domingo, 12 de julio de 2020

AL MAESTRO CON CARIÑO...


“De los Alpes, Solitario,

Suena un melodioso son,

que conduce a nuestras voces,

repitiendo una oración”…

 

…Cantaban las voces de los niños de la Oficina salitrera Maria Elena, en la sala “Brasil”  de la Escuela Consolidada “América”,  donde el joven y apuesto profesor, Señor Sergio Montivero,  nos organizaba para el Festival de Coros de América  que se realizaría en Viña del Mar.

Esa tarde fue triste para mí, puesto que en el recreo que nos diera nuestro querido Maestro,  nos pusimos a “disparar” el borrador con tiza, quedando con grandes “parches blancos” en nuestros uniformes de vestón azul, siendo sorprendidos por don Sergio, quien  hallándome culpable,  me hizo caer el peso de su disciplina dejándome suspendido del ensayo y sobretodo del anhelado viaje.

Siempre le admiré, por su calidad humana y sus virtudes de gran educador. La música era su principal fuente de inspiración y proyección educacional y en ella volcaba todas sus capacidades. No dejaba de lado su violín para enseñarnos el canto en su clase, y en toda velada tocaba armonioso su guitarra, acompañando a los “hermanos Garcia”, que cantaban: “Qué bonito que cantaba la palomita en su nido…” guiando simultáneamente a  tres y hasta cuatro distintos  conjuntos musicales de estudiantes  que formaban pequeños coros de voces blancas  y entonaban sus cantares en los homenajes a la Patria  en la escuela o en la Plaza , donde celebrábamos orgullosos las festividades de la Independencia o corrigiendo y escuchando a Juanito Córdova que destacaba  con su voz y sus cantos de México.

Después de mucho trabajo coral y afiatamiento, más las actividades para reunir los necesarios fondos, el Coro de Maria Elena con su director titular y otros maestros,  como el recordado “Pelao Morales” , quien era también el de la disciplina  y el respeto, partimos (me incluyo, puesto que fui perdonado a última hora  por el Consejo de Profesores como premio a mi  abnegado trabajo en la Kermesse) a la aventura más grande  de nuestra vida: Un viaje interminable  en “góndola” que nos llevó a recorrer este bendito desierto , avanzar y ver  por vez primera  el verdor de nuestros campos,  soñando con los frutos que colgaban de los árboles , según nos contaban  a los niños pampinos de entonces . En fin, a conocer parte de nuestro amado Chile.

Recuerdo a Rubén Gómez Quezada (“Buena base”, ) flaco y espigado, serio y caballeroso tomando fotografías apegado al parabrisas , captando en su máquina las novedades del paisaje  y anidando ya en su mente la crónica simpática y futura de sus vivencias pampinas. A Leonardo Gatica, con quien  conformábamos la pareja menor del viaje y las recomendaciones  de cuidado de nuestros padres.

La Escuela Industrial de Viña del Mar, fue nuestro alojamiento. No entendíamos bien aquello de que se encontraba en el límite. Si subías al comedor estabas en Viña; si bajabas al baño estabas en Valparaíso. Saltábamos las baldosas del patio para sentirnos en ambos lugares a la vez. La guerra nocturna de alcayotas  fue la más anecdótica experiencia  y don Carlos Morales  ponía orden al desorden  mientras las pepas del fruto  se esparcían en las zonas de impacto: la cama del inocente alumno Mejías.

Noche de estreno. El Estadio “Sausalito”  iluminado para la presentación  del Coro de niños de Maria Elena, y nosotros sacábamos de nuestro equipaje, empolvados trajes, agitándolos orgullosos  para dejar en esos verdes pastos  alguna partícula salitrosa  y sobretodo el afán de representar  con lo mejor de nuestro orgullo  en ese campo deportivo  los colores de la amada pampa salitrera.

Nunca habíamos visto la televisión. Por primera vez, nos detuvimos en una sala  a ver la caja mágica  en blanco y negro,  donde un sembrador tiraba semillas en un campo.

El aplauso generoso de nuestros hermanos “sureños” fue el mejor regalo y nosotros adquirimos la promesa de portarnos bien y no ser causales de una injusta  “cana verde” a nuestro querido maestro…

“María a la pradera fue y al niño en el rocío lavó,

Ave Maria, Ave Maria…”

 

Don Sergio Montivero Zenteno,  fue nuestro mejor ejemplo de amor y vocación a su profesión de maestro. De aquellos destacados “normalistas”  que abrazaban su carrera  llamados por un profundo sentimiento de servir  a los demás en ese difícil e incomprensible campo  en que se desenvuelven tantos heroicos  profesores de hoy. Un gran sentido de vocación, disciplina  y cumplimiento del deber.

Los años transcurren tan rápidos como el paso de las nubes por el éter celeste y desde las tierras frías del Canadá, nos llega el hielo de su partida inevitable.

Estará cantando sus tonadas chilenas  o formando un Coro de Àngeles  en ese bendito lugar  donde nunca dejó de creer. En ese cielo que soñó  tantas veces en la tierra, en esa morada celestial donde Dios ama, perdona y acoge a todos sus hijos.

Gracias, y recuerdos eternos  a nuestro querido Maestro Don Sergio Montivero Zenteno, a quien lloramos en el silencio de hombres maduros su ausencia, elevando nuestra oración  al Padre Todopoderoso que está en los cielos, por su eterno descanso.

 (Publicación aparecida en el Diario “La Estrella del Norte”, y cuyo recorte de prensa, guardo con especial cariño, no por lo que yo escribiera, sino por lo que significó para mí este querido y recordado Profesor, al que tanto quisimos.)   

CARLOS E. GARCIA BANDA

 

 

 


MOMENTO INÉDITO

Para nadie es un misterio la desgracia que vivimos como ciudad el 18 de Junio de 1991, donde el mayor dolor que debemos recordar, es el de aquellos que sufrieron la pérdida de sus familiares, y que fueron víctimas de una tragedia que nadie quiso jamás vivir o enfrentar. y también destacar el heroismo de muchos anonimas personas que tendieron sus manos generosas para evitar la muerte de muchos que pasaron arastrados por las aguas, y de ese joven que siendo un servidor de la sociedad voluntario, como lo fue Vladimir, también se inmolara en ese desgraciado accidente que sufrió mientras salvaba a otros de las aguas que vb bajaban veloces por las calles y quebradas.
En medio de toda esa desgracia, de la cual la pérdida humana no tiene parangón, reparación ni consuelo, en nuestra condición de jóvenes soldados de ese entonces, debimos redoblar esfuerzos para ir en ayuda de la población civil, dolorosamente sufriente, y en muchos casos de nuestros propios compañeros de trabajo que vivían en la Poblaciòn "Santiago Amengual" y que recibieron las descargas de agua de lluvia ( y de las roturas que nunca se reconocieron como tales, de las matrices de agua), conformando un interminable rio que causó estragos y muertes por ese lado, multiplicando nuestras desgracias y enfrentados a muchos distintos frenes, pero con la serenidad propia de apreciar las prioridades en la emergencia, y que sin duda eran las de carácter humano.
Pero yo quiero recordar dos situaciones inéditas....Después de la tormenta viene la calma y en la calma que vivimos después de casi tres meses, en que se debió ajustar la vida y ordenar nuestras casas o ayudar a quienes lo perdieron todo, como Regimiento "Esmeralda", y bajo el mando de nuestro comandante Coronel Enrique Slater, participamos de una sobria y sencilla celebración por el aniversario que se efectuó el 25 de octubre...
En aquella oportunidad, asistió invitado el Gran Alcalde colaborador de toda la ciudad, el que unió a civiles y militares bajo un solo deseo, el de superar esta desgracia juntos.
En estos días de duelo por el Sr. Floreal Recabarren, conversábamos en familia y alguien me dijo: "Don Floreal, hizo
mucho en su vida por los demás, y logró escribir sus libros, tener a su amada esposa e hijos, pero lo único que quizás le faltò, fue "plantar un àrbol".
Y entonces me acordè, que nuestro amigo y alcalde, de verdad cumplió todo. Su familia, sus hijos, el o los libros que nos enseñaron tanto de la historia, y un hecho inédito más allá de lo que pudo haber cultivado en su propio jardín fue precisamente lo que a continuación les cuento:
Ese aniversario del regimiento, el 25 de Octubre de 1991, con mucha humildad, con sentido cívico y de acercamiento a la Unidad, que también había sufrido algunas pérdidas materiales, en conjunto con el entonces comandante del Regimiento, hicieron lo que todo hombre puede hacer en la dificultad y desgracia: Estrecharon sus manos, y en un sentido de franca amistad y compromiso, por el "Sèptimo de Lìnea" y nuestra ciudad, y seguidamente se encaminaron al frontis del Regimiento, a la entrada del cuartel, y en un signo de cariño por la ciudad y por el Regimiento, ambas autoridades, plantaron en conjunto un àrbol, y yo fui testigo de eso.
Entonces es por eso que quiero homenajear a esos dos grandes servidores: Uno al mando de la Unidad y que dispuso todos los medios humanos y materiales para ir en ayuda de todos quienes lo necesitaron, y el otro, como hombre público que sirvió a toda la ciudadanía sin mediar colores no ideas, y que tuvo que pasar por esta desgraciada situación.
Nunca terminamos de conocer a las personas.
Don Floreal, cada vez que pasábamos cercano a su café del centro, nos saludaba y sonreía y preguntaba por ese soldado con quien hace tanto tiempo les unió esa sencilla tarea de plantar un àrbol.
Y en este momento tan crucial que como sociedad vivimos, me propuse desde ayer, buscar y buscar, y con alegría puedo decir, que tengo la "exclusiva" e inédita foto de tan magno momento, y que me permite decir con toda certeza, que más allá de cumplir todas sus tareas y los designios de la vida, don Floreal, acompañado en ese entonces con la autoridad miliar
del regimiento, se estrecharon las manos y juntos, acompañados de dos pequeñitas , Carolina y Loretito, hoy ya mujeres, y al vez otros pequeños que no logré reconocer, se inclinaron, tomaron la pala, y con la mejor tenida, y el mejor terno para la gran ocasión, hicieron el forado en la tierra, y allí plantaron un árbol para la vida que quizás hoy (no lo sè en verdad), pueda aún estar regalándonos su sombra.
Gracias Don Floreal, por su sencillez y su humildad, pero usted como buen líder, se "ensució" las manos, y dejando todas las normas del protocolo, junto a nuestro comandante de entonces, tomò la pala, hizo el hoyo y plantaron en conjunto su àrbol, entregando con ese gesto todo su amor por esta desértica tierra del norte.




 

 

 


CARTA A LOS PAMPINOS

Estimados hermanos de la pampa salitrera:

Ha llegado por esas fortunas que me regala la vida, un libro escrito por nuestro amigo pampino, Rubén Gómez, “Gomito” para algunos, y el amigo  de infancia de muchos de ustedes que corrió por todos nuestros escenarios infantiles,  de nuestra hermosa y bella niñez, y compartió las amistades comunes de nuestros propios amigos, dejando en cada páramo de nuestra oficina salitrera, su mirada de recuerdos, su lluvia de emociones, y su amistad sincera con tantos que tuvieron el honor de conocerlo y que , por esas cosas de la vida, continúa hoy  viviendo entre nosotros, con esa gran virtud, (o gran “defecto”,) de ser un hombre demasiado “humilde” para contarse a  sí mismo, o jactarse entre nosotros, de las bellezas de sus narraciones.

Y ese libro “Desaparecidos en tiempos del Beagle. Memorias periodísticas,  entre la pampa salitrera y Salta , la linda”, llegó como una paloma de paz a mi alma, pues  me paseó por esas benditas calles de María Elena, me refrescó la memoria llevándome a las orillas de nuestro amado Rio Loa, me aventuré a recorrer, como en esos años de mi niñez la empinada y peligrosa “Escalera del Indio”,  o me sorprendí golpeándome los brazos o la cara, para  calmar el aguijón doloroso de los tábanos hirientes, verdaderas aeronaves que nos atacaban “desde el sol”, engañándonos la vista y posándose con tanto silencio en nuestras cabezas esperando “sus oportunidades de ataque” , mientras nuestros cuerpos se bañaban en esas benditas pozas pampinas, que fueron comparables solamente el verdadero edén religioso que nos hablaba el catecismo, mostrándonos tantos sueños de amor, de esperanzas  y juegos,  y donde pudimos ser felices, en solidaridad,  amistad,  compañerismo, viviendo muchas  maravillosas experiencias y aventuras que nos  permite, con toda autoridad preguntarnos con honda satisfacción o  sano orgullo:  “Si  no lo viviste”, no puedes sentir esa magia multicolor de nuestros recuerdos, que nos llevaban a revolotear por ese desierto, como esas inolvidables libélulas azuladas de  cola larga y alas que se agitaban armoniosas, como buscándonos para  jugar o engañarnos con una aventura  y  hacer que gritáramos entusiasmados persiguiéndolas en medio de los olorosos algarrobos y sintiéndonos los cazadores furtivos de esos  hermosos e incasables “matapiojos”.

Leer ese libro,  de verdad, ha sido para mí el reencuentro con mi raíz de niño pampino.

Saber de la vida de sacrificio, sufrimiento, y dolor que enfrentó nuestro amigo, dejando su corazón en tantos que  jugaron con él en los espacios pampinos, y que de pronto desaparecieron de la vida por circunstancias tan dolorosas que solo el que sintió ese valor de la amistad,  puede  contarlas con ese nudo propio del sentimiento en su garganta,  rasgando quizás sus almas, y que los que la vivimos quizás en otras circunstancias, entendemos más que ayer, la cruenta   experiencia  vivida por gente de bien que tuvimos el gusto de conocer, y que si hubiera estado de nuestras manos o nuestra voz poner al fuego nuestra dignidad para  ofrecer el cuello al verdugo y rescatar el de ellos, sin temor a equivocarme, creo que cualquiera de nosotros lo habría hecho, sabiendo de  las bondades y virtudes de esos  jóvenes que  se perdieron en esa difícil situación y que solo el tiempo nos puede ayudar a entender.

Pero más allá, y muy también ligado a  otra vivencia de  Rubén, referida al  inminente enfrentamiento de las fuerzas chilenas con las de Argentina por el canal de Beagle, y que alguna vez nos preocupó o nos  movilizó como parte de la reserva del Ejército, conocer el otro lado, con ejercicios, con  permanentes operaciones de orden psicológico, es entendible también entender que en el transcursos de la historia de todos los países, siempre ha habido y habrá “manipulación” de los que gobiernan con sus ciudadanos, dejando siempre entrever la voluntad de sus propios intereses. La guerra con Argentina, fue  vencida por la diplomacia y debemos  esa paz garantizada a la voluntad del Santo Padre Juan Pablo II,  y la férrea voluntad del entonces Cardenal Samorè y ambos gobiernos, que de no haber sido así,  habríamos tenido también  miles de muertos de ambos bandos.

Pero en el intertanto, un acto de crueldad innecesario y que nada tiene que ver con el valor de los soldados que se entrenan para  la guerra, poniendo su pecho a las balas y enfrentando a un supuesto enemigo cara a cara,  lo que vivió Rubén y que lo cuenta con esa  valentía de hombre chileno, pero sin odios, sin rencores, es digno de héroes anónimos que la historia no conoce.

Siempre las personas, la amistad y la cordura vencerán los odios, y  eso nos cuenta Rubén  del valor de gratitud de la amistad de sus amigos, chilenos y argentinos.

No quiero contar la historia completa, seria  perder la novedad de su lectura.

Sería muy feliz que  juntos valoráramos la obra de Rubén, el “juglar” de la pampa, y que ha cantado sus  anécdotas en varias publicaciones que he tenido el gusto de leer, siendo `’ésta una novela periodística, en la cual retrata toda su humanidad, todos sus sueños, todas su capacidad de amar y perdonar y todo lo que un hombre desea transmitir a sus pares: valores de entendimiento mutuo,  ideas que permitan vivir en un mundo mejor, y Rubén lo ha hecho magistralmente empleando lo que muy bien maneja como periodista y “pampino”: su pluma. Para reconocer la riqueza mineral del salitre, fue necesario emplear el “combo”, pàra horadar  la piedra a fuerza bruta de esos valientes obreros “calicheros” y  heredarnos esos blancos sueños del salitre. Así también valoramos su esfuerzo literario, que  nos permite darnos cuenta con sus relatos, que fuimos privilegiados al crecer en un ambiente que nos hizo muy, pero muy felices…

Quisiera ser justo con la historia.

Estamos en deuda con Don Rubén Gómez Quezada. Es nuestro mejor representante de la verdadera infancia y aventura pampina, y por su perfil de sencillez, jamás se sobrepone u opaca las historias que otros pudieran escribir, pero que en este caso hacen de la narración de su  crónicas y cuentos o novela, una verdad irrefutable, la de haber vivido, la de haber recorrido cada rincón como todos nosotros, que sabemos todos esos secretos y recodos del camino, la de haber soñado y también haber sentido alguna tarde, los golpes de las piedrecillas que volaban girando en un  juguetón remolino, buscando siempre un mejor mañana para él, sus hijos, su esposa, y con ellos su amada familia “pampina” que  debe alguna vez reconocerle, como un hijo predilecto.

Ojalá puedan ustedes tener esa maravillosa oportunidad de empaparse de salitre, de juegos y de sueños, y quizás  sean también solidarios en medio de su  humano dolor, para  leer esta obra, que está disponible para los que la deseen  y que no puede faltar en la lectura  de este tiempo, en que  esta pandemia nos tiene nerviosos y cegados, porque aún tenemos mucho que vivir,  soñar y compartir con nuestros hijos y nietos y qué mejor que hacerlo leyendo juntos  esas aventuras que han quedado grabadas en sus valiosos escritos y que son testigos también de esa historia que vivimos juntos.

Lean, busquen esta novela periodística, tome contacto con el hermano pampino Rubèn Gómez, a su propio correo y  pidan ese libro que siendo muy rico en historia y conocimiento tiene un costo mínimo para poder  financiar lo que tanto cuesta en este nuestro país, editar y escribir, porque nadie puede pensar que un libro  pueda  dejar ganancias exorbitantes, todo lo contrario, su venta paga la deuda de la edición y la imprenta,  pero lo que sí nos deja, es la mayor riqueza de su propia vida y que ya no es “su” vida, es nuestra, porque la vivimos todos y es parte de todos nosotros.

Sean embajadores  de nuestras mejores historias y  hagan un justo esfuerzo,  adquieran este libro “pampino” neto, y  se regalarán  nostalgias, juegos, lluvia de recuerdos y  solidaridad para un hermano, en  medio de su hermosa vida, cargada de alegrías, ilusiones y dolor.

                (El correo de Rubén Gómez Quezada es: rugoque51@gmail.com.) (ó su wsp. personal:

56 9 9817 8626)

Muchas Gracias…..


 


AL CAMARADA SOF. JOSÉ MARILICAN MAÑAO (Q.E.P.D.)







Recorriendo el álbum del recuerdo de los amigos, con sorpresa vemos que éste va cada día disminuyendo y ya nuestras sonrisas de alegría por esos momentos, se va transformando en gotas de tristeza, que humedecen nuestra frente y nublan nuestros ojos.... La fe mueve las montañas y sin fe no podríamos aceptar lo que se nos avecina con el tiempo, pero no es fácil despedir a los que fueron tus compañeros y que te entregaron su amistad alguna tarde en la conversación amena de vecinos que habitan con sus familias casi en el mismo sector, o en la tertulia de soldados, donde toda la rudeza de nuestra formación queda guardada en los estantes con candado y florecen solamente las burbujas de la sana amistad que se deshacen en el néctar oloroso del vino cariñoso y el brindis entusiasta que recorre arrastrando las penas del día en la garganta, y que se llevan en su torrente todas las lágrimas y tristezas acumuladas deshaciendo mágicamente en la oscuridad de nuestras entrañas, todos los malos momentos y transformándolas en ese rictus que mostramos en nuestra máscara facial, (sin tiempo de pandemia), y que llamamos sonrisa de alegría.


Alegría de vivir, de soñar y de amanecer. De servir y creer que si lo hacemos bien la satisfacción de cumplir nuestro deber será la mejor recompensa en el trabajo del obrero de las armas, que nos lleva muchas veces a las soledades de la noche, en las oscuras cordilleras o en las empinadas montañas, vistiéndonos de fríos silenciosos y tatuando nuestros ojos de estrellas que titilan en lo alto y donde muchas veces hemos visto el rostro de Dios que nos acompaña, mientras abrazamos en nuestras manos el frio fusil de acero, o cargamos en la espalda el equipo mágico que con sólo apretar la tecla nos regala un "QSL" de conformidad y nos trae paz en nuestras larguísimas noche de vigilar en silencio las fronteras y donde aprendemos a apreciar la vida, la familia y la amistad y que es un sentimiento experimentado por todos los que alguna vez, han estado allí.


José Marilicán Mañao, mi querido Suboficial, el padre ejemplar, el esposo tierno y amoroso, el soldado del "parche blanco", humilde y silencioso, que pasó tantas horas con su radio de telecomunicador cumpliendo su deber en esas noches de nieve y frio, y que en la tertulia de amistad nos deleitó con algún misterioso cuento de su tierra de Chiloé, marcha hoy a las tierras lejanas que no hemos visto, pero que con la fe del alma, sabemos estará llena de buenos camaradas, que le servirán de brazos solidarios y angelicales para cargar su mochila de buenas obras, y acomodarlo en su carpa momentánea de soldado, para sorber y disfrutar a cucharadas, un recalentado manjar de porotos en su plato de aluminio, para sentarse ahora en el fogón de sus amigos, para decir otra vez ¡¡SALUD!! y alcanzar con eso la esperanza que siempre sintió, la de encontrarse con grata compañía de tantos soldados amigos allá en el cielo.

 

Nuestro abrazo al amigo y camarada que descansa en paz, a su esposa Ivonne, a sus hijos, y a todos quienes tuvieron la alegría de compartir con él su hermosa amistad y su gran profesionalismo militar.

 

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Carlos Garcia Banda 10 de Julio de 2020.



 Gracias por sus infinitas muestras de cariño. Presencial y Virtual. Mi familia esta muy agradecida de su compañia en el momento mas difícil de nuestras historias. ¡Gracias! 

 

 

 

 

 


UNA FOTO CON HISTORIA

 Sábado 27 de junio 2020…

    No es nada de fácil desprenderse en la red de una foto tan interesante como ésta, pero tiene su historia y el original me lo entregó el Sr. SOTO, que tenia un taller de bicicletas en Calle 14 de Febrero con Uribe u Orella... (creo)..

     El tema es que una vez conversando con él por el arreglo de una bicicleta de mi hija, y viendo que yo estaba vestido de soldado, entramos en esa agradable conversación de conocer anécdotas de su vida, entre las que se destacaban sus acciones como gran deportista local, y que nuestras generaciones no lograron conocer, pero seguramente muchos antofagastinos saben mucho de sus grandes logros deportivos. Por allí me mostró una foto deportiva en la cordillera plenamente nevada, y dentro de sus fotos estaba èsta. Yo como soldado "Esmeraldino", le dije: "Pero esa foto es del "Esmeralda"...- Precisamente - me dijo.

-Es de aproximadamente 1928, y la Avenida Brasil en ese entonces, era una cancha de carreras de caballos....

    Hablamos largo rato, y le dije si me permitía copiar esa foto, y me dijo: 

- Si puede sacarle una copia, "se la regalo"....Pero con la condición que cada vez que la difunda señale que es mi foto- 

    Sin duda quedé tremendamente agradecido y con mi amigo Víctor Erices Araya, sacamos unas copias medianas y un par de copias gigantes, que dejamos en el museo y le llevamos un gran retrato de una de éstas al Sr. Soto. Por esas cosas de la vida, al tiempo después, el diario "El Mercurio" de Antofagasta, publicó una serie de fotografías históricas de la ciudad, y en la búsqueda de aquellos documentos fotográficos antiguos, visitaron nuestro pequeño museo, donde vieron la gran foto en exhibición y que fue una foto que se enmarcaba para regalos de visitas importantes siempre donadas por mi amigo Erices). Por supuesto que el interés del periodista a cargo de esa serie de publicaciones, fue de inmediato reproducirla. Les presté la pequeña foto (quizás era de aquellas sacadas en máquina de cajón, sólo lo supongo), y sacaron la copia, pero con la clara exigencia, y única condición que publicaran en el pie de foto que ésta era de propiedad del Sr. Soto, lo cual quedó graficado en la posterior publicación de dicho documento. Por esos cambios y esas cosas del movimiento del museo, me quedé con una copia de la foto original, y si bien conservo este archivo digital, afortunadamente hoy, con las tecnologías digitales, se pueden fácilmente reproducir...

    Sin embargo, debo ser claro, si alguien va a publicar o hacerse el "simpático" con esta foto, debe señalar por un principio de honestidad y ética en el "crédito" respectivo, la propiedad de ésta que corresponde al Señor Rodolfo Soto que generosamente nos la entregó desinteresadamente, como salvaguardando un poco la historia de nuestro querido Regimiento "Esmeralda" y que con mi amigo Erices, quisimos perpetuar en el Museo del "Esmeralda". Si la van a compartir, debe ser con esta nota histórica, para que nadie se atribuya propiedad ajena.


"CHUFINGA"

Un abrazo al cielo, estimado amigo…

 La tierra celebra hoy,  la entrada de Jesùs a Jerusalèn. Los cantos del ¡Hossana al Rey de los cielos!, se  irrumpe entre la alegre algarabía de la gente que quiere demostrar su cariño al Señor, y alza sus ramas y coloca a los pies  del nazareno su amor, su bondad y su alegría por su llegada. Èl es el líder del amor, el que les ayudarà a encontrar a ese Rey que tanto buscan,  desconociendo que su reinado no es  de esta  latitud terrenal, sino de esa  celestial morada, donde las flores son suspiros, donde el aire es dorado, donde los cerros son azules, y donde solo crecen los jardines del buen fruto del sincero amor.…

Pero hoy también, en nuestros corazones de soldados, sentimos también en el alma, que hay en estos momentos otro  estado, de otra latitud, de otra esencia  en un lugar al que llamamos  Cielo,  y que está conformado por las almas buenas de la tierra, que junto al Padre Dios, y  con el rostro alegre de Jesús, también levantan palmas de alegría, palmas de emoción y agradecimientos por uno  de los nuestros, que  ingresa hoy por esos caminos del Jerusalén celestial,  a esa eterna felicidad que se nos ha prometido y que llamamos la “Vida Eterna” donde hoy reciben con los brazos abiertos, a un hombre humilde y servicial, que pasò entre nosotros “haciendo el bien”, con todas sus debilidades y fortalezas propias del humano, pero que fue venciendo poco  a poco los obstáculos de la vida, y llegando a ese estado de madurez  en que se descubre que nada es màs importante que vivir para un Dios que nunca vimos, pero que sabemos que está con nosotros desde siempre.

Y en ese tronar de trompetas al viento, en esos clarines de las bandas celestiales,  se agrupan también sonrientes, esos hombres que entregaron todo por los demás a través de su trabajo y vocación y sobretodo, en sus tareas   en la primera iglesia fundamental del hombre: La familia y el hogar.

Por eso que las bandas celestiales y todos los que partieron antes, se abren hoy con inmensa alegría, puesto que reciben a nuestro amigo y camarada Alejandro, que inicia justo hoy su entrada   al cielo, cuando nosotros en estamos celebrando  el inicio de la  Semana Santa, con la llegada del Maestro, y en el cielo, otra semana eternamente Santa, con la llegada de nuestro amigo y camarada.

¡¡Qué manera de jugar Dios con nuestros destinos!!

SI no hace ni dos días estábamos conectados en una tarea en conjunto de oración, y el discípulo de Cristo, Alejandro, llevaba la dirección, por decir lo menos, y nos invitaba a las 22 horas a orar. Asimismo en esa misma red, a las 22 del  día siguiente, nos llamaba nuevamente a  agradecer a Dios por el favor que nos concedía de devolver la salud a otro buen hombre camarada nuestro.

Pero a esa hora, Dios decidió que  Alejandro no estuviera con nosotros.

 Se fue directo a agradecer al cielo, y  entró hoy triunfante, con  los Hossana de Alegrías , con las Palmas del Nazareno, para ser recibido con gratitud celestial por el propio Padre, y que es también Padre Nuestro.

En  por eso que invocamos a Dios todopoderoso, para que en esa oración que hacemos en esta última mañana de tenerlo espiritualmente en la tierra con nosotros,  en esa  dificil y dolorosa circunstancia para su familia,  pedir al Señor que fortalezca nuestras esperanzas, y que nos llene de paz, que  si bien ha sido dolorosa y abrupta su partida, así es Dios con nosotros, El decide los caminos, y él sabe solamente el día y la hora.

Unidos más que nunca en ese sentimiento de hombres de armas, que aparentemente no lloran, pero que dentro del corazón si sienten las copiosas lágrimas de la tristeza,  nos unimos a su familia, y entonando nuestro del  Regimiento… ”Esmeralda en Honor a tus huestes”, despidamos al soldado eterno, al buen amigo, al servidor de Dios y al Padre y esposo ejemplar, que se quedará enredado en nuestros corazones y lindos recuerdos, pero que nos mirará con su  bondad  a flor de labios, desde ese cielo, donde quisiéramos ser merecedores alguna tarde para compartir otra vez con nuestro hermano, soldado y amigo y quizás allí cantemos juntos todos en un mismo coro:

YO TENIA UN CAMARADA, OTRO IGUAL NO ENCONTRARÉ…….

Descanse en paz estimado amigo de todos los “Esmeraldinos” de Siempre.



jueves, 16 de abril de 2020

MELANCOLICO....


Melancólico…. Hoy amanecí melancólico…las teclas del piano de mi corazón han estado llamando con sus notas los recuerdos de la vida. Siento que ha pasado demasiado rápido el tiempo, y hoy que estamos viviendo esa situación que jamás imaginamos o soñamos, la música del alma canta nostalgias y recuerdos, y en esa sinfonía de emociones, hay tristezas y alegrías, y pareciera que las nubes nos tapan la visión del sol, siendo las nubes también bellas, y nos arrastran en ese sentimiento que yo llamo el susurro de las olas del mar, esas que te elevan en cada oleada y te arrastran en la calma o la rapidez de las aguas que se anidan en tu interior. Siento que la vida ha sido demasiado hermosa, que hemos caminado cada cual con sus propias luces y sombras y en todas ellas siempre ha estado la mayor luz que acompaña al hombre en la vida: Dios. Y en esa idea de buscarlo, debo hoy agradecerle porque en verdad vivir ha sido el mejor regalo, sin saber lo que ocurrirá mañana. Las páginas del libro del mundo se tornan hoy opacas, se han ido muchos que no debieron irse todavía. Nunca nadie pudo predecir la muerte, nunca nadie ha podido adelantarse o volver de ella, por eso la esperamos pacientes y llenos de calma y serenidad, en cualquier momento, ”tengan las lámparas encendidas, porque nadie sabe ni el día ni la hora”. Sin embargo hoy es un día distinto, pues ya se percibe en los aires el paso tenebroso de algo que nunca imaginamos que ocurriera, ese algo silencioso que no vemos y que de pronto se apodera de ti. Eso es vivir en ascuas, en dudas , sin esperanzas, pero es la gran oportunidad de recogernos en paz, y alejarnos del “mundanal ruido” y acoger las bondades espirituales que nos trae esta pandemia, que nos ha hecho volver a nuestros hogares, desde donde nunca debimos salir, hemos vuelto a la familia, a sentir la amistad lejana entre mensajes y sonrisas, entre llamados y recuerdos gratos de la mente, entre tanas formas, se nos ha acrecentado el ingenio por la comunicación, por el expresar a los otros que los extrañamos, pero si no hace muchas semanas que el odio imperaba en nuestras calles y el fuego de la innecesaria violencia consumía el esfuerzo y el trabajo de tantos años y las odiosidades humanas nos llevaban a un duro enfrentamiento, y a pesar de ello, aquí estamos todos, vencidos por ese algo que no podemos ver y ahora nuevamente nos acodamos de Dios y de los ángeles, y hasta rezamos más seguido y estamos adentrándonos en ese mundo espiritual que nos ha legado la vida, para entender que somos lo que somos y no valemos por lo que tenemos, sino que la felicidad es simple, es sencilla, es inmensa cuando se sabe apreciar lo que tenemos, y el sufrimiento de los demás lo podemos mitigar con la solidaridad, con el amor al prójimo y con el deseo de ser útiles a los demás. Hemos aprendido a vivir ocultos pero con la esperanza que de esta tendremos que salir vivos, amando más, sintiendo más, apreciando más, y entendiendo que Dios está presente por siempre y desde siempre en todo los que nos rodea, porque muchos de los que tanto atesoraron y lucharon, ya no están, muchos de los que pensaron que el tener era más importante que el ser, ya no están y porque a pesar de haberlo dejado olvidado en los caminos, por cuanto nos “estorbaba” y nos ”cuestionaba” las propias conductas de la vida, sin lugar a dudas sigue más vivo que nunca y está siempre presente llamándonos para sentirnos amados, cobijados y protegidos y sigue siendo el invariable, el Santo, el Rey, y la verdadera y única esperanza de este mundo , y que esperamos que sea mejor cada día, sin olvidar al hombre, al amigo, al Rey al Padre, a Jesús, que es la única esperanza, y con quien estamos todos confiados de vencer, para que cuando venga el nuevo sol, sintamos el abrazo del amor, la amistad y sentir que somos peregrinos, pasajeros de esta vida, y que el Señor nos regaló, ( y aún no nos damos cuenta), la verdadera felicidad, señalándonos en su vida, que el único camino, el más seguro, el más confiable, es el Amor.

JORNADA DE PLANTACIÓN EN EL SANTUARIO

  Gracias al Proyecto Comunitario  de CONAF  II región, liderado por su director regional Don Cristian Salas Papasideris, con la participaci...