domingo, 12 de julio de 2020

MOMENTO INÉDITO

Para nadie es un misterio la desgracia que vivimos como ciudad el 18 de Junio de 1991, donde el mayor dolor que debemos recordar, es el de aquellos que sufrieron la pérdida de sus familiares, y que fueron víctimas de una tragedia que nadie quiso jamás vivir o enfrentar. y también destacar el heroismo de muchos anonimas personas que tendieron sus manos generosas para evitar la muerte de muchos que pasaron arastrados por las aguas, y de ese joven que siendo un servidor de la sociedad voluntario, como lo fue Vladimir, también se inmolara en ese desgraciado accidente que sufrió mientras salvaba a otros de las aguas que vb bajaban veloces por las calles y quebradas.
En medio de toda esa desgracia, de la cual la pérdida humana no tiene parangón, reparación ni consuelo, en nuestra condición de jóvenes soldados de ese entonces, debimos redoblar esfuerzos para ir en ayuda de la población civil, dolorosamente sufriente, y en muchos casos de nuestros propios compañeros de trabajo que vivían en la Poblaciòn "Santiago Amengual" y que recibieron las descargas de agua de lluvia ( y de las roturas que nunca se reconocieron como tales, de las matrices de agua), conformando un interminable rio que causó estragos y muertes por ese lado, multiplicando nuestras desgracias y enfrentados a muchos distintos frenes, pero con la serenidad propia de apreciar las prioridades en la emergencia, y que sin duda eran las de carácter humano.
Pero yo quiero recordar dos situaciones inéditas....Después de la tormenta viene la calma y en la calma que vivimos después de casi tres meses, en que se debió ajustar la vida y ordenar nuestras casas o ayudar a quienes lo perdieron todo, como Regimiento "Esmeralda", y bajo el mando de nuestro comandante Coronel Enrique Slater, participamos de una sobria y sencilla celebración por el aniversario que se efectuó el 25 de octubre...
En aquella oportunidad, asistió invitado el Gran Alcalde colaborador de toda la ciudad, el que unió a civiles y militares bajo un solo deseo, el de superar esta desgracia juntos.
En estos días de duelo por el Sr. Floreal Recabarren, conversábamos en familia y alguien me dijo: "Don Floreal, hizo
mucho en su vida por los demás, y logró escribir sus libros, tener a su amada esposa e hijos, pero lo único que quizás le faltò, fue "plantar un àrbol".
Y entonces me acordè, que nuestro amigo y alcalde, de verdad cumplió todo. Su familia, sus hijos, el o los libros que nos enseñaron tanto de la historia, y un hecho inédito más allá de lo que pudo haber cultivado en su propio jardín fue precisamente lo que a continuación les cuento:
Ese aniversario del regimiento, el 25 de Octubre de 1991, con mucha humildad, con sentido cívico y de acercamiento a la Unidad, que también había sufrido algunas pérdidas materiales, en conjunto con el entonces comandante del Regimiento, hicieron lo que todo hombre puede hacer en la dificultad y desgracia: Estrecharon sus manos, y en un sentido de franca amistad y compromiso, por el "Sèptimo de Lìnea" y nuestra ciudad, y seguidamente se encaminaron al frontis del Regimiento, a la entrada del cuartel, y en un signo de cariño por la ciudad y por el Regimiento, ambas autoridades, plantaron en conjunto un àrbol, y yo fui testigo de eso.
Entonces es por eso que quiero homenajear a esos dos grandes servidores: Uno al mando de la Unidad y que dispuso todos los medios humanos y materiales para ir en ayuda de todos quienes lo necesitaron, y el otro, como hombre público que sirvió a toda la ciudadanía sin mediar colores no ideas, y que tuvo que pasar por esta desgraciada situación.
Nunca terminamos de conocer a las personas.
Don Floreal, cada vez que pasábamos cercano a su café del centro, nos saludaba y sonreía y preguntaba por ese soldado con quien hace tanto tiempo les unió esa sencilla tarea de plantar un àrbol.
Y en este momento tan crucial que como sociedad vivimos, me propuse desde ayer, buscar y buscar, y con alegría puedo decir, que tengo la "exclusiva" e inédita foto de tan magno momento, y que me permite decir con toda certeza, que más allá de cumplir todas sus tareas y los designios de la vida, don Floreal, acompañado en ese entonces con la autoridad miliar
del regimiento, se estrecharon las manos y juntos, acompañados de dos pequeñitas , Carolina y Loretito, hoy ya mujeres, y al vez otros pequeños que no logré reconocer, se inclinaron, tomaron la pala, y con la mejor tenida, y el mejor terno para la gran ocasión, hicieron el forado en la tierra, y allí plantaron un árbol para la vida que quizás hoy (no lo sè en verdad), pueda aún estar regalándonos su sombra.
Gracias Don Floreal, por su sencillez y su humildad, pero usted como buen líder, se "ensució" las manos, y dejando todas las normas del protocolo, junto a nuestro comandante de entonces, tomò la pala, hizo el hoyo y plantaron en conjunto su àrbol, entregando con ese gesto todo su amor por esta desértica tierra del norte.




 

 

 


CARTA A LOS PAMPINOS

Estimados hermanos de la pampa salitrera:

Ha llegado por esas fortunas que me regala la vida, un libro escrito por nuestro amigo pampino, Rubén Gómez, “Gomito” para algunos, y el amigo  de infancia de muchos de ustedes que corrió por todos nuestros escenarios infantiles,  de nuestra hermosa y bella niñez, y compartió las amistades comunes de nuestros propios amigos, dejando en cada páramo de nuestra oficina salitrera, su mirada de recuerdos, su lluvia de emociones, y su amistad sincera con tantos que tuvieron el honor de conocerlo y que , por esas cosas de la vida, continúa hoy  viviendo entre nosotros, con esa gran virtud, (o gran “defecto”,) de ser un hombre demasiado “humilde” para contarse a  sí mismo, o jactarse entre nosotros, de las bellezas de sus narraciones.

Y ese libro “Desaparecidos en tiempos del Beagle. Memorias periodísticas,  entre la pampa salitrera y Salta , la linda”, llegó como una paloma de paz a mi alma, pues  me paseó por esas benditas calles de María Elena, me refrescó la memoria llevándome a las orillas de nuestro amado Rio Loa, me aventuré a recorrer, como en esos años de mi niñez la empinada y peligrosa “Escalera del Indio”,  o me sorprendí golpeándome los brazos o la cara, para  calmar el aguijón doloroso de los tábanos hirientes, verdaderas aeronaves que nos atacaban “desde el sol”, engañándonos la vista y posándose con tanto silencio en nuestras cabezas esperando “sus oportunidades de ataque” , mientras nuestros cuerpos se bañaban en esas benditas pozas pampinas, que fueron comparables solamente el verdadero edén religioso que nos hablaba el catecismo, mostrándonos tantos sueños de amor, de esperanzas  y juegos,  y donde pudimos ser felices, en solidaridad,  amistad,  compañerismo, viviendo muchas  maravillosas experiencias y aventuras que nos  permite, con toda autoridad preguntarnos con honda satisfacción o  sano orgullo:  “Si  no lo viviste”, no puedes sentir esa magia multicolor de nuestros recuerdos, que nos llevaban a revolotear por ese desierto, como esas inolvidables libélulas azuladas de  cola larga y alas que se agitaban armoniosas, como buscándonos para  jugar o engañarnos con una aventura  y  hacer que gritáramos entusiasmados persiguiéndolas en medio de los olorosos algarrobos y sintiéndonos los cazadores furtivos de esos  hermosos e incasables “matapiojos”.

Leer ese libro,  de verdad, ha sido para mí el reencuentro con mi raíz de niño pampino.

Saber de la vida de sacrificio, sufrimiento, y dolor que enfrentó nuestro amigo, dejando su corazón en tantos que  jugaron con él en los espacios pampinos, y que de pronto desaparecieron de la vida por circunstancias tan dolorosas que solo el que sintió ese valor de la amistad,  puede  contarlas con ese nudo propio del sentimiento en su garganta,  rasgando quizás sus almas, y que los que la vivimos quizás en otras circunstancias, entendemos más que ayer, la cruenta   experiencia  vivida por gente de bien que tuvimos el gusto de conocer, y que si hubiera estado de nuestras manos o nuestra voz poner al fuego nuestra dignidad para  ofrecer el cuello al verdugo y rescatar el de ellos, sin temor a equivocarme, creo que cualquiera de nosotros lo habría hecho, sabiendo de  las bondades y virtudes de esos  jóvenes que  se perdieron en esa difícil situación y que solo el tiempo nos puede ayudar a entender.

Pero más allá, y muy también ligado a  otra vivencia de  Rubén, referida al  inminente enfrentamiento de las fuerzas chilenas con las de Argentina por el canal de Beagle, y que alguna vez nos preocupó o nos  movilizó como parte de la reserva del Ejército, conocer el otro lado, con ejercicios, con  permanentes operaciones de orden psicológico, es entendible también entender que en el transcursos de la historia de todos los países, siempre ha habido y habrá “manipulación” de los que gobiernan con sus ciudadanos, dejando siempre entrever la voluntad de sus propios intereses. La guerra con Argentina, fue  vencida por la diplomacia y debemos  esa paz garantizada a la voluntad del Santo Padre Juan Pablo II,  y la férrea voluntad del entonces Cardenal Samorè y ambos gobiernos, que de no haber sido así,  habríamos tenido también  miles de muertos de ambos bandos.

Pero en el intertanto, un acto de crueldad innecesario y que nada tiene que ver con el valor de los soldados que se entrenan para  la guerra, poniendo su pecho a las balas y enfrentando a un supuesto enemigo cara a cara,  lo que vivió Rubén y que lo cuenta con esa  valentía de hombre chileno, pero sin odios, sin rencores, es digno de héroes anónimos que la historia no conoce.

Siempre las personas, la amistad y la cordura vencerán los odios, y  eso nos cuenta Rubén  del valor de gratitud de la amistad de sus amigos, chilenos y argentinos.

No quiero contar la historia completa, seria  perder la novedad de su lectura.

Sería muy feliz que  juntos valoráramos la obra de Rubén, el “juglar” de la pampa, y que ha cantado sus  anécdotas en varias publicaciones que he tenido el gusto de leer, siendo `’ésta una novela periodística, en la cual retrata toda su humanidad, todos sus sueños, todas su capacidad de amar y perdonar y todo lo que un hombre desea transmitir a sus pares: valores de entendimiento mutuo,  ideas que permitan vivir en un mundo mejor, y Rubén lo ha hecho magistralmente empleando lo que muy bien maneja como periodista y “pampino”: su pluma. Para reconocer la riqueza mineral del salitre, fue necesario emplear el “combo”, pàra horadar  la piedra a fuerza bruta de esos valientes obreros “calicheros” y  heredarnos esos blancos sueños del salitre. Así también valoramos su esfuerzo literario, que  nos permite darnos cuenta con sus relatos, que fuimos privilegiados al crecer en un ambiente que nos hizo muy, pero muy felices…

Quisiera ser justo con la historia.

Estamos en deuda con Don Rubén Gómez Quezada. Es nuestro mejor representante de la verdadera infancia y aventura pampina, y por su perfil de sencillez, jamás se sobrepone u opaca las historias que otros pudieran escribir, pero que en este caso hacen de la narración de su  crónicas y cuentos o novela, una verdad irrefutable, la de haber vivido, la de haber recorrido cada rincón como todos nosotros, que sabemos todos esos secretos y recodos del camino, la de haber soñado y también haber sentido alguna tarde, los golpes de las piedrecillas que volaban girando en un  juguetón remolino, buscando siempre un mejor mañana para él, sus hijos, su esposa, y con ellos su amada familia “pampina” que  debe alguna vez reconocerle, como un hijo predilecto.

Ojalá puedan ustedes tener esa maravillosa oportunidad de empaparse de salitre, de juegos y de sueños, y quizás  sean también solidarios en medio de su  humano dolor, para  leer esta obra, que está disponible para los que la deseen  y que no puede faltar en la lectura  de este tiempo, en que  esta pandemia nos tiene nerviosos y cegados, porque aún tenemos mucho que vivir,  soñar y compartir con nuestros hijos y nietos y qué mejor que hacerlo leyendo juntos  esas aventuras que han quedado grabadas en sus valiosos escritos y que son testigos también de esa historia que vivimos juntos.

Lean, busquen esta novela periodística, tome contacto con el hermano pampino Rubèn Gómez, a su propio correo y  pidan ese libro que siendo muy rico en historia y conocimiento tiene un costo mínimo para poder  financiar lo que tanto cuesta en este nuestro país, editar y escribir, porque nadie puede pensar que un libro  pueda  dejar ganancias exorbitantes, todo lo contrario, su venta paga la deuda de la edición y la imprenta,  pero lo que sí nos deja, es la mayor riqueza de su propia vida y que ya no es “su” vida, es nuestra, porque la vivimos todos y es parte de todos nosotros.

Sean embajadores  de nuestras mejores historias y  hagan un justo esfuerzo,  adquieran este libro “pampino” neto, y  se regalarán  nostalgias, juegos, lluvia de recuerdos y  solidaridad para un hermano, en  medio de su hermosa vida, cargada de alegrías, ilusiones y dolor.

                (El correo de Rubén Gómez Quezada es: rugoque51@gmail.com.) (ó su wsp. personal:

56 9 9817 8626)

Muchas Gracias…..


 


AL CAMARADA SOF. JOSÉ MARILICAN MAÑAO (Q.E.P.D.)







Recorriendo el álbum del recuerdo de los amigos, con sorpresa vemos que éste va cada día disminuyendo y ya nuestras sonrisas de alegría por esos momentos, se va transformando en gotas de tristeza, que humedecen nuestra frente y nublan nuestros ojos.... La fe mueve las montañas y sin fe no podríamos aceptar lo que se nos avecina con el tiempo, pero no es fácil despedir a los que fueron tus compañeros y que te entregaron su amistad alguna tarde en la conversación amena de vecinos que habitan con sus familias casi en el mismo sector, o en la tertulia de soldados, donde toda la rudeza de nuestra formación queda guardada en los estantes con candado y florecen solamente las burbujas de la sana amistad que se deshacen en el néctar oloroso del vino cariñoso y el brindis entusiasta que recorre arrastrando las penas del día en la garganta, y que se llevan en su torrente todas las lágrimas y tristezas acumuladas deshaciendo mágicamente en la oscuridad de nuestras entrañas, todos los malos momentos y transformándolas en ese rictus que mostramos en nuestra máscara facial, (sin tiempo de pandemia), y que llamamos sonrisa de alegría.


Alegría de vivir, de soñar y de amanecer. De servir y creer que si lo hacemos bien la satisfacción de cumplir nuestro deber será la mejor recompensa en el trabajo del obrero de las armas, que nos lleva muchas veces a las soledades de la noche, en las oscuras cordilleras o en las empinadas montañas, vistiéndonos de fríos silenciosos y tatuando nuestros ojos de estrellas que titilan en lo alto y donde muchas veces hemos visto el rostro de Dios que nos acompaña, mientras abrazamos en nuestras manos el frio fusil de acero, o cargamos en la espalda el equipo mágico que con sólo apretar la tecla nos regala un "QSL" de conformidad y nos trae paz en nuestras larguísimas noche de vigilar en silencio las fronteras y donde aprendemos a apreciar la vida, la familia y la amistad y que es un sentimiento experimentado por todos los que alguna vez, han estado allí.


José Marilicán Mañao, mi querido Suboficial, el padre ejemplar, el esposo tierno y amoroso, el soldado del "parche blanco", humilde y silencioso, que pasó tantas horas con su radio de telecomunicador cumpliendo su deber en esas noches de nieve y frio, y que en la tertulia de amistad nos deleitó con algún misterioso cuento de su tierra de Chiloé, marcha hoy a las tierras lejanas que no hemos visto, pero que con la fe del alma, sabemos estará llena de buenos camaradas, que le servirán de brazos solidarios y angelicales para cargar su mochila de buenas obras, y acomodarlo en su carpa momentánea de soldado, para sorber y disfrutar a cucharadas, un recalentado manjar de porotos en su plato de aluminio, para sentarse ahora en el fogón de sus amigos, para decir otra vez ¡¡SALUD!! y alcanzar con eso la esperanza que siempre sintió, la de encontrarse con grata compañía de tantos soldados amigos allá en el cielo.

 

Nuestro abrazo al amigo y camarada que descansa en paz, a su esposa Ivonne, a sus hijos, y a todos quienes tuvieron la alegría de compartir con él su hermosa amistad y su gran profesionalismo militar.

 

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Carlos Garcia Banda 10 de Julio de 2020.



 Gracias por sus infinitas muestras de cariño. Presencial y Virtual. Mi familia esta muy agradecida de su compañia en el momento mas difícil de nuestras historias. ¡Gracias! 

 

 

 

 

 


UNA FOTO CON HISTORIA

 Sábado 27 de junio 2020…

    No es nada de fácil desprenderse en la red de una foto tan interesante como ésta, pero tiene su historia y el original me lo entregó el Sr. SOTO, que tenia un taller de bicicletas en Calle 14 de Febrero con Uribe u Orella... (creo)..

     El tema es que una vez conversando con él por el arreglo de una bicicleta de mi hija, y viendo que yo estaba vestido de soldado, entramos en esa agradable conversación de conocer anécdotas de su vida, entre las que se destacaban sus acciones como gran deportista local, y que nuestras generaciones no lograron conocer, pero seguramente muchos antofagastinos saben mucho de sus grandes logros deportivos. Por allí me mostró una foto deportiva en la cordillera plenamente nevada, y dentro de sus fotos estaba èsta. Yo como soldado "Esmeraldino", le dije: "Pero esa foto es del "Esmeralda"...- Precisamente - me dijo.

-Es de aproximadamente 1928, y la Avenida Brasil en ese entonces, era una cancha de carreras de caballos....

    Hablamos largo rato, y le dije si me permitía copiar esa foto, y me dijo: 

- Si puede sacarle una copia, "se la regalo"....Pero con la condición que cada vez que la difunda señale que es mi foto- 

    Sin duda quedé tremendamente agradecido y con mi amigo Víctor Erices Araya, sacamos unas copias medianas y un par de copias gigantes, que dejamos en el museo y le llevamos un gran retrato de una de éstas al Sr. Soto. Por esas cosas de la vida, al tiempo después, el diario "El Mercurio" de Antofagasta, publicó una serie de fotografías históricas de la ciudad, y en la búsqueda de aquellos documentos fotográficos antiguos, visitaron nuestro pequeño museo, donde vieron la gran foto en exhibición y que fue una foto que se enmarcaba para regalos de visitas importantes siempre donadas por mi amigo Erices). Por supuesto que el interés del periodista a cargo de esa serie de publicaciones, fue de inmediato reproducirla. Les presté la pequeña foto (quizás era de aquellas sacadas en máquina de cajón, sólo lo supongo), y sacaron la copia, pero con la clara exigencia, y única condición que publicaran en el pie de foto que ésta era de propiedad del Sr. Soto, lo cual quedó graficado en la posterior publicación de dicho documento. Por esos cambios y esas cosas del movimiento del museo, me quedé con una copia de la foto original, y si bien conservo este archivo digital, afortunadamente hoy, con las tecnologías digitales, se pueden fácilmente reproducir...

    Sin embargo, debo ser claro, si alguien va a publicar o hacerse el "simpático" con esta foto, debe señalar por un principio de honestidad y ética en el "crédito" respectivo, la propiedad de ésta que corresponde al Señor Rodolfo Soto que generosamente nos la entregó desinteresadamente, como salvaguardando un poco la historia de nuestro querido Regimiento "Esmeralda" y que con mi amigo Erices, quisimos perpetuar en el Museo del "Esmeralda". Si la van a compartir, debe ser con esta nota histórica, para que nadie se atribuya propiedad ajena.


"CHUFINGA"

Un abrazo al cielo, estimado amigo…

 La tierra celebra hoy,  la entrada de Jesùs a Jerusalèn. Los cantos del ¡Hossana al Rey de los cielos!, se  irrumpe entre la alegre algarabía de la gente que quiere demostrar su cariño al Señor, y alza sus ramas y coloca a los pies  del nazareno su amor, su bondad y su alegría por su llegada. Èl es el líder del amor, el que les ayudarà a encontrar a ese Rey que tanto buscan,  desconociendo que su reinado no es  de esta  latitud terrenal, sino de esa  celestial morada, donde las flores son suspiros, donde el aire es dorado, donde los cerros son azules, y donde solo crecen los jardines del buen fruto del sincero amor.…

Pero hoy también, en nuestros corazones de soldados, sentimos también en el alma, que hay en estos momentos otro  estado, de otra latitud, de otra esencia  en un lugar al que llamamos  Cielo,  y que está conformado por las almas buenas de la tierra, que junto al Padre Dios, y  con el rostro alegre de Jesús, también levantan palmas de alegría, palmas de emoción y agradecimientos por uno  de los nuestros, que  ingresa hoy por esos caminos del Jerusalén celestial,  a esa eterna felicidad que se nos ha prometido y que llamamos la “Vida Eterna” donde hoy reciben con los brazos abiertos, a un hombre humilde y servicial, que pasò entre nosotros “haciendo el bien”, con todas sus debilidades y fortalezas propias del humano, pero que fue venciendo poco  a poco los obstáculos de la vida, y llegando a ese estado de madurez  en que se descubre que nada es màs importante que vivir para un Dios que nunca vimos, pero que sabemos que está con nosotros desde siempre.

Y en ese tronar de trompetas al viento, en esos clarines de las bandas celestiales,  se agrupan también sonrientes, esos hombres que entregaron todo por los demás a través de su trabajo y vocación y sobretodo, en sus tareas   en la primera iglesia fundamental del hombre: La familia y el hogar.

Por eso que las bandas celestiales y todos los que partieron antes, se abren hoy con inmensa alegría, puesto que reciben a nuestro amigo y camarada Alejandro, que inicia justo hoy su entrada   al cielo, cuando nosotros en estamos celebrando  el inicio de la  Semana Santa, con la llegada del Maestro, y en el cielo, otra semana eternamente Santa, con la llegada de nuestro amigo y camarada.

¡¡Qué manera de jugar Dios con nuestros destinos!!

SI no hace ni dos días estábamos conectados en una tarea en conjunto de oración, y el discípulo de Cristo, Alejandro, llevaba la dirección, por decir lo menos, y nos invitaba a las 22 horas a orar. Asimismo en esa misma red, a las 22 del  día siguiente, nos llamaba nuevamente a  agradecer a Dios por el favor que nos concedía de devolver la salud a otro buen hombre camarada nuestro.

Pero a esa hora, Dios decidió que  Alejandro no estuviera con nosotros.

 Se fue directo a agradecer al cielo, y  entró hoy triunfante, con  los Hossana de Alegrías , con las Palmas del Nazareno, para ser recibido con gratitud celestial por el propio Padre, y que es también Padre Nuestro.

En  por eso que invocamos a Dios todopoderoso, para que en esa oración que hacemos en esta última mañana de tenerlo espiritualmente en la tierra con nosotros,  en esa  dificil y dolorosa circunstancia para su familia,  pedir al Señor que fortalezca nuestras esperanzas, y que nos llene de paz, que  si bien ha sido dolorosa y abrupta su partida, así es Dios con nosotros, El decide los caminos, y él sabe solamente el día y la hora.

Unidos más que nunca en ese sentimiento de hombres de armas, que aparentemente no lloran, pero que dentro del corazón si sienten las copiosas lágrimas de la tristeza,  nos unimos a su familia, y entonando nuestro del  Regimiento… ”Esmeralda en Honor a tus huestes”, despidamos al soldado eterno, al buen amigo, al servidor de Dios y al Padre y esposo ejemplar, que se quedará enredado en nuestros corazones y lindos recuerdos, pero que nos mirará con su  bondad  a flor de labios, desde ese cielo, donde quisiéramos ser merecedores alguna tarde para compartir otra vez con nuestro hermano, soldado y amigo y quizás allí cantemos juntos todos en un mismo coro:

YO TENIA UN CAMARADA, OTRO IGUAL NO ENCONTRARÉ…….

Descanse en paz estimado amigo de todos los “Esmeraldinos” de Siempre.



jueves, 16 de abril de 2020

MELANCOLICO....


Melancólico…. Hoy amanecí melancólico…las teclas del piano de mi corazón han estado llamando con sus notas los recuerdos de la vida. Siento que ha pasado demasiado rápido el tiempo, y hoy que estamos viviendo esa situación que jamás imaginamos o soñamos, la música del alma canta nostalgias y recuerdos, y en esa sinfonía de emociones, hay tristezas y alegrías, y pareciera que las nubes nos tapan la visión del sol, siendo las nubes también bellas, y nos arrastran en ese sentimiento que yo llamo el susurro de las olas del mar, esas que te elevan en cada oleada y te arrastran en la calma o la rapidez de las aguas que se anidan en tu interior. Siento que la vida ha sido demasiado hermosa, que hemos caminado cada cual con sus propias luces y sombras y en todas ellas siempre ha estado la mayor luz que acompaña al hombre en la vida: Dios. Y en esa idea de buscarlo, debo hoy agradecerle porque en verdad vivir ha sido el mejor regalo, sin saber lo que ocurrirá mañana. Las páginas del libro del mundo se tornan hoy opacas, se han ido muchos que no debieron irse todavía. Nunca nadie pudo predecir la muerte, nunca nadie ha podido adelantarse o volver de ella, por eso la esperamos pacientes y llenos de calma y serenidad, en cualquier momento, ”tengan las lámparas encendidas, porque nadie sabe ni el día ni la hora”. Sin embargo hoy es un día distinto, pues ya se percibe en los aires el paso tenebroso de algo que nunca imaginamos que ocurriera, ese algo silencioso que no vemos y que de pronto se apodera de ti. Eso es vivir en ascuas, en dudas , sin esperanzas, pero es la gran oportunidad de recogernos en paz, y alejarnos del “mundanal ruido” y acoger las bondades espirituales que nos trae esta pandemia, que nos ha hecho volver a nuestros hogares, desde donde nunca debimos salir, hemos vuelto a la familia, a sentir la amistad lejana entre mensajes y sonrisas, entre llamados y recuerdos gratos de la mente, entre tanas formas, se nos ha acrecentado el ingenio por la comunicación, por el expresar a los otros que los extrañamos, pero si no hace muchas semanas que el odio imperaba en nuestras calles y el fuego de la innecesaria violencia consumía el esfuerzo y el trabajo de tantos años y las odiosidades humanas nos llevaban a un duro enfrentamiento, y a pesar de ello, aquí estamos todos, vencidos por ese algo que no podemos ver y ahora nuevamente nos acodamos de Dios y de los ángeles, y hasta rezamos más seguido y estamos adentrándonos en ese mundo espiritual que nos ha legado la vida, para entender que somos lo que somos y no valemos por lo que tenemos, sino que la felicidad es simple, es sencilla, es inmensa cuando se sabe apreciar lo que tenemos, y el sufrimiento de los demás lo podemos mitigar con la solidaridad, con el amor al prójimo y con el deseo de ser útiles a los demás. Hemos aprendido a vivir ocultos pero con la esperanza que de esta tendremos que salir vivos, amando más, sintiendo más, apreciando más, y entendiendo que Dios está presente por siempre y desde siempre en todo los que nos rodea, porque muchos de los que tanto atesoraron y lucharon, ya no están, muchos de los que pensaron que el tener era más importante que el ser, ya no están y porque a pesar de haberlo dejado olvidado en los caminos, por cuanto nos “estorbaba” y nos ”cuestionaba” las propias conductas de la vida, sin lugar a dudas sigue más vivo que nunca y está siempre presente llamándonos para sentirnos amados, cobijados y protegidos y sigue siendo el invariable, el Santo, el Rey, y la verdadera y única esperanza de este mundo , y que esperamos que sea mejor cada día, sin olvidar al hombre, al amigo, al Rey al Padre, a Jesús, que es la única esperanza, y con quien estamos todos confiados de vencer, para que cuando venga el nuevo sol, sintamos el abrazo del amor, la amistad y sentir que somos peregrinos, pasajeros de esta vida, y que el Señor nos regaló, ( y aún no nos damos cuenta), la verdadera felicidad, señalándonos en su vida, que el único camino, el más seguro, el más confiable, es el Amor.

martes, 31 de marzo de 2020

BENJAMIN....


BENJAMIN...... Eras un niño, como yo en ese entonces. Tú eras afanoso y lleno de vitalidad, pequeño gran colaborador en tus tiempos libres de escuela, con las tareas domésticas de tu madre. Te veía casi siempre sonriente, con tu juguetón “copete” colorín que cubría desordenadamente tu frente y tus grandes ojos verdes, "bajando" del campamento hacia la estación de Maria Elena, con un ritmo acompasado en tu caminar y jugando con el galón metálico vacío, el cual movías en tus brazos simples y frágiles, pero también fuertes, al ritmo de tu acompasada caminata de inocente sencillez y que te llevaban con esa natural alegría, a la "carbonera", donde el "Negro Muza", a comprar el carbón y a veces solamente los tres litros necesarios de parafina para abastecer la cocinilla a mecha de tu casa y que se usaba en muchos hogares de la pampa, y cuyo olor característico rondaba por los aires, entre balones de trapos y medias viejas o juegos de escondidas, por los pasillos de las largas hileras de casas, que llamábamos en nuestra lenguaje de infancia, el sector de "las cocinas", el sitio eriazo trasero de las casas de sinuosas calaminas, donde usualmente se colocaban como medida sanitaria, un "medio tambor" con manillas, colocado al centro, para reunir los desperdicios de desechos y basuras hogareñas que incluían también algunas veces en la noche, la fiesta de ladridos de los perros y el maullar hambriento desde los tejados de los gatos, que buscaban afanosos la oportunidad de saltar a los restos de comida, o provocar el ruidoso cacareo de las gallinas ponedoras junto al gallo cantor y despertador de la "corrida", y que se criaban encerrados entre los artesanales gallineros, donde alguna madre recogía somnolienta alguna madrugada, la graciosa bendición de obtener algunos "huevos frescos", que ayudaban a la economía doméstica de nuestros humildes hogares. Mi amigo Benjamín Honores Diaz, a veces se quedaba conversando conmigo en mi calle Luis Acevedo, donde reíamos de la vida y soñábamos solamente con jugar y encontrar en la amistad de niños esa pureza tan propia de tantos amigos pampinos, recorriendo en la alegría del compartir esos manantiales de hermandad que surgen en los sentimientos ante el sincero afecto y dábamos rienda suelta a nuestras acumuladas energías, para correr tras un balón roñoso y descosido que soltaba entre sus correrías aèreas, una serpiente de calcetín roto, con sus “papas “ como bocas abiertas que nos regalaban también en la alegría de vivir su opaca sonrisa. Alguna de esas media mañanas de juego, salía de pronto “disparado” Benjamín, transpirado y sudoroso corriendo a la carbonera, puesto que se le pasaba la hora y sin lugar a dudas, se hacía merecedor a una “chancletada” de su madre, como reprimenda por su infantil demora, quedando ambos preocupados y confiados como en tantas otras oportunidades que ella en su gran amor de madre, le perdonara y comprendiera. Años posteriores, nos juntó el destino como compañeros de sala de ese Sèptimo “A” inolvidable, con tantos buenos pampinos y entre ellos mis amigos y vecinos Leonardo Gatica y Fernando Castillo. Del barrio “alto”, ese que colindaba con la calle Santiago muy arriba, cerca de los Montivero, el locuaz Lito Roco, el gringo Poblete, Luchito Marambio, o cercanos al estadio la Daniza Sibilà, o la Raquel Silva - la del rancho “Chuqui”-, y ese ángel tan distinto que hacía latir no solo mi corazón sino también mis nacientes “sentidos”, esa alta y espigada, (por lo mismo imposible de alcanzar), la del “amor platónico”, la bella Blanca Contreras, uno de los amores imposibles de esa vida de niños, y que ya se anidaba en el infantil corazón, tan pequeño, pero también lleno de una incipiente poesía. Una mañana de esas de escuela, cuando los que hacen de líderes alegres del curso se propuso en esas ideas brillantes de niños, que cuando llegara a la clase nuestro profesor de historia, cigarro en mano y vozarrón de soldado, Dn. Leoncio González` y comenzara a pasar la “lista”, fue un solemne “juramento de honor” y con sangre de valientes” de nosotros los alumnos, que no diríamos el tradicional : ¡Presente Señor! cuando leyera la lista, sino que, conociendo su reciente pasado de ex oficial de Carabineros de Chile, y cuyo carácter estaba siempre presente en su personalidad, le diríamos alegremente (ya no sé si “alegremente”), levantándonos individualmente del pupitre, con voz marcial y casi de soldados: ¡Firme Mi Teniente!”… Estábamos nerviosos, pero el profesor era “paleteado” y alguna vez se reiría antes de comenzar sus clases que nos hablaban de la invasión de los Mongoles y la historias de las guerras, y en esa confianza tan normal y común y en medio del silencio, comenzó, aspirando con delicadeza su recién encendido cigarrillo, los apellidos sin nombres, de su extensa lista: “Avalos”…..(“No está”- espetó una voz del fondo de la sala.) “Araya”…..(Justificativo, fue al doctor, dijo alguien por allí) “Barraza”…Ausente “Castillo”…Ausente (Era larga y tediosa la lista, más de cuarenta y cinco pero ya llegaba luego la “H” de Honores.. ….Y comenzaron las traiciones al gran juramento). Gatica……(Firmmm…¡Presente Señor!) Garcia….(Leal a mi “vecino”…¡Presente Señor! (Con la cara roja de vergüenza sintiendo en la sangre de mis venas la traición de Judas….…)…(Venía la HACHE..) ¡¡“HONORES”…!! ¡¡¡¡Firmeeeeee mi teniente!!!!!! (Al mismo tiempo que esbozaba en su albo rostro esa característica sonrisa que yo de niño conocía, y con su “copete” ya más peinado y fijo con “limón” , y con su alegre mirada de sus grandes ojos verdes…) …Silencio sepulcral….. …Risas contenidas….. …Silencio sepulcral otra vez… Un recién encendido cigarro “Hilton”, se quebró vigorosamente hundido, casi con furia ardiente, en la “concha” del cenicero… El querido maestro Dn. Leoncio Gonzàlez, (a quien después de muchos años le conté la verdad de esa broma), miró en lontananza, lejanamente con su vista perdida y llena de ira al fondo de la sala…. Nadie sabía si reír o llorar, o morir en el intento con “nuestro“ ya traicionado “juramento”, pues no circulaba ni aire para respirar, por esa sala que parecía un gran estadio lleno de partículas de tiza e infame y cobarde “silencio”… Nuestro héroe Benjamín aùn sonreía de pie al lado de su pupitre, como quien dice al pie del cañón como buen soldado: orgulloso, valiente, enhiesto, altanero puesto que había gritado con “honor” (como su apellido) y hasta casi con cariño su viril: ¡¡Firme Mi Teniente! Tan suyo, tan leal, tan amigo, tan buen educador, tan agradable, tan….tan…. ¡¡¡¡FUERAAAA!!!!!..y ¡¡Mañana con el APODERADO…!!! …. (Siguieron los “traidores” que se enumeraban en el llamado de la Lista…) ¡¡“Paniagua, Marambio, Gòmez, Sibilà, Roco, etc…!!” ¡¡Presente Señor!! ………………………………. ¡Ay querido amigo y hermano Benjamìn! Los traidores como nosotros, miramos de soslayo, casi “sorprendidos” de tan irreverente afrenta y en un simple lenguaje de estudiantes de todos los tiempos, todos nos hicimos los “huevones”… Lo que pasó, nunca supimos, pero la broma no resultó y en verdad se puso pesada la pista con nuestro ”amigo del camino” que por nada ni para nada se rió. ………………………. Fue una mañana de esas casi de madrugada, (como esas mañanas que esperábamos ansiosos y hasta hambrientos a la Sra. Eva Castañeda, mamá de la Daniza Sibilà, que desde abajo del balcón de la sala, furtivamente pasaba por entre las rejas de la ventana, un pequeño thermo con el “desayuno” de café con leche para nuestra compañera, y que nosotros “sus” amigos y compañeros de banco también nos beneficiábamos y que llenábamos nuestras ansiosos olfatos y estómagos, con ese olor a marraqueta tibia de la panadería de la pulpería y con ese sabor a mantequilla, “la verdadera”, que nos aguaba en líquidos salivales, la boca…) . Fue una de esas mañanas de ansiedad estomacal, en que no llegó el desayuno, ni la marraqueta, ni el café con leche, ni tampoco se presentó Benjamin el valiente soldado de la clase y de la escuela.… . Hubo mucho silencio Casi nadie hablaba Los profesores entraban y salían y se notaba un ambiente extraño de obligada ausencia…. Esa madrugada, Benjamín, hacendoso hijo y colaborador de las tareas de su madre, fue a la panadería a comprar el pan muy temprano. No conozco los detalles. Muchas versiones existen, pero… El camión del pan se aculató hacia la puerta de la entrada de la panadería, por la puerta donde a veces se compraban las javas de cervezas y bebidas, cuando su frágil cuerpo fue aprisionado en un desgraciado accidente que se lo llevó, con tanto amor, sonrisa y lleno de hermosa vida…. No llegó a clases esa mañana. Y los ríos del dolor de nuestros frágiles corazones se volcaron en lágrimas dolorosas y cayeron por las tablas blanquecinas de la sala, sus recuerdos, su sonrisa, su copete medio rubio y sus grandes ojos verdes… Lo que pasó posteriormente es recuerdo de todos. En su casa humilde de pampino, fue velado su cuerpo de niño. Toda la oficina salitrera sufrió la desgracia. Se veían coronas y uniformes de tantos estudiantes que concurrieron a entender qué pasaba y a enfrentar el duro destino de nuestro amigo y nuestro hermano. Desde el campamento “Americano”, (Los de Arriba), también llegaron delegaciones solidarias de esos jóvenes extraños para muchos de nosotros, que vestían distintos uniformes y que parecían ser tan diferentes, pero que en la sensibilidad y en el dolor estaban también sufriendo con la partida accidental de “uno de los nuestros”. Se nos fue esa madrugada Benjamín y ya nunca sentimos su voz alegre y bulliciosa, comprometido y leal con “su” juramento diciendo convencido: ¡¡ Firme mi Teniente…. ……………. En mis años de adulto, en mis primeras vacaciones en que tuve la oportunidad de gozar de unos días de libertad en mi desconocido (para muchos), arduo trabajo, al que nunca le podíamos robar horas para nuestras personales preocupaciones, me fui en bus hasta el cruce de Coya Sur. Por allí me indicaron el lugar del cementerio. Busqué toda una mañana y casi toda una tarde. Recé muchas oraciones, por los cientos de hombres y mujeres cuyos nombres se enredaban entre coronas coloridas de papel y de latas, y en ese silencio en que sólo era posible oír los silbatos del viento. Seguí rezando y buscando esperanzado. Antes de volver mis pies a la carretera, con el sabor amargo de sentirme fracasado en mi intento de rendir mi saludo de recuerdo a mi amigo de la infancia y seguir caminando para hacer “dedo” hacia Maria Elena, me senté un rato en un tumba celeste, desteñida y que ya se borraba por el paso del tiempo. Miré en ese lugarcito donde se inscriben los nombres y vi entonces una placa de bronce, pequeña, de esas que escribían los maestros pampinos con buril y fierro, grabado su metal con el nombre de nuestro compañero: “Benjamín Honores Diaz”. ¿La fecha? En verdad, ahora no me acuerdo…. Hoy es San Benjamín. Estamos en la Pandemia del Virus desconocido e infame que nos ataca la vida. Nadie sabe si habrá mañana, aunque tenemos santas esperanzas. Todos queremos vencer a este enemigo porque si lo vencemos, tendremos esa otra oportunidad tan necesaria para seguir amando las pequeñas cosas y las màs importantes de la vida. Para olvidar y erradicar de nuestras almas los rencores. Para sentirnos mejores. Para amar a las personas y no combatirlas por sus distintas ideas o credos. Para descubrir que cada cual en su sexualidad, somos todos humanos, mujeres y hombres. Y sentirnos hermanados como hijos de la pampa y el desierto, del campo y la ciudad, de los que tienen y son ricos o los que no tenemos y somos pobres, pero que sentimos en el corazón el valor de vivir y amarnos como nos manda el Hijo del Hombre. Quizás alguna tarde podremos descansar también gustosos, aprendices de la vida, y entonces, reconocer con humildad y sabiduría que todo los que somos o tenemos, nada importa, y solamente es Dios lo justo, real y verdadero. Yo tengo la esperanza, mañana o quizás en algunos años, que me encontraré con mis seres que tanto amo, y entre ellos mis amigos de la vida, como Benjamín, corriendo por esos cielos eternos, jugando a buscar esa pelota de medias, con serpientes de calcetines que se desarmaban en los “chutes” por el aire en las locas mañanas futboleras de mi calle: Luis Acevedo. Feliz Santo Benjamín. No nos olvides, y si quieres prepara también nuestra morada junto al Padre, para abrazarnos como pampinos niños o ya viejos, pero llenos de entusiasmo y alegría, porque aunque han pasado los años, nunca dejamos en el olvido, el deseo de alguna tarde, junto al Padre eterno, vernos. Seguimos cantando y soñando, pampinos en las estrellas de la noche del desierto.

Hoy habrá una “Pichanga” en el cielo….

  Hoy habrá una “Pichanga” en el cielo….               Una de “esas” noticias de las que no nos gusta enterarnos y que marcan de inmediato...