencia.

Aun así, no siendo mi maestro, Don Caupolicán Gatica, era un ejemplo de docente en la Escuela. A veces le veía por entre la ventana enrejada de su casa, que tocaba afanosamente el violín y seguía con su mirada las notas de la partitura, mientras su dulce esposa, la señora Elba, hacendosa y preocupada de su familia,   peinaba su hermosa y larga cabellera. Eran un matrimonio ejemplar.

En las tardes del crepúsculo, en esa hora en que los niños ya nos preparábamos para  guardar los cuadernos y dejar todo listo para el día siguiente, don Caupolicán,  paseaba serio y callado, con ese porte  erguido y  distinguido que lo caracterizaba, por esa calle Luis Acevedo hacia la plaza en caminatas de ida y vuelta, y su  tierna y bella esposa, le acompañaba tomándolo del brazo. Era esa actividad, un religioso paseo por esas tardes pampinas, sobretodo disfrutando de esos atardeceres que  quienes han vivido en  la pampa, saben que son mágicos, distintos, llenos de colores y  con la frescura del viento  del atardecer,  levantaban algún polvillo acumulado en los tejados. Era la hora de la paz, del compartir quizás como pareja, recordando quizás sus años de juventud, y los inicios de lo que tanto amaban: su familia.

No sé mucho de  la forma que tuvo para educarlos, pero sabiendo de sus capacidades de maestro,   sé que el profesor Caupolicán Gatica, era  un tremendo educador y  de mucho tino para formar y educar, no solo a sus alumnos, que quizás le conocieron esa faceta de profesor  de excelencia, sino como padre y esposo ejemplar.

Tener  sus hijos todos educándose, y en una seguidilla de lindas personas como lo fueron para nuestros ojos de niños  las “hermanas Gatica”,   Carmen que era la mayor, siempre  posicionada en esa escala  que nos daban años  de diferencia pero admirada por ser la mayor y la que  tenía  mejor  educación. La “Checha”, la Guacolda o “Conita”, como le decíamos los niños de ayer a la morena dulce y hermosa con ese ángel de niña que, como todas las hermanas, siguieron la línea de ser educadoras de excelencia como su padre; Margarita un poco mayor también para nosotros y  Miriam,  ya más “compinche” con mi hermana Ana Maria, y nosotros los amigos del barrio, los que tratábamos de aprender del “Nano” la tremenda capacidad que tenía para estudiar y distinguirse entre nosotros como buen estudiante y  seguramente bien guiado y  con mucha exigencia de su padre, educador  por sobretodo.

    Como éstas pinceladas son recuerdos, con otro buen vecino, Fernando Castillo, a veces mirábamos por la ventana de la casa de los Gatica y   descubríamos a la madre  haciéndole la "tarea",  el trabajo de costura que nos ordenaba la profe Uberlinda,  cosiendo prolijamente la tela adherida a los tarros de leche “Nido”, para formar una alacena para la guarda de alimentos, cumpliendo el trabajo manual  que teníamos que llevar a la escuela. Nosotros más abandonados o quizás con otras preocupaciones,  nos clavábamos los dedos y presentábamos unos trabajos mediocres y en eso debo decir que  el Nano se sacaba, a veces con buena ayuda, “puros” siete.

 Una vez tuvimos que hacer una  disertación, de esas que  aun odio, esas de TRABAJO DE GRUPO, (tan mal método ese de los grupos) y entonces estudiamos las propiedades del agua y dividimos el tema en tres partes, comenzaba Fernando Castillo, seguía el Leonardo  Gatica y remataba yo….. O sea teníamos toda la estrategia de sacarnos una buena nota pues  fuimos muy justos,  en dividir las materias, pero no contábamos con ese poder y emoción tan propia del ADN de Leonardo, para exponer frente al curso, y comenzar improvisadamente el tema y como contábamos con diez minutos de exposición,  a los nueve minutos de explayarse solito con todo el tema y casi sin nada que decir, nos quedamos Fernando y yo, con muy pocas propiedades que contar y  ni siquiera sabíamos  ya qué parte del texto estudiado repetir, entonces Fernando se agarró del tema de los estados del agua:  líquido, sólido y  gaseoso y dio un buen tema que le permitía “salvarse”  y quedar ambos bien calificados empleándose y utilizando todo el conocimiento y entendiendo tan bien la materia, que en mi minuto que quedaba de  disertación, y dado el apuro del profesor, al salir a hacer mi parte tuve que decir lo único que me  quedaba como recurso: - Lo mismo digo yo - . y por supuesto  que ellos se sacaron un merecido  “siete”, y el profesor Leoncio González, por no dañarme, me calificó con un 4,5,  lo cual para mi entender era una nota muy buena, para lo tan poco analizado y expuesto al curso.

Don Caupolicán y Doña Elba eran  muy buenas personas, muy dedicados a su familia, el Maestro era eso, un distinguido profesor, dedicado a su profesión de educador, muy serio, responsable y todo una imagen de caballerosidad, prestancia,  y  con esa característica virtud de maestro Normalista que, como todos los que conocimos, nos daban su mejor ejemplo a través de su impecable presencia.

 La Sra. Elba era la dulzura de ese hogar, el equilibrio perfecto para ser la madre, la esposa, que dedicaba su tiempo completo a ser madre y educadora de  sus hijos, de allí entonces que  fueron todos los Gatica muy bien formados, con exigencias  propias de hogar estricto pero lleno de amor,  y diría que el orgullo de sus padres y de toda esa generación que era mayor que la nuestra,  nos  permitía mirarnos en ellos como ejemplos de personas.

Dejamos de vernos como todos los pampinos, en  alguna tarde en  que  tuvimos que marcharnos para continuar nuestras vidas.

Cada cual logró lo que las circunstancias pudieron brindarles a través de sus propios esfuerzos, y en su mayoría,   todos los Gatica, fueron y/o son  grandes educadores,  heredando esa maravilloso bagaje de conocimientos de su padre don Caupolicán.

La vida de niños en la pampa, fue para nosotros la muestra del amor  en toda su expresión y pureza, vida que todos recordamos con agrado y emociones.

Vivir en la pampa  nunca fue fácil, todo con su restricción propia de la zona, difícil en el clima, las penurias económicas pero llenos de ilusiones, sabiendo que cada cual podría despegar de sus sueños con sus propias capacidades.

Ya conté una vez que con Leonardo integramos el “Coro de Niños de María Elena” y participamos como los más pequeños integrantes en el “Primer Festival de Coros de América”, dirigidos por el recordado profesor Sergio Montivero Zenteno.

(Cuando viajamos a Viña del Mar,  mi mamá le compró un  jersey de lana color cake - el más hermoso de mi vida -, a  la Sra.  de Fredy Vergara, conductor de la ambulancia. Esa prenda  “usada” pero  limpia, me acompañó a esa gira inolvidable a ese desconocido mundo de Viña el Mar, solo una semana, pero suficientes para guardar inolvidables recuerdos.

Mi hermana mayor, Ana María  fue alumna del Sr. Gatica, y sabe ella de que el Maestro era eso, todo un maestro, exigente pero humanitario,  claro y preciso y disciplinado, pero era su vocación  de servir y formar niños de bien. Ella me ha contado de muchas virtudes humanitarias del Maestro y  me habría gustado conocerlo más en esa, su vida profesional, pero siempre para mí fue el padre de mi amigo Leonardo.

Cuento esta historia del Sr. Caupolicán Gatica,  porque hoy 20 de Octubre de 2021, se cumplirán 49 años de su partida,  y al decir de su hijo; "Inició  un caminar por senderos que nos resultan desconocidos", la que lo sorprendió  en plena primavera junto a su familia ya retirado de las aulas de educación con sólo 63 años,  disfrutando sus últimos años en la ciudad de Concepción, dejando este mundo  y partiendo al  cielo de su creencia, puesto que nunca supe en verdad si era o no creyente, dado que su vida la dedicó exclusivamente a lo mejor que sabía hacer: Educar.

 Quizás  en estas tardes pampinas, que no distan mucho de ser diferentes a las que vivimos, porque el paisaje agreste de mi amada Maria Elena y sus calles se repite ininterrumpidamente cada día, desde el inicio de la creación, cuando pasen estas restricciones pandémicas, pueda tener la oportunidad de pasear por mi calle Luis Acevedo, y respirar ese néctar salobre  de polvo y trabajo, sudor y sacrificio, sueños y esperanzas,  pero como parte de ese paraíso que tanto amamos y disfrutamos en la niñez. En tal oportunidad, me acercaré a la ventana de la casa de los “Gatica”, y a ojos cerrados como en un sueño hecho realidad, trataré de oír,  lleno de emoción, esas mismas notas del violín afinado del maestro, que le permitían soñar  y descansar de su ajetreo académico y laboral  con la música,  como parte de su formación, y que le daban encanto a esas doradas y soleadas tardes pampinas, que perduran en nuestras retinas y en nuestro corazón.

Un abrazo al cielo distinguido profesor.

 

(Estas imágenes que se muestran a continuación, han sido extraídas de los  archivos de los Grupos de "A TU RECUERDO",  "GENERACIONES PAMPINAS",  y otras, de la Revista "Pampa", de la colección de mi amigo Héctor Ramos,  que ha tenido la gentileza de dedicar tanto tiempo a subirlas a la red,  para el recuerdo y que son para la vida de los pampinos historia pura..) 















 

 

 


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  Hoy habrá una “Pichanga” en el cielo….               Una de “esas” noticias de las que no nos gusta enterarnos y que marcan de inmediato...