lunes, 13 de octubre de 2025

Regto. Artillería N° 1 "Borgoño"

 


Hace algunos meses,  mi SOM. Rómulo Villagrán me envió esa postal, y otras del mismo lugar, pero con algunas diferencias  bastante  distantes en años, pero que para ninguno de nosotros, los que amamos un poco la historia de la ciudad,   no nos es difícil de reconocer.

Efectivamente esta postal, representa las instalaciones militares del cuartel del Regimiento de Artillería  “Borgoño” que se instaló en esas dependencias, que fueron también del Batallón Logístico Nº 1  “Tocopilla”, como las alcanzamos a conocer muchos de nosotros, en las décadas del  60, 70 y posteriores. 

Por esa calle “Angamos”, transitaban los ciudadanos hacia el sector sur de la ciudad,al escenario deportivo más importante de esa época, el Club “Hípico”, y que estaba ubicado en lo que es hoy el Estadio Regional. La postal hace referencia también a esa antigua casona que subsistió al paso de los años y que no sabemos si tiene carácter de patrimonio histórico regional y que fue afectada por un lamentable incendio, de lo cual no se ha podido recuperar.  Pero allí  la nombran como  “Chalet de Tennis”, lo que hasta hoy creo que  presta esa función social y deportiva, con algunas variantes como restaurant o  temas relacionados con la siempre innovación o emprendimiento turístico, del rubro alimentación pero en estos momentos  sin uso culinariok, sino solamente empleo de las canchas deportivas.

 

Pero, la pregunta concreta de mi amigo Villagrán: ¿Es acaso ese Regimiento “Borgoño”, del Arma de Artillería,  unidad que pudo  anteceder a la creación del conocido y querido or la ciudad “Regimiento de Artillería Nº 5 “Antofagasta”?

La respuesta es,  definitivamente no.

Para eso hemos indagado en algunos libros de historia militar de nuestra ciudad, específicamente el tomo único del interesante  y poco conocido volumen: “Presencia del Ejército de Chile  en la II Región”, iniciativa que correspondió impulsar al entonces Comandante en Jefe de la I División de Ejército, General de Brigada Jorge Fuenzalida Rojas (Brillante general “artillero” aunque los Generales no tienen arma) , y que inició un largo proceso de trabajo de investigación a cargo del coronel Dn. Marcos López Ardiles, como desafío importante en medio de las múltiples tareas de mando  de su  tiempo, abocado principalmente a dar una nueva estructura y forma al recién formado “Regimiento Reforzado Nº 20 “La Concepción”, que fusionó a todos los regimientos de la ciudad en uno solo, y que dada la dinámica de los cambios de la modernización y la rapidez con que se van desarrollando los desafíos temporales de los mandos,  debió ser continuada, asumida, orientada, dirigida y consolidada con un equipo de trabajo que demoró al menos un par de años, al mando del coronel Daniel Arancibia Clavel, y que  dieron feliz término a esta iniciativa planteada con gran sentido de conocer parte de nuestra historia militar, y  editada solo con la finalidad de estrechar  los lazos cívico militares  de Ejército de Chile, con nuestra ciudad. La obra terminada, fue entregada a la comunidad en una solemne acto, desarrollado  al interior del Museo   “Séptimo de Línea”, en las dependencias que fueron alguna vez el primer piso del pabellón de entrada al cuartel del Regimiento de Artillería Nº 5 “Antofagasta”, en la Avenida Ejército, y en la cual el señor General de Brigada  Fuenzalida,  cumplió ese gran deseo, prometido como un “compromiso público” que contrajo el 14 de febrero de 2003,  con ocasión de la celebración del desembarco  y ocupación militar de la ciudad, materializando esta obra, por un equipo de trabajo que,  en sus  páginas iniciales, el propio Director de la obra, coronel Arancibia, estampó su propio agradecimiento a quienes dieron vida a este volumen histórico de investigación.

En los muchos temas, esta obra abarca, desde el poblamiento de la ciudad, la prehistoria y sus primeros habitantes, en su II Capítulo nos brinda el conocimiento militar, que nos aclarará la pregunta  realizada por nuestro amigo Villagrán, y que deseamos, por tema de tiempo y espacio, concretar en  pocas palabras, sin dejar de nombrar los respaldo históricos necesarios para esta simple investigación.

Entre los años 1911 y 1921- reza la obra mencionada-,  se produce una serie de ajustes  en la ubicación y conformación de la I División, y por Decreto Supremo G.A. Nº 83, se organiza la 1ra Brigada de Artillería con guarnición en la ciudad de Tacna y compuesta por el Regimiento de Artillería Nº 2 “Arica” y el Regimiento de Artillería Nº 6 “Velásquez”, este último antecesor del Grupo de Artillería Nº 5 “Antofagasta”. En 1912,  el Supremo Gobierno, atendiendo las necesidades  de la guarnición de Tacna creó a base  de la compañía de zapadores, el Batallón de Zapadores Nº 1 “Atacama” en cuya orgánica se contempló una compañía de  zapadores y una compañía de comunicaciones. Esta compañía sería el origen  de las futuras unidades del Arma de Telecomunicaciones y del actual Batallón de Telecomunicaciones Nº 1 “EL Loa”, con guarnición en Antofagasta. Por ese entonces  como parte de la estructura del  ex Regimiento Reforzado Nº 20 “La Concepción”. En ese mismo año y por Decreto Supremo  G1 Nº 83, se crea en la guarnición de Tacna, el 16 de Enero de 1912, el Grupo de Artillería “General Borgoño”, como una unidad de artillería de montaña. Este grupo de artillería se formó sobre la base de la Plana Mayor del primer Grupo de Artillería  y 120 soldados del regimiento de Artillería Nº 2 “Arica”, siendo asignado a la I División de Ejército. Su primer comandante fue el mayor Carlos Harmz Espejo, permaneciendo en Tacna hasta el año 1921. La sociedad de Tacna le obsequia su primer  Estandarte de Combate en el año 1912, en reconocimiento y estimación de su alta moralidad y disciplina. Su nombre patronímico  fue establecido en memoria del coronel de Artillería, José Manuel Borgoño Núñez, quien se destacara en la gesta heroica  de la batalla de

Maipú y que aún se conserva como una manera de resaltar la tradición gloriosa de la artillería chilena. A partir de 14 de julio 1921 y por Decreto Supremo Nº 1965 el Grupo de Artillería de Montaña “General Borgoño” es trasladado a la Guarnición de Calama.  En los primeros días del mes de Septiembre de 1921, el “Borgoño” se embarca en el transporte “Angamos” de la Armada de Chile, con todo su personal, ganado, material de guerra, vestuario y equipo e inventario con destino a  Antofagasta, donde debía desembarcar y luego de un descanso de dos días, marchar por tierra hasta Calama. Pero la simpatía que esta unidad supo conquistar en todas las esferas sociales, hizo que toda la población en manifestaciones de diversa índole, solicitara al Supremo Gobierno, por intermedio de las autoridades,  que el Grupo de Artillería de Montaña Nº 1 “Borgoño”, quedara en la Guarnición de Antofagasta. Se ofreció para tal efecto un cuartel y otras comodidades que no disfrutarían en la ciudad de Calama.

              El Supremo Gobierno, gratamente impresionado, accede a ello, disponiendo que permaneciera momentáneamente en Antofagasta, en el cuartel que fue el que ocupó el Batallón Logístico Divisionario Nº 1 “Tocopilla”. Su traslado definitivo a Calama se produciría en febrero de 1925. En la actualidad esa Unidad, mantiene su denominación  con el nombre de Grupo de Artillería Nº 10 “Borgoño” como parte del Regimiento Reforzado Nº 1 “Topáter”.

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NOTA: Actualmente las Unidades de la I División tienen otra denominación.

El Regimiento Reforzado Nº 20 “La Concepción” dio paso a la creación de la “Tercera” Brigada Acorazada “La Concepción”.

El Regimiento Reforzado Nº 1 “Topáter” es ahora la  Brigada Motorizada Nº 1 “Topáter”






miércoles, 1 de octubre de 2025

Agradecimientos Sra. MARIA CANIHUANTE.


                                              SOM. ENRIQUE CANIHUANTE PACHECO
                                                      (Grado de ese entonces "Brigadier")
                                              

Mi apreciada y respetada Sra. María Canihuante:

               Aunque mi espíritu es de soldado infante, del “Esmeralda”, no he podido dejar de emocionarme con esa maravillosa historia del soldado niño Canihuante y un resumen de su vida entregada al Ejército por toda una larga vida, e iniciada  en esos difíciles instantes  en que debemos decidir nuestros caminos para salir de las  lúgubres  soledades e incertidumbres de la vida,  enmendar nuestros rumbos y decidir por nuestra propia voluntad distintos caminos, poniendo como siempre la templanza y el valor de poner valientemente el “pecho a las balas”,  e iniciar esa aventura sin fin marcada por la ilusión, por el ritmo acompasado de tambores y los clarines que evocan victorias, y nos llaman en esos enganches, a ingresar a las filas del Ejército, sabiendo que ser soldado nunca fue fácil,  y decidir el destino con una entrega generosa y con la responsabilidad y visión futura para  comprometerse y vestir el “hábito” militar, parecido al de los monjes, que renuncian a su vida terrena para entregarla a esos ideales superiores y espirituales que siempre están sobre el hombre y en el caso de los soldados, por el bien superior que es la Patria y su bandera.

               Me he emocionado hasta las lágrimas. Porque conozco tan directamente la vida del soldado.  Quizás la mía no haya sido con todas esas dificultades que enfrentó su padre en esos tiempos.

               El tiempo mío ,más contemporáneo y con otras dificultades no menos desafiantes. Yo que amo la historia,  busco y leo muchas   “Vidas de Soldados”,  de toda época, y conozco claramente lo fuerte  de esa decisión de niño,  en un tiempo en que el que vestir el uniforme era mal mirado, y que en medio de ese llamado espiritual de servir, con convicción y vocación,  tantas veces fue toda una aventura tener que alimentarse, vestirse, y contar  en muchos casos con un miserable “pago”, porque así era ese “trabajo” y que obligaba a dar y darse sin recibir, y enfrentar  los tiempos difíciles de la estadía en Tacna, ciudad por entonces perteneciente  Chile, y entregada post plebiscito del año 1925, pero que marcó la tierra de  nuestros ancestros artilleros, que formaron también sus familias y  se dedicaron al servicio de la Patria hasta que vino esa nueva oportunidad de recomenzar de nuevo, y volver a sus inicios juveniles como parte de  esos soldados del ”Parche Negro”, Artilleros, que vivieron,    (y aún lo hacen) con ese romántico sueño espiritual de la Artillería de antaño y que  dirigen cada día  su mirada a su Patrona,  “Santa Bárbara”, que  sirve de guía y luz a todos los artilleros del mundo.

               Para  mi alegría y gusto personal, ligado siempre a la música, cuenta aparte merece conocer las virtudes musicales de su padre. Ya saben mis oídos de los toques de corneta en el terreno, en la instrucción y en la hora de la “Oración”, y es el silencio, el mejor homenaje que puede articular  el que a pulmón sopla con  cariño el instrumento, para regalarnos esa paz y tranquilidad en esa hora del descanso de la siempre  esperada retreta.

               Nadie sabe de la vida del soldado, si es que no ha vivido allí, en medio de los cañones, de los obuses y de las bombas, desplegado en terreno, con estruendo de las piezas de “brazo largo y ronco hablar”, y el duro transporte a mano, pie  o a mula, de los pesados cañones y sus respectivas municiones.

                Saber y conocer, explica claramente cómo se formaban los soldados de ayer y de siempre en las duras tareas militares.

               Usted, con su nota y homenaje, ha refrescado en nuestras memorias al hombre anónimo y silencioso, sacrificado y estoico como su padre, que  en medio de los muchos dolores de la soledad, del sacrificio, de la larga noche bajo las estrellas, nunca titubeó en dar y dar todo lo de sí, para cumplir y dar curso a su llamado interior de prepararse, para defender y servir a la Patria en toda circunstancia.

               El soldado es eso: Hombre de bien, que  cumple con valentía su rol, y en ese tiempo,  con muchas falencias de todo tipo, sin siquiera tener esa esperanza de un reconocimiento ciudadano, heredado por nuestros antepasados que lo dieron todo, sin nada,  en la Guerra del Pacífico, y que recibieran tan injustamente, el tradicional y no muy feliz “Pago de Chile”,  lo que fue una injusta realidad para todos  aquellos que, como su padre en tiempos de paz,  sirvieron con tanto amor, y sin esperar recompensas y permitir  a otros nutrirse de su ejemplo y valor, cumpliendo su compromiso de servir a la Patria, "hasta rendir la vida si fuese necesario".

 

              Usted es afortunada. Nunca entendí, hasta ahora, su presencia entusiasta y amistosa en los homenajes a los héroes  “Veteranos del 79”.

               Cada vez que he tenido la oportunidad de asistir gracias a la  permanente invitación de nuestra  amiga en común Anita Olivares,  la he visto generosa, emocionada, y eso me ha llamado siempre profundamente la atención, cuando su fuerte siempre fue la cultura, la historia, la poesía, el amor incondicional  a “SU” Antofagasta,  a Sabella  y sus historias, pero hoy me siento hermanado con sus nobles sentimientos expresados en ese justo homenaje y reconocimiento a su amado padre, que seguramente impregnó su alma también de niña, en las responsabilidades de la vida, y en el siempre claro “cumplimiento del deber”, que es como la virtud eterna de los soldados de siempre, que aunque parezcan de rostro duro, tienen un corazón  generoso y de gran sensibilidad.

               No podía ser menos su sentido homenaje a un soldado, por parte de una mujer tan dedicada a la vida y cultura de la ciudad, y que conociera tan de cerca ese abnegado valor  y ejemplo que la acompañó por tantos años de su vida: Su amado Padre, el distinguido Suboficial Mayor del Regimiento de Artillería N° 5 “Antofagasta”.

               Usted conoce esa vida, de sacrificio, de renuncias, de soledad, y entiende que en muchas oportunidades  quizás él no pudo acompañarle por tener que cumplir las “obligaciones del servicio”. Eso no cualquiera tiene el privilegio de vivir y conocer y en consecuencia, entender.

               ¡Quizás cuántas veces vivió usted esas larga ausencias del “padre” soldado!, alejado de la urbe en las inolvidables campañas militares para formar jóvenes con esos valores que perduran para toda la vida!

               Por ello que no sólo la saludo con respeto y admiración, sino que me permito abrazarla sintiendo que nuestra sangre bulle con emociones pues  hay personas valientes y dulces como usted, que  vivieron la “Santa Pobreza” de ser hija de soldado, en esos duros y difíciles tiempos del ayer.

               Gracias por su nota, por su trabajo, por todo lo que hizo su padre, a quien rendimos también nuestro humilde homenaje póstumo en estas líneas, pues  nos llena de orgullo saber que usted lleva en la sangre ese parche negro que distingue a los Artilleros de Chile,  herencia que fue ganada con sudor, con trabajo y entrega, y que le permitió a su padre crecer, desarrollarse, servir con orgullo y  conformar lo que al final tiene  tanto valor para el soldado: Su patria y su familia.

               Felicitaciones por su maravillosa nota, que  de una u otra forma representa un sentir justo y honorable para los soldados de ayer,  hoy y de siempre, que  vivieron y murieron creyendo siempre en ese valor superior que da el  defender la Patria y la bandera a toda costa, a riesgo de sus propias vidas.

               Mi Suboficial Mayor Don FELIX ENRIQUE CANIHUANTE PACHECO, descanse por siempre y  para siempre en paz.

 

             Atte. Suboficial Mayor Carlos Garcia Banda.
















 


miércoles, 3 de septiembre de 2025

UN SENTIDO ADIÓS A ARTURO GUERRA

 


La última cueca hermano, antes de acompañarte al campo santo donde se quedan aletargados y perennes los sueños y las esperanzas en medio de esa soledad eterna, que nunca quisiéramos experimentar, pero que sabemos que se torna dulce ese paso desconocido y forzado, cuando en medio de tanta soledad , suben al cielo las voces acompañadas con los tradicionales acordes de las guitarras festivaleras de la siempre contagiosa alegría, haciendo girar los pañuelos que saludan con aire de sufridas ansiedades al cielo, como una oración cantada de amigos únicos, hermanados por la historia inmortal de nuestras tradiciones y que encuentran cada día una respuesta a la incesante búsqueda de lo que llamamos felicidad, como si ella fuera esquiva para el común de los mortales, pero que nosotros la sentimos viva, y chispeante en nuestros propios latidos, porque en eso, la cueca nos ha regalado tanta felicidad y nos ha hermanado en nuestra sacra historia y tradiciones, porque con la cueca, cantamos, bailamos, soñamos, reímos o lloramos, enjugando las penas con ese vino tibio y oloroso de la amistad pura, como ofrenda generosa en esas noches de canto y tertulia, buscando siempre sacar de nosotros ese misterioso ser que se despierta pletórico de emoción con ese gran sentimiento de ser hombres buenos y hacer vida el consejo del Evangelio de amarnos como prójimo, para alcanzar alguna vez el cielo, y allí seguir la cueca larga , con las voz de las cantoras, las de aquí y las de allá, que sonrientes entonan sus notas graciosas y golpean acompasadas sus palmas, para decirnos que siempre estaremos vivos, aunque tengamos que marcharnos a otras fondas celestiales “a componerla”, porque nunca dejará de permanecer en nosotros ese amor que descubrimos en esos años primeros de nuestra amada juventud y que nos han acompañado desde siempre, porque la cueca es también construir y soñar con un mundo mejor.
Hoy te despedimos, con lealtad, con sonrisas, con recuerdos de amistad y quizás una que otra lágrima porque nos costará acostumbrarnos a tu ausencia, pero sentimos tu presencia volando en el cielo celeste, oyendo nuestras voces que no quieren apagarse para no sentir que ya definitivamente no nos veremos más en esas tardes de tertulia y de amistad, pues el tiempo que traíamos impreso en el libro de la vida, lo recibimos justamente el día que tuvimos que nacer, siendo nuestra humana existencia un inicio con un nunca deseado final.
Ahora hacemos lo que más nos gusta y para ti, y para nosotros cantamos mientras estira la cuncuna el otro “peladito” el Robledo:
“Del cora, del corazón de la Loica….” Y se funden en el barro de Pomaire nuestras lágrimas para moldear lo mejor de nuestra humanidad para seguir formándonos como leales amigos, y recorrer el “Chile una Postal” que nos da tanta satisfacción y emociones compartidas, porque la magia de la cueca nos hace estar en “Los Lagos de Chile” o en “Valdivia” cantando junto al “gallo” del kikiriki, o nos da nostalgias y ponemos ojos de enamorados cuando vemos en los ojos de nuestras compañeras a nuestra amada “Consentida” y nos enredamos en el ¡¡ SALUD DE COMPADRES!! con la lengua dulce y embriagada de la “Chicha de Curacaví” que nos hace sonreír, o nuestra poca fe a veces olvidada, que se despierta en medio de nuestras tristezas y preocupaciones cuando sentimos el repicar de las campanas que nos llama para anunciarnos que en la Iglesia del Carmelo, “ella” ya tiene ella otro dueño, y entonces para apagar la pena agitamos el vino oloroso y olvidamos esos dolores pasajeros y con nuevo brío otro ¡Salud Compadre! una otra vez, alzando nuestras copas hasta “Verte Cristo Mío”, en un rito de amigos que nos hace gritar ¡VIVA CHILE! con sus hermosos paisajes del “Chile una postal” y entibiar la sangre con sus “Copihues Rojos”, y entre salud y salud, permitir que los Queridos amigos”, nos lleven de juerga alguna noche a bañarnos como el Diablo, que veces le roban la ropa…..
Y así es la “cueca larga” que viviremos ahora sin tu presencia, aunque sabemos que estarás disfrutando del vino amigo y de lo que siempre amaste: tu Chile y su folklore, y en medio de las soledad del hombre, vivir agradecido también por que como buen “cuequero”, tuviste tiempo también para vivir con tus amadas familias, siempre contento con la ilusión del amor.
El sol brilla siempre, aún sobre la tormenta despiadada de la muerte, y es en ese sol que entibiamos nuestras lágrimas para decirte querido amigo Arturo, que damos gracias al Supremo, por haberte conocido, y haber caminado siempre llenos de ilusiones y proyectos, los que no deben nunca terminar pues tu espíritu sereno y de alma de líder, nos guían por siempre.
Un ¡Salud Final! con pandemia y con problemas, y deseosos de acompañarte en el recuerdo, mientras seguimos preparando las otras cuecas…..
Tus amigos y amigas del “COFUA HISTÓRICOS”
Amanecer del 25 de Julio de 2021…..03:00 hrs.

Fotografía gentileza de Ricardo Vera) 

BLAS ERNESTO....

 

                                                     (Imagen de la red solo de referencia)

BLAS ERNESTO

No me olvido de este nombre, el de BLAS, porque en los tiempos de la “Peña de la U”, había un apreciado amigo, Jefe de la Imprenta, de una voluntad de oro,  de un espíritu alegre como nadie, que reía y bromeaba todo el día,  contándonos sus amenas anécdotas y que nos hacían la vida agradable en nuestros tiempos de trabajo voluntario en La Peña.

            Don Blas, siempre nos acogía con cariño, en ese espacio sagrado para su trabajo junto a  sus ayudantes o trabajadores de la misma imprenta.

            Marca Don Blas para mis recuerdos y vida, un personaje simpático, empático, alegre y honesto. Sencillo, trabajador como nadie y sobre todo colaborador extremo en cualquier detalle que pudiera servir a quienes participábamos en las actividades del Conjunto Folklórico de la Universidad de Chile. (COFUCHA)

            Pero…hay otro Blas, con un agregado, casi como apellido de Ernesto: BLAS ERNESTO, otro personaje netamente artístico que tenía sus encantos y que poseía un lenguaje convincente y de mucha claridad. Se expresaba muy bien, tenía esa impostación de voz, como si fuera un experto comediante y transmitía con su palabra todo el arte y experiencias acumuladas en su vida de artista de las tablas  santiaguinas  y  debo reconocer que nos deleitaba con sus historias de campo.

             Veíamos en él, al esforzado campesino, trabajador de nuestras tierras sureñas y en sus creaciones  poéticas, siempre tenía un consejo propio de nuestro hombre de la tierra, que conoce los secretos y detalles de la bondades de la naturaleza.

            Hablar, por ejemplo en uno de sus versos,  de  “La Receta”, era impregnarse de tradiciones  que solo conocían los habitantes  de los pueblos campesinos de la zona central y sur de nuestro país. Nos decía en su elocuencia y lo recuerdo claramente que:  

“No vaya al hospital, si tiene una herida , deje que se la “lamba” (de lamer)  un perro y Santo Remedio. Si tiene indigestión,  tampoco vaya al hospital…”Mezcle un poco de mierda de chancho con azúcar quemá,  échele agüita caliente y se la toma y ¡Listo!...Se le pasará por arte de magia la diarrea“…

                Y en medio de las risas y de la novedad de sus poemas, disfrutábamos de sus creaciones y esa gran cercanía con las personas del público. Vestía siempre un pesado “Poncho”  campesino. De pelo más bien largo y  con varios kilos a su favor, no se inmutaba por nada. Se paraba en el escenario, acompañado de algún guitarrista voluntario de “La Peña”, y se lanzaba con sus hermosas poesías costumbristas que nos hacían vibrar de risas y alegrías.

                Blas Ernesto era un hombre que llegó en esa temporada de Peñas  una tarde a la calle Maipú, y ofreció sus servicios,  a cambio de algunos pocos pesos para su mantención, y poco a poco, fue entrelazándose amistosamente entre nosotros, aparte de la gran admiración que provocaba su sencillez, su carita seria pero bondadosa y  más que  nada por que era el representante genuino de nuestro hombre de campo al que tanto apreciábamos, y que él lo irradiaba  con ese magnetismo propio de las personas que emiten  señales que  indican el poseer ese “algo especial” y que finalmente  los hacen ser triunfadores en sus intentos  de dominar al público con su arte y sus  desafíos por la vida.

             Declamar y recitar poemas de campo, de vida y costumbres de esos desconocidos rincones y lugares alejados de las montañas de nuestra amada Patria, lo hacían un ser de excepción. Era todo un bagaje destinado al éxito y complacencia por sus virtudes que eran todo lo que representaba su personal figura.

                    Admirable Don BLAS ERNESTO…

             Y en esa magia, como era hombre mayor, no había mucho intercambio de palabras con los más jóvenes del conjunto, sin embargo a veces me saludaba amablemente en sus actuaciones, pues  yo acompañaba a  Villafaña, que tenía a cargo la amplificación,  grabación y luces en un  rinconcito, parecido a una caseta sobre el escenario y  de la cual en pequeños agujeros,  oteábamos al interior de la Peña para saber   los detalles y exigencias de los artistas.

             Y muchas veces Blas Ernesto decía: “Y un saludo al querido amigo "Carolo", que se encuentra calladito allá arriba,  apoyando las luces y la amplificación, por lo que  en esa historia de vanidades humanas te hacía sentir anónimo pero importante sin ser visto.

            Una tarde de esas en que yo llegaba de mis faenas de Mantos Blancos, donde estaba haciendo práctica de estudiantes, en largas jornadas de trabajo. trataba de dejar mis temas de inicio de  jornada del día siguiente preparado y listo,(lonchero, ropa, documentos) y volaba a  ese encantador lugar que se llamaba la Peña, donde  siempre había algo que hacer y en qué colaborar.      No digo yo que haya sido un músico o bailarín experto. En realidad los “team” de guitarristas, acordeonistas,  intérpretes de  vientos  nortinos y percusión, abundaban en ese lugar, para todos los gustos. Yo disfrutaba más con la escoba que con el canto, pero estábamos allí haciendo nuestro aporte humano y generoso por el puro placer de ser útil, aunque mi corazón latía por la "Carola, esa rubia de la Peña" como le cantara Don Oscar Olivares.

            Blas Ernesto llegó esa tarde un poco más temprano, dispuesto a  participar en esas tertulias de fin de semana, y con su cuaderno lleno de poemas de campos, elegía  sus repertorios y miraba serenamente desde un rincón  de la entrada  hacia el salón principal de la Peña y  en su mente mágica  interpretaba  el sentir de la gente y  ya tenía sus ideas claras.

            Siempre sacaba aplausos y  tenía una virtud, no tomaba alcohol, solo recitaba y no tenía ningún instrumento, solo su gruesa presencia y su poncho campesino y su privilegiada memoria y capacidad de improvisación.

            -Hola Carolito-  me dijo  en esa tarde casi noche, esperando la llegada de las personas que disfrutaban de esas tertulias.

            -Tengo que pedirte un favor- me dijo, como si fuéramos amigos de toda una vida

            Blas Ernesto era el típico “Santiaguino” entrador y arrasaba con su personalidad. Siempre teníamos la aprensión de sentir que en las regiones, éramos incautos y torpes y entonces me la dijo en directo sin tapujos:

            -Tengo que viajar urgente a Santiago, porque tengo mi señora enferma….Así que  como vuelvo en 15 días más,  necesito me compres un pasaje de ida y vuelta  en avión, para ir y volver a la brevedad a Santiago

            -El dinero de los pasajes te lo traigo en mi regreso y  no te preocupes. “TODO ESTARÁ BIEN.”

            Comprenderán ustedes la situación de preocupación con mis pocos haberes de estudiante en práctica  recién ingresado a la minería de Mantos Blancos, para pensar cómo le hago…

            Pero como siempre  debemos ser generosos con el prójimo, y por principios cristianos y de  ayudar a quien necesite, “pisé el palito”, y al lunes  siguiente  un préstamo que en ese tiempo abundaba en facilidades,  me permitió reunir los recursos y tenderle la mano al  apreciado BLAS ERNESTO…..

            No era poco, un pasaje  (o mejor dicho "dos")  a Santiago en esa época, era  bastante honeroso y viajar en avión era todo un lujo.

            Pero la paz del corazón, cuando haces el bien, descansa en la satisfacción más plena y  se siente flotar el alma en ese espacio  celestial que te señala el que estás en buen camino, y el hacer el bien sin mirar a quien, marca ese impacto de darlo todo sin tener nada.

            Las Peñas continuaron los fines de semana. Siempre con la rutina y el entusiasmo juvenil de esos jóvenes intérpretes y bailarines que montaban hasta tres cuadros folklóricos por noche:     Campesinos, Chiloé y Huasos y entre medio algunos invitados especiales como lo eran los conjuntos de interpretación nortina con quenas, charangos y zampoñas que  se paseaban entre la Peña, el Tambo Atacameño y las actividades artísticas folklóricas de  grupos sociales, entidades deportivas y  universidades.

            Viví los mejores años, abnegados y  hermosos en ese grupo humano del COFUCHA. Amigos  afectuosos y afectivos, y más que integrante fui amigo, colaborador y siempre estuve dispuesto a  desempeñarme  en los trabajos más sacrificados que no eran  especialmente los artísticos, a los cuales me acoplaba con algunas falencias y dificultades por no  tener dominio  como los más avezados que eran los fuertes del grupo. 

            Blas Ernesto me sonaba a veces en mis preocupaciones.

            No fue fácil pagar mes a mes las cuotas de ese banco como lo era el "Morgan Finanzas",  que en la calle Matta, me quitaba  (por avispado) todo los meses  una hojita, de mi deuda, y  hoja por hoja se iba disminuyendo lentamente la abultada chequera de pago,  y que con el pasar del tiempo,  fue mermando en grosor, hasta alcanzar  la última letra y dar con el cartón vacío de ese instrumento de cobranzas que me tuvo complicado por varios meses por no decir  más de un año.

            Sin duda que Blas Ernesto nunca volvió. El viajecito de placer y el otro pasaje que seguro fue para su esposa,  fueron el mejor regalo de Antofagasta  para sus aspiraciones.

            No me gusta hablar mal de la gente, era un artista extraordinario, bueno en lo que hacía, convincente, sacaba aplausos y risas, y ya alguien me había contado en reserva tras bambalinas, que tuviéramos cuidado.

            Me fui a Santiago como postulante aceptado a la Escuela de Suboficiales del Ejercito.

            Un fin de semana, de esos que pocas veces teníamos la oportunidad de disfrutar, instalado en ese cuarto de la casa de calle Baquedano 740, donde me alojaba los fines de semana, una querida “Madrina” de la familia, que me cobijaba  y me permitía  tener un espacio personal, llevar mi ropa para el lavado y aplanchar  mis tenidas de soldado y   descansar como todo mortal, me encontré nostálgico. Sin duda que mi mente volaba cada día donde la amada Carolita, mi  “polola” por entonces y amor eterno,  y entonces con ese sentimiento de extrañarla,  caminé por la larga calle San Pablo hacia la Plaza de Armas,  y me encontré  por allí cerca de Teatinos, un letrero que decía: “Hoy Peña Folklórica”.

            Así que entré a ese lugar un tanto vacío a esperar que se tejía. Para nada se comparaba a nuestra inmensa Peña, allí era solo un saloncito, con algunas  sillitas individuales y pequeñas mesas, medio oscuro. Se pagaba una  entrada económica, pero el recurso de ganancia estaba en el consumo.

            Para mi suerte y agrado,  vi en directo en esa oportunidad al entonces conocido intérprete de los Moros,  Jorge Yáñez, que  recitaba versos costumbristas como ese de “Con brotes de mi siembra"….(¡Quién se lo iba a  imaginar!!.) y  nos regalaba todo su arte, por esas pocas monedas, y que sin duda recibía el merecido aplauso por sus poemas…

            Algún conjunto menor, nunca tan bueno como los “nuestros”, animó con un par de canciones  la tertulia de Santiago, permitiéndome un rato de paz, consuelo  y alegría.

            Y entonces vino el anuncio de la “Estrella de la Noche”.

            Con ustedes..   "BLAS ERNESTO……..” "EL CAMPESINO"....

            Y  vinieron mis inquietudes, mis preocupaciones, (¿Le cobro o no le cobro? ¿Se acordará del Carolo y “su” deuda en la Peña de la U? ¿Qué “chiva” me dirá?)

            Nuevamente después de más de un  año, oí su  entretenida declamación de “La Receta”,  con el conocido brebaje de la “Mierda de Chancho” con agua y azúcar para aliviar la diarrea….

            ¡SI!, los pocos parroquianos presentes, lo aplaudieron como a todos.

             Al terminar, se sentó junto a una dama, compartieron algún tecito o algo parecido,  me levanté  decidido,  me dirigí a su lugar con la única intención de saludarlo, sin pensar en los otros aditivos agregados de mi mayor interés que eran “la deuda”, y en el segundo  que antecede a la llegada y el  educado ¡¡Buenas Noches!! , Blas Ernesto dio vuelta la cara, se levantó y se dirigió por un pasillo al fondo, de la vivienda que servía de "Peña", después de haber visto de reojo mi mirada y sorprenderse de mi ingrata presencia.

            Esperé. 

            Pronto se levantó la dama y  esperé y esperé.           

            Y como en todo cuento de hadas, mágicamente desapareció de la escena entre el humo del tabaco y los aires románticos del “Cóndor pasa”, que interpretaba un joven en el escenario principal del pequeño salón.

            No apareció jamás en la vida el famoso Blas Ernesto que seguro me reconoció con su rabillo del ojo y como buen campesino chileno, se hizo el webón y escapó para nunca más volver.

            Pero recitaba lindo y  seguro habría otros  Carolos poco avispados en Chile que le tenderían la mano y que todavía le buscan con ansias y frenesí para recordarle su agradable paso por las costas de nuestro Antofagasta.

             Salud con agua Don Blas Ernesto. (Cuando se acuerde….)

 


Hoy habrá una “Pichanga” en el cielo….

  Hoy habrá una “Pichanga” en el cielo….               Una de “esas” noticias de las que no nos gusta enterarnos y que marcan de inmediato...