jueves, 25 de noviembre de 2021

SRA. HAYDÉE VILLALOBOS DE ROJAS

 


Nunca serán suficientes las palabras para sentirnos humildemente honrados de haber conocido a esta dama angelical, tan ejemplar, dulce en todas sus formas de ser, con un sentimiento de amor y cordialidad de extraordinaria calidez hacia los demás; irradiaba esa luz silenciosa que captan los sentidos  cuando estamos con buenas personas y  que nos impactan por su  belleza espiritual, sencillez y en el caso de ella, ejemplo de mujer, esposa,  madre y abuela llena de juventud. Nos regaló siempre su sonrisa abierta y su corazón lleno de nobleza y sueños, 

¡Qué privilegio para nosotros el haberla conocido!

¡Qué hermoso haber compartido  la oración, su entrega, su mística, y  el Espíritu de Dios,  que habitaba y habita por siempre en ella.

Hay personas que marcan huellas en la vida y la Sra. Haydé Villalobos  lo fue para sus amistades más directas o indirectas, para su  familia,  para sus vecinos o para sus   hermanos en la fe, y para  tantos  que tuvimos el honor de conocerla, y alguna tarde captar de ella su sonrisa eterna y su voluntad de servir.

 Hablar con ella, era recibir su caricia y bondad espiritual en cada una de sus palabras; su consejo oportuno,  su permanente cordialidad.

Para los que fuimos soldados,  (y lo somos hasta el último día de nuestras vidas),  su partida nos ha tocado el alma, pues se fue la compañera amada de un también querido amigo y camarada, Remigio, mi “Suboficial Mayor”,  con quien también compartimos grandes e inolvidables jornadas de trabajo en nuestro Glorioso e histórico Regimiento  “Esmeralda” donde, además del trabajo  arduo e incansable de todo soldado,  su figura representaba también un signo de admiración  para los más jóvenes por sus  grandes capacidades deportivas. Siempre tras un gran hombre, está esa silenciosa y gran mujer, que moldea  el balance y equilibrios del hogar, asumiendo muchas veces la paternidad obligada en las ausencias del esposo,  pero conectada permanentemente  al  ser amado, que  “justo este fin de semana que era de paseo con sus hijos”, tuvo que cumplir un turno largo y tedioso de una Guardia.  Allí estaba también Haydé, en la grandeza y humildad del varón del deporte de nuestro regimiento.

 En nuestros corazones también hay congojas y mucha tristeza,  más que nada porque no volveremos  a tener el privilegio de oír su voz tan dulce y reposada. Ella  irradiaba paz. Jamás en su mirada un enojo o expresión de molestia, todo lo contrario, siempre generosa y llena de ese amor de Dios que la hacen todo un ángel que pasó haciendo el bien por esta tierra.

La extrañamos, la sentimos cerca, sabemos que en nuestras creencias estará viviendo un hermoso “Quinto Día” de su Cursillo de Cristiandad, en los aposentos y celestiales,  en espera de todos nosotros que alguna  vez debemos marchar como ley implacable de la vida. 

Pero no  estemos tristes, porque ella querría que estuviéramos alegres, y su Santa alegría, es para nosotros también esperanzas y si bien su ausencia está en los largos silencios, sentimos su presencia entre nosotros, porque ella amaba la vida, amaba su familia, amaba  sus hijos a  sus nietos y amaba al prójimo, reflejado en cualquiera que tuviera la oportunidad de acercarse a conversar con ella, y en esas tantas horas que como “Dama de Gris”,  visitó a tantos desconocidos  conscriptos, internos por salud o dolencias,  en la enfermería militar de nuestro regimiento. Ella demostraba con su trabajo y actitud, que amaba profundamente a Dios.

Estuvimos en su Misa de despedida en esa Parroquia de “Nuestra Señora de Fátima”, enclavada en el cerro rocoso de “La Favorecedora”, donde ella también fue  una parroquiana fiel y leal  al servicio de la Iglesia junto a su esposo. Eran matrimonio ejemplar.

Oramos por ella y con ella y para ella, y las expresiones de la comunidad en sentidas palabras expresadas por  personas que se animaron a abrir su corazón y despedirla, fueron el testimonio  real, sincero y cariñoso  y la muestra de todo lo que significó su presencia para todos los que la conocieron, siendo parte de cada una de las  tantas vidas que se conectaron con ella.

 Sentimos la tristeza natural,  pero también  vimos  cómo, aún en el dolor, su familia permaneció como ella siempre lo quiso: férreamente unida, con fuerza, con entereza y con esa confianza que solamente una fe inquebrantable nos puede regalar. 

Le dije un adiós silencioso, como todos los que pudieron asistir, y también llevando el mensaje de los que se vieron impedidos en esa inolvidable  y  soleada mañana,  en que todos queríamos abrazar, decir algo, sonreír o llorar, y en esa celebración de amor y despedida, estuvimos jubilosos cantando  en medio de ese Arco Iris de la esperanza, entonando los versos del canto “De Colores” que nos hablan  de esos “campos vestidos de rosas y flores en la  primavera”, sintiendo el aroma y quietud de los jardines celestiales, y  produciendo esa magia de su presencia en los corazones  de todos los presentes.

Hoy que hay tanta violencia desmedida,  tanto desamor, tanta descalificación, necesitamos de mujeres como ella, pues nos dan el ejemplo de la serenidad, el espíritu de servicio  a los demás y la actitud de servir en todas nuestras acciones,  conservando siempre  los valores  del Evangelio  en nuestras vidas, renunciando a caer en las odiosidades que dividen a los hombres,  porque ella es, era y será siempre todo amor, y puede seguir  con su reconocida bondad, orientando nuestras vidas con lo que nos dejó como gran muestra de verdadero amor; “SU MAGNÍFICO EJEMPLO”.

Así es entonces que,  independiente de esa etapa familiar personal y  propia de su ausencia, del sentimiento de dolor de que no estará más con quienes ella amaba y amaban, debemos estar y sentir esa paz que nos regaló con su actitud.

A nuestra  estimada Alejandra, a sus hermanos, a sus hijos, esposos y esposas, a esa “prole” de nietos que  llevaron orgullosos y con sentimiento y respeto,  el peso de sus sagrados restos en el camino a su lugar de descanso terrenal, a nuestro querido  amigo y superior jerárquico Remigio, jefe militar ejemplar, muy amado y querido por sus virtudes humanas, siempre al lado de los que más sufren  y en eso,  ambos, son y será siempre un ejemplo.

Ella está descansando en paz, al lado de nuestro amado Señor y  debemos recordarla siempre, aprendiendo a vivir sin  ella pero a sabiendas de su inconmensurable amor  y toda esa fe que nos legó como  mujer consagrada a la familia y a Dios.......


















miércoles, 20 de octubre de 2021

Dn. Caupolicàn Gatica…. Un gran Maestro

 Don Caupolicán no fue mi profesor, fue el padre de mi amigo Leonardo, y como nosotros éramos pequeños, compañeros de juegos y  estudios, junto a los amigos del barrio, teníamos esas  intensas jornadas de  conversa y de compartir, en los pocos momentos que  Leonardo podía salir, pues su padre era muy responsable en su educación y muy exigente en los tiempos, que  sin duda debía cumplir.

Teníamos tardes muy entretenidas, me gustaba oír a mi amigo de entonces (y de hoy), cantar afinadamente los himnos de Jonás (Gómez), de Brücher, frente a las inmensas pancartas  que  se instalaban en el techo de su casa, pues don Caupolicán era un maestro, profesor de excelencia, pero jamás ocultaba sus ideas Radicales, y tenía ese convencimiento de que era la forma de hacer de la política y sus ideas,  un mejor mundo para todos. Yo no entendía mucho de eso, pero el himno  era hermoso, casi marcial: “Brücher” o “Mauras” me suenan cantado en la boca y sonsonete del “Nano” Gatica, que  se emocionaba entonando esos "himnos" que seguramente le enseñaba su padre y como parte de esas memorables “Campañas” que emprendían los candidatos a Regidores o quizás qué puestos en la pampa.

Una vez le acompañamos a esa plaza cercana, la del pueblo, la de la Oficina Salitrera María Elena.

Siempre los profesores  reclamaban los temas de justicia social  reunidos en un mitin, o en una masiva  protesta social o en algunos casos se juntaban para oír a sus candidatos  que se explayaban en discursos  en el odeón central de la plaza donde tradicionalmente los domingos había retreta con músicos pampinos, reclamando sus derechos y en esa tarea de exigencia de “derechos”,  nunca dejar de cumplir sus “deberes”. Yo acompañaba a mi amigo con su padre a meternos entre medio de los “grandes”, para sentir entre el tumulto de profesores, esos saltos  marciales de “el que no salta es….”..no sé si dirían “momios” o  “lo que fuera”, no me acuerdo, pero era el ritmo  del salto y el golpeteo de sus zapatos de maestros con suelas duras, y con olor a sacrificio  lo que me impactaba, y en medio de mi cerebro, valorar  esa convicción de esos adultos que  gritaban y marchaban haciendo  eco de sus justas peticiones,  que para mí eran solo un juego, que disfrutaba acompañando al Maestro, con  Nano, mi mejor amigo de la infancia.

Una tarde de esas de juegos, mi madre  vio  a Leonardo   que mordía y remordía, y trituraba con su dentadura alba y fuerte, una hoja de “Guillete”, de esas que usaban nuestros padres para afeitarse, no sé en qué minuto mi amigo se le ocurrió morder esa hoja que usábamos, tan fina y efectiva para cualquier corte de algún papel o trabajo manual, sin que  se dañara ni siquiera  una papilla gustativa de su lengua, pues la trituró de tal forma, que mi madre, servicial y preocupada, limpió y extrajo prolijamente de la su boca, una a una,  esas minúsculas partículas metálicas que  se escondían  temerosas y amenazantes entre medio de los dientes y las fuertes y potentes muelas, lo cual constituyó el “tema”  de conversa del día, y toda una anécdota.

Una tarde  conversando en  la  esquina de "su" casa,  junto al amigo y compañero de curso  Enrique  Valencia, avecindado en la calle Prat,  sobrino de las hermanas Fredes que trabajaban en la  central de teléfonos,  (eran  muy pocos los que tenían teléfonos y en casa de Enrique Valencia, nos facilitaban el casi único fono cercano, con excepción el del Pasaje “Orella”, que siempre nos autorizaban y en el que oíamos, la operadora que nos decía: -“¿¿¿¿Númerooo???),   y mientras hablábamos de las tareas del curso y los  temas propios de estudiantes, al parecer “llovió” un minúsculo riachuelo de orina amarillo de un gato que se explayó con sus presas al aire arrojando ese fétido orín  mezclado al  polvo propio de los tejados, canalizándose por una de las vías de la calamina de zinc y cayendo directamente en la cabeza de nuestro amigo que sorprendido, sentía el  tibio  líquido, correr por su cabeza, y quizás hasta sintiendo una gratificante  sensación de frescura en medio de la tarde calurosa, y que al darse cuenta, tuvo que correr  a su domicilio y  por supuesto refregarse el cabello con shampú “Sinalca” para sacar el mal olor, pero grabando también en nuestras mentes  ese momento jocoso, y de muchas risas, del  “meado” del gato que mojó al querido "Guatón"  Valencia.

Aun así, no siendo mi maestro, Don Caupolicán Gatica, era un ejemplo de docente en la Escuela. A veces le veía por entre la ventana enrejada de su casa, que tocaba afanosamente el violín y seguía con su mirada las notas de la partitura, mientras su dulce esposa, la señora Elba, hacendosa y preocupada de su familia,   peinaba su hermosa y larga cabellera. Eran un matrimonio ejemplar.

En las tardes del crepúsculo, en esa hora en que los niños ya nos preparábamos para  guardar los cuadernos y dejar todo listo para el día siguiente, don Caupolicán,  paseaba serio y callado, con ese porte  erguido y  distinguido que lo caracterizaba, por esa calle Luis Acevedo hacia la plaza en caminatas de ida y vuelta, y su  tierna y bella esposa, le acompañaba tomándolo del brazo. Era esa actividad, un religioso paseo por esas tardes pampinas, sobretodo disfrutando de esos atardeceres que  quienes han vivido en  la pampa, saben que son mágicos, distintos, llenos de colores y  con la frescura del viento  del atardecer,  levantaban algún polvillo acumulado en los tejados. Era la hora de la paz, del compartir quizás como pareja, recordando quizás sus años de juventud, y los inicios de lo que tanto amaban: su familia.

No sé mucho de  la forma que tuvo para educarlos, pero sabiendo de sus capacidades de maestro,   sé que el profesor Caupolicán Gatica, era  un tremendo educador y  de mucho tino para formar y educar, no solo a sus alumnos, que quizás le conocieron esa faceta de profesor  de excelencia, sino como padre y esposo ejemplar.

Tener  sus hijos todos educándose, y en una seguidilla de lindas personas como lo fueron para nuestros ojos de niños  las “hermanas Gatica”,   Carmen que era la mayor, siempre  posicionada en esa escala  que nos daban años  de diferencia pero admirada por ser la mayor y la que  tenía  mejor  educación. La “Checha”, la Guacolda o “Conita”, como le decíamos los niños de ayer a la morena dulce y hermosa con ese ángel de niña que, como todas las hermanas, siguieron la línea de ser educadoras de excelencia como su padre; Margarita un poco mayor también para nosotros y  Miriam,  ya más “compinche” con mi hermana Ana Maria, y nosotros los amigos del barrio, los que tratábamos de aprender del “Nano” la tremenda capacidad que tenía para estudiar y distinguirse entre nosotros como buen estudiante y  seguramente bien guiado y  con mucha exigencia de su padre, educador  por sobretodo.

    Como éstas pinceladas son recuerdos, con otro buen vecino, Fernando Castillo, a veces mirábamos por la ventana de la casa de los Gatica y   descubríamos a la madre  haciéndole la "tarea",  el trabajo de costura que nos ordenaba la profe Uberlinda,  cosiendo prolijamente la tela adherida a los tarros de leche “Nido”, para formar una alacena para la guarda de alimentos, cumpliendo el trabajo manual  que teníamos que llevar a la escuela. Nosotros más abandonados o quizás con otras preocupaciones,  nos clavábamos los dedos y presentábamos unos trabajos mediocres y en eso debo decir que  el Nano se sacaba, a veces con buena ayuda, “puros” siete.

 Una vez tuvimos que hacer una  disertación, de esas que  aun odio, esas de TRABAJO DE GRUPO, (tan mal método ese de los grupos) y entonces estudiamos las propiedades del agua y dividimos el tema en tres partes, comenzaba Fernando Castillo, seguía el Leonardo  Gatica y remataba yo….. O sea teníamos toda la estrategia de sacarnos una buena nota pues  fuimos muy justos,  en dividir las materias, pero no contábamos con ese poder y emoción tan propia del ADN de Leonardo, para exponer frente al curso, y comenzar improvisadamente el tema y como contábamos con diez minutos de exposición,  a los nueve minutos de explayarse solito con todo el tema y casi sin nada que decir, nos quedamos Fernando y yo, con muy pocas propiedades que contar y  ni siquiera sabíamos  ya qué parte del texto estudiado repetir, entonces Fernando se agarró del tema de los estados del agua:  líquido, sólido y  gaseoso y dio un buen tema que le permitía “salvarse”  y quedar ambos bien calificados empleándose y utilizando todo el conocimiento y entendiendo tan bien la materia, que en mi minuto que quedaba de  disertación, y dado el apuro del profesor, al salir a hacer mi parte tuve que decir lo único que me  quedaba como recurso: - Lo mismo digo yo - . y por supuesto  que ellos se sacaron un merecido  “siete”, y el profesor Leoncio González, por no dañarme, me calificó con un 4,5,  lo cual para mi entender era una nota muy buena, para lo tan poco analizado y expuesto al curso.

Don Caupolicán y Doña Elba eran  muy buenas personas, muy dedicados a su familia, el Maestro era eso, un distinguido profesor, dedicado a su profesión de educador, muy serio, responsable y todo una imagen de caballerosidad, prestancia,  y  con esa característica virtud de maestro Normalista que, como todos los que conocimos, nos daban su mejor ejemplo a través de su impecable presencia.

 La Sra. Elba era la dulzura de ese hogar, el equilibrio perfecto para ser la madre, la esposa, que dedicaba su tiempo completo a ser madre y educadora de  sus hijos, de allí entonces que  fueron todos los Gatica muy bien formados, con exigencias  propias de hogar estricto pero lleno de amor,  y diría que el orgullo de sus padres y de toda esa generación que era mayor que la nuestra,  nos  permitía mirarnos en ellos como ejemplos de personas.

Dejamos de vernos como todos los pampinos, en  alguna tarde en  que  tuvimos que marcharnos para continuar nuestras vidas.

Cada cual logró lo que las circunstancias pudieron brindarles a través de sus propios esfuerzos, y en su mayoría,   todos los Gatica, fueron y/o son  grandes educadores,  heredando esa maravilloso bagaje de conocimientos de su padre don Caupolicán.

La vida de niños en la pampa, fue para nosotros la muestra del amor  en toda su expresión y pureza, vida que todos recordamos con agrado y emociones.

Vivir en la pampa  nunca fue fácil, todo con su restricción propia de la zona, difícil en el clima, las penurias económicas pero llenos de ilusiones, sabiendo que cada cual podría despegar de sus sueños con sus propias capacidades.

Ya conté una vez que con Leonardo integramos el “Coro de Niños de María Elena” y participamos como los más pequeños integrantes en el “Primer Festival de Coros de América”, dirigidos por el recordado profesor Sergio Montivero Zenteno.

(Cuando viajamos a Viña del Mar,  mi mamá le compró un  jersey de lana color cake - el más hermoso de mi vida -, a  la Sra.  de Fredy Vergara, conductor de la ambulancia. Esa prenda  “usada” pero  limpia, me acompañó a esa gira inolvidable a ese desconocido mundo de Viña el Mar, solo una semana, pero suficientes para guardar inolvidables recuerdos.

Mi hermana mayor, Ana María  fue alumna del Sr. Gatica, y sabe ella de que el Maestro era eso, todo un maestro, exigente pero humanitario,  claro y preciso y disciplinado, pero era su vocación  de servir y formar niños de bien. Ella me ha contado de muchas virtudes humanitarias del Maestro y  me habría gustado conocerlo más en esa, su vida profesional, pero siempre para mí fue el padre de mi amigo Leonardo.

Cuento esta historia del Sr. Caupolicán Gatica,  porque hoy 20 de Octubre de 2021, se cumplirán 49 años de su partida,  y al decir de su hijo; "Inició  un caminar por senderos que nos resultan desconocidos", la que lo sorprendió  en plena primavera junto a su familia ya retirado de las aulas de educación con sólo 63 años,  disfrutando sus últimos años en la ciudad de Concepción, dejando este mundo  y partiendo al  cielo de su creencia, puesto que nunca supe en verdad si era o no creyente, dado que su vida la dedicó exclusivamente a lo mejor que sabía hacer: Educar.

 Quizás  en estas tardes pampinas, que no distan mucho de ser diferentes a las que vivimos, porque el paisaje agreste de mi amada Maria Elena y sus calles se repite ininterrumpidamente cada día, desde el inicio de la creación, cuando pasen estas restricciones pandémicas, pueda tener la oportunidad de pasear por mi calle Luis Acevedo, y respirar ese néctar salobre  de polvo y trabajo, sudor y sacrificio, sueños y esperanzas,  pero como parte de ese paraíso que tanto amamos y disfrutamos en la niñez. En tal oportunidad, me acercaré a la ventana de la casa de los “Gatica”, y a ojos cerrados como en un sueño hecho realidad, trataré de oír,  lleno de emoción, esas mismas notas del violín afinado del maestro, que le permitían soñar  y descansar de su ajetreo académico y laboral  con la música,  como parte de su formación, y que le daban encanto a esas doradas y soleadas tardes pampinas, que perduran en nuestras retinas y en nuestro corazón.

Un abrazo al cielo distinguido profesor.

 

(Estas imágenes que se muestran a continuación, han sido extraídas de los  archivos de los Grupos de "A TU RECUERDO",  "GENERACIONES PAMPINAS",  y otras, de la Revista "Pampa", de la colección de mi amigo Héctor Ramos,  que ha tenido la gentileza de dedicar tanto tiempo a subirlas a la red,  para el recuerdo y que son para la vida de los pampinos historia pura..) 















 

 

 


martes, 21 de septiembre de 2021

Camarada Pedro Gajardo Bravo...

            (PARA LA CRÓNICA DEL FUTURO Y CUANDO YA NO ESTEMOS…..)


 Ayer,  20 de septiembre de 2021, ya casi con aires de primavera, con ventiscas y remolinos,  en las soleados páramos de nuestro conocido terreno de piedras y  dunas  del pequeño desierto costero de Roca Roja, (tantas veces recorrido por nuestras “huestes”), un grupo de ex soldados activos, hombres de valor  que mantienen el  lazo indisoluble de amor a su Ejército de Chile y su querida “Unidad Cuna”, como lo ha sido para muchas generaciones de oficiales,  jóvenes Suboficiales y SLCs de nuestro querido ex Regimiento de Infantería Nº 7 “Esmeralda”, en una actitud de sentirse siempre comprometidos con el servicio desinteresado a la causa del compañerismo, la amistad  y la entrega,   acompañaron a la señora Magaly y al joven Gary,  esposa e hijo, respectivamente,  del  camarada infante fallecido, no hace mucho tiempo, el distinguido y apreciado  SOF. Pedro Gajardo Bravo (Q.E.P.D.), para  depositar en esa tierra árida y rojiza, entre los recuerdos que perduraron y se anidaron para siempre en el corazón de este soldado, junto a los mejores años de su vida al servicio de la Institución,  cumpliendo con ello el deseo expresado en vida de que sus restos fueran esparcidos en ese sector,  y que este grupo de varones,  emocionados, desinteresados, “camaradas” de gran valor, acompañaron en la medida de las posibilidades de cada cual, representando también con su presencia a todos aquellos que nos vimos impedidos de participar de tan   noble homenaje,  para sellar  con  sus cenizas al viento, sus deseos de inmortalidad espiritual, y en esa acción, quizás  el alma de nuestro camarada, quiso también expresar  que su vida  fue un servicio permanente y  ligada  a la formación de guerreros en esas largas jornadas en esas soledades, donde el viento se adueña de cada sendero o quebrada, llevándose en sus alas el descanso, la juventud, los sueños e ilusiones  de lo que tanto se ama y  todo aquello que forma parte  del ser militar, de la  gran  vocación que nos une siempre, y que el entonces  joven  Cabo Gajardo, dedicó también su tiempo para cumplir  sus obligaciones de instructor , formando las generaciones distintas de soldados que alguna vez hicieron  su Servicio Militar en nuestra querida Unidad,  el “Séptimo de Línea”,  y que fueron el objetivo central en la ejecución de toda iniciativa y sentido del deber de  todo  instructor militar, enseñando en  medio de los calculados riesgos, en el sacrificio, en las duras jornadas del día o de la  fría e interminable noche bajo las estrellas, la única forma que conocemos de educación  militar, como lo es ser  combatientes individuales en lo que  nunca deseamos que ocurra, pero que siempre está latente, como lo es  el eventual  conflicto, aunque muchos aún no crean en esa verdad insoslayable, y aún en esa utopía  se debe emplear el hombre como una realidad viva y latente  en toda ocasión, siempre creyendo en que todo algún día, el menos pensado,  puede pasar.

Ser educador o instructor militar en esas aulas incómodas, donde se aprecia el frío,  se hacen interminables las noches de caminatas en medio de la  oscuridad tan necesaria para no ser sorprendido,  y mirando de vez en cuando la brújula de la estrellas, no es lo mismo que estar sentado en una cómoda  sala de colegio o Universidad. Allí, en el terreno donde se forja el soldado guerrero,  todo transcurre en una realidad  diferente, en una planificación  clara de objetivos y poco a poco esas almas de juventud plena, llenas de entusiasmo,  y de temores naturales como lo son esos frágiles muchachos que visten  el uniforme en el cumplimiento de su deber de ciudadanos,  los que comienzan a moldearse y a entender el valor más importante como lo es la vida, el amor a la familia, la amistad más pura y sincera que puede ofrecer una experiencia como el de las “Armas”,  y en medio de su preparación, vivir cada centímetro de la existencia,  al borde de la muerte, cumpliendo  o buscando la fórmula exacta del factor de la sorpresa para ejecutar la acción, empleándose  con  todo aquello que alguna  vez se aprendió en  circunstancias parecidas, pero que en esa hora de la verdad,   quedan solo en el recuerdo, pues  la aplicación y la técnica de los conocimientos, la conducción de los hombres como Comandantes,  sin duda que es una variable que debe ser enfrentada y analizada en cada circunstancias, haciendo de todo este proceso, un ambiente de imitación de la realidad, pero con riesgos de verdad.

Se combate con el clima, la incomodidad, el hambre, el abandono, el olvido y las miles de incomprensiones que hacen de nuestro “ser militar” un valor de servicio que nadie, pero absolutamente nadie que no  lo haya “vivido”, está autorizado a criticar o cuestionar, ni siquiera los intelectuales de cuello y corbata, que nunca caminaron con mochila con treinta kilos a la espalda,  sintiendo la debilidad del cuerpo, la ansiedad, la sed, y el dolor, que solo  se puede vencer con voluntad  y sin duda con un espíritu innegable de vencer.

                Para hablar de un soldado, de su vida, de su trabajo, de su grandeza  de su renuncia, se debe, al menos, haber estado una noche allí, o un día allí, o un largo período allí.

Todo aquel que intente abrir la boca,  con “consejos”, opiniones  o miradas de su propia perspectiva frente a lo que  nosotros tuvimos el privilegio de vivir y conocer, es mejor que obvie todo comentario, porque todo lo que pueda creer, todo lo que pueda decir, lo que pueda imaginar sin “haber estado allí”, resultará siempre lejano, siempre confuso,  siempre falso, siempre mentiroso e irreal, frente a una  vida tan distinta como la que enfrentan los soldados, (hoy hombres y mujeres) de Chile en los largos procesos de formación e instrucción de las inolvidables campañas vividas en  los desiertos o en las frías montañas cordilleranas, o los valles de toda nuestra geografía, donde siempre  se mantuvo y mantiene,  el respeto a la historia y a nuestros símbolos sagrados,  que nos hacen sentir que  todo lo que alguna vez pensamos o hicimos en bien de Chile y su historia, fueron y son proyectar  el valor de la verdad, convencidos que fue nuestro generoso aporte a este país al que tanto amamos, independiente de las contingencias o de las ideas distintas, pero que nadie tiene derecho a cambiar o a creer que pueden entre nosotros sembrar semillas de discordia o de dudas de todo lo que nosotros conocimos y  servimos con ese valor espiritual  de nuestro sentimiento, profundo de amor a  Chile, y que constituye nuestra sagrada vocación.

 

Y en ese sentido, hoy, en la soledad y el silencio, sin muchos testigos,  y solamente con el alma emocionada expresada  en la ocasión por los que pudieron estar allí,  esos viejos tercios  que dejaron por ese día la comodidad de su cuarteles de invierno sintiendo la necesidad de estar en esa última mirada y adiós al amigo,  vivieron la emoción y de un acto solidario, lleno de amor y valor, para  que solo el viento interpretara en esas soledades los  sones marciales, paseando el sonido respetuoso de los clarines   entre las hondas quebradas y recorriendo esas dunas y cerros, por esas arenas casi olvidadas,  llevando en sus manos la carga de los restos esparcidos al viento,  de quien fue un hombre sencillo, como todos nosotros, que sirvió con amor vocación y servicio, como todos nosotros,  a nuestro querido Regimiento, y que ya transformando en polvo de cenizas sus huesos y su carne terrenales, pero no así su alma que no puede tampoco sufrir  nuestro olvido,  se ha quedado para siempre  para seguir construyendo su historia en esos lugares benditos, al que tanto le debemos  y que también ha sido  triste escenario  de aquellos que dejaron su sangre y su vida, en los lamentables  accidentes que sin ser frecuentes, son parte del riesgo de esa arriesgada forma  de servir.

Por eso que sin haber estado allí presente, pero  conociendo el sentir de cada uno de los protagonistas que  se esforzaron para asistir,  podemos sentirnos todos responsables de este acto de amor inolvidable,  de paz y descanso para la  esposa que  se queda sola en su hogar  amando sus recuerdos, o el hijo que quizás nunca entendió el “trabajo” de su padre, pero para los que estamos aún  aquí, sabemos perfectamente que se trató de la vida, (solo la “vida”) de un simple y sencillo hombre, sin riquezas, sin grandes posesiones materiales, sin ambiciones terrenas, que empleó lo que Dios le regaló por virtud, sus manos, su mente su corazón y su mirada para enseñar, para guiar, para  educar,  para formar, haciéndonos todos parte de la nostalgia de este compañero que ya nunca más estará con nosotros pero que seguirá  en la eterna guardia del recuerdo y de la vida  difícil que eligió,  y que hoy se traslada a la eternidad, sin dejar nunca la convicción  de lo que significa  ser  soldado.

No puedo dejar de agradecer a quienes participaron de este acto que regaló paz y tranquilidad a la familia de nuestro camarada,  debemos decir con humildad gracias a Joaquín Gutiérrez Palomera, a Ramón Cubillos Fuentes, a nuestro buen amigo y siempre dispuesto a ayudar a los demás con su carisma de hombre bueno Daniel Avello, y al  silencioso pero servicial Miguel Montoya, con quien compartimos grandes jornadas en las soledades de Monturaqui en nuestros mejores años y con el perdón de ustedes, a todos los que  no pudieron cumplir su palabra de asistir, y a todos los que estuvimos ausentes en el silencio de nuestros hogares o tareas, pensando en este gran acto de  camaradería y grandeza humana.       

Tampoco puedo dejar de recordar a nuestros camaradas  contemporáneos que han partido en tantas diferentes circunstancias,  y que seguramente estaban en esos momentos  formando una escuadra de honor, con salvas silenciosas de recuerdos y que también han partido a eso que llamamos el “Ejército Celestial” , porque estamos convencidos que en la vida eterna que nos promete el Señor en su Evangelio, habrá una oportunidad para abrazar a los nuestros y entre ellos con especial sentimiento de afecto y gratitud a  quienes alguna vez nos recibieron en los inicios de nuestras vidas militares:  Jorge Mena, Rolando López, Orlando Góngora,  Manuel Polanco,  Sergio Guerra,  Reinaldo Corrotea,  Oscar Segundo Araya,  Juan Colina Vicencio,  Sergio Iván Rebolledo,  Roberto Miranda,  Pedro Durán Fontecilla,  Juan Figueroa Morales, Antonio Vásquez Acevedo, Carlos Enrique López Morales,  Oscar Arancibia Arancibia,  Apolinio Castillo,  Adolfo Duarte Cerda,  Enrique Cuello Diaz, Eduardo Figueroa Hiche,  Vásquez, Valeria,  Jorge Rodríguez Jorge Mena, Rolando López, Orlando Góngora,  Manuel Polanco,  Sergio Guerra,  Reinaldo Corrotea,  Oscar Segundo Araya,  Juan Colina Vicencio,  Sergio Iván Rebolledo,  Roberto Miranda,  Pedro Durán Fontecilla,  Juan Figueroa Morales, Antonio Vásquez Acevedo, Carlos Enrique López Morales,  Oscar Arancibia Arancibia,  Apolinio Castillo,  Adolfo Duarte Cerda,  Enrique Cuello Diaz, Eduardo Figueroa Hiche,  Vásquez, Valeria,  Jorge Rodríguez ,  Manuel Zapata Torres, Guillermo Córdova Guerra,  Enrique Mena, Jorge Aburto, Hugo Cortés Neira,  Manuel Leopoldo Rojas Urzúa, Héctor Vega Pizarro, Luis Marambio Vega, Lozano, Àngel Herrera Rozas, y tantos otros que se pierden en los recodos de la frágil memoria.

Ya  nuestros amigos más contemporáneos:

 Carlos Carvajal, Dante Hormázabal,  Mirto Verdejo,  Humberto Escobar,  Alejandro Saldías,  Alejandro Jerez, Rodrigo Flores, Edgardo Rosales,  Américo Olivares, Gerardo Neira, Oscar Aguayo, Haroldo Contreras, José Briones, Mario Alarcón, Ernesto Galleguillos,  José Sánchez, Urbano Balderas Castro, Jorge Maturana, Acevedo, Meza,  Fica Fica, Vejar, Tenorio, Turra, Bustamante, Naveas, Veas, Tobar y tantos otros que también descansan en paz en el alma de los que somos por siempre y para siempre : “ESMERALDINOS DE CORAZÖN”.

Ayer se unieron nuestras voces en el silencio del homenaje, en las palabas que dijera el más antiguo, y en el  compás invisible  imaginario de las  bandas de bronces y en los versos del amado himno “Adiós al Séptimo de Línea” que resonó en cada corazón y en cada latido de los presentes y también de los ausentes. Esa es la verdadera camaradería y el amor a los nuestros.

 

“Volverán si ser los que partieron, faltarán algunos que murieron, honrará la patria a todos ellos, para siempre, para siempre, su memoria guardará.” “Adiòs al Regimiento que se va adiós, adiós…adióssssss”…...





IMAGENES DE ACTIVIDADES NORMALES EN ROCA ROJA












ÁNFORA Y CENIZAS DE NUESTRO AMIGO Y CAMARADA. 

QUE DESCANSE EN PAZ Y QUE BRILLE PARA ÈL LA LUZ PERPETUA....

QUE LA FAMILIA SUPERE SU AUSENCIA Y  NUNCA OLVIDEMOS LO FRÁGIL DE LA VIDA, Y  LO QUE NOS DICE EL EVANGELIO: "POLVO ERES Y EN POLVO TE CONVERTIRÀS".....


UN ABRAZO AL CIELO....




(Fotografías proporcionadas  con el respeto y delicadeza propia de  esta acto  de amistad y camaradería por nuestro camarada Joaquín Gutiérrez. Lamentablemente un video corto, con a la entrega de la Bandera de Chile a la esposa, no fue posible subirlo a este espacio de recuerdo y homenaje.) 

Rezar por todos los caídos, nos hace bien. Y recordarlos, trayendo sus rostros a nuestra memoria,  nos enorgullece. Que descansen en paz. 




sábado, 28 de agosto de 2021

ANTE EL DOLOR DE LA PARTIDA DE CARLITOS CARVAJAL, SOLO RECUERDOS.

 ANTE EL DOLOR DE LA PARTIDA DE CARLITOS CARVAJAL, SOLO RECUERDOS.

Por un tema de salud personal (síndrome c de vértigos; de lo cual solo puedo contar horrores, no he publicado muchos temas en la red ni compartido como mi costumbre fotos ni notas de interés puesto que me ha traicionado el tema salud. Lo único que deseo hoy antes de terminar el día, es decir que - al igual que lo expresado por tantos “ESMERALDINOS” en las redes sociales, en los grupos y en sus propios grupos de amistad, es sin duda, que el alma se siente hoy acongojada y triste por la partida de un gran amigo, y mejor persona, como lo fue nuestro camarada Carlos Carvajal Alvarez, a quien el Señor ha llamado a su presencia, y quien, con su sencilla forma de ser, su profesionalismo ejemplar y su permanente preocupación por su trabajo, hicieron de él un gran militar, un excelente suboficial y un gran y servicial amigo, con virtudes y defectos como todos los que somos humanos y vestimos alguna vez el uniforme del Glorioso Ejército de Chile, pero que en medio del recuento de nuestra propias vidas y experiencias nos damos cuenta que de verdad mi Suboficial Carvajal, era y es muy querido, por sus virtudes humanas, por su cariño y su amor al servicio y al sentido delo deber, y todos quienes alguna vez conocieron de su servicio en sus distintas acciones como soldado.
En lo personal conocí a Carlitos Carvajal cuando éramos jóvenes estudiantes y vacacionábamos en Maria Elena. Allí compartíamos las emociones y alegrías del grupo Juvenil y era nuestra relación de buenos amigos y de grandes conversadores, puesto que Carlos, fue siempre un hombre muy culto, un excelente lector y poseedor de una cultura inmensa y de grandes conocimientos de todas las materias que pudiera conocer un hombre autodidacta, y muy claro en sus convicciones y pensamientos que lo hacían un ser distinto y ejemplar.
En esas tardes pampinas de tertulia y bailes juveniles, entablábamos amenas conversaciones y siempre teníamos algo que aprender de él y eso lo hizo para mí un ser admirable y caballero y como decía de gran acervo cultural y vastos conocimientos.
Quiso la Providencia Divina que nuevamente nos encontráramos cumpliendo el Servicio Militar como soldados el año 1974 en el Glorioso “Esmeralda” y surgiera entonces esa relación de soldados tan especial que a todos alguna vez nos ha causado alguna sincera emoción y sin duda Carvajal fue un gran soldado, en la época en que estuvimos con el “Chino” Cortés, el Leonardo Amaya, y varios ex soldados del “Esmeralda” conociéndonos todos profundamente de nuestros sentimientos y emociones. Más tarde, en esos cursos de emergencia que organizó el Ejército para poder cubrir las plazas de soldados y personal de Planta muy escaso y que debían cumplir tareas propias en esas circunstancias se hicieron cursos especiales y en tal sentido Carlitos Carvajal y varios otros amigos y camaradas de entonces, y tomando muy en serio su deseo y vocación de ser soldados y sin ninguna duda en decir un SI a Chile y un gran SI al “Esmeralda”, como su querida Unidad, la cual fue también su mayor motivación de vida, cultivando allí su sabiduría, seriedad y sentido de responsabilidad en el trabajo con su gran profesionalismo, sus bromas que nunca fueron ajenas para nadie y compartiendo con sus amigos de siempre al calor de una buena copa y/ o un buen pernil, pero sin jamás dejar de velar por el bienestar y preocupación por su familia.
Nuevamente quiso el destino que fuéramos vecinos en ese amado Block 2 de la Población Militar, donde aparte de buen vecino y amigos y junto a su esposa amada Nilda (gran colaboradora del Regimiento en las acciones de los Centros de Madres) y sus hijos, siempre fue un factor de liderazgo entre todos los que allí vivimos, organizando y siempre dirigiendo buenas acciones en bien de los demás.
Los “mejores” “Dieciochos de Septiembre”, las mejores Navidades, y las mejores reuniones sociales del block, los pasamos con gran alegría y amistad, hasta una ramada levantó la familia en el cancha del sector norte del Block para pasar esas fiestas inolvidables y únicas, junto a todos los queridos e inolvidables vecinos de nuestro block y por supuesto los invitados de siempre. Trabajaba sin descanso para brindar alegrías y servicio a sus vecinos, y sobre todo a los niños. Carlos y Nilda, eran especialistas en cultivar la amistad con sus buenos amigos y vecinos y no hay nadie que no los recuerde con cariño.
Por eso que no quiero terminar este día sábado, próximos al último domingo antes de cremar su cuerpo como decidiera su familia, y a Dios gracias, encontrarse su cuerpo presente en estos momentos en la “Capilla Militar” donde en justicia debieran ser velados los cuerpos de todos los ex militares de la guarnición y que los organismos como la Federación o el Círculo, debieran estipular a través de acuerdos con la Comandancia de Guarnición, para no pasar nunca más la vergüenza de que se le niegue el velatorio por una razón de desconocimiento comprensible, a un ex soldado, y cualquiera que, ligado al Ejército necesites de ese espacio espiritual para preparar el alma y la paz de la conciencia en la dolorosa despedida.
A Dios gracias el impasse producido se arregló y hubo la gran humildad de reconocer que fue un involuntario error, que de inmediato se pudo corregir y en eso valoramos el tema de la generosidad del sacerdote, pero debe haber una acuerdo entre la Comandancia de Guarnición para evitar esos bochornos que nos hacen sentirnos cada vez más abandonados sin siquiera darnos el tiemp0o a pensar todo lo que dimos en su oportunidad en el servicio desinteresado a Chile y su Ejército y que sean negados nuestros justos honores.
Con respecto a la Capilla Militar, no podemos desconocer la gran labor que desarrolló Carlitos Carvajal en los tempos que tuvimos la presencia del Padre Oscar. Carlos formó el Primer Grupo Scout en la Capilla Militar y fue un entusiasta director, jefes y organizador de esa instancia que reunió a muchos niños y jóvenes que hoy que lo recuerdan con cariño, luchando siempre por los inconvenientes de los que nunca cooperan o hacen de todo una crítica y los que siempre frenan los esfuerzos por hacer el bien y quieren solo vivir para ellos y en eso nuestro amigo dio muchos largos fines de semana, sábados, y domingos desde muy temprano, para enseñar a nuestros jóvenes niños, hijos de civiles y militares sin distinción, a quienes les enseño el estar SIEMPRE LISTOS, para ayudar al prójimo y servir en lo mejor de su servicio como Scouts.
En lo familiar, que es muy personal, nada puedo decir. Su familia sabe perfectamente la grandeza del padre de familia, el esposo y el amigo. Un ser excepcional en su forma de ser, comunicador ejemplar, educador por excelencia, amoroso, como buen padre, buen hijo, buen hermano, buen esposo buen amigo, “Mi” buen suboficial; excelente abuelo, y dueño de toda su propia cultura basada en la propia lectura de todo lo que llegaba a su manos lo devoraba ávido de conocimientos y deseos de aprender en forma permanente. Un verdadero “Libro Abierto”, y de gran sabiduría.
Nuestras últimas conversaciones , esas que uno nunca olvida y que toman el valor de lo más importante, fue a través de un correo de hace pocos días recibí, en el que me confiaba algunas letras de un libro que estuvo escribiendo de su propia vida, y que no tuve la oportunidad de cerrar las ideas para sugerencias o apoyos, pero que está aún allí abierto para que continuemos con la familia en ese impulso de este gran soldados que además tenía grandes dotes de escritor, sufrido, soñador pero dueño de una alma inmensa y llena de ilusiones de un siempre mejor mañana.
En el arte culinario, un maestro en todo lo que fuera su mejor deporte, la cocina, y hacer de esa virtud su mejor empresa y emprendimiento para luchar por la vida en los momentos del retiro, cuando tenemos que ingeniárnosla y reinventarnos para seguir viviendo y luchando.
Nunca olvidaré esos rollos de “Cabañas” aceitosos y condimentados que nos convidaba a los vecinos cuando la pesca había sido “abundante”, y casi “milagrosa” y nos enseñaba a aprovechar eso pescados nutritivos de la forma que él los preparaba “al vapor”, enrollados y con condimentos y que causaban gran sensación de placer en el paladar.
De eso habrá que escribir un libro, un nuevo libro, por todo lo que nos enseñaba y hacía en su propia vida y casa y que sin duda fueron también lo mejor de su generosidad , disfrutando siempre de la vida y las bondades del mar el cual lo disfrutó en plenitud, sin dejar de brindar con el vino de la amistad sintiendo siempre la alegría de vivir y ser feliz con los regalos que Dios y la vida le entregaron, sobretodo el de su amada Nilda, su amada Carla y Paolito que son en realidad con quienes nos criamos juntos en ese inolvidable barrio de la población militar donde aún circundan nuestras conversaciones e inolvidables recuerdos.
No quiero ser tan extensivo, pero me faltaría mucho que decir, pero ya eso ha sido comentado por todos ustedes en los diferentes comentarios de las redes.
Solamente me resta saludar al amigo y camarada y desear que en la vida junto al Señor, mantenga ese entusiasmo por servir y desde ese lejano lugar, velar por su familia que tanto amó y mantener en nuestros corazones su eterno recuerdo junto a tantos “Esmeraldinos” que han partido y que poco a poco nos dirigimos a ese lugar desde donde nunca más podremos volver pero que sabremos que será mejor.
A su esposa Nilda y sus hijos nuestros abrazos, gracias por la amistad y por todas esas lindas personas, amigos y familiares que han orado en estos días acercándonos a Dios y mitigando con ellos los dolores que causan una inesperada partida de uno de los nuestros que vivirá por siempre en nuestros corazones.
Descansa en paz amigo y camarada CARLOS CARVAJAL ALVAREZ, y que brille para Tí la luz perpetua…..Adiós “Esmeraldino de Corazón”.






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