viernes, 6 de junio de 2025

Tarde en el Teatro....


 Nunca dejaremos de amar a esa dulce niña de nombre MARISOL, que cantaba en los balcones de la mansión de sus abuelos en la pelicula aquella con su claros acentos españoles del OLEEEE o que cabalgaba en ese carro con caballos cantando "ARRE, ARRE, CABALLITO, ARRE POR LA CARRETERA....."... y nosotros, niños embobados, hipnotizados, enterrados en las butacas de madera de la galería, observábamos el desarrollo de la película sin siquiera respirar, con esas miradas casi santas de pureza y soñábamos en esa maravillosa edad de la inocencia ser un poco como los amigos de ella, con su entorno, sus aventuras, sus cantos, sus bailes y la amábamos intensamente con ese amor sano profundo, silencioso y oculto por que sabíamos que era un imposible, y aun asi compartíamos sus alegrías, sus tristezas y sus dolores en la película que a ratos nos obigaba a derramar alguna lágrima, y nos enredábamos en el azul de su mirada y en su rostro hermoso dibujábamos historias inexplicables despertando en nosotros esas primeras inquietudes o sensaciones interiores que no entendíamos pero que nos hacian soñar y cabalgar también con ella en nuestras imaginaciones y luego saliamos de la tarde del "Teatro" a correr por las calles polvorientas con las escobas añejas y empolvadas de la casa arreando nuestros humildes caballos de madera o nos subíamos a la vieja artesa abandonada cerca del tarro de la basura, y que mágicamente se transformaba en ese velero en que Marisol, representada por mi hermana Ana Maria, , navegaba disfrazada de pirata por sus rios y cantábamos desafinadamente sus canciones, para dormirnos muy tarde felices al sentir sus cabellos rubios y su inolvidable y tierna mirada cubriéndonos de hermosos recuerdos de esa inolvidable tarde y ya esperábamos con impaciencia alguna otra producción para volver a soñarla y sentirla tan cercana en medio de esa gigante pantalla en que se quedaban también nuestras tardes de esperanzas y alegrías. ¡¡Qué edad más maravillosa nos regaló la pampa salitrera!!

martes, 20 de mayo de 2025

UN GRAN AMIGO, QUE QUEDARÁ EN LOS RECUERDOS DEL ALMA...

 

La  máquina se detiene y su motor principal deja de funcionar, y ya no tiene vuelta ni remedio. Es la vida que se acaba así, en un segundo, en  el más breve de los instantes, en esa hora que jamás queremos “vivir”, pero que es un  alto para la agitada vida que nos ha tocado vivir, y  el inicio del camino a la paz más profunda que tiene la existencia humana, ese descanso que llamamos la eternidad, y que ya no podremos superar, pues se nos acaban las sonrisas,  las preocupaciones, las tristezas y todos los proyectos de vida y aquello que nos consumía el día, sencillamente se acaba y  en un segundo, casi sin darnos ni cuenta, ya no podremos seguir en este camino, porque el día y la hora, solo Dios lo sabe, y nos sorprende en el momento menos pensado.

            Hablamos con nostalgias y tristezas contenidas  en la partida de los amigos. Recordamos a los que se fueron antes, los que se preparan en medio de sus  enfermedades y nos parece que nunca nos iremos, sobre todo cuando amamos la vida y no queremos nunca enfrentar esos momentos, aun cuando aquello nos signifique reunirnos con nuestros seres amados,  en ese cielo prometido para los creyentes en que veremos el rostro de Dios, y estamos inquietos, pues nunca estamos preparados para esa partida que no nos gusta pero que es irremediable, y  cuánto tristeza produce el tener que irnos, y   dejar este paraíso llamado vida, que a pesar  de ser muchas veces ese “valle de lágrimas” que imploramos en La Salve a María en nuestras humildes oraciones, nos ha regalado  amigos excepcionales, familia, nietos y tanto sabor a la existencia,  que no terminamos jamás de  gustar de ese encanto por el día a día, sean malos  o buenos y que nos  permiten la búsqueda incesante de los recursos del trabajo para la supervivencia, matizada con el compartir con quienes han resultado ser los amigos de toda la vida.

            Y así  enfrentamos hoy la partida de uno de los nuestros,  el que estaba siempre dispuesto y  presto a cooperar, de gran generosidad y  con  una predisposición y alegría permanente, que lo hacen ser el amigo inolvidable de tantos y que está  en este minuto  metido en nuestras almas y conciencia, pues así de  drástica  es la vida, y nos cuesta tanto entenderla  y no logramos doblegarnos al destino porque no queremos dejar eso que tanto amamos el universo de personas que nos  quieren y nos aman, nos respetan y  esos son aquellos con quienes hemos caminado a través de la vida de estudiantes, de trabajadores y con quienes hemos fomentado  el compañerismo y la amistad por  ese  casi medio siglo de tiempo  y que nos hacen ser eternamente amigos e inmortales.

            Hace algunos días, despedíamos a Arturo Basadre, el amigo , compañero y estudiante de nuestros días de juventud,  un hombre catalogado por todos como un líder natural y servicial,  con una hermosa familia con la cual logró descubrir la mayor felicidad, junto a sus nietos, esposa e hijas.

            AllÍ estuvimos compartiendo la Santa Misa de exequias  y  rezamos con la fe propia de quienes vivimos esperanzados en una vida eterna  después de este paso por la vida, para que  sea recibido en los brazos alados de los ángeles que le llevan a la presencia del Señor.

            Y en este lunes 19 de Mayor, siendo las 18 hrs.   se produce  ese fulminante malestar que detiene el compás del corazón, y  sin más ni menos, el alma comienza a trascender y a iniciar el camino  al inicio de esta nueva y desconocida etapa, que no entendemos pero que es parte de nuestra  vida.

             No nacemos libres de esa fecha final de la  partida, la traemos impregnada en nuestro ser, y  ese día y esa hora, no la conocemos, solo  los que creemos en Dos sabemos que ese día y esa hora está inscrita  en el libro personal de cada vida,

            Nos  sentimos tristes, después de haber reído en nuestro último encuentro como ex alumnos en esa inolvidable velada “estudiantil”, con gritos y  recuerdos.  

            Estas partidas inesperadas son tristes en esencia, y afloran a la mente todas esas cosas que juntos compartimos: la sonrisa, la broma, la alegría, el brindis con el que se sellan los buenos momentos de la amistad fiel y pura que nos hermana en  todo lo que hacemos, el recuerdo de la labor  profesional, ejercida con tanto interés y entusiasmo,  el espíritu de servicio en los momentos en que alguno necesitó  algún  consejo o servicio propio de su profesión,  y estuvo allí presente sin condición. La sinceridad de sus palabras, y la siempre eterna  sonrisa que nos deja  para el buen recuerdo de todos los días que nos puedan quedar, antes de un nuevo reencuentro en esos espacios siderales y cósmicos que llamamos cielo.

            Así te recordamos Jorge Escobar, el “Yuyo”,  que nos alegraba esas mañanas de estudiantes con tus bromas y tu  espigada  figura y tus cuadernos con que  anotabas todo lo que  que fuera de interés en  esas inolvidables clases. Supimos de tu humor, de tu espíritu amistoso y eso  no  quedará en esos involuntarios olvidos.

            Rezamos con fe por este paso los que somos creyentes, y los que no lo son  te abrazan también en  esta hora en que nunca pensamos que fuera tan inmediata, aunque sabíamos de tus  debilidades de salud,  pero que jamás impidieron ser una gran persona, trabajador, alegre, y lleno de  proyectos para  hacer de tu profesión y vida un constante servicio a los demás, sea inicialmente en tus labores de maestro educador, o trabajador incansable de los proyectos propios de tu profesión.

            Que  sea el abrazo sincero, o el brindis cariñoso que  compartimos  en tantas ocasiones, el mejor homenaje para tu hora de partida. Estaremos allí, Dios mediante acompañándote, pero también para agradecerte por todo lo que significó para nosotros tu paso por esta  vida, que cada día que trascurre se aproxima irremediablemente el ciclo final de cada cual y esperamos alguna tarde reunirnos en ese lugar que creemos y soñamos para estrecharnos nuevamente que nos unirá para esa eterna vida que nos espera. Descansa en paz amigo.

            Tus amigos y compañeros de ayer , hoy y siempre.













jueves, 3 de abril de 2025

La "Escuela Pagá"

 


LA ESCUELA “PAGÁ”

            Nuestras abuelitas de la pampa,  que ya habían criado y educado a sus hijos(as),  se entretenían en las tardes calurosas típicas de la pampa salitrera, a ayudar  en la economía del hogar.

            La mayoría  se dedicaban a hacer roscas, queques, pan amasado y  brazos de reina  con manjar de tarros de leche condensada cocinados en un tambor con agua  en sólo “dos” horas de intenso hervor pues más allá de ese tiempo, se corría el riesgo de una explosión de los tarros  que se sometían a esa ebullición constante de no más de dos hora que le daban ese color rojizo a la leche blanca azucarada y que llamábamos hasta hoy, manjar.

            En la  pequeña cocina de la calle Acevedo de nuestra casita pequeña donde vivimos  el mejor palacio de los sueños, con subidas furtivas y ocultas a  los tejados, con  juegos de “chaya” en los veranos con mangueras, tarros y baldes de agua, y  con las sopaipillas eternas del invierno cocinadas en la cocina a leña del patio,  aprendimos esa dura lección del  cocimiento del manjar,  pues mi  amada madre, que jugaba como niña con nosotros a los “Partidos peleados” con balón de goma en la calle, dejó esa tarde confiada, sus tarros de manjar, con los que nos regalaba  esos brazos de reina esponjosos y que  disfrutábamos en esas onces interminables de la cinco de la tarde, con la  rica taza de té pampino, y  la conversa  e historias de vida que nos alegraban la tarde y el alma.

            De modo  que,  para no alejarme del tema, una tarde jugando mi madre en la calle con nosotros, sentimos  la inmensa explosión en la cocina y ella corrió desesperada, con quizás que remordimiento de conciencia, a apreciar en vivo y en directo un espectáculo dantesco de betunes de manjar chorreando por las paredes, pegado en los techos, cubriendo todos los rincones de la  cocina.

            Nadie puede imaginarse, si no lo ha visto, cuánto  manjar  se desparrama cuando  explosa el manjar en la olla grande, para dejar todo mojado,  todo embetunado y todas las paredes quemadas y chorreando  esa crema dulce que ya resulta imposible rescatar por haberse repartido sin timidez ni prejuicios en los rincones más imposibles de esa cocina. No había lugar donde no hubiera quedado  la huella  del manjar, y eso lo vivimos en más de una ocasión, por ser mi mamá distraída y quedarse a jugar con nosotros en la calle.

            De modo que  cercanos a nuestra casa, por el número 93, vivía la abuela “Antuca”. Una de esas viejitas de cuentos de hadas, que tenía un delicado y muy bien cuidado moño, bien afirmado al centro de su cabeza blanca de canas, con esos lentes ópticos tradicionales de antaño que   se afirmaban con una cadenita para no caerse  y  quebrarse, pues eran enteros de vidrio y cristales   puros y muy frágiles.

            Ya estábamos próximos a entrar a las clases al Primer Año Básico, y  doña Rosa Banda, mi madre,  siempre atarantada y queriendo adelantarse a los tiempos, habló con la abuelita Antuca, y  con un contrato de amistad que consideraba un pequeño pago de ayuda, para justificar los de “Escuela Pagá”,   y también ella entregando lo mejor de su tiempo y descanso por sus servicios y el correspondiente alivio de mi madre de no tener que estar mirando al crío toda la tarde, llegaron a un acuerdo entre ellas,  y con eso podía  dedicarse libremente y sin preocupaciones a sus manjares que cocinaba seguidamente pues con el tiempo  aprendió a hacer esos dulces, que se llamaban alfajores, o “dulces chilenos” y  entonces también los vendía a los trabajadores que pasaban por el barrio camino de la estación a sus hogares, y que a pesar de mi padre haberle puesto una vitrina de vidrio y de madera confeccionada en la carpintería,  los ricos alfajores, los ricos brazos de reina, los “cachitos” con manjar  y esos embelecos, desaparecían por arte de magia de  ese lugar de exhibición, siendo nosotros, los mejores clientes, y  como ella era puro corazón,  nos permitía esas licencias de niños malcriados y su   esfuerzo por ayudar a la economía resultaba siempre un fracaso, siempre quedaba al debe, y en eso, nunca pudimos prosperar con la idea de tener negocio, pues nos comíamos  el dulce, el esfuerzo, la inversión y la ganancia y  como guinda de la torta  había que periódicamente estar haciendo arreglos de pintura de paredes, donde quedaban las huellas marcadas en las explosiones de los tarros de manjar en la cocina dejando  esas marcas imborrables en las paredes, cubiertas de  latón grueso, con que de una u otra forma nos asegurábamos de  que no se produjera algún incendio.

            Así que  aparte del tema de los dulces,  la “escuela pagá”, era  importante para nosotros, al menos para mí, que concurría con mis pantalones cortos, mi cuaderno de hojas verdes y mi lápiz  con una goma atada con una pita, y lo que nunca deje de amar y  apreciar, mi primer libro para aprender a leer:  EL  OJO, con  que la abuela Antuca del vecindario,  nos enseñaba en sus amenas clases,  a balbucear las primeras palabras con su libro.

            No recuerdo si aprendí a leer bien de inmediato. Las clases ya estaban por comenzar en la Escuela. Así que esas semanas, sin duda que me sirvieron para tomar ese ritmo de estudios, ya que también la escuela funcionaba  en las  tardes y ya  apenas tocaban el pito de la una y cuarto,  peinados con linaza o limón, y los zapatos bien lustrados, las uñas cortas y el pañuelo blanco en el bolsillo derecho,  me encaminaba por la calle Latorre para llegar  siempre a una hora  prudente a mis primeras clases en mi amada Escuela.

            Tengo recuerdos claros de mi primer día de clases, en una sala  grande, la Sala "Estados Unidos", allí nos juntaron a todos los pequeños y nos hicieron una prueba de diagnóstico, la que consistía en   marcar palitos en los renglones de un cuadernos que nos fuera regalado y que conforme a resultados nos conformaban en los cursos respectivos.

            Quizás por eso quedé entre los del “C” que al parecer éramos los más “porros”,  pues los A y los B eran casi de privilegio…. En fin el C fue casi siempre mi  curso  salvo cuando pasé a 7mo y luego a 8 en el que al fin, caímos a un curso A…(En la básica los del A, eran siempre los “distinguidos”, los de familias “patricias”, los más estudiosos y mateos y siempre andaban mejores vestidos que nosotros los del C jajaja. Al menos así lo percibía en mi ignorancia de muchacho aprendiz.

            Después de aprender a leer definitivamente con la Profesora  Mercedes Sandivari, la “Mechana”, que  era una maestra de gran dulzura y preocupada de nosotros, mi madre nos regaló con mi hermana nuestro Primer Libro: CORAZÓN de Edmundo de Amicis….}

            Aun siento correr mis lágrimas saladas, las primeras que surgieron en forma natural  de niño emocionado en la lectura, (las "otras"  lágrimas, eran por los tirones de la chuletas y no tenían ningún vínculo con la emoción, al contrario, era amigas del dolor)  en esas noches  cuando con mi hermana leíamos  el cuento “DE LOS APENINOS A LOS ANDES”, y  mi mamá nos daba agua con azúcar para calmar las penas. No teníamos televisión  por que no aun no existía y radio había solo una en  la “Sala” (living)  y la escuchaba mi padre cuando llegaba del trabajo sentándose al lado del dial y  girando esa perilla para oír algunas radios internacionales que llegaban con mucha dificultad  en sus ondas a  casi todas nuestras casas. Habían sistemas de antenas de todo tipo, y  mi papá  amarraba la salida de la antena de la radio al cable que subía al techo de la vivienda,  tratando de oír alguna emisora que casi siempre  resultaba ser boliviana, y muchas veces alguna extranjera en altas horas de la madrugada. Claro que desde las 6 de la tarde, al ritmo de la marcha alemana “KAMARADE”  o algo parecido,  se iniciaban las transmisiones de la radio Coya, y   esa sí que era la fiesta de la familia. Todos oyendo música, mientras tratábamos de hacer las tareas, las cuales muchas veces me  costó un coscacho de parte de mi padre por ser tan  re tonto para aprender las divisiones.  Las “chuletas” del pelo al lado de la oreja, las subía con tal destreza e intensidad que parece que estaban conectadas a los “lagrimales”, pues cuando me decía: ¿Cuántas veces cabe el 2 en el  4…? Yo contestaba “8”- ¡¡Pero PIENSA!!. Y yo titubeaba preso del pánico para no recibir el castigo doloroso de las “chuletas”, que era inevitable. Sentir  las tiradas de chuletas y  de inmediato abrirse los canales lagrimales, mientras miraba borrosamente la ventana por donde jugaban, felices e indiferentes mis amigos del barrio….

            Debe ser de allí que  fui tan torpe para aprender a leer, a sumar a restar, pero que en el camino de a poco lo fui superando, manteniendo siempre el temor a que me llegara mi “coscacho” correctivo.

            Hay tantas cosas que contar y decir.

            Solamente esta tarde de otoño recordar a la Maestra, la abuela “Antuca” que me enseño a leer con el “OJO,” y  después a la “Mechana” con su libro LEA, que  fueron los primeros libros con los cuales aprendimos a identificar el OJO y la LUNA, (“Lalo loa a la Luna”)  en esos inolvidables libros que aprendí, al menos el Ojo, a conocer en la inolvidable “Escuela Pagá”….

 


 

domingo, 30 de marzo de 2025

LA MAGIA DEL TÉ



La magia del té

                      Sabemos  los pampinos, por experiencia y vida,  los beneficios que nos otorga esa deliciosa bebida de excelencia, tomada casi siempre en la hora de los ingleses (“Five  o clock”) en esas inolvidables tardes  de agobiador sol pampino, y  con esas hojitas  que  al ser humedecidas con el agua hirviendo nos iban regalando  ese tinte cargado a sabor de la India, y que  muchos preferían “colar” para no  tragarse esos  tallitos u hojitas blandas, pero que otros preferíamos dejar permanecer danzantes y móviles en el fondo de la taza o el tacho de fierro enlozado, y esquivar en cada sorbo su camino hacia la boca, para sacarles el jugo de sabor máximo a la noble bebida que tomaron por siglos las generaciones antiguas de otras culturas, pero que nos deleitaron  en el  más  maravilloso momento de esas tardes de tertulia familiar de nuestra vidas.

             Una tacita de té , pero “de tetera”, con una  pizca de  canela o una aromática hierba “Luisa”,  o  el otro mágico “cedrón”,  hacen que se haga “agua la boca”, de solo pensar en esos sabores que deleitarán la lengua y el paladar, y que irán entibiando las vías interiores del cuerpo,  dándonos ese encanto  que los pampinos tuvimos el gusto de vivir, conocer y disfrutar. Por allí en alguna página de recuerdos  escribí algo sobre el “Té pampino”, lo dejaré al final por si desean recordar esas reuniones familiares de la tarde, pero que hoy, en el grato encuentro de los inolvidables amigos de siempre, nos han permitido sacar a relucir desde los recónditos recuerdos, la caja de  madera terciada de 1 mt x 1 mt, forrada al interior con papel plateado (aluminio),  en el que se importaba  directo desde la India (TE CEYLAN), ese delicioso té, que  era almacenado en  bolsitas blancas de papel de 1/4, 1 /2 y hasta de 1 kilo y que se vendían  en un sector en el rincón de la pulpería de María Elena, en un espacio  con olor a hierbas y a alimento para pollos y aves de corral  y que  atendía el Sr. Jiménez, un joven trabajador muy servicial, de rostro “seriote”, pero efectivamente amable, y que después de pesar en las balanzas, cuando la compra era a “granel”, lo   envolvía con destreza de maestro y dando vueltas,  sin perder un gramo, formando un bolsón o cambucho  de dos  orejas resistentes que  obligadamente depositábamos en las bolsas de las compras. Había también sobres de papel que, una vez completado el peso, acorde al  tamaño, se sellaban con un papel engomado de una máquina ingeniosa que al girar una palanquita se humedecía el lado de la “goma” con una esponja con agua, con lo cual se sellaban los envoltorios, asegurando firmemente las granos o las hojas en esos inolvidables cambuchos, que  no contaminaban.

            Al igual que en los millones de años del té, como la bebida de todos los tiempos y culturas, aun este brebaje nos regala esa magia que permite ir  sorbiendo su tinta con  el agrio sabor pero invitándonos a conversar, a contar, a rememorar, a vivir lo de ayer y a  entregarnos en  esa actividad de la que nadie habla como es el “hoy” por los tantos tiempos ocupados en otros menesteres y que casi se han olvidado interponiéndose en nuestras más importantes acciones, como los es el CONVERSAR…..

            Hace tan bien conversar de la vida, de los sueños, del pasado y el futuro, o lo que de él nos queda.

            Conversar de los sufrimientos superados que nos hicieron personas justas y equilibradas pero que en la suma de los aspectos dolorosos siempre fueron más  los momentos agradables y los  logros  que nos brindó el esfuerzo de cada cual por la vida fueron nuestro mejor dulce de la existencia.

            Conversar, “PERDER EL TIEMPO”, es batir las “carretillas” en los mecanismos de las mandíbulas de la boca, para que en ese ejercicio de abrir y cerrar, de respirar y exhalar, y como tarea "extra" y simultánea de masticar y tragar,  vayan aflorando, conectados con la mente intacta la cual jamás envejece,  esas vivencias personales o de conjunto que tuvimos la dicha de vivir,  de palpar, de soñar,  y de  hacerlas realidad en nuestras tan pequeñas  y  casi imperceptibles vidas,  que fueron y que por más que le buscamos grandeza, son sólo eso: nuestra simple  vida, y que siendo parte de nosotros, como un sello personal, solo entendemos nosotros en el “cada cual”,  y eso ha sido  lo mejor que nos ha regalado  la creación, la naturaleza o el Dios que nos permitiera estos “titantos” años de recorrer  tantos senderos distintos, pero que no se pueden olvidar, y que nos conectan con ese inicio, con la raíz y los comienzos de nuestras propias experiencias.

              Historias de amores inolvidables que nos hicieron suspirar en las tardes de escuela,  encuentros amistosos y fraternos en los hogares de nuestros padres, oyendo desde el viejo pick up  las melodías de la moda, y  produciendo esa  hermosa sensación de amar en el silencio a nuestros  amores imposibles y que fueron las más bellas ilusiones;  encontrarnos en el escenario de la cancha de los deportes de las preferencias personales y  marcar el único gol del triunfo de la tarde jugando a escondidas de nuestros padres , y que nos delatara el locutor de la radio con los resultados deportivos y los autores de los goles, sentir esas  tremendos desafíos de los aprendizajes en los inicios del conocimiento de la música, instrumentos, notas que se escribían en las pautas y pentagramas,  recordar a nuestras madres y padres que lo dieron todo por nosotros,  vivir el encuentro individual de nuestras vidas con nuestras propias familias. Recordar a la dulce Maestra “Rosita” que nos regaló su juventud, su amor y compromiso en nuestra educación y muchos haber seguido sus inolvidables pasos,  sentirnos que a pesar de nuestras condiciones del desgaste de la vida nos sentimos tal cual como ayer, llenos de vida y optimismo que  son los regalos de la magia del té, en las vivencias de estos encuentros de pampinos amantes de nuestra raíces, de nuestras vidas y de  los caminos recorridos.

            Nunca podremos  entender por qué la vida pasa tan rápidamente, quisiéramos tener miles de años para vivir, miles de horas para  disfrutar, bailar, cantar, llorar o trabajar, miles de minutos para estar con nuestros padres, con nuestros hijos con nuestras mascotas, con nuestros hermanos, tantas cosas que tenemos que hacer, tanto “campo que sembrar”, tanto libro que leer, tanto pero tanto de todo, que no alcanza  el tiempo,  porque la vida es solamente un suspiro en la inmensidad y  hoy nos quedan esas sonrisas, entre dientes ausentes que   muestran lo mejor del alma, lo mejor del interior de lo que somos, pues así es como nos hemos ido consumiendo en la naturaleza de nuestra existencia pero sin jamás dejar de florecer.

            Esa magia del té  de amigos, en la mesa de la amistad, en el camino de los sueños, son los que te regalan  esperanzas.

            Ya no hablamos mucho del mañana,  todo el mañana quedó en  el ayer de los recuerdos, lo que nos queda por cumplir quizás aun no sea nuestra mejor realidad pero ya eso está en las decisiones que el destino y la vida nos quieran  ofrecer en  esta senda final.

            Hoy es el día para ser felices.

            Qué bien hace para el alma estrecharnos en el cariño sincero, en el afecto, en sentirnos amigos de toda una vida, desde siempre, amigos del hoy y lo que nos queda de mañana.

            ¡¡Y todo con una simple y aromática taza de té!! Bien cargado, con tinta fuerte y amarga, con sabor a canela o en la mente el recuerdo imborrable del sabor a “cedrón” y la hierba “Luisa” en esas tardes de paseo por el Rio Loa, cuando en medio de los tábanos furiosos,   nuestros padres nos daban ese tacho de té y esa simple tostada, llenos de inocencia, sin trancas, sin envidias, sin “competencia”, pues éramos niños dulces e inocentes, y hoy con más de  “setenta y siempre” a las espaldas, seguimos siendo los mismos,  con nuestras propia vidas con nuestros propios deseos, con los  proyectos personales que nos van regalando  días de esperanzas en medio de la sencillez y humildad de ese té bebido en  la tertulia de la amistad, la invariable e imborrable amistad, que nos permite expresar  nuestra gratitud a Dios, a la Vida, y a nuestros anhelos de ser siempre mejores.

             Gracias amigos, que  el tiempo que nos queda sea para estrecharnos en cada oportunidad para volver a beber ese té  amistoso  que nos une hasta la partida individual que cada cual debe enfrentar con los equipajes del amor y la gratitud y la amistad de nuestra propias vidas.

            La magia del té es la esencia de lo  que somos, fuimos y  de lo que hoy con tanto amor vivimos. Que nunca nos abandone esa magia del té.






https://hojarascadelavida.blogspot.com/2022/02/una-taza-de-te.html



 




martes, 4 de marzo de 2025

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS AL ESTIMADO AMIGO!!

 

Hoy es un día especial para quienes conformamos este  selecto grupo de amigos, ex alumnos todos, del recordado 8vo Año “A” de la Escuela Consolidada “América” de María Elena,  y que vivieran juntos esa experiencia de la vida de estudiantes pampinos en esas inolvidables aulas, disfrutando de esos  paisajes tan propios de nuestra tierra inerte,  pero acogedora; calurosa tal vez, pero llena de esos crepúsculos frescos de las tardes con olor a  polvo húmedo sobre los pimientos de la plaza y con esos coloridos y encantadores atardeceres que  se pintaban mágicamente y distintos cada día, hacia el lejano horizonte y que nos deleitaban como  pinturas  llenas de magia y colores  nuestra vida de estudiantes que quedaron marcadas en nuestras pupilas con esos colores arrebolados y amarillentos de esas eternas nubes lejanas que nos  regalaban sueños y esperanzas.

            Y digo día especial porque en la sana alegría de ser hoy jóvenes adultos del ayer, (como me decía un amigo del “siglo pasado”), recordamos el cumpleaños de uno de los iconos pampinos, “amigo de todos” y de toda la vida, y que por su amistad, sencillez y humildad,  hemos tenido la dicha de sentirnos acompañados estos hermosos y eternos años,  recordando de él, su amistad, su natural liderazgo y  esa figura de amigo que no destiñe y que  ya con algunas canas plateadas sobre su sien, no deja de ser el muchacho  en quien nos vimos reflejados como un ejemplo del ayer, y  a quien le dedicamos estas líneas que quizás pueda leer su familia, en especial su hija, que  se alza recién a la vida y que quizás no ha tenido el tiempo de conocer ese pasado de su padre, pues  la barrera generacional es distinta y  que ella conoció en esta etapa como la figura paternal de su  agrado y compañía, pero que quizás desconozca ese pasado  de amistad que nos unen desde hace tantos años a esta generación que  ya se encuentra en el ocaso del otoño de la vida, y que es necesario rescatar con espíritu de conocimiento y humildad, pues todos nosotros hemos sido protagonistas importantes de épocas distintas, pero  que  en medio de las tecnologías y épocas diferentes no hay diferencia en el deseo de  sentir en cada  tiempo vivido ese sueño de alcanzar las estrellas, en los ideales personales, en las tareas del día a día y en ese  a veces tan esquivo y lejano futuro muchas veces incierto que no  sabemos o no sabíamos cómo enfrentar.

            De modo que  extendiéndome un poco más de lo previsto, junto con saludar a nombre de todos nosotros a nuestro compañero de curso Cristian Rojas Ossandón, que hoy 4 de Marzo cumple un nuevo año de vida, queremos decirle a él que nuestra amistad  invariable al paso de los años, permanece llena de gratos recuerdos, de muchas anécdotas y de gran reconocimiento a sus virtudes de hombre de bien, y que nos permiten hoy  estrecharle en un afectuoso saludo y abrazo,  y decirle a quienes son la herencia de su propia vida, que  tienen un padre y esposo ejemplar, que en nuestros tiempos de estudiante fue un guerrero  de mucha fuerza,  que vivió esos años de juventud en esa cultura pampina que solo conocemos los que allí estuvimos, y que  fue el amigo de la “pichanga” de fútbol de su barrio, el escritor y eximio creador de esas notas que  ornamentaron esas composiciones amenas con su  cultura y entusiasmo en esos diarios murales de la época,  o que nos deleitó con sus cantos y música  en el acto escolar  de los días lunes de la Escuela, cuando   mirábamos en él al modelo de joven, y que  nos “hacía soñar” con los versos de esa inolvidable canción que él tan bien entonaba: “Era un muchacho , que como yo, quería ser Beatle o Rolling Stone,” sintiéndose protagonista de ese joven rockero norteamericano,  que  debía ir a combatir al Vietnam y que solo tenia sueños de paz y esa canción  nos llegaba al alma,  y nos identificaba plenamente, sin conocer en mayor detalle su significado u origen, pero que disfrutábamos por su calidad de interpretación y que marcaron nuestra lejana época de estudiantes.

            Personas como él son la esencia de nuestros tiempos de estudiantes.             Siempre lo he dicho que fue como nuestro líder juvenil, en el sano entendido que queríamos parecernos un poco a él, porque sentíamos que era libre y que  contaba con el aprecio y cariño de sus amistades, y que sin proponérselo, irradiaba ese espíritu amistoso compartido en todos los escenarios de esa vida de estudiantes que nos tocó vivir en nuestra amada pampa salitrera y que perduran hoy como ayer, en nuestros mejores recuerdos para toda la vida.

            Un hombre bueno, de principios nobles, de espíritu altruista y de sentimiento leal y generoso. No sería justo no decir que también esforzado y sacrificado, y  que  su vida fue también  un camino  lleno de alegrías, pero también en algunas circunstancias difícil, pero que lo llevaron siempre con ese  optimismo tan natural y espontáneo,  a vencer con  todas sus capacidades y  sentido de superación cada etapa, y que  fueron para nosotros siempre, un gran ejemplo a seguir.

            Sabemos de su grandeza y humildad, con una mirada siempre más allá de las circunstancias, de férrea fidelidad y entereza y con esa altura moral que lo hacen un ser  de excepción y que en  el tiempo de hoy  permanecen en él sus valores que son y serán su mejor herencia de la vida.

            En eso estamos unidos todos, con ese mismo valor que enfrentamos, algunos con mejores condiciones y oportunidades, otros con mayores éxitos o dificultades, pero ninguno con  debilidad o con temor frente a la vida, todo lo contrario, superando nuestras propias  debilidades, con lo cual fue posible salir adelante y en eso  nuestro amigo Cristian,  nos regaló ese optimismo y esa fortaleza que hoy queremos retribuirle justamente en este inicio de Marzo, en el que  veremos seguramente sus anhelos concentrados en el inicio de las tareas propias de educador, que  es también la fuente  de inspiración  para muchos jóvenes que conocieron de sus virtudes de maestro educador.

            Así que de esta manera, simple,  pero con este largo saludo y homenaje, queremos desearle al amigo pampino, al hermano de la tierra y del polvo del molino, a quien lleva también en sus torrentes sanguíneos interiores esa fuerza característica del  heroico pampino de ayer y siempre,  que sea éste un hermoso día junto a su esposa y en especial a su bella hija, la que sabemos, le ha dado y le seguirá dando muchas satisfacciones, las cuales son y serán también su  herencia, orgullo y satisfacción  y con quien seguramente celebrará hoy, este nueva vuelta del sol, que lo encuentra en un estado de madurez y con las mejores energías y fuerzas para seguir luchando como ayer, siendo el ejemplo de su familia y para alegría nuestra sus amigos, el invariable  amigo de ayer, hoy y siempre.

            Que sea un lindo día, venturoso y lleno de alegrías y satisfacciones.

            Con cariño.

Tus compañeros de curso








MAESTRAS DE ESCUELA

 Maestras de la escuela…


Todos tuvimos esa dulce maestra de “básica” que nos conquistó el corazón el primer día de clases. En la inocencia de esa edad, fueron ellas el primer y gran amor de nuestras vidas, después de nuestras madres.
Bastaba oírlas dictar sus lecciones y enseñarnos las páginas del libro amarillo que traían esos cuentos de “Lalo, loa a la luna” en el silabario LEA con que aprendimos a leer.
Esas profesoras eran nuestros ángeles. Nos escuchaban y regalaban paciencia y dulzura en medio de lo tanto que nos costaba aprender las lecciones y fueron abriendo cerradas ventanas de oscura ignorancia, a esas luces que fueron el conocimiento y descubrimos con esos símbolos extraños de las letras, los nombres de sol, luna y estrellas, escribir y describir los continentes, conocer los océanos y conjugar con esas letras aprendidas, las más bellas palabras que escribieron nuestras lerdas manos y leyeron nuestros ojos: AMOR DE MAESTRAS.
Ellas pudieron ser: “Mechana” Sandivari, Celeste, Aurelia Soto, Rosita Fernández, Ketty Reyes, Estelvina Inostroza, Irma Navarrete, Yolanda de Carrasco, Lucila Pozo, Angela González, Viera, Patricia, Juanita Suárez, Isolina Aguirre, Nora Molina, Kaleope Karamanos, Grimaldina Gamboa, Uberlinda, Eva, Nelly, Mirta, Juana, Perla Diaz, María Millán, Leontina Godoy, Orietta de Carrasco, Anita Collao, Silvia González, Elba Llorente, Adriana Bustos, Marigé Dittus, Antonieta Torres, Guacolda Gatica, Checha Gatica, Mirta Medina y tantas otras que mi memoria que se duerme, no quiere recordar …
Todas tenían el alma de la insigne “Gabriela”, coronadas para siempre en el corazón como “nuestras” amadas e inolvidables reinas….
Maestras de la luz, del saber, de la paciencia del amor abrazando su vocación de servir y entregar su vida y juventud en esos difíciles tiempos de la Escuela.
Heroínas sin capa ni espadas, con manos albas y uñas “pintadas” de polvo de tizas y pulcras y finas en sus anotaciones en los libros de la Clase.
Cada día extrañamos a nuestras Maestras, prolongación de nuestras madres en esas tardes calurosas de juegos y campanas.
Gracias a todas en el recuerdo eterno de las memorias pampinas…..
Y también a nuestros profesores varones, en especial en esos días de Marzo en que recordamos la campana llamándonos a nuestros días de Escuela ….

        




 


 Gustavo Rivera

Grandes profesores y profesoras de la Escuela Consolidada de María Elena. Saludos al cielo para Aurelia Soto, Lucila Pozo y todos los que ya están en los brazos de Dios.
4
Ivan Carrasco Jara Carrasco
El mejor de los recuerdo grandes maestros

Luis Ortiz Veloso
Colaborador en ascenso
La sra. Nora Chulac fue mi maestra en 1ro y 2do basico

Rosario Torres Bustamante
Hermosas y elegantes

Joel Gonzalez
Buenos recuerdos

Clarisa Gloria Quiroz Olmos
De secundaria en Instituto Santa María de Antofagasta , la querida mutter jefe Gilberta Feilchbauer, María Rettenbeck etc.En Universidad Sra.Liliana Barrios qepd y María Ramírez.

Clarisa Gloria Quiroz Olmos
Mi gran y hermosa maestra de preparatorias escuela 4 de Chuquicamata, Srta.Laura Díaz Ďíaz qepd.Besitos al cielo.Mientras viva, nunca te olvidaré.

Mario Castillo
Muy elegante linda gente

Dario Antonio Aguirre Diaz
Muy buenos Profesores con orgullo

 

 

 

 

 

 

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  Hoy habrá una “Pichanga” en el cielo….               Una de “esas” noticias de las que no nos gusta enterarnos y que marcan de inmediato...